jueves, 20 de junio de 2013

No puedo verte XIX

Ya vamos por el diecinueve, pensaba que iba a tardar más pero me activo el modo robot y no hay quién me pare haciendo entradas una detrás de otra xD


Capítulo 18: Jugando con fuego



Capítulo 19: Perversidad 

-Veamos... Como usted ve, aquí mismo se ve cuando autorizó hace cuatro meses esta transacción en la que se le ingresó esta cantidad de dinero. Aquí está el destino y el origen- La mujer le indicaba con la punta de un bolígrafo justo donde tenía que mirar. Y justo entonces se mordió el labio, ahí estaba la evidencia. El origen del dinero, la empresa de donde provenía ese dinero. Con suerte y audacia podría juntar los hilos y tener la certeza de que con eso atraparía a su padre. Se estaba haciendo pasar por él, por el señor Kim. Era algo peligroso, muy arriesgado pero debía hacerlo para conseguir pruebas en contra de su progenitor. Esos papeles eran confidenciales, sólo él tenía acceso a ellos. Qué mejor que hacerse pasar por el poderoso Kim para llegar hasta esa información. Lo único que faltaba sería probar la inexistencia de aquella empresa que le había provisto de ese dinero y todo estaría solucionado. Sonrió para si y recabó fuerzas, su cuerpo temblaba ante la visión del futuro prometedor que se le presentaba. Debía hacer las cosas con cautela y sobretodo con mucha precisión. Un simple fallo y todo el esfuerzo no habría servido de nada. Puso su mejor mueca seductora para con la mujer que tenía en frente y se aseguró de sonar tan suave como convincente.

-Me gustaría guardar una copia del documento, ya sabe, por seguridad...- La vio fruncir el ceño, por un segundo dudó si había surgido efecto tal estrategia y se temió ser descubierto. Toda inseguridad se esfumó al verla relajarse y sonreír.

-Por supuesto señor Kim, desde que hablé con usted por teléfono me pareció una persona bastante meticulosa con la seguridad, comprendo su postura. Espere aquí y le hago el recado encantada- Lo miró coqueta antes de irse de la oficina. La tenía encandilada, justo como quería, lástima que él sólo pensara en ella como un medio. Su corazón era de otra persona. Su mente tenía grabada a esa por la que, en parte, hacía todo ese esfuerzo por descubrir a su padre. La justicia estaba por cumplirse y al verla tan cerca pero a la vez tan lejos le daba temor. Tragó saliva cuando vio volver a la voluminosa muchacha, no se había dado cuenta antes pero todo en ella era grande. Se notaba a leguas que era adicta a la cirugía y Jong podía asegurar que tenía operado, como mínimo el 70% de su cuerpo. No estaba en contra de esas prácticas, sin embargo, el abuso hacía de las personas que se sumergían en ese mundo, auténticos muñecos de plástico. Reprimió una arcada para después fingir ademán seductor. -Aquí está señor Kim, lo que me pidió tan rigurosamente- Denotó un ligero coqueteo por parte de ella, correspondiendo a su juego inicial.

-Muchísimas gracias señorita, ha sido muy amable y concisa con su trabajo. Hablaré muy bien de usted a su jefe- La sonrisa agradecida de la chica no se hizo esperar. Abandonó todo tipo de acercamiento sexual hacia ella puesto que su objetivo ya estaba cumplido, aunque a ella no parecía haber terminado con él. Le agarró la muñeca sutilmente sin dejar que obtuviera las fotocopias recién hechas. Jonghyun la miró fijamente, por un momento pensó que lo había descubierto hasta que sintió la caricia que le propinaba la mano de la muchacha por encima de la manga.

-Ha sido un placer. Me gustaría verlo de nuevo, en un sitio más tranquilo...- Hacía tiempo eso habría sido una invitación imposible de rechazar, ahora era un motivo por el que inventarse una excusa barata que atinaría en el blanco: Deshacerse de ella.

