martes, 19 de noviembre de 2013

You fallen for me IX

Pues después de tanto tiempo vuelvo a la carga con este fic... ¡¡La diva ha vuelto!! ><
Espero que os guste ^^


Capítulo 8: No te soporto




Capítulo 9: No puede ser verdad


La muchacha se despertó dolorida, no recordaba ni cómo se llamaba en esos momentos. Se incorporó al notar que estaba en una cama y al mirar a su alrededor se percató que no era la suya. Era otra habitación, rosa, completamente rosa ¿Qué demonios? Su mente se aclaró un poco y fue a parar a la boutique. A su desmayo. A Key. Besándola. ¡Besándola! Sus ojos se abrieron desmesuradamente.

-¡Oh dios!-


Entonces se dio cuenta que donde se encontraba era la casa de Key. Su pecho se contrajo al no recordar nada más después de aquel boca a boca, porque fue un boca a boca ¿verdad? Quiso ir al baño pero ¿por dónde? Se sentó en la cama y fue ahí cuando temió lo peor, ¡estaba en ropa interior! ¿Qué fue lo que le hizo ese...? Sintió un escozor en el cuello, oh cierto, le habían pegado la ropa a la piel. Sus manos también tenían restos de rozaduras. Se frotó las muñecas notando el pinchazo y algo que le dejó un tanto descolocada. Eran restos de crema, hidratante para ser exactos ¿quién? Espera... ¿Key? ¿Él la había cargado, llevado a su casa y quitado las prendas para atenderle las rozaduras? ¿Qué demonios?

El rubor subió furiosamente hasta sus mejillas, necesitaba agua fresca en la cara para replantearse qué estaba pasando ahí. Y sin preocuparse por su vestimenta abrió la primera puerta que encontró después de salir de la habitación y brincó de la sorpresa cuando topó con el baño. Todo habría ido bien si hubiera estado vacío.

-¡Oh dios! ¡Lo siento!- Gritó Ángela apartando la mirada de Key.

Volvió a cerrar la puerta e intentó calmarse, y de paso borrar la escena que acaba de ver: Key con una toalla, si se le podía llamar a eso toalla, enroscada en su cintura y nada más ¡sin nada más! saliendo de la ducha. La mente de la chica no asimilaba aún lo visto, ella no se había encontrado jamás en una situación como esa y todo la superaba. Tenía que calmarse si no quería que ese idiota la viera tan afectada. Tragó saliva apoyada en la puerta, se arrepintió enseguida de haberlo hecho ya que cedió tras de si al ser abierta por Key. Ella cayó de culo al suelo, se maldijo frustrada por ser tan inútil.

-¿Qué te pasa Angie? Jamás habías visto...- Escuchó a su espalda.

-Cállate- Chilló avergonzada.

-Eres adorable. Anda, deja que te ayude- Lo vio colocarse en frente de ella, con la desfachatez de seguir semidesnudo en su presencia ¿no podía adivinar su incomodidad? ¿Quería burlarse de ella?

-Puedo sola-

Sin mirar mucho en su dirección se levantó con cierto recelo, entonces volvió a ser consciente de su atuendo. Mierda. Intentó taparse con sus brazos, algo bastante absurdo en dichas circunstancias. Se sintió aún más incómoda al ver la mirada incisiva de Key encima de ella. Era totalmente intimidatoria y su cuerpo tembló en respuesta ¿qué le ocurría?

-¿Me permites?- Preguntó Key acercándose a ella, eso la dejó aún más apabullada.

-¿Q-Qué...-

Apartó la vista, más de lo que ya lo hacía, de Key. Que fuera hacia ella así no era nada bueno ¿por qué no podía entenderlo, tan duro de mollera era ese tonto? Oh dios, notó como tocaba su cuello y cerró los ojos al toque ¡¿por qué?!

-¿Te duele?-

-¡¿Qué?!- Pegó un respingo cuando los dedos de Key se deslizaron suavemente por debajo de las rozaduras de su garganta. Demasiado delicado para ser precisamente él.

-Que si te sigue doliendo-

Se sintió como una estúpida al ver dónde habían llegado sus pensamientos por algo tan simple. Él sólo se estaba preocupando por sus heridas. Espera ¿qué? ¿Key cuidando de ella? No, algo estaba mal.

-Key ¿qué...- Él la interrumpió como si hubiera leído su mente.

-Por lo que veo la pomada ha servido para calmar esa irritación que te había provocado el pegamento- Al fin dejó de tocarla. -Lo siento Angie, debía de haberlo adivinado. Te juro que no he tenido nada que ver, jamás te haría una cosa así- Verlo reconocer que le importaba alguien, y que ese alguien fuera ella hizo que sonriera para si. En el fondo, Angie lo sabía. Sabía que se escondía debajo de la arrogancia y el egocentrismo. Ofrecía una imagen muy distinta a lo que en verdad era, pero para ocultar ¿qué? Quizás en otro momento lo sabría, ahora, disfrutaría de su lado adorable. -Es decir, eres mi proyecto, si te daño no podría cumplir con mi propósito- Y también de su maestría en romper la magia del momento.

