sábado, 25 de octubre de 2014

¡Y que vengan los ángeles a por mí!

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.


Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd):
 No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.
Como bien explica:

 
  • 1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 
  • 2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.
  • 3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.

 
    El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, los personajes reales que aparecen en ellos son varios idols del kpop y por tanto no son míos y se pertenecen a sí mismos. Todo lo que ocurra en estas historias es ficticio (a parte de las características físicas de los personajes reales que aparecen en ella), cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
    Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...



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    Bueno a ver... qué puedo decir. He tardado un huevo, sigo viva, me he vuelto más burra y borde... Mi pelo lila sigue lila aunque hayan pasado meses. Mi vida sigue igual... 
    JAJAJAJA vale, sólo quería dar un pequeño resumen >< os traigo hoy el desenlace de este "oneshot", lo pongo entre comillas porque tiene de oneshot lo que yo de monja, vamos. 
    Sólo me disculparé con Carla, que la he hecho sufrir con la espera y otras cosas, ella ya sabe cuales xDDD y bueno, como esta historia era algo dedicado a ella pues eso.

    Tenía miedo de subirlo, he estado a punto de no hacerlo ya que me llevan plagiadas y adaptadas como cuatro historias en este tiempo de "ausencia", que lo veo, que tengo mi ojo de Sauron y si usais el anillo yo me entero pequeñas xDDD Me fastidiaría mucho que me robaran esta porque creo que es una de las mejores que he escrito. Aviso que si la veo por ahí publicada en otro lado moveré cielo y tierra para hacerme justicia, como pongo arriba. Así que absteneos de copiar y demás, que está muy feo y quedáis como el culo chiquillas... más cuando voy yo y os quedo en evidencia diciendo que es mi historia, ahorraos la vergüenza, anda. Es un consejo que os doy, de buen rollo.

    Y bueno, después de soltar el drama os dejo leer, que me enrollo un huevo.

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    ¡Y que vengan los ángeles a por mí! (Parte III)


    “Que te fueras detrás de ese sujeto no ha hecho otra cosa que preocuparme más ¿en realidad lo has conocido hoy? ¿No me estás mintiendo, Eun Ji? Para que te preocupes de alguien hasta el extremo de salir corriendo detrás de él es porque debe ser bastante importante para ti. Algo se me está escapando, por eso tengo que averiguar qué está pasando entre vosotros dos.
    También me pregunto si estoy exagerando las cosas pero no quiero esperar a que, por alguna razón, salgas dañada. Aquí hay algo raro y ese tío no es lo que dice ser. Lo siento, Eun Ji. Si es por protegerte tendré que aclarar mis dudas, aunque después me patees el culo por desconfiar de ti y, sobretodo, de ese pirado.

    Rezo por que estés en casa y todo lo malo que he imaginado en mi cabeza se quede en eso, sólo producto de mi perversa imaginación -después de estar buscándote un par de horas sin resultado no la culpo, sinceramente-. Lo que estoy haciendo es una locura, sin embargo, saltar la verja de tu casa me recuerda a cuando eramos unos críos y mi costumbre no era otra que, después de asustarte con mi presencia en pleno centro del jardín, invitarte a que nos fuéramos al parque más cercano. Solíamos pasarlo tan bien, que lástima que hayamos crecido.

    Mis recuerdos se ven interrumpidos cuando te veo salir por la puerta de la cocina hacia el cobertizo. Si me ves ahora gritarás así que no me queda otra que...”



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    -Shh-.

    Ella siguió forcejeando, tanto que el colgante que traía en sus manos salió disparado y cayó al espeso césped.

    -Soy yo, Eun Ji. Jaehwan- le susurraron al oído.


    Al liberarla esta se giró hacia él.


