sábado, 16 de noviembre de 2013

Impredecible II

Pues aquí está el capítulo dos de mi nuevo fic Impredecible...
Espero que os guste, dejad comentarios como siempre :D lo agradeceré mucho ^^


Capítulo 1: Ojos que no ven...





Capítulo 2: Una paradoja inverosímil

-según Taekwoon-

El muchacho quedó pasmado por la desfachatez de su amigo. Irse de su propia fiesta de cumpleaños, personalmente le daba lo mismo pero... Sung Hee había estado esforzándose toda la mañana para organizarle aquella sorpresa ¿en qué estaba pensando? Espera, ¿de verdad pensaba que ella se había sentido mal por lo de hacía unas horas?


Volvió a mirar a sus compañeros y vio como, olvidando la escena minutos antes, comían y bebían de todo lo que se encontraban en las mesas. Ni se preocuparon de que el cumpleañero desapareciera así como así de allí. Negó con la cabeza, se apretó con los dedos pulgar y medio el entrecejo, y fue tras Hakyeon. Algo no iba bien y no tenía ganas de lamentar alguna locura que su estúpido amigo fuera a hacer allá donde fuese.

-¡Leo!-

Esa voz lo desvió de su cometido. Era Iseul ¿le estaba hablando? Sí, con un paraguas verde, luciendo una ropa algo extraña en ella pero que le daba un toque aniñado e inocente que lo volvió más loco si pudiera. Y una sonrisa, una que particularmente siempre lo hacía desearla más. Sus ojos estaban fijos en él y aquello le hizo estremecerse. Su pelo estaba húmedo y antojable, como un dulce que debía ser para él. Se giró totalmente hacia ella, aquello era imposible, el simple hecho de que le dirigiera la palabra no podía ser verdad. Siempre había sido recelosa de hablarle. Ambos tenía absoluta popularidad y atención allá donde se presentaran pero no había relación alguna entre ellos. Interactuaban sólo y sencillamente cuando había reuniones, Leo era el capitán del equipo de fútbol y ella la presidenta estudiantil y básicamente se veían para acordar horarios y poco más. Incluso había escuchado que le daba miedo hablar con él, que su porte serio y a veces ofensivo, hacía huir a la muchacha. La veía como una frágil joya la cuál debía cuidad y proteger, aunque fuera en la sombra. Con la esperanza de que alguna vez ese miedo se desvaneciera, sin embargo, jamás pensó que fuera tan de repente.

-¿Leo?- Oír su nombre de nuevo en esos labios lo dejó noqueado. -¿Ocurre algo?- Ella fruncía el entrecejo. Hasta con esa mueca la encontraba preciosa. -Te noto tenso y he visto a N salir corriendo como un condenado- ¡Oh no! Se había propuesto perseguir a su amigo, y cuando se proponía algo lo cumplía hasta las últimas consecuencias. Sí, por mucho que deseara entablar conversación con Iseul tenía que cuidar de ese imbécil. Mientras, la oportunidad de su vida se esfumaba. Maldición. -¿Os habéis enfadado? Mira que siempre...-

-Lo siento Iseul, dime ¿por donde se ha ido?- Ella indicó con su pequeña mano la puerta trasera del centro y él corrió sin prestarle más atención, maldiciéndose una y otra vez por deberse tanto a ese par de tontos.

-Le habla la más popular del instituto y ¿ni me mira? Va a ser verdad que es un témpano de hielo, aunque sea el tío más guapo del campus es un payaso- Dicho esto Iseul se dirigió al pabellón, con una sonrisa falsa en su cara. La costumbre ya la hacía verdad, aunque ni sintiera la más mínima alegría.

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-¡Sung Hee!- Gritó Hakyeon al verla.

No esperaba encontrarla ahí, en un banco medio desorientada y temblando por estar empapada, como una vagabunda. ¿Tanto le habían afectado sus palabras? No, algo no iba bien. Corrió hacía ella y le ayudó cuando intentó incorporarse. Sin importarle la lluvia se sentó junto a Sung Hee y le pasó su propia chaqueta por los menudos hombros.

