martes, 18 de junio de 2013

Entre el cielo y el infierno III

El capítulo tres de esta siniestra historia, espero que os guste mi locura...


Capítulo 2: Falsa libertad




Capítulo 3: Luz en la oscuridad

Entre tanta oscuridad la luz parecía ser algo bueno ¿Por qué no seguirla? Echó un último vistazo al ángel frente al pequeño edificio. Notó algo diferente en este, seguramente porque no le prestó atención la primera vez. Su lado derecho era hermoso, puro, con un semblante pacífico que desprendía paz más allá de la piedra con la que estaba hecho. Sin embargo su otra mitad, la que ligeramente podía avistar Hope, carecía de todo eso: su mueca tornaba a macabra y su ademán era altivo, sucio y perverso. Incluso la superficie se veía oscura por la mugre, como si el encargado de limpiarla sólo lo hubiera hecho por la parte angelical. Sus ojos se clavaron en el rostro, desfigurado ligeramente por ese lado oscuro que comenzaba a asustar a a muchacha. La mirada bondadosa de aquella escultura se veía apagada tristemente por ese inquietante ¿Fallo? Lucía como si el artista que lo creo se frustrara a la mitad, como si hubiera sido poseído por unas fuertes ganas de destrozar su maravillosa obra. Hope se encontró intentando penetrar a través de aquella piedra ¿Por qué lo hacía? No lograría más que confundirse por una razón que nunca sabría. Se dispuso a apartar la mirada entonces ocurrió...

¡Oh dios! Su corazón encogió al ver como la estatua le sonreía. Sí, le sonrió. Esos labios de piedra se movieron levemente hacia arriba, estaba segura. ¡No, imposible! Cerró sus ojos fuertemente, aquello no podía ser verdad, la locura la estaba haciendo ver cosas raras y su mente cedía a ello vertiginosamente. Volvió a mirarla, la figura estaba ahí, inmóvil como debía estar. Entonces ¿Sufría de alucinaciones ahora? La pérdida de su tío estaba haciendo estragos en ella. Lo extrañaba tanto...

-Hope...- Se sobresaltó al escuchar aquel susurro ¿Otra jugarreta de su mente? No, eso sí había sido real. Provenía de la pequeña capilla. Decidió ir hacia ella, era un lugar sagrado ¿No? ¿Qué otro sitio más seguro que ese? Las puertas cedieron demasiado fácil, también pudo notar que llevaban mucho tiempo sin hacerlo. Con la oscuridad cegadora no podía asegurar si estaba abandonada o no. Espera ¿No era la supuesta capilla a la que iba su tío todos los domingos? Recordó el camino hasta ahí, todo estaba desierto, nadie, si quiera un sola persona, se cruzó con ella. Tan fantasmal, tan siniestro, el pueblo carecía de vida cuando lo recorrió hasta allí ¿De qué podría vivir Larry? ¿Era el único habitante de ese lugar? Imposible, él siempre le hablaba de la gente que le acompañaba en las misas. No le cedía mucha información del exterior pero cuando se trataba de la religión siempre le contaba hasta el último detalle. Entonces rememoró lo ocurrido, en esos dos muchachos extraños que, seguramente, habrían matado a su querido tío ¿Habían matado también a todo el pueblo? No obstante, su alrededor la incitaba a pensar en que todo había sido así por mucho tiempo: abandonado, desolado y lúgubre ¿Podría sobrevivir en ese lugar sagrado? Dios estaba siempre con las personas buenas ¿Lo estaría con ella? El “no” rotundo en su cabeza dolió, ella no era alguien normal, alguien bueno. Sabía que la corrupción la tentaba demasiado, que sucumbiría a la menor llamada de atención. Por eso Larry la había protegido, la había apartado de cualquier estímulo que la convirtiera en lo que en realidad era...