    -Casi me matas del susto, descerebrado- y le propinó un golpe en el pecho con sus nudillos después de recuperar la compostura. -¿Se puede saber qué haces aquí?-.
    -Me quedé bastante preocupado al irte así... detrás de ese rarito- le confesó Ken.
    -Puedo cuidarme sola, es más, si no lo hubiera seguido esos tipos le habrían hecho picadillo-.
    -Espera...- al parecer, su “perversa imaginación” no iba del todo desencaminada. Puso el grito en el cielo. -¡¿Qué tipos?!-.
    -Mierda Jaehwan, baja la voz- maldijo ella.
    -¿Qué tipos?- insistió Ken.
    -Después te lo explico, ahora ayúdame a encontrar el colgante. Se me acaba de caer al forcejear contigo- explicó la muchacha agachándose para buscar con ahínco dichoso objeto.
    -Está bien ¿cómo es?- Jaehwan se dio por vencido y la imitó en su ademán, comenzando a supervisar levemente el césped.
    -Una pequeña llave- dijo ella, sin quitar la vista de las hebras de hierba que iba apartando. -Con dos alas a los lados-.
    -¿Cómo has dicho?- los ojos del muchacho se abrieron completamente, como si aquella descripción le recordara algo. -¿Una llave de plata maciza?-.
    -Hmm- asintió Eun Ji.

    Eun Ji pasó totalmente por alto la cara de sorpresa que aún tenía su amigo y, sobretodo, que este supiera a ciencia cierta el tipo de metal del que estaba hecho el colgante. Siguió con su empeño en encontrarlo sin darse cuenta de que alguien ya lo había hecho antes que ella.

    -... que ella se implique en esto no te ayudará, es más, la pones en peligro...-.


    Aquella voz provenía del cobertizo, pero no era de Hakyeon. Levantó la vista hacia Jaehwan, parecía seguir buscando y se alegró de que este no lo escuchara. Cerró los ojos pensando en quién podría ser y en qué excusa ponerle a Ken para irse a averiguarlo.

    -Emmm ¿me esperas aquí? Voy a por una linterna, así lo encontraremos seguro-.
    -Te acompaño- se adelantó Jaehwan casi saltando hacia ella.
    -¡No! Digo, no me voy a perder en mi propio jardín. Ve mirando, quizás lo encuentres antes. Los demás duermen y es mejor no hacer mucho ruido, sé perfectamente dónde está. Ahora mismo vuelvo- concluyó Eun Ji sonriendo al ver que al fin daba resultado y Ken dejaba de insistir mientras volvía a agacharse.

    Al llegar al trastero no entró, se quedó cerca de la puerta intentando identificar por el cristal a la persona que acompañaba a N, ya que estaba él y alguien a su lado que desprendía una fuerte luz blanca. Sus ojos avistaban la potente figura luminosa por el vidrio translúcido, sin embargo, necesitaba cerciorarse de lo que parecía estar viendo.

    Era algo increíble, estaba frente a uno. Si lo que le había dicho Hakyeon era cierto, podría estar presenciando la aparición de otro ángel. Un ángel. En realidad aquel chico lo era y el colgante su salvación. Oh dios, con más razón debía encontrarlo y dárselo para que volviera a ser un ángel, su ángel de la guarda. Entonces ¿volvería a verlo? ¿Sentiría su presencia? Miró de nuevo a la otra figura ¿por qué podía verlo? ¿Era algún efecto de haber tenido en su poder aquel colgante? Maldición, rondaban tantas dudas en su cabeza que la sentía apunto de reventar.

    En ese momento, notó que todo se había quedado en silencio, aquellos dos ya no hablaban, pero seguía viendo aquella figura. Después de un par de segundos decidió abrir la puerta y observar a ese ser sin cristal de por medio.

    Hakyeon se asustó al escucharla entrar, no se acostumbraba todavía a que su cuerpo humano no le permitiera percibir alguna presencia y aquello lo sorprendió. Ella no lo miraba a él, ella miraba a ¿Ravi?... no, no podía ser posible. Quizás miraba algo a través de él así que borró la idea y se dirigió hacia ella. Ravi no se inmutó, pensando -lógicamente- que no lo veía, se cruzó de brazos antes de abrir la boca.