-Deja de pensar en mí como un proyecto, soy...-

Se dispuso a alejarse, debían hablar en otro momento y más... vestidos. Sin embargo, se vio interrumpida por la mano de Key en su antebrazo. La hizo girar sobre si para estar de nuevo cara a cara con él y habló.

-Una mujer, lo sé muy bien. Y la veo ahora, frente a mí- Lo decía en serio, su tono así lo dictaba.

Angie se encontró mirando fijamente los ojos miel del que ahora sonreía como nunca. Lo había visto sonreír alegre y contento, y más haciéndole la puñeta, pero jamás se había fijado en la forma que formaban sus labios al hacerlo. Era fascinante perderse en estos y ver que le incitaban a imitarlos. Y también a rozarlos, con los suyos... Estaba loca, sí, ahora ya lo entendía, loca y masoquista. No podía creer que le provocara lo que le estaba provocando, no, aquello era imposible. Si no hubiera sido porque algo llamó su atención en ese momento ella...

Pecas, unas divertidas pecas que llenaban el rostro de Key. Eran casi imperceptibles, y de no ser por ese momento quizás nunca se habría percatado de ellas. Estas se pronunciaban un poco más en la zona de la nariz, dándole un aspecto aniñado sublime. Se aguantó las ganas de reír, no por que le provocaran gracia si no por el hecho de que Key seguramente usara maquillaje para ocultarlas ¿por qué debería? ¿Sería su complejo secreto?

-Son adorables- Soltó sin más.

La mueca de Key tornó confusa. -¿Qué?-

-Tus pecas, son lindas- Obtuvo el efecto deseado: el todopoderoso Key estaba rojo, como un tomate. Sonrió triunfante, ahora le tocaba a ella jugar con él.

-Yo...- Lo vio girar su cabeza hacia un lado, al parecer no quería que ella lo viera en ese estado.

-¿Por qué las ocultas?- Tuvo el impulso de tocarlo pero en ese momento él volvió la mirada, sus ojos se clavaron en los suyos, reflejaban ¿Molestia? ¿Rabia? No obstante, Angie siguió insistiendo en su burla. Era su momento, al fin se habían cambiado las tornas y no desaprovecharía la oportunidad. -¿Te hacen parecer un niño y odias que te comparen como tal?

-¿Quieres comprobar que tan niño soy?- Un aura sombría se cernió en él, Ángela se arrepintió entonces. Sin darle tiempo a zafarse, agarró las muñecas de la muchacha y las alzó a los lados de su cabeza. Tanto esas como el cuerpo femenino toparon contra la pared. Gimió por el golpe y el dolor de las rozaduras siendo apretadas por las manos de Key. -¿Quieres saber por qué las oculto?- Se apegó a Angie, presionándose bruscamente contra ella.

-¿Qué...- Estaba aterrada ¿qué pasaba con Key? ¿Una simple burla lo ponía así? No, había algo detrás, una historia, un tema que quizás no debió haber tocado. Sintió compasión por Key, seguramente habría sufrido por algo fuerte que concernía el detalle de las pecas. Quiso remediarlo y no culparlo por su arrebato. -Yo... yo sólo quería seguirte el juego. No pretendía ofenderte Key...- Como si algo se hubiera activado en la cabeza del nombrado, paró en seco. La miró a los ojos y se dio cuenta que lo que estaba haciendo era exagerado.

-Yo... lo siento. He ido demasiado lejos, perdón Angie- La liberó y bajó su cabeza. Ella no se movió o corrió lejos, como él esperaba si no que hizo algo aún más extraño.

-Te va a parecer raro pero igual te lo diré- Key la volvió a mirar, ¿después de haberla atacado aún quería seguir hablando con él? -No sé porqué ocultas algo tan único como son esas pecas, tampoco te voy a pedir que me lo cuentes, así que sólo me queda darte algo que quizás necesites- Estaba confundido y maravillado, no sabía con qué saldría en ese instante pero últimamente, todo lo que salía de Angie lo sorprendía, contundentemente.

-¿El qué?-

La respuesta de la joven hizo que su mente quedara en blanco. Lo abrazó, simple y llanamente, los menudos brazos rodearon su cintura como queriendo consolarlo, aún sin saber qué le estaba afectando y provocando que actuara así. Oh dios, ¿por qué en ese momento su cuerpo se acaloraba? ¿por qué esa niña tonta y sin orgullo le provocaba aquella sensación? No pudo redimir una risilla, por él mismo, por saberse tan estúpido al adivinarlo.

-¿De qué te ríes?- Preguntó Angie aún sin dejar de abrazarlo. Su mueca tornó molesta, encima que...

