viernes, 12 de abril de 2013

No puedo verte II

Nuevo capítulo de esta triste historia, espero que os siga gustando como todas las demás...

AVISO: Contiene ciertos temas que para alguna persona puede ser algo fuerte, pido por favor que te abtengas de leer si eres sensibles a ciertas situaciones como el lenguaje soez, la violencia de género y la violación.


Capítulo 1: Inocencia perdida






Capítulo 2: Traumas del pasado



Enero de 2012 / California

-¡Sung Hye! Por favor, siempre has sido razonable- Exclamó la madre a su hija, intentando hacerla entrar en razón.

-¡Te he dicho mil veces que no me llames así! ¡Sung Hye está muerta! ¡Murió aquel día! ¡Alice, yo soy Alice! Y no, no tengo nada más que hablar, me quedaré aquí, id vosotros. Mi vida está aquí- La joven lucía totalmente enfurecida y aunque no viera a su madre podía adivinar su posición escupiendo sus palabras hacia donde esta estaba. Llevaba diez años ciega y sus otros cuatro sentidos se habían agudizado a la perfección. Su cambio extremo ocultaba su infelicidad imposible de erradicar, por el terrible suceso del que fue víctima pero su actitud la hacia no recordarlo tantas veces al día. Su crueldad hacia los demás, sobretodo los hombres, aliviaba levemente su miedo e inseguridad. Temía caer, caer y no poder volver a levantarse. Desde que se mudaron a Estados Unidos para hacer una nueva vida y olvidar el pasado no dejó de intentar superar todo aquello. A su manera lo había hecho aunque su madre lo encontraba un método bastante radical “hacer daño a los demás no te hará borrar lo que pasó” una y otra vez recordaba sus palabras. Las odiaba. Eso no la ayudaba en absoluto, en cambio forjar un muro frío impenetrable le parecía más seguro.

Enterarse de la situación de su padre en los negocios la sacó de aquella burbuja de mentiras que se había fabricado. Estaban en bancarrota, tenían dos opciones: Regresar a Corea e intentar salvar la empresa matriz o vender todo aquel imperio por un valor diez veces más bajo de lo que en verdad valía. Un dilema que había llevado a su progenitor a una profunda depresión y que ahora, por fin recuperado, le encontraba solución. Debían mudarse de nuevo a Corea para volver a recuperar su negocio, desde cero. Algo que Alice no aceptaba, por más que lo pensara no quería tener que regresar al escenario del peor día de su vida. No, definitivamente no. California le había brindado la frescura y la libertad de nuevos amigos, trabajo y sobretodo una vida “feliz”. Su ceguera no era impedimento para nada que se propusiera, tenía recursos específicos para poder ejercer sin ningún tipo de problema en el trabajo y sus compañeros admiraban su desempeño. Siempre era llamada la “dama de hielo” por su carácter frío y calculador pero de algún modo se sentía plena. Oler de nuevo el aire de Corea solo la haría retroceder bruscamente en el tiempo derrumbando cualquier barrera en su interior.

-Alice, hija... Yo sé porqué no quieres volver pero ¿No crees que es un paso que debes dar tarde o temprano? Superarlo para que nada te cohiba en tu futuro, debes resolver ese asunto mi amor. Yo te quiero feliz y no nos engañemos, no lo eres- Esas palabras le habían dolido más a ella que a su propia hija. Debía decirlo, debía recuperar a su niña, a su alegre Sung Hye, y no dejar que esa muchacha cruel que tenía ante sus ojos se la arrebatara para siempre.

-¡No volveré! Si quieres matarme hazlo ya, porque lo único que harás obligándome a ir es matarme, ¡Matarme lentamente!- Sabía que su madre tenía razón, pero no podía ni si quiera pensar en tener que enfrentarse a ello. Sus ojos amenazaron con soltar un par de lágrimas. “No, llevas mucho si llorar, no lo harás ahora” se ordenó mientras le daba la espalda a su madre. -Solo déjalo estar, no cederé. Id solo vosotros- Se dispuso a subir las escaleras no sin antes haber palpado la barandilla para guiar sus pasos. Su madre tuvo el impulso de ayudarla pero sabía a la perfección la reacción de su hija en esas ocasiones. Las malas palabras al sentirse inútil. Simplemente la observó alejarse, hacia su habitación, con sollozos casi inaudibles. 


Junio de 2012 / Corea del sur

Ambos estaban desnudos en aquella cama, sus cuerpos chocaban suavemente, el roce con su piel lo tenía loco. Jonghyun estaba totalmente extasiado con aquella mujer. Quizás con ella sí podría...