-¿Dónde...?-

-Calma, despacio Sung Hee ¿qué te ha pasado? ¿Qué haces aquí sin un paraguas? ¡¿Estás loca?!- Se precipitó con las preguntas, zarandeando a la muchacha por los brazos sin medir su fuerza.

-¡Ah!- Gimió. -¡Hakyeon, me haces daño!- Se quejó, al fin él se dio cuenta de su desmesurada reacción.

-Oh, perdona, perdóname Sung Hee, yo...- Aflojó su agarre, no obstante, sus manos seguían en los hombros de la chica. -Me he asustado, yo quería pedirte perdón por lo de esta mañana, jamás pensé que te lo tomarías así- Sung Hee seguía sobándose la cabeza, intentando recordar porqué estaba ahí. Las palabras de Hakyeon se escuchaban tan lejanas para ella... -Estaba bien que no vinieras a mi cumpleaños pero sentarse en un banco, sin paraguas y dejando que el agua te moje toda...- La miró de arriba a bajo y se arrepintió al instante. Carraspeó. -No era para tanto, no era para tanto- Se rascó la nuca avergonzado. -Por cierto, gracias, gracias por organizarme la fiesta y por... y por intentar que lo pase bien en mi día- Sus ojos esperaban encontrar los de ella pero no fue así.

Hakyeon la miró, esperando que contestara algo, sin embargo, se dio cuenta de que no había escuchado nada. Lamentablemente estaba absorta en sus propios pensamientos. Se sintió terriblemente solo.

-Hakyeon... ¿qué hacemos aquí? ¡Está lloviendo!- Gritó Sung Hee de pronto.

Al verla reaccionar no supo como corresponderle. Estaba tan confundido que no hizo más que dejarse guiar por ella, lo agarraba de la muñeca mientras tiraba de él con fuerza, tanta que consiguió levantarlo y hacerlo correr a su vera.

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-¿Dónde demonios habrá ido este idiota? ¿No era más fácil quedarse en el pabellón y llamarla?- Taekwoon maldecía resguardado, en un soportal, de la lluvia copiosa que en esos momentos caía. Se le hacía imposible continuar y más teniendo hasta la ropa interior empapada. Sacó su móvil del bolsillo y suspiró notablemente, al menos el aparato resistía condenadamente bien el agua. -Contesta o cuando te vea lamentarás que me haya mojado hasta los malditos calzoncillos por buscarte-

Danzaba de un lado a otro, harto de esperar a que le cogiera la llamada. En una de las veces que sus ojos se dirigieron al techo sintió como alguien topaba con él. Le rozó parte del costado antes de seguir su camino sin pausa, casi corriendo. Se giró rápidamente y alcanzó a verle una media melena, un porte altivo y un movimiento tosco de sus caderas. Definitivamente era una mujer, sin embargo, sus andares desgarbados la hacían demasiado masculina. Había mucho espacio en aquel soportal ¿Fue algo fortuito o intencionado? Una desesperada por rozarse con un chico guapo, sí, seguramente era una de esas. Suspiró volviendo a marcar el número de Hakyeon sin darse cuenta que aquella extraña se volvía ligeramente para hacer algo que el joven jamás sabría.

Fue un simple destello lo que le hizo colgar y mirar a su alrededor ¿un relámpago? No, eso había sido más cerca, más leve. Anduvo hasta una de las esquinas y se asomó por ella. Curiosamente avistó dos personas corriendo hacia donde estaba. Demonios, eran Sung Hee y Hakyeon. ¿Aquel chispazo le había indicado el lugar dónde buscar? Él no bebía a esas horas de la tarde ¿cómo iba a creer eso si no era por una buena borrachera?

Se sacudió el pelo mojado cuando salió de su refugio. Cruzó los brazos en el pecho esperando que uno de los dos se diera cuenta de que estaba ahí, inmóvil, con un cabreo monumental por estar empapado y preocupado por ellos dos. Escuchó a Hakyeon hablarle a Sung Hee.