La luz de la luna se colaba por los ventanales, las vidrieras daban al tenue ambiente una pizca de color. Se sentó en uno de los penúltimos bancos. Derrotada, cansada, sin fuerzas para decidir qué hacer. Ni siquiera en ese lugar encontraba respuestas. Claro, no era bienvenida ahí. Un monstruo que se colaba en suelo bendito. Alguien corrupto irrumpiendo en un sitio pulcro, benigno, inmaculado.

-Eso no es cierto, nadie es totalmente bueno y, por consecuente, nadie es totalmente malo- Pegó un brinco sin llegar a levantarse, la voz sepulcral le pareció tenerla cerca, muy cerca. Giró sin lograr ver más que sombras inertes. No le quedó de otra que preguntar sin tener la certeza de que fuera correspondida.

-¿Quién... Quién eres?

-Abre tu mente, no te dejes embaucar por las promesas del miedo. Déjame enseñarte que tú eres la que elige quien quiere ser ¡Despierta Hope!- Prosiguió aquella melodía. Sí, ahora tornaba dulce, agradable y un tanto armoniosa. Aún más cerca. Se encogió sobremanera al notar lo que parecía ser un aliento en su nuca. ¡No! Ya sospechaba qué podría ser y su cuerpo tembló despavorido aferrándose al respaldo del banco. Su rostro giraba moviendo con él sus ojos, mirando intranquilos su alrededor.

-Demonio, alégate de mí. No cederé, por mucho que lo intentes no cederé ante ti- Aseguró sin saber aún a quién se enfrentaba.

-Tú eres especial, Hope. Sólo que te has dejado convencer de que tu lado malo predomina sobre todas las cosas pero en realidad es muy distinta, Hope. Tú más que nadie, tú entre todos. Ese lado bueno en ti es grande, poderoso, algo bastante raro en un simple humano. Son débiles, todos. La tentación les puede pero tú no. Tú sólo...

-No es así, yo siempre me siento atraída por la maldad- Confesó dejando atrás un poco de su hostilidad.

-No. La maldad se siente atraída por ti. Por tu gran poder... Eso no significa que tú vayas a ceder. Tu anhelo es conocer más, tener el conocimiento suficiente para ser feliz, algo que tu tío, egoístamente te ha quitado... Deja que te guíe, deja que yo te muestre la luz entre tanta oscuridad- La cara de Hope se entristeció, si tan sólo fuera verdad lo que aquel desconocido le contaba... Si fuera algo más que una chica macabra que cedía ante la mínima curiosidad por lo oscuro, lo turbio...

-Yo... Yo soy débil, soy mezquina, a veces altanera, egocéntrica, muy egoísta, incluso...- Se rindió por completo ¿Qué podía hacer en contra de esa voz? Por un momento pensó que podría ser su misma conciencia. Sí, lo más seguro es que fuera eso.

-¿No es eso lo más hermoso del ser humano?- Hope frunció el ceño ¿Hermoso? ¿Lo malo algo bello? Si esa era su conciencia, se preguntaba si ya había terminado por volverse loca totalmente. -La lucha por cambiar, por adquirir de buen grado la posibilidad de ser más fuertes ante esas debilidades. Sin eso ¿Dónde quedaría lo bueno? Sin maldad no habría bondad Hope ¿No lo entiendes? Los humanos sois la mezcla perfecta. Y tú lo eres más...

-Estoy loca, hasta mi conciencia me anima a hacer cosas que ni sé que son verdad...- Se dejó caer en el respaldo, su cabeza quedó de cara al techo. Cerró los ojos como si al abrirlos se viera transportada a su sótano justo antes de que su tío llegara a leerle un trozo de la biblia, como todos los malditos días de su vida.

-Jajaja ¿Tú conciencia? Recordaba el característico humor de los mortales pero se me olvidó hasta donde llegaba vuestra necedad- De nuevo ese ligero aliento pero ahora lo sintió sobre su rostro. No le quedó otra que abrir los ojos para comprobar que lo producía.

-¡Ah!- Gritó sin remedio al verlo.