-Lástima que esté tan ocupado. No dudaría en aceptar, si pudiera, una invitación tan tentadora. Se lo aseguro- Nada cruel, nada fuera de lugar. Un rechazo contundente sin dejar mal sabor de boca. Era el mejor en ello, lo tomaba como un caballero aceptando y rechazando ese tipo de proposiciones. Este caso no sería diferente, los labios de la mujer se fruncieron decepcionada pero simplemente por no tener la suerte de quedar con ese gentil hombre en otra ocasión. Siempre causaba ese efecto, jamás lo habían despreciado al no acceder en un coqueteo. El problema erradicaba en la intimidad, cuando el cuerpo femenino le pedía más y él no podía dárselo, ahí estaba su maldición. Eso era lo que le quitaba lo caballeroso, lo gentil. Varias mujeres había llegado a esos extremos con él y hacía tiempo que evitaba esas situaciones. Deseaba que después de todo ese maldito pero necesario plan acabase pudiera brindarle a Alice lo que a ninguna antes pudo. Sonrió tristemente mientras apartaba su brazo del amarre de la joven y salió satisfecho del banco. El viento fresco de esa mañana le apartó el flequillo de la cara, respiró hondo. Otra cosa que se quitaba del medio, ya estaba apunto de coger a su padre con toda la mierda que manejaba. Pronto terminaría todo.

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De nuevo ese hombre de elegancia distraída entraba en el despacho del señor Kim. A diferencia de todos aquellos hombres acostumbrados a andar con clase, a ese tipo le importaba muy poco la imagen que pudiera dar y, al parecer, a Kim le daba exactamente lo mismo. Lo recibió con una copa de Brandy y lo invitó a sentarse en el sillón central de aquella oficina.

-Me alegro que estés aquí. Tengo que darte las gracias, mi hijo parece haberse calmado un poco después de eso. Pero sé que no estará quieto así que quiero que hagas algo más... “profesional”

-Lo que sea- Dijo el recién llegado, tomó un poco de su vaso y se dispuso a escuchar con atención.

-Te va a encantar. Verás, tu vieja amiga necesitaba que le recuerden un par de cosas... Me gustaría verla un poco más “loca”- Ambos sabían a quien se refería. Muchos años hablando de la misma manera les había dado esa naturalidad de entenderse sin necesidad de especificar nombres o adjetivos.

-¡Oh! Ya tenía ganas de volverla a ver- Se relamió los labios lascivamente.

-Los dos ganamos, tú un poco de diversión y yo la fortuna que me corresponde. Esos miserables pagarán el doble y qué mejor que haciendo daño a lo que más quieren...- Concluyó el señor Kim antes de ver como su secretaría asomaba la cabeza por la puerta.

-Señor, alguien quiere verle- Dicho esto el susodicho alzó su mano en señal de aceptación y la joven salió de la sala. Mientras esperaban la visita los dos hombres rieron un par de veces antes de descubrir de quien se trataba. Al aparecer en aquella estancia, la mujer vio como era bruscamente agarrada por el brazo y tirada al sofá con una fuerza brutal.

-Estúpida, te he dicho mil veces que no nos pueden ver juntos ¡Maldición!-

-Lo sé pero no puedo más, ya no puedo hacer esto, lo siento ¡Lo siento! Casi mato...- Fue interrumpida por una fuerte bofetada del hombre trajeado. El otro sólo sonrió con malicia sin intervenir en lo absoluto.

-Eso te pasa por inútil- Se acercó a ella para agarrar su mentón y obligarla a mirarlo. Ella quiso apartar la mirada sin éxito. -Y ni se te ocurra decir que lo dejas, sabes perfectamente lo que le pasará a tu querida familia si llegas a traicionarme- La empujó hacia atrás de un manotazo mientras le seguía amenazando. -Además de que todos sabrán lo puta que eres- La mujer comenzó a sollozar levemente ante lo que escuchaba, el miedo le hacía acurrucarse en el sillón como una niña desamparada. Al sentir la mano del otro tipo en su muslo, dio un respingo para terminar corriendo hacia la entrada. La voz de Kim la paró en seco antes de desaparecer de allí completamente aterrada. -Si me traicionas, tu familia paga las consecuencias. No lo olvides-

-Si te traiciona, me la podrías dejar a mí- Rieron a carcajada limpia. Aquella oficina se inundó de maldad rebosante saliendo por cada poro de la piel de esos hombres. Una maldad que pronto se haría presente en las personas que menos se lo merecían. Algo que Jonghyun, el propio hijo de ese demonio, intentaría evitar a toda costa...