-Oh, Jonghyun no aguanto más- Entre gemidos la tipa exigía más de su atención que por supuesto tenía intención de darle. Con gran maestría sus manos trabajaban allí donde ella podría perder la cordura. Su espalda se arqueaba para sentir aún más pero eso no era suficiente para ella, necesitaba algo más. -Por favor...- La calló con un beso hambriento, algo que disgustó a la joven con un leve gruñido al alejarse. Esta necesitaba otra cosa.Volvió a besarla ferozmente para seguir por su cuello, sus manos se detuvieron por un momento para dejar paso a su boca, esta recorría todo su cuerpo pero no terminaba por complacerla algo que la estaba volviendo loca. -¡Joder, te quiero ya!- Los ojos de Jonghyun se abrieron completamente, aquellas palabras activaron algo en su mente. Algo que parecía enterrado pero con esa simple frase resurgió como una mala hierva.

Maldición.


Flashback

-¡Joder, te quiero ya!- Aquel tipo gritó a la niña, esta estaba a punto de ser violada por él. La tenía agarrada por su cabeza, presionándola en la mesa, tanto que su cara se deformaba levemente. Tenía sus ropas todas rajadas, algunas magulladuras se asomaban por sus brazos y cintura.

Jonghyun observaba por la rejilla una de las taquillas donde lo habían encerrado sus amigos por perder una apuesta. La tarde había comenzado bien ya que no habían tenido ningún pleito con los celadores, estaban apostando a que no dudarían sin pestañear seis minutos, Jonghyun perdió así que el castigo sería estar en aquel rincón sin moverse por unas horas. Lo que no adivinó fue la terrible escena que presenciaría justo enfrente de sus ojos. Cerró sus ojos pero los gritos de la niña taladraban sus oídos. Aquel tipo la ultrajó sin piedad y sin querer emitió un leve sollozo, rápidamente se tapó la boca con la mano. El celador dejó de agredir a la muchacha y la dejó devastada apoyada en la mesa con sus lagrimas brotando sin control. Estaba ahora muy cerca de su escondite, tan cerca... Sus pensamientos lo iluminaron, de pronto abrió con todas sus fuerzas la puerta de aquella taquilla y el pico superior de esta se clavó en la sien del desgraciado. Calló inconsciente al suelo a lo que el muchacho corrió hacia la joven, agarró su mano y tiró de ella.

Fin del Flashback


-Largo- Musitó Jong al borde de las lágrimas.

-¿Qué?

-¡Qué te largues!

-Desgraciado ¿Cómo te atreves?- La joven estaba totalmente incrédula. Su libido había caído por completo algo que la hizo empujar a Jonghyun y sacárselo de encima. Se puso de pie para comenzarse a vestir con un rostro totalmente molesto.

-¡Sí, lo sé! ¡Lárgate!- Ya estaba sentado mientras intentaba aminorar el dolor del brusco bajón que su propia mente había producido en su cuerpo. Sus manos se encontraban sobre su cara ocultando las lágrimas.

-Vas de semental y solo eres un maldito impotente. Me das asco- Escupió la joven antes de cerrar la puerta tras de si de un portazo. Jonghyun aún seguía inmóvil en aquella cama. Recordando ese acto tan grotesco, ese recuerdo tan doloroso.

Después de reaccionar se dirigió a la ducha, dejó salir el agua helada, necesitaba sentir en frío para despertar su mente de aquello que lo destrozaba por dentro. Ya eran años en los que intentaba tener una relación plena, pero fracasaban. Por un detalle u otro siempre volvía a ese recuerdo y no lo dejaba complacer a nadie. Su frustración se reflejaba en otros ámbitos menos en la música. La música era lo único que lo alejaba de su miserable vida, su odio a su padre y su impotencia.

Sonó el teléfono móvil, al terminar de vestirse lo observó, era un mensaje de su asistente. Al parecer uno de sus proyectos estaba saliendo bien. Nunca le había gustado ser un empresario pero nadie podía negar su buena mano para los negocios. Se dirigió hacia allí sin más.

-¿Qué tenemos?

-Pues fijate una sorpresa... ¡La apelación ha sido aceptada! Podemos volver a juicio. ¡Jonghyun, podremos meter en la cárcel a todos esos desgraciados!- Sentenció Hyo Jo, era su secretario y amigo de la infancia. Ambos habían estado en aquel internado, desde que salieron no dejaron de intentar descubrir al mundo lo que allí dentro sucedía y ahora habían apelado una sentencia interpuesta hace años que quedó prescrita, al parecer habían logrado reabrirla.

-Me estás tomando el pelo- Un incrédulo Jong se había parado en seco mirando a su amigo.