    -Sigo pensando que no servirá de nada que ella sepa quién eres- la señaló sin mirarla aún. -Insisto: ella corre peligro-.
    -Eun Ji, me has asustado. Pensé que te habías olvidado de mí- soltó Hakyeon.


    Se giró levemente hacia ella ignorando a su compañero y ocultando alegremente su tristeza, no obstante, su sonrisa fingida lo gritaba en silencio. La chica mantenía fija su mirada en el ángel, como si estuviera en trance, incluso respondió automatizada al que ahora se ponía frente a ella.

    -En realidad ha sido así pero entonces recordé que tenía tu colgante, es más, yo lo guardé esta mañana pensando que se le había caído a alguien más...-.


    Tanto los ojos del Hakyeon como los Ravi se abrieron desmesuradamente. Estaba salvado. Por fin todo volvería a ser como antes. Sin hacer caso al impulso en su interior, que por un momento lo hizo dudar entre recuperar la llave del Edén o no -quedarse como humano junto a Eun Ji era algo más que atractivo, sin embargo, sabía que era un imposible-, agarró el brazo de Eun Ji suavemente para pedirle casi con desesperación aquel objeto.

    -¿Tenías tú mi colgante? ¡¿Eun Ji?!-.
    -¿Cómo es eso posible?- preguntó Ravi con tono neutro.


    La chica seguía sin responder, con los ojos clavados en Ravi. Sí, definitivamente lo estaba mirando.

    -Ahora puedo entenderlo todo- alzó la mano hacia el ángel. -Vosotros, los ángeles... existís- concluyó ella con voz queda.
    -Espera, ¿habla conmigo?- Ravi agitó los dedos frente a la cara femenina y, alucinando en colores, se dirigió a Hakyeon entrando en pánico. -¿Esta tía me está mirando ahora mismo?-.
    -Mierda, sí. Te estoy mirando a ti, así que deja de hablar como si yo no estuviera aquí- protestó Eun Ji.
    -¿Qué? ¿Ella lo sabe? ¿Se lo has contado todo?- Ravi procuró seguir ignorándola por el bien de su salud mental, aunque ahora ¿qué más daba? Una humana estaba hablando con un ángel. Si no estaba loco lo estaría en breve, por tanto, insistió en que su compañero le diera una explicación razonable: -Me acabas de decir que no lo sabía ¿Por qué me has mentido, Hakyeon?-.
    -Yo... yo pensé que ella no podría... ¿cómo puede verte?- divagó el moreno, sin saber por dónde tirar.
    -Ohh, ese pequeño me ha echado algo en la bebida esta mañana, estoy seguro. No puedo creer que todo esto esté pasando- se intentó convencer el ángel.
    Eun Ji bufó incrédula: -¿Desde cuándo los ángeles necesitan beber o comer?-.
    -Lo hacemos por el mero hecho de hacerlo, no necesitamos de esas banalidades humanas- aclaró Hakyeon como si fuera algo obvio para todo el mundo.


    En ese momento su vientre estalló al pensar en comida, no había probado bocado desde que se había convertido en humano, y mucho menos había pensado en que ahora necesitaba comer para sobrevivir. Ravi frunció el ceño ante el ruido y Eun Ji se tapó la boca para reprimir una carcajada.

    -¿Qué ha sido eso?- ese fue el ángel.

    -Alguien que sí necesita la banalidad llamada “comer”...- soltó Eun Ji sin disimular el tono divertido de su voz. -El pobre de Hakyeon tiene hambre-.


    La chica sonrió para después mirar al susodicho con cierta dulzura. A Hakyeon se le aflojaron las piernas. Cada gesto de amabilidad dirigido a él por parte de Eun Ji era algo casi divino. Sabía que se estaba engañando, ella no le correspondía en lo más mínimo. Pero se le abrían las puertas del paraíso cada vez que la amabilidad de la chica se dirigía, al cien por cien, hacia él. Entonces, su estómago volvió a rugir.