La cara de un joven estaba justo encima de la suya, al pegar el respingo casi se rozan, sin embargo el extraño fue rápido y se apartó hábilmente mientras veía como Hope se levantaba completamente asustada. Esta topó con el banco anterior sin escapatoria. Tragó saliva forzadamente ¿Quién era ese tipo? Lo observó: La viva imagen del pecado. Sus ojos avellanados y orbes negras sumían a la muchacha en un incesante interés por entrar en ellos; Su boca pequeña era adornada por dos gruesos labios, una combinación demasiado rara y a la vez cautivadora; Su nariz altamente curiosa que atrajo la atención de la que lo observaba, le pareció ¿Adorable?; Sus facciones eran fuertes, en cambio su mueca parecía estar en paz, algo que la relajó; Una cabellera rojiza cubría su cabeza, dándole un toque aniñado encantador; Y por último su cuerpo: No lo demasiado fornido ni alto pero si constaba de una forma suculenta de delinear su figura. Su ropa negra con cadenas en sitios estratégicos de su chaqueta para hacerlo aún más perturbador. En conclusión se encontraba ante un chico guapo y aparentemente siniestro. Todo en ese hombre eran contradicciones, al menos, por ahora físicamente.

-¿Quién... Quién eres?- Preguntó cohibida por la presencia que hace unos segundos creía su propia conciencia.

-Más bien qué soy...- Ella volvió a fruncir el ceño y agradeció que le resolviera la duda de inmediato. -Soy un arcángel, en la tierra suelen llamarme Onew- Alzó su mano hacía Hope con total naturalidad.

-¿Un... ángel? ¿O... Onew?- No cedió en estrecharle la mano y el muchacho se dio por vencido cruzándose de brazos.

-Sí, pero no uno normal y corriente, alguien con una posición alta, como... Un jefe de sección- Hope no entendía nada y él lo notó, lo dejó estar. -Y por lo de mi nombre real... es que jamás sabrías pronunciarlo- Se llevó su dedo índice a los labios y entrecerró los ojos mirándola. -Aunque si estoy en lo cierto puede que tú si seas capaz algún día...

-¿Esperas que me crea todo eso?

-Hasta hace un momento pensabas que tu conciencia te hablaba, e incluso me has confundido con un demonio ¡Qué horror!- Después de hacer un gesto con dos de sus dedos se los llevó a la boca imitando que se incitaba un vómito ayudándose del fiel sonido de una arcada.

-Pero...

-Oh vamos, sabes demás que algo no va bien ¿Qué has sentido cuando esa estatua te ha sonreído?

-No, eso ha...

-¿Producto de tu imaginación?- Sugirió por ella.

-No espera ¿Cómo sabes...?- No podía creerlo, nada era comprensible. Su mundo daba vueltas en busca de una explicación que en segundos se le fue concedida. Que la aceptara como fiable o no ya era otra historia.

-Tu teoría podría ser buena: siendo yo tu paranoia también. Así justificarías porqué sé lo de la escultura viviente ¿Verdad? Pero no, un arcángel conoce la ubicación de un demonio si este hace uso de sus poderes. Ese ángel de piedra no se ha movido en si, tampoco tu mente te la ha jugado haciéndote alucinar. Ha sido un demonio el que ha distorsionado la realidad, tú realidad, el te ha convencido sutilmente de que la roca se movía, él te ha hecho creer que así era.

-¿El... el diablo?

-No Hope, ese está más que ocupado ahí abajo- Señaló con su índice el suelo, la muchacha sintió un látigo azotándole su raciocinio. Entonces ¿Era real, ese ángel caído que su tío describía como perverso y completamente monstruoso entre las lineas del libro sagrado, era real? -Aunque no lo creas, donde vives está plagado de esos malditos y por eso estoy aquí, contigo...

-¿Por qué? ¿Por qué yo?