-No Jonghyun, esto es real. ¡Esos cabrones ahora si irán a la cárcel!- Aseguró Hyo Jo con entusiasmo. Sin previo aviso Jonghyun se abalanzó sobre él en un abrazo de oso. Ambos comenzaron a saltar, por fin tendrían lo que tanto deseaban. Justicia.


Octubre de 2012 / Corea del sur

-¡Hija! ¿Cómo estás? ¿Has comido? ¿Claire te está ayudando en todo?- La mujer se aferraba al auricular del teléfono móvil. Estaba en el jardín de aquel edificio. Era la empresa con la que su marido había levantado aquel imperio ahora caído. Ese lugar era uno de los espacios para relajarse, había una cafetería al aire libre y los trabajadores charlaban cómodamente en su descanso mañanero. Ella estaba siendo bastante activa y al parecer sus ideas daban buenos frutos, su cónyuge le agradecía enormemente la ayuda. Ambos se llevaban muy bien y su relación siempre se había basado en la confianza mutua hasta que su hija sufrió el más terrible ataque. Después de casi diez años de esfuerzo por seguir adelante, por fin tenían recompensa. Aunque Sung Hye no estuviera con ellos, sabían de su progreso en esos meses, estaba yendo a un psicólogo y por lo visto había mejorado, su comportamiento estaba siendo suave y gentil últimamente.

-Ya, mamá estoy bien, sí. Tranquila estoy más que bien ¿Cómo va todo?- Escuchó por aquel aparato.

-Pero hija, cuanto te extraño. Por aquí las cosas están yendo muy bien y papá... Si vieras lo animado que está...

-¿Y por qué no lo compruebo personalmente?- Los ojos de la madre se agrandaron ¿Qué quería decir con eso su niña?

-¡¿Qué?! ¿Vas... Vas a venir?- Su corazón bombeaba tan rápido que sintió que se le salía del pecho. Estaba feliz pero debía asegurarse, quizás había entendido mal.

-No, no voy a ir- Toda aquella felicidad se desplomó por completo del cuerpo de la mujer. -No voy a ir porque ya estoy aquí- La voz estaba por el teléfono pero también cerca, muy cerca como si estuviera detrás suya. Giró su cuerpo sin pensar, ahí estaba. Su niña estaba en Seúl, junto a ella. Su Sung Hye había decidido enfrentarse a su pasado. Estaba tan orgullosa. Ni siquiera se dio cuenta de que alguien la acompañaba.

-¡Alice, mi vida!- Corrió hacia ella como si su vida dependiera de ello y la estrechó entre sus brazos fuertemente. La muchacha que estaba al lado de Sung Hye esbozó una sonrisa al ver el reencuentro, soltándole brazo. -No tú también, te debo mucho. ¡Gracias por traer a mi pequeña, gracias!- Tiró de la joven hacia el abrazo para tenerlas a ambas cobijadas dulcemente.

-Jaja mamá vas a asfixiarnos- Comentó alegremente Alice, simplemente era maravilloso escucharle aquel tono afable. Tantos años intentando escucharla feliz y ahora estaba lográndolo. Quizás tenía bastante camino para volver a ser aquella niña risueña de entonces pero era un avance que su madre alababa considerablemente.

-¡Te tengo aquí, a mi Sung Hye! A la que esperé por años, estoy orgullosa. Muy orgullosa- Aún seguía abrazándolas con ímpetu.

-Ya mamá...- La imagen brillante que había mostrado solo era para complacer a su madre. El motivo del viaje era para enfrentar sus miedos su actitud había mejorado pero solo para con su familia. Aquella psicóloga se lo había hecho ver, debía enfocar su ira hacia otro lado. Sin entender aún, la joven seguía descargándola hacía los hombres. La doctora O'well intentaba reparar aquel odio pero necesitaría mucho más tiempo, aquel trauma debía ser curado de a poco, con calma. Volver a Seúl podía ser un avance si la joven visitaba a su colega allí, este la atendería con los mismo métodos que ella había empleado para poder ayudar a la muchacha.

Claire era su amiga, le había acompañado en esos años en Estados Unidos también era coreana y ella era la única que sabía sobre lo que jamás nombraría a otros. Yong Mi, como era su nombre coreano, había sido su apoyo. A su lado varios incidentes habían pasado a ser leves conflictos, sabía calmarla hasta en sus peores broncas. Ver que cedía ir con ella a Corea le dio la confianza suficiente para llegar con, por lo menos, algo de esperanza. Sus padres estaban ahí, su amiga también y quizás podría curarse ahí, algo bueno tendría el volver a su ciudad natal ¿No?


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