-Espera, espera Sung Hee ¿qué te pasa? Me estás dando miedo, es como si hubieras visto un fantasma-

Entonces la mente de la muchacha explotó, los recuerdos comenzaron a llenarla por momentos. Demasiado rápido, demasiado para asimilarlo. Con un grito se presionó las sienes intentando parar las imágenes, el cuello de Iseul partiéndose, el golpe que le propinó ese ¿demonio? Jamás sabría calificar aquello que mató a su compañera y la dejó noqueada. Su cuerpo se sintió demasiado débil y cayó, pero no al suelo. Tanto las manos de Hakyeon en sus brazos y el pecho del recién llegado Taekwoon la salvaron de otra caída.

-¡Sung Hee!- Gritaron ambos chicos.

-¡Sung Hee! ¡Hakyeon, ¿qué ha pasado?!- Preguntó Leo ayudando a su amigo, con cuidado pudieron llevarla al soportal donde minutos antes se protegía de la lluvia Taekwoon.

-No lo sé Leo, de verdad que desde que la he encontrado está rara. Estaba recostada en un banco dejando que el agua la empapara ¡es de locos!-

Dicho esto la hicieron sentarse en el suelo apoyada en la fría pared. Leo parecía mantener la calma que a los otros dos se les había acabado. El susodicho agarró el rostro de la muchacha entre sus manos para que lo mirara, supiera que estaba ahí y se tranquilizara. -Sung Hee ¿qué sucede? ¿Qué te está pasando? ¿Alguien te ha hecho algo?-

-A mí no, a mí...- Comenzó a decir Sung Hee entre sollozos. -¡Iseul! ¡Leo, Iseul!- Le agarró por los hombros, sus ojos se abrían totalmente a medida que sus recuerdos le brindaban la grotesca escena, aquella donde la más popular de la universidad moría asesinada por algo que ni pudo ver. -Iseul está... está muerta, yo... yo misma lo he visto...-

-¡¿Qué?!- Leo no podía creerlo, acababa de verla. Quizás su amiga estaba delirando, quizás tuviera fiebre por estar tanto tiempo expuesta al temporal. -Eso es imposible Sung, ¿cuándo? ¿cuándo dices que ha...?- Cortó sus palabras, era difícil decirlo.

-No lo sé, no lo sé Leo pero... pero la he visto, he visto como eso la mataba, lo juro. Yo...- Sus palabras salían despedidas sin un orden establecido, su cerebro iba mucho más rápido y se maldijo por parecer una loca dando razonamientos sin sentido.

-Estás delirando, es imposible. Acabo de cruzármela Sung- ¿Trataba de convencerla o convencerse a sí mismo? No, seguramente era efecto de un mal sueño por la fiebre pero... ¿qué le había pasado para estar allí sola y dejarse en un banco como si se acabara el mundo?

-Leo, yo también creo que necesita descansar. Vamos al hospital- Se pronunció Hakyeon.

-¡No! ¡No! ¡Yo sé lo que he visto! ¡Ella, ella está...!-

Intentaron levantarla, sin embargo la muchacha comenzó a batallar por permanecer en el suelo, pataleando e impidiendo que la cargaran sin hacerle daño.

-¡Sung Hee!-

-¡Os lo demostraré!- Sin tiempo a detenerla se puso de pie, tiró la cazadora de N a un lado y corrió lejos de ellos.

No tuvieron otra opción que seguirla sin importarles la tormenta que comenzaba a azotar las calles acompañando a la lluvia que aún seguía mojándolo todo. Los guió inconscientemente hasta el callejón donde había pasado todo. Su mandíbula se desencajó al ver que no había rastro del cadáver de Iseul. ¡No! Lo que ella había visto era real, tan real como que se llamaba Sung Hee. Se dejó caer en sus rodillas, lamentando que hubiera una ínfima posibilidad de que todo fuera fruto de su imaginación.

-Sung Hee... por favor, no hagas esto más difícil. Vas a enfermar- La voz de Hakyeon parecía derrotada, sintió de nuevo la chaqueta de su amigo cubrirle el torso. -Por favor, vamos al hospital, estás ardiendo- La mano del moreno se posaba en su frente, notando que en realidad tenía fiebre.

