miércoles, 19 de junio de 2013

"Cariño... Eres un idiota" II



Capítulo 1: El viaje hacia mi sueño




Capítulo 2: ¡¿Perdón?! 


A las diez en punto debía llegar el taxi que la llevaría hasta su nuevo hogar. Eran las diez y veinte. No creía que pudiera hacer tanto frío en Seúl. En España, donde vivía, siempre hacía bastante frío en invierno y demasiado calor en verano. Sabía perfectamente que en Corea tenían el mismo clima con respecto a las estaciones del año pero jamás pensó que ese frío espantosamente húmedo le calara los huesos tan rápido. ¡Y sólo llevaba ahí dos horas! Se maldecía mil veces si, por algún casual, había podido equivocarse con la hora que le dio al taxista, pero estaba segura que le había dicho claramente a las diez justas.

Al cabo de un par de minutos estaba tiritando y rezando porque el maldito vehículo apareciera por su izquierda. Demasiado bonito el principio del día, su mala suerte la volvía a traicionar.

-Pequeña, ¿quieres un poco de esto?- Laura giró su rostro hacia la voz, una mujer madura de unos cincuenta años se le acercaba, caminando tiernamente. Llevaba un uniforme, al parecer trabajaba en el aeropuerto pero no pudo descifrar de qué. Le sonrió con una leve inclinación. Era una señal de respeto hacia los mayores, y desconocidos, en Corea; no era de allí así que quiso prepararse antes de llegar en todo lo referido a la cultura coreana. Admiraba que todo gesto fuera valorado equivaliendo a mil palabras en occidente. La sonrisa de la mujer no se hizo esperar, seguramente le gustaría entablar conversación con una extranjera y curiosear mientras la distraía de ese frío infernal. Sin más sacó un termo de la enorme bolsa colgada al hombro y continuó hablándole. -Llevo viéndote temblar desde hace un buen rato. No puedo verte más así querida- Siseó un gracias cuando la amable señora le brindó té. Se lo había servido en un vasito de plástico, rebosando por los bordes. No dudó en probarlo; demonios, estaba buenísimo. La reacción de la mujer fue aplaudir alegremente un par de veces. -Me alegra que te guste- Sus preciosos ojos rasgados tenían un brillo que le otorgaban una aparente calma. Transmitía lo que una abuelita hacía al cuidar de sus queridos descendientes. Laura agradeció tanta cordialidad, al final ese chico del avión no iba mal desencaminado. En Seúl la gente parecía ser bastante amigable. -¿Vas ha quedarte mucho tiempo?

-Si todo sale bien, supongo que para siempre- Contestó la joven sin redimir su felicidad y esperanzas. Ambas dieron un respingo al escuchar un llamado por una especie de aparato cercano. La mujer mayor sacó de su chaleco un walky talky y respondió afirmativamente. Antes de irse relajó su mueca para terminar de hablarle a Laura.

-Espero de todo corazón que así sea. Termínate eso para que entres en calor. Desgraciadamente me tengo que ir, me necesitan ahí dentro muchacha- Recogió el termo con una rapidez pasmosa. Cada vez se sentía más maravillada con el que sería su nuevo hogar. -¡Que te vaya todo bien!

-¡Le deseo lo mismo señora, muchísimas gracias por su ayuda!- La mujer alzó su mano agitándola felizmente al alegarse de ella y terminó por adentrarse de nuevo en el aeropuerto. Se encontró sonriendo satisfecha, todo eran buenas vibras sin contar con el retraso del taxi. Aunque si no hubiera sido por eso no hubiera conocido a esa señora tan peculiar como acogedora. Terminó de beber y se dispuso a tirarlo en alguna papelera cercana, no vio ninguna. Minutos después estaba jugando con el dichoso vaso entre sus dientes, una de sus muchas manías era morder el borde redondeado y dejarlo completamente blando. En una de esas veces donde hincaba el diente la presión hizo estallar el plástico, se asustó de tal manera que dejó caer el vaso sin más. Al ir a recogerlo otro respingo azotó su cuerpo.