-Ya te lo he dicho, eres poderosa entre los demás... Y ellos se sienten atraídos por tu poder. Incluso tu tío lo ansió una vez ¿Nunca te has preguntado la verdadera razón de porqué te tenía aislada, de él, de todos, de todo?

-Yo nunca...- Era cierto, jamás dudo de la veracidad de todas y cada una de las palabras de su tío ¿Debía dudar ahora?

-Déjame enseñarte la verdad Hope, acepta acompañarme y mostrarte lo que siempre has anhelado- Le tendió la mano. Ese signo típico de cuando el diablo descrito por su tío te hacía una propuesta indecente a la que había que negarse rotundamente. Larry ya no estaba ¿Se volvería un ser oscuro y malvado por ceder ante ese supuesto arcángel?

Se vio cediendo, entregando su mano a ese hombre desconocido y entonces algo en el rostro de Onew iluminó todo su interior: Una sonrisa, una sonrisa llena de paz y bondad, quizás con una pizca de picardía pero no daría marcha atrás, no ahora.

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-Debe llevar algo, algo que la hace imperceptible. Mi poder me permite captar parte de su “extrañeza” por así decirlo pero ese algo no me deja libertad para hacerlo completamente. Maldita sea, me fastidia sobremanera que esto se me vaya de las manos Kay- Le explicó alterado Key a su gemelo.

De nuevo estaban rondando tan campantes por las afueras de un pueblo. Tenían órdenes estrictas de encontrar a esa mujer pero la diversión, antes de centrarse en su misión, se asomaba entre los arbustos donde se encontraban: un par de amigos charlaban tranquilamente y se animaban el uno al otro en temas de familia, reconciliándose más bien. Destrozar la paz que había entre ellos alimentaría a los gemelos por unos días. Sin embargo, el tema de Hope se hizo presente. A Key le reconcomía la curiosidad de saber qué era esa muchacha y su impotencia lo desesperaba. No tener el control podía llegar a enfurecerlo tanto que sus poderes comenzaban a actuar sin su consentimiento, si un arcángel lo detectaba estaría en problemas con su superior. Kay intentaba calmarlo al sugerirle hacer esa jugarreta macabra a los jóvenes que tenían en frente.

-Pronto lo sabremos pero ahora debemos calmarte, sabes que si algún culito blanco nos pilla estaremos literalmente muertos Key...-

-Ya ya ya. Está bien, veamos...- De bolsillo trasero de su pantalón sacó una nota, escribió un párrafo no muy largo y después lo arrugó para tirarlo descuidadamente al suelo. Tanto Kay como Key abandonaron el lugar para irse tranquilamente por la esquina de esa misma bocacalle. La tormenta vendría sola, la energía fluiría por las mentes débiles de aquellos mortales. Ambos lo sabían, ambos conocían el final que acontecería en esa calle. Una eternidad haciéndolo les otorgaba esa confianza, esa superioridad...

Uno de los jóvenes se dispuso a irse después de despedirse del otro, al cruzar la calle un viento leve atravesó el papelito en su camino. La curiosidad mató al gato, y a ese muchacho lo haría en breve... Cuando leyó el contenido su rostro se ensombreció brutalmente, sin más retrocedió corriendo hacia el otro muchacho que aún andaba por esa acera. Le propinó varios golpes de pura ira, en el suelo le mostró la nota donde ponía que su hermana había sido violada por él. Rumores y más rumores en aquel pequeño pueblo lo habían apuntado pero como buenos amigos que eran se solucionó aclarando el malentendido. La ceniza provocó una llama y esa llama el fuego en el interior de ese hermano furioso que molía a golpes a su viejo amigo. Lo que no se esperaba es que el agredido sacara del bolsillo de su capucha una navaja clavándosela en el abdomen. Aún sangrando seguía propinándole puñetazos en una cara ya hinchada que comenzaba a perder vitalidad. Ambos ya estaban muertos cuando los gemelos notaron la fortaleza que los alimentaba. La malicia que les daba de comer...



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