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Otro día menos en aquella lucha enfermiza por demostrar la clase de mierda que era su padre. La mezcla de sensaciones lo hacía sentirse repugnante pero a la vez orgulloso de saber que todo parecía estar saliendo bien. El edificio de “Industrias Kim” ya estaba cada vez más cerca y al llegar a la entrada vio a su fiel amigo Hyo Jo. Este le sonrió cómplice antes de darle las buenas noticias.

-¿Lo has conseguido?- Preguntó antes que nada.

-Afortunadamente soy un seductor nato y la chica no ha puesto ninguna resistencia para darme lo que necesitaba, Hyo Jo- Sacó discretamente el documento que, hacía una hora antes, le había dado la chica del banco. -Aquí está el nombre de la supuesta empresa origen. Sé que eres el mejor en esto, probemos que no existe y que mi padre es un desgraciado estafador. Confió en ti- Dijo cerca del oído de su amigo. Este sostuvo por unos segundo los papeles y los guardó en su maletín cuidadosamente.

-Será difícil pero lo conseguiremos Jong, te lo prometo. Y ahora viene la buena noticia. Por favor, después de ti- Al ver el gesto de su amigo Jonghyun frunció el ceño. No podía entrar si Young Mi seguía trabajando ahí. El otro captó la causa de su confusión y sonrió. -¿Qué crees? El pequeño Taemin es mejor de lo que pensábamos, estoy por sugerirte darle un puesto en relaciones públicas. Es un hacha negociando

-¡No!- No podía creerlo ¿Insinuaba que Taemin había logrado que Claire aceptara su propuesta?

-¡Sí!

-¿En serio? ¿Lo ha conseguido?- Las cosas iban viento en popa y la ansiada felicidad comenzaba a estar cada vez más cerca.

-Así es, la pobre Young Mi ha aceptado ser la socia en el proyecto fantasma. Ya puedes meter tus manitas en esta empresa para salvaguardar a tu enamorada- Lo vio sonreír socarronamente. Le debía aclarar lo que esa mujer era para él.

-Hyo Jo, no lo entiendes. Ella no es mi simple enamorada, Alice lo es todo para mí. Cuando esta mierda acabe me esforzaré en complacerla en todos los sentidos- Entonces sí, le devolvió la mueca divertida a su compañero.

-Eres un canalla. Anda, vayamos dentro- Dicho esto ambos entraron en el hall de la planta baja.

Algo dejó a Jonghyun totalmente inmóvil. De nuevo veía aquel pequeño. Su delgadez era muy característica y lo reconocería en cualquier parte. Parecía estar jugando con una pelota, que curiosamente, se le escapó para llegar a los pies del joven Kim. Este sonrió agachándose a recogerla, el niño dejó de correr hacía ella al ver como Jong la pasaba de una mano a otra.
No pudo evitar sonreír al verlo, lo extraño era cuando se asustaba por cualquier cosa mundana que sucediera a su alrededor. Temeroso de que retrocediera, no avanzó hacia el crío si no que le ofreció la pelota para que él mismo tuviera la confianza suficiente de ir a recuperarla.