    -No has comido nada desde que... ¿verdad?- preguntó la chica. Hakyeon asintió frotándose la barriga con un puchero en su rostro. Adorable, pensó ella. -Espera aquí, creo que si no te traigo algo de comer te desmayarás en cualquier momento- Y se dispuso a salir de allí para traerle comida.
    -Eramos pocos y parió la abuela- escupió Ravi.
    -¿Quién viene?- el moreno echaba de menos su habilidad para saberlo y se maldijo de nuevo. -Mierda ¿qué hacemos?-.
    -Sigo flipando- prosiguió el ángel. -Así se dice por aquí, ¿no?- le preguntó a la muchacha.
    -Ajá- corroboró Eun Ji.


    Ella, al momento, tuvo una idea: cerrar el pestillo que había justo debajo del pomo. Pero este ya estaba siendo girado, por lo que no le daría tiempo alguno de hacerlo. Quedaba fingir y poner alguna excusa de porqué no había encontrado la linterna.

    -¡Escóndete Hakyeon!- gritó casi sin voz.


    La puerta se abrió antes de que la muchacha pudiera tocar el pomo, para atascarlo de alguna manera, y de que el ex-ángel consiguiera ocultarse. Estaba perdidos. Jaehwan entraba en el cobertizo clavando su mirada en Hakyeon antes que en su amiga.

    -¡¿Qué hace él aquí?!- espetó bruscamente.
    -Como este también pueda verme yo mismo me quitaré la llave del Edén y me iré al infierno. Os lo juro- pronunció Ravi con mal genio.
    -No, él no puede ¿verdad?- intentó calmarle, Hakyeon.
    -¿Poder? ¿El qué?- preguntó el recién llegado, algo aturdido.
    -Deja que te lo explique, Jaehwan- se interpuso la muchacha.
    -Si esto sale de aquí estaremos perdidos. Eun Ji, soy un ángel si nos fallas recuerda que tengo superpoderes- otra vez intervenía el ángel, intentando parecer poderoso ante ella. No obstante, sonaba demasiado cómico. Si no fuera por la presencia de Ken, Hakyeon habría estallado en carcajadas por la exageración.
    -¡Que no!- le gritó Eun Ji.
    -¿Que no qué?- volvió a cuestionar Ken.
    -Jaehwan, olvídalo. Será mejor que te vayas. Mañana seguramente encuentre el colgante y te explique todo para que lo entiendas- le aclaró ella.
    -¿Y dejarte con este aquí sola?-.
    -¿No pensará en decirle qué...- Ravi de nuevo.
    -Shh, confío en ella. No dirá nada de esto- apoyó Hakyeon, totalmente convencido de lo que aseguraba.
    -Por supuesto que no diré nada- se defendió la susodicha.
    -¿Qué demonios estáis susurrando?-.


    Ken parecía perder los nervios por momentos.

    -Lo siento. Es que aún no me acostumbro a que un humano pueda verme. Esto me supera. Si pudiera emborracharme lo haría ipso facto- confesó el ángel tocándose las sienes.


    Eun Ji quiso desviar la atención restándole importancia a aquel sin sentido para Ken, por lo que le obligó a girar su rostro hacia ella atrayendo su barbilla con el índice y el pulgar. Gesto que revolvió las tripas de Hakyeon. Pero ella se propuso convencer a su amigo y le habló claro:

    -Jaehwan, recuerda que no estoy sola. Vivo con mi hermano, precisamente hoy ha vuelto Min Ah, y, como sabes, Leo siempre se queda en casa cuando regresa. Hakyeon está pasando por ciertos problemas y por eso está aquí. Por favor, mañana te lo explicaré todo. Confía en mí-.
    -Está bien- demasiado fácil. -Mañana hablamos- le dio un beso en la mejilla antes de pasar su mirada por todo el trastero, fijarla en Hakyeon con cierta advertencia, y darse la vuelta. -Si fuera algo importante me lo dirías al momento ¿verdad?-.
    -Por supuesto. Gracias, Jaehwan-.
    -Hasta mañana, Eun Ji- se despidió él.