-No deberías tirar esto al suelo- Sentenció una voz que se le antojó verdaderamente sexy, y extrañamente conocida. Al querer comprobarlo se llevó la sorpresa, de nuevo ese muchacho frente a ella. Tragó saliva antes de defenderse, aclarando el malentendido.

-Yo no...- Su corazón casi se para cuando el pulgar del chico tocó su labio inferior. Se quedó inmóvil como una tonta sin saber cómo reaccionar.

-¿Te has cortado con esto?- Intentó deducir el joven indicando el vaso a la vez que la mano con la que la había rozado. Laura pudo observar entonces la sangre que le mostraba el pulgar del otro. Se llevó la mano a la boca, efectivamente tenía sangre ¿Cómo no lo había notado? Quizás el susto no la dejó ni darse cuenta. Buscó en sus bolsillos un pañuelo, y de paso una manta que la hiciera desaparecer... ¡Menudo bochorno! -Jajaja Veo que te aburres bastante- Quiso que la tierra la tragara. Parecía haberse dado cuenta de la chorrada que estaba haciendo antes de cruzarse con ella. Sus mejillas tornaron rojas por la vergüenza. ¡Tenía veinticuatro años! ¿Qué hacía jugando con un vaso como si fuera un cría de cinco? Encima ese individuo se estaba riendo de ella, lógico, ella también lo hubiera hecho.

-L-lo siento yo...- “¿Con qué vas a excusarte, tonta?” se recriminó mentalmente; en parte, también, por tartamudear.

-¿Lo quieres de vuelta?- La estaba bordeando y eso la molestó un poco.

-Trae- Agarró el vaso, arrebatándoselo de las manos del joven y se tapó media cara con la otra mano. La mezcla de frustración e incomodidad podían con ella.

-No te molestes, sólo me ha parecido algo adorable... No quería que te molestaras- Una amplía sonrisa bastó para perdonarle cualquier detalle ofensivo.

-No, tranquilo es sólo que...- De nuevo sin palabras ¿Qué demonios le pasaba? ¿El viaje la había dejado majareta?

-Comencemos de nuevo- Laura no se esperó que le ofreciera estrechar sus manos, aun así se lo concedió juntándolas. Tuvo que sonreír de vuelta, no sabía qué más hacer. Aquella personalidad brillante del extraño muchacho la tenía encandilada. Sí, era eso, justo eso. -Encantado, me llamo...-

La bocina de un vehículo detrás de ellos, los alejó de su repentina presentación. Tanto ella y el chico separaron las manos un tanto incómodos, como si estuvieran haciendo algo indebido. La terrible curiosidad por saber su nombre se esfumó al ver que era su taxi, por fin llegaría a su deseada nueva casa. Sin más fue casi corriendo al coche y dejó al conductor meter todo su equipaje en el maletero. Entonces, ya dentro, se maldijo al ser tan estúpida. Le podía haber preguntado su nombre e incluso su número, no era tan extraño ¿No? Abrió la puerta antes de que el taxista arrancara, al decidirse a salir y encontrarlo de nuevo, pero ya no estaba. Maldición.

-¿Dónde la llevo?- Cabizbaja volvió al asiento trasero, viendo como el hombre cerraba la puerta por donde había entrado al no obtener respuesta. Cruzó por delante del capó y se sentó dispuesto a conducir por donde Laura dijera.

-Tome, esta es la dirección- Dijo la muchacha con desgana mientras le daba un papelillo. Por estúpida había perdido la oportunidad de conocer a alguien en esa ciudad. Ya no era cuestión de si surgía algo entre ese muchacho y ella, simplemente era tener una bonita amistad mientras se instalaba y adaptaba a su nuevo hogar.

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-Onew... Por última vez ¿En serio me vas a dejar aquí? ¿Solo y desamparado?- Jonghyun hizo un puchero adorable mientras veía como su hermano mayor examinaba el departamento. Cruzó por delante de él, ignorándolo completamente, hasta llegar a la cocina. -Maldito- Masculló al verlo tan aferrado a seguir con su estúpida tarea.