-Toma Seung Jae. Así te llamas ¿Verdad?- El chiquillo asintió sin mucha seguridad. -¿Me recuerdas? ¿Recuerdas a ese señor que gritaba como un ogro el otro día?- Lo dijo con exageración, sus gestos eran grotescos pero a la vez graciosos haciendo que el niño riera al verlo. -Ese era yo. Sí lo sé, tenía un mal día, parezco un dinosaurio cuando me pongo así ¿Verdad?- El niño volvió a asentir, ahora sin dejar de sonreír. Jonghyun le volvió a ofrecer la pelota y sin esperar que fuera algo tan rápido, observó como Seung Jae se acercaba sin temor hacia él. Al llegar no pudo evitar despeinar al muchacho con un gesto paternal. De siempre le habían gustado los niños pero en ese instante la futura vida junto a Alice lo hizo sentirse feliz ¿Realmente podría llegar a formar una familia con ella? Mientras recibía una amplia sonrisa del pequeño Seung Jae, le respondió con una mucho más afable. -No dejaré que nadie te haga daño, nunca. Te prometo que serás feliz lejos de ese maldito...- Aquello fue un susurro, más para él que para ese niño asustadizo. Una advertencia a su propia conciencia de que debía proteger a los que, por desgracia, estaban alrededor de ese monstruo.

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La mañana estaba saliendo bien, por fin se sentía independiente. Extrañaba la compañía de su amiga. Aunque llevaran sólo un día separadas podía echar en falta su compañía. Por otro lado notaba una nueva ventana hacia su querida vida “normal”. Con esto demostraría que su discapacidad no la retrasaba en sus labores. Era eficiente como la que más e incluso más trabajadora que cualquiera de sus compañeros. La mayoría la admiraban, y algunos, la envidiaban por eso. A ella no le importaba nada más que ser perfecta en su trabajo. Lo demás era secundario, efímero. Sin embargo, algo la estaba impulsando a ser mejor. Ese hombre por el que ahora intentaba ser distinta. Su relación con el sexo opuesto estaba mejorando, su psicólogo la felicitaba en sus avances y todo parecía ir bien.

Después de colocar su teclado especial entre la pantalla y el tabique mediano que la separaba de uno de sus compañeros, se dispuso a recoger su bolso e irse. Su jornada había finalizado exitosamente, estaba cansada pero eso significaba que lo había dado todo de ella como cada día. Sacó el bastón y con soltura lo desplegó.

Lo que no pudo ver fue como alguien que aparecía de los servicios se fue directamente hacia ella para chocar adrede. Pero esa acción la avistó quien menos podía sospechar aquel individuo. Jonghyun anduvo disimuladamente hacia Alice para ponerse entre medio de ellos dos. Sintió un bufido del tipo mañoso que intentaba hacer, no sabía qué, a su pareja y sonrió satisfecho. ¿Quién demonios era ese tipo? ¿Algún estúpido a cargo de su padre? Seguramente era así. Quiso abrazarla en ese momento pero no podía hacerlo, no en esa empresa y menos cerca de su padre. No le daría el gusto de hacerle saber que Sung Hye era tan importante para él, aunque ese hombre le fuera con la dichosa información. Le daba lo mismo, la escoltaría hasta que estuviera seguro de que llegaba sana y salva al aparcamiento, seguramente Claire, iría con su coche para recogerla.

Y así fue. Vio ese Chevrolet al otro lado del recinto y a Young Mi yendo hacia Alice. Iba a darse la vuelta cuando de nuevo ese maldito individuo se le acercaba a la muchacha. No, no podía permitir lo que tuviera intencionado ese tipo así que sin pensar dos veces corrió hacía ellos. Un coche a toda velocidad casi atropella al supuesto atacante. Este se dio por vencido alejándose. Oportunidad que aprovechó Jong para agarrar a Sung Hye y apartarla de allí con un fuerte abrazo. El vehículo le pasó casi rozando el abrigo, suspiró aliviado al conseguir protegerla. ¿Y si lo reconocía? ¿Y sí comenzaban las preguntas? No importaba si su vida corría peligro. La notó tensarse en sus brazos por el susto hasta que observó como Young Mi llegaba sin percatarse de que era él. Sin más dejó a su pareja allí, con ciertas dudas y con algo de miedo por el repentino ataque.


Capítulo 20: El pasado siempre vuelve


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