    Al salir por la puerta la muchacha lo siguió con la mirada por el jardín, hasta asegurarse de que se había ido. Sintió cierta pesadez, jamás le había ocultado algo a Jaehwan -a parte de lo que sentía por él- y que este aceptara la situación, siendo tan inverosímil, la habría decepcionado tiempo atrás. Pero ahora, al darse cuenta de que quizás le había dejado de importar a Jaehwan, no le dolía como habría esperado. Pensaba que la cuestionaría como hacía siempre, lo hacía para protegerla de si misma cuando era necesario, es más, él mismo se jactaba de decirlo. Sin embargo, les había venido genial que no pusiera demasiadas trabas, sólo pensaba en ayudar a Hakyeon ¿desde cuándo ese ser era tan importante? Antes de encontrar respuesta Ravi la trajo de vuelta a la tierra.

    -Entonces, ¿por dónde íbamos?...- dijo, cruzando los brazos y sujetándose la barbilla con el dorso de la mano. -Ahhh sí, ¿ya puedes devolverle el colgante a Hakyeon?-


    Al decir esto se acercó a Eun Ji, en menos de un segundo, usando sus poderes. Ella pegó un respingo, su corazón casi salió disparado de la impresión. Por mucho que aceptara todo aquello jamás se acostumbraría a esos detalles sobrenaturales.

    -Verás, tenemos algo de prisa ¿sabes?-.
    -No lo tengo- lamentó ella.
    -¡¿Qué?!-.
    -Se me cayó antes de entrar aquí, forcejeé un poco con Jaehwan y se cayó al césped. Lo siento-.


    Esa disculpa no parecía suficiente, para ninguno de los presentes.

    -Demasiado bonito para ser verdad- maldijo él, llevándose las manos a la cabeza. -¿Por qué narices dijiste antes que lo tenías? ¿Estás intentando jugar con nosotros?-.
    -Fue sin querer, es más yo venía a devolvérselo, de verdad-.
    -Ravi, ya basta. Ella no tiene la culpa. Todo esto lo he causado yo, así que vamos a encontrarlo cueste lo que cueste. Debe estar en el jardín- intervino Hakyeon. Por nada del mundo permitiría que Eun Ji cargara con algo que él mismo había ocasionado, por mucho que su vida dependiera de ello. -No será difícil dar con él-.
    -Sí, vamos- sentenció el ángel no muy convencido, aunque había accedido, eso era lo importante. Después lo vieron atravesar la pared que daba al jardín.
    -Hakyeon, todo esto...- comenzó a decir Eun Ji antes de ser interrumpida por él.
    -Tranquila, todo pasa por algo. Quizás hasta merezca este destino y, por supuesto, no es por tu culpa. Si me dieran a escoger entre los años que llevo a tu lado, protegiéndote, y este día, mi respuesta siempre sería la misma- tragó saliva, sincerarse le estaba costando y mucho. -Que se me cayera la llave del Edén ha sido lo más emocionante que me ha pasado en toda mi existencia, sin duda alguna-.
    -Pero irás al infierno si no lo encuentras-.
    -Si lo encuentro no podré sentirte tan cerca como ahora nunca más- no obstante, esto jamás salió de la boca del ex-ángel. -Habrá merecido la pena el viaje-.


    Ella sonrió en respuesta. Y él no pudo resistirse a corresponder esa sonrisa. Aquella habitual mueca que Eun Ji le ofrecía, siempre había hecho estragos en él. Sin embargo, su cuerpo humano lo hacía todo aún más intenso, ciertas partes de este temblaban sin remedio. Caía en ese sentimiento un poquito más, cada vez que veía esos labios curvarse hacia arriba, estaba claro.

    -Gracias, en cierto modo-.


    Entonces Eun Ji sí fue a por aquella linterna y salió de allí con Hakyeon.