-No conseguirás nada insultándome. Además, mira, hasta la cocina es moderna. Estoy pensando hasta venirme a vivir contigo...- Dicho esto se encontró a su hermano columpiándose esperanzado entre la encimera y el mueble central de aquella sala. Tenía estilo americano por lo que tanto el salón como la cocina se unían separados sólo por un mueble minimalista entre medias.

-¿Lo harías?- No era lo que quería exactamente, pero ya era algo diferente; con su hermano ahí todo sería mucho más fácil, y sobretodo cómodo para él.

-No- La mueca ilusionada de Jonghyun cambió por completo. Una diversión para el mayor, lo había atrapado de nuevo, y como le encantaba hacerlo. Lo escuchó bufar con desesperación encaminado a las maletas, en la entrada. Se sentó toscamente en una de ellas. Ancló sus codos cerca de sus rodillas para apoyar la cara en una de sus manos, deformándosela un poco en señal de aburrimiento. -Jajaja pero mira a tu alrededor. No está tan mal ¿No? Tienes incluso vecinos carismáticos- Expresó Onew al recordar el individuo que hacía unos minutos cayó sobre su hermano, accidental o intencionalmente, no lo sabía y tampoco lo quería averiguar.

Demasiado divertido había sido verlo caer al suelo con ese tipo encima. El rubio casi se desmaya al darse cuenta de donde había ido a parar. Lo más gracioso es que sus preferencias sexuales saltaban a la vista y, curiosamente, sus ojos estaban puesto en el cuerpo de Jonghyun. Lo reconocía, su hermano menor tenía el físico más envidiable que había visto pero tenerlo, frente a si, en esos aprietos le encantaba. Key, así se había presentado aquel muchacho, una diva andante y sonante, recostada sobre un cuerpo de escándalo; y su hermano, completamente desconcertado sirviéndole de colchón. Una palabra: épico. Le encantaría aceptar quedarse allí sólo para ver a ese tipo intentar cambiar de acera a su querido hermano.

-Onew, eres un cabrón... Si no te hubieras apartado hubiera caído encima tuya. Eres de lo peor y te odio, que lo sepas- Por un momento se levantó ofuscado, señalando a su mayor insistentemente. El otro rió con ganas.

-No niegues que ha sido divertido. Seguro hacen buenas migas, tu y él, él y tú...

-¡Cállate animal! Respeto cualquier orientación sexual pero me ofende que alguien dude de la mía- Espetó seguro, y a la vez confundido, por el suceso con aquel muchacho ¿No estaba claro que era un auténtico semental? Dios mío, aquello era inaudito.

-Jajaja estás muy tenso, relájate hombre- Le intentó relajar Onew, aunque no faltaba ese tono de burla en su voz.

-Vete a la mierda-

-Eso haré, suerte con... Key- Hizo un gesto, como si abriera una puerta ficticia. Daba a entender que quería decir con el nombre del vecino. De pronto vio las intenciones de Jonghyun: quería asestarle un par de golpes que sorprendentemente lo estaban dirigiendo a la puerta para que se fuera. Acertó a darle una patada en el culo algo fuerte pero Onew igualmente se divertía.

-¡Agg! ¡Largo!- Inconsciente o no, había enredado tanto la situación que incluso el mismo Jong lo había echado a patadas de allí, simplemente perfecto, dudaba que si lo hubiera hecho a posta no le habría salido tan bien la jugada. Sonrió paseando por el pasillo central que conectaba los pisos con el enorme jardín comunitario. Aceleró el paso, por si Jong se daba cuenta de la encerrona y llegaba a él para retenerlo.

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Los enormes edificios, los colores, la gente... Todo, todo parecía fascinarle mientras recorrían el centro. El bloque de pisos en el que se instalaría daba a las afueras y aún le quedaban unos minutos en coche. Sacó su cámara de video, eso no podía quedarse allí sin ser captado por su objetivo. Viviría en esa ciudad pero el entusiasmo de la primera vez lo debía plasmar en sus fotos y videos.