Era por otra razón muy distinta pero quiso molestarla, adoraba quedarla en evidencia. Sus mejillas sonrojadas era su deleite personal, casi prohibido para él. -¿Te das cuenta que estamos abrazados y semidesnudos?-

-¡Oh dios!- Chilló ella, Key rió cuando se apartó y se tapó la cara.

-Yo que tú me tapaba otras cosas- Inquirió Key recorriendo el cuerpo femenino con una mirada lasciva, tan artificial como verdadera.

Aquello de verdadera le estaba dando miedo incluso a él. No se había fijado mucho cuando, mientras le despegaba aquel maldito pegamento de su cuello y muñecas, la desvistió. Ahora podía ver cada parte de su cuerpo. Lucía esbelta, llamativa e, incluso, excitante para los ojos de un hombre. Con esas ropas anchas parecía tener kilos de más, sin embargo, no le sobraban, por ningún rincón de su cuerpo, tampoco es que le faltaran, tenía unas curvas bastante atractivas. Era perfecta. Tragó fuertemente ¿qué hacía mirándola así? Era Ángela ¡Ángela! Había visto un par de mujeres así y aún más ligeritas de ropa pero descubrir que Angie escondía tal cuerpo le hizo plantearse qué estaba haciendo con ella, con su vida. No, tenía que parar con eso pronto, tenía que frenarse con aquellos pensamientos o perdería el control. Se corrigió mintiendo como un bellaco.

-Mis ojos pueden dañarse con esto- Sí, así ella se molestaría de nuevo y él encontraría la calma. Las palabras de Jonghyun retumbaron en su cabeza una vez que Angie le pegaba en el pecho antes de gritar.

-Cállate, bastante he tenido ya estúpido- Corrió hacia la habitación y Key escuchó que cerraba por dentro, no pudo describir la felicidad de saber que volvía a tener el control, el control sobre ella.

Entonces ¿por qué aprovechó mirarla fugazmente, otra vez, antes de que se encerrara en su habitación? Oh no...

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No le había dirigido la palabra en todo el recorrido. La verdad que desde el día anterior no quiso ni mirarle a la cara. Ya era bastante vergüenza que hubiera insistido en llevarla a casa para que ahora, que la había prácticamente obligado a acompañarlo a clases, tuviera que hablarle amigablemente. Y un cuerno, encima que lo consoló o intentó consolar él volvió a insultarla. También se le sumaba el hecho de que le había visto tan frescamente en ropa interior, bien, ella también lo había visto en paños menores pero ni comparación tenía.

-¿Qué ronda por esa cabecita?-

Casi cae de culo al ver a Key delante de ella y con el rostro a milímetros del suyo. Quería matarla, estaba convencida de ello. Él rió con ganas, amaba verla cabreada. Perfecto, más puntos acumulados en su “cajita del odio a Key”.

-Algún día te quedarás sin quien molestar-

Era sarcasmo pero algo se revolvió en el estómago de Key. Ella lo notó serio, demasiado.

-No vuelvas a decir eso- Dicho esto le dio la espalda y siguió avanzando.

-Dios, que tío más complicado- Susurró.

Se volvería loca si no acababan con lo del estilismo pronto. Aunque, en cierto modo no sabría cómo sería su vida después de todo eso ¿terminaría por ser alguien agradable a la vista? ¿Alguien que fuera... deseada? Cerró sus ojos, bufó y se apresuró para ir a la par que él. Recordó que necesitaba saber lo ocurrido antes de que se despertara en casa de Key.

-Key... Con todo lo que ha pasado se me ha olvidado preguntarte ¿qué pasó después de desmayarme en la tienda?-

-Cuando lleguemos al instituto, desgraciadamente, lo sabrás por ti misma. Pero tranquila, nosotros estaremos muy ocupados en este proyecto, nadie tendrá tiempo de decir nada- Angie quiso saber a qué se refería, no obstante, Key le indicó con la mirada que mejor no indagar mucho en ese tema ya que no le gustaría lo que tenía que responderle. -Vamos a dejar lo de la ropa para última estancia. Hoy por la tarde te enseñaré varios métodos para que cuides tu piel. Luego consejos para tu nido, digo tu pelo. Y más adelante veremos cómo conjuntar bien la ropa y cuál acentuará tu belleza- Se giró mostrándole una mueca de seguridad.

No se estaba burlando de ella, era la primera vez que lo veía centrado en lo que era su deber. Frío pero a la vez certero y tenaz. Ella pensaba en él como alguien descuidado en ese aspecto complementando su total atención en la apariencia. Paró en seco al darse cuenta de algo: ¿comenzaba a sentir algo por ese egocéntrico, narcisista y... estúpido encantador? Pero ¿qué?


Obtuvo su respuesta cuando lo vio girarse al notar que no seguía a su vera. Su cejo fruncido y preocupado, sus ojos clavados en los de ella, el recuerdo de haber conocido ese lado suyo... Le estaba gustando Key, la diva todopoderosa. Mierda, estaba perdida.