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    Aquellos dos eran una compañía extraña pero hasta ahora realmente entretenida. Mientras buscaban por todo el jardín hablaban de sus vidas como ángeles y aclaraban las dudas que se le presentaban a Eun Ji. Ciertamente, era impensable que estuviera ahí buscando algo tan divino como la llave del Edén acompañada de dos ángeles, bueno, más bien uno por el momento. Llevaban buscando por un par de horas cuando Hakyeon sintió que se mareaba y la muchacha se maldecía por olvidar siempre lo más importante. Ese muchacho se moría de hambre.

    Les invitó a que entraran en casa, aunque Ravi, para colarse atravesando la puerta trasera que daba a la cocina, no necesitaba ningún tipo de permiso. Ella sonrió por aquella manía que parecía tener el ángel y suspiró al ver que todo seguía en calma. Ninguno de sus compañeros de piso se había despertado por la anterior trifulca en el trastero, así que debían ser cuidadosos para que todo siguiera así, en silencio. Sin embargo, era algo difícil escuchar las quejas de Ravi sin responderle contundentemente ¿solía ser un ángel tan testarudo y quejica? Nunca pensó que llegaran a ser tan llanos, su mente inocente siempre los había imaginado diligentes, rectos y con cierto recato al hablar. Ravi rompía con cualquier convencionalismo, y esto la ponía nerviosa, demasiado. Al sentarse a la mesa de la cocina notó como la miraba, aunque Hakyeon le intentara convencer de lo contrario, para Ravi, ella era ahora la fuente de todos sus problemas.

    Eun Ji no quería prolongar la agonía, sabía que al ángel le pasaba exactamente lo mismo, se sentía incómodo con el hecho de que lo pudiera ver. Así que le haría algo de comer a Hakyeon, le traería unas mantas para que pudiera dormir cómodo en el trastero y a la mañana siguiente conseguiría encontrar el colgante. Todo volvería a ser como antes. Pero ¿qué pasaría al saber que ellos existían? Que Hakyeon la protegía las veinticuatro horas del día. Oh, espera. Negó fuertemente con la cabeza. No quería aceptar que ese individuo conociera todo de ella, sí, todo. Sin pensar más en ello, prosiguió con lo que estaba preparando. Hacer ruido podría convertir la situación en algo incómodo de explicar, por tanto usó el microondas para recalentar un par de filetes de pollo y fideos instantáneos, con eso bastaría para saciar el hambre el moreno sin que sus compañeros se levantaran por el ruido.

    Al esperar a que el temporizador del microondas terminara por sonar, la incomodidad se hizo más evidente. No soportaba que ese ser la mirara tan incisivamente, y mucho menos sabiendo que tenía cierta culpa para que este hiciera aquello. Sus ojos se enfocaron en Hakyeon que parecía desanimado, se engañaría si lo achacaba al hambre, sabía que perder el colgante lo había dejado desolado; otra oportunidad para recuperar su divinidad se había esfumado y era culpa suya, por mucho que él la animara a pensar lo contrario.

    -Debe estar en el jardín sí o sí- se convenció Eun Ji cuando la mirada de Hakyeon cayó en ella y sonrió disimulando cómo se sentía. -Os lo juro- esto lo dijo dirigiéndose a Ravi directamente.
    -Yo te creo. Lo que pasa es que a veces el destino no está en nuestras manos, Eun Ji- le puntualizó Hakyeon.


    Eso no se lo esperaba.

    -¿A qué te refieres?-.
    -Eun Ji, que existan los ángeles... ¿no te hace pensar que otras criaturas lo hagan?-.


    Ella mencionó lo primero que le vino a la cabeza.

    -¿Demonios?-.
    -No, peor aún: humanos- se entrometió Ravi asustándola sin saber muy bien porqué.
    -¿Qué?-.
    -Mmm digamos que no humanos normales...- quiso puntualizar el ex-ángel.
    -Ángeles que renunciaron a su don divino. Malditos desagradecidos que rechazaron su esencia pura y genuina para ser simple carne humana- espetó el otro con bastante desprecio.
    -Ravi, por favor...- le advirtió Hakyeon.
    -Pero si es la verdad. Además, sigo sin explicarme por qué esta puede verme- se defendió.
    -Eso es porque...- el moreno no pudo continuar, alguien lo interrumpió.
    -¿Pero qué cojones...?-.