No podía luchar más, dejó que la levantara y se apretara contra ella en un abrazo. Por un momento su mente se trasladó de aquella terrible tarde. Leo, que odiaba ese tipo de escenas carraspeó y, con el efecto deseado, se separaron.

-No sabes lo preocupado que estaba... yo...- Se sinceró N antes de que algo más lo interrumpiera.

-¡Oh dios!- Chilló Sung Hee. Se alejó de él, se agachó y agarró algo del suelo. -Esto...-

Si volvía a hablar de ello la tomarían definitivamente por loca. Decidió guardar lo que había encontrado y volvió junto a Hakyeon, este la miró un tanto extraño, como lo hacía Taekwoon.

-Vayamos al hospital- Dijo N.

-Estoy bien, vamos a la universidad y celebremos tu cumpleaños. Con algo caliente se me pasará- Aseguró la chica.

-Pero...- Espetó de nuevo.

-No voy a ir al hospital- La mirada de Sung Hee era fulminante, siempre que la usaba no había nadie que pudiera llevarle la contraria. -Paso de joderte el cumpleaños cabezota, así que vamos al pabellón si no queremos caer los tres enfermos- Tras utilizar una encantadora sonrisa los otros dos se dieron por vencidos.

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Al llegar Sung Hee tragó saliva, ahí estaba Iseul, tan esplendida como siempre. Le sonrió falsamente, como lo hacía habitualmente y apretó aquel objeto, que había encontrado en el callejón, fuertemente contra su pecho. Estaba dispuesta a averiguar de qué iba todo aquello, ella no estaba loca, ella lo había visto y demostraría a los demás que su mente no le había jugado una mala pasada.

Leo sonrió en dirección a Iseul, no fue hacia ella puesto que le podía más la felicidad de verla a salvo que ir a resolver el pequeño problema de haberla dejado hablando sola. Simplemente disfrutaría que su muerte sólo fuera un lapsus de su amiga.

-¿Qué hacíais fuera?-

La que cuestionaba era Mi Cha, viendo como los tres estaban pasados por agua. La mayoría se rió de la versión estúpida que había contado Hakyeon, sin embargo, era la más convincente de las que tenían en mente, y mucho más que la verdad en si misma.

-Eres un estúpido- Insultó Leo mientras escurría su camisa a la altura de su cintura.

-Por lo menos he inventado algo ¿qué has hecho tú?- Bordeó triunfante Hakyeon.

-No partirte la cara cuando tenía que haberlo hecho- Agredió contundentemente mientras se alejaba hacia las mesas, debía comer algo antes de soltar su enfado en plena fiesta.

Al coger un par de galletas vio a Sung Hee acercarse a Iseul. Eso significaba problemas, se fue hacia ellas para controlar la situación si se ponía fea.

-Iseul- La llamó quedamente.

-¿Qué quieres Sung? ¿Algún problema después de quedarte encerrada en el patio trasero jajaja menuda tonta- Y esa fue la genial versión de Hakyeon.

-Vengo a devolverte esto- Sacó de su escote un medallón verde esperanza, tenía la forma de un dragón y sus bordes eran plateados como la cadena que lo sujetaba. -Se te ha caído al venir aquí ¿lo recuerdas?- Incisiva en su tono alargó el brazo para que Iseul recuperara su colgante, aquel que le había visto por la mañana, antes de ser sometida y asesinada por ese ser inexistente. Los ojos de la dueña del medallón se abrieron dándole la razón suficiente a Sung Hee para creerse a si misma, en lo que había ocurrido en aquel oscuro callejón.

-Eso... eso no es mío- Fingió la muy zorra. -Lo habrás imaginado, como todo lo demás ¿no es así Sung?- Un cuchillo directo al pecho. Ahora estaba segura de que esa, la mujer que estaba delante suya no era Iseul, no lo era. ¿Entonces? ¿Quién era? Mejor dicho ¿Qué era?








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