-¡Wow! ¡Esto es magnífico!- Afirmó Laura.

-A ese de allí se conoce como el “Edificio 63”- Se aventuró a decir el conductor rompiendo el hielo con su cliente. La muchacha giró para ver donde apuntaba el señor y lo capturó en su cámara.

-Precioso...- No cabía en si de la emoción, tenía que pasearse por todo Seúl antes de comenzar su labor. Lucharía con todo su ímpetu por conseguir su sueño pero mientras no podía permitirse no ir a todos esos lugares emblemáticos de la gran ciudad.

-No debe olvidar ir al palacio real, eso sí que sería un delito- Sugirió amenamente el taxista.

-Por supuesto señor, lo mejor de todo es que tendré todo el tiempo del mundo para explorar todos y cada uno de estos lugares- Le aseguró Laura sin dejar de fotografiar y hacer algún que otro video del exterior.

Se le pasó el tiempo volando, entre las divertidas ocurrencias del hombre que la guiaba y las cosas que aparecían por los lados de la carretera. Realmente todo estaba saliendo increíble para ella. La suerte no le había acompañado mucho en su vida y al parecer comenzaba a asomarse por su alrededor. Sonrió al adivinar su nuevo vecindario, todo era de colores claros y luminosos. La naturaleza campaba a sus anchas por las pequeñas calles que conducían a su bloque. Al llegar casi contuvo un grito de felicidad. Aquello era precioso, ni en las películas se veía tan bien.

-Gracias- Dijo Laura al darle una buena propina al taxista y sujetar una de sus maletas por el asa.

Respiró hondo, todo atisbo de inseguridad se debía ir en el momento que pasara la verja del recinto. Hasta eso era mínimamente cuidado. Todo el bloque estaba rodeado por un muro repleto de plantas, la decoración natural, hacían al sitio algo mucho más atrayente. Cerró los ojos antes de disponerse a cruzar la enorme entrada. En ese momento salía alguien que ni pudo ver, precisamente el hermano mayor de su futura peor pesadilla...

Sin embargo para él no pasó desapercibida aquella extranjera, no le atraían mucho pero ella despedía un aire natural y tan espontaneo que se quedó embelesado por unos segundos. Cuando la vio abrir los ojos disimuló yéndose rápido de allí. Volvería a verla, al fin y al cabo estaba entrando en el mismo edificio que su hermano. Quizás sería buena excusa para visitar y vigilar, más de dos veces, al irresponsable de Jonghyun.

-Laura... Comenzaremos con buen pie ¿Verdad?- Se autoconvenció, solía darse fuerza, hablando con ella misma casi todo el tiempo. Una locura para muchos, algo lógico y simple para ella. Entró con el pie derecho en ese gran jardín, sin avistar lo que se le venía encima.

-¡Cariño!- Escuchó de repente. Un cuerpo ajeno se le abrazaba con toda la confianza del mundo ¿Pero qué...?

-¡Suéltame!- Gritó forcejeando para liberarse de esos poderosos brazos.

-¿Qué tal tu día hoy?- Pero qué estaba pasando... Al ver quién era el que le estaba invadiendo de la nada. Se quedó atónita cuando el individuo separó la cabeza de su hombro y la dejaba frente a frente. Medía lo mismo que ella, reconocía que era un muchacho bastante atractivo, con un cuerpo fornido y de poderosas facciones pero ¿Quién demonios se creía para tomarse esas libertades? Lo vio mirarla confundido pero sin dejar de abrazarla. Seguramente no se esperaba que fuera extranjera, ni mucho menos que lo mirara con odio desbocado. El puño de Laura deseaba estamparse en la cara de aquel tipo sin ningún reparo. Aprendería la lección muy cortesmente...


Capítulo 3: ¡¡Ni loca!!


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