    Era la voz de Min Ah, se había parado en mitad de las escaleras y miraba hacia la cocina, concretamente a Hakyeon. Este tragó saliva fuertemente. Eun Ji quiso encontrar una buena excusa para explicar la presencia del que le acompañaba y Ravi bufó casi soltando una carcajada antes de hablar.

    -Joder, ¿vives siempre rodeada de gente inoportuna? ¿Cuántos tontos más se apuntarán a la fiesta hoy?-.
    -Reza porque Leo no te pueda ver y venga a darte una patada en el culo- escupió Eun Ji en medio susurro. Estaba tan harta del ángel que se maldijo por decirlo demasiado alto.
    -¿Quién es ese?- preguntó la recién llegada. Llegó hasta la cocina analizando al extraño. -¿A qué huele?-.


    Eun Ji sonrió al recordar cómo era su amiga. Jamás la juzgaría por sus actos y mucho menos por hacer una locura como aquella. No necesitaba darle detalles, sabía que con un par de palabras la otra se quedaría tranquila, metafóricamente hablando, claro.

    -Este es Hakyeon, un compañero de la universidad y bueno... digamos que necesitaba comer con urgencia-.
    -¿A las...- Min Ah miró el reloj en su muñeca. -...cuatro de la mañana?- Eun Ji se encogió de hombros. -Bueno, da igual. Siempre haces las cosas por alguna razón, así que me parece perfecto que de vez en cuando se te vaya la pinza- dijo esto al frente de la nevera. Después de coger una botella de agua y poner sus brazos en jarra dijo algo más: -Si necesitas protección sólo tienes que pedírmelo-.


    Ravi estalló en carcajadas.

    -¡¡Min Ah!!- chilló Eun Ji.


    Ya no le importaba si despertaba a los demás, la mente de su amiga a veces era demasiado, en todos los sentidos.

    -Vale vale, yo sólo lo sugería- subía sus manos como queriendo disculparse y Eun Ji sabía a ciencia cierta que no era así. -Aunque pensaba que ese tal Jaehwan...- los ojos encendidos de la menor la obligaron a callarse. -Ok. Me largo...-.
    -Era de vida o muerte. Nada de lo que estás pensando...- le explicó más relajada.
    -No hace falta que me expliques- comentó la otra, justo al alcanzar el primer escalón. La sonrisa que le cruzó la cara fue maliciosamente divertida y a Ravi fue al único que no se le pasó desapercibida. -Está bien que hayas encontrado a alguien especial con quien hacerlo a pelo- se atrevió a decir antes de correr escaleras arriba ya que Eun Ji había cogido una manzana y estaba segura que se la tiraría apuntando a la cabeza. -¡Lo siento, lo siento!- pero seguía riéndose a carcajada limpia como Ravi.


    Hakyeon estaba rojo como un tomate y Eun Ji también, no obstante, ella lo estaba por la rabieta. Intentaba no unirse al ángel, la risa de este era ciertamente contagiosa. Al mirar la cara totalmente roja del moreno sonrió y terminó por reírse, Min Ah había logrado convertir una situación complicada en algo demasiado bizarro. Los tres rieron ante ello, olvidando por un momento lo que les llegara a pasar en el futuro.

    -No puedo creer que haya dicho eso- dijo Ravi mientras imitaba a alguien que se seca las lágrimas. -Por cierto. Yo debo irme, se me había olvidado que mi protegido está sin mi protección. Irónico ¿no?-.


    Y con un chasquido de dedos desapareció. Eun Ji quedó boquiabierta y Hakyeon entendió porqué.

    -Ravi es el ángel de la guarda de tu querido Jaehwan-.