domingo, 14 de julio de 2013

Monstruo II

Pues es un poco tarde pero bueno, como dicen por ahí, mejor tarde que nunca ¿no?
La foto me ha costado horrores, Carla puede corroborarlo xDDD pero al final ha quedado muy cuca jeje seis horas invertidas en ella han valido la pena, según mi cabeza analítica jajaja
Espero que los disfrutéis y recordad que un comentario es lo que asegura que os ha gustado, no os cuesta mucho, porfis porfis porfis...
Me dejo de locuras (perdón) y os dejo ya con el capítulo dos...


Capítulo 1: Recuerdos



Capítulo 2: Sentimientos
 

Sentimientos. Esos que mueven a la gente. Yo, Min Ki, sé más que nadie que es así. Todas las personas se guían por ellos, ya sea para juzgar o para alabar a otros. Quizás suene extraño pero hasta el mínimo detalle de nosotros está condicionado por los sentimientos. Estos que ahora yo puedo manejar. Sí, manejarlos a mi antojo, a placer. Por desgracia no los míos, los míos son los únicos que no puedo controlar.
 
Me tensa, me fastidia que justo lo que necesito desvanecer de mí no sepa y/o no llegue a saberlo hacer nunca. Lo más probable, y que no quiero reconocer, es que a veces uso este maldito don para pagar con los demás mi frustración ante ello. Siempre he sido mala para expresarlos; no el cariño, no el amor amistoso y familiar hacia un ser querido, no; lo que no sé demostrar es ese típico sentimiento que muchos creen normal. Todo el mundo se ama, todo el mundo se dice te quiero, yo tengo miedo. Miedo a caer de tan sólo pensarlo, miedo de caer en él por ese dichoso hombre que vuelve a mi vida para amargarme la existencia.

Hacía tiempo que no sentía tanta confusión, hacía ya muchos años que me había sentido, falsamente, libre de ese sentimiento. Maldito seas, otra vez te tengo cerca y si me reconoces yo no lo soportaré. Cuando éramos críos esto era más fácil, yo te evitaba y tú te aburrías pero ahora sería todo diferente, ahora sería todo más complicado. Me escondo cuando llegamos a tu lugar de trabajo, intento cercar un muro a mi alrededor hasta que te pones frente a mí y me miras. Sé que comienzas a pensar, sé que te preguntas de dónde me conoces. En esos momentos hago uso de mi poder para que te sientas más confundido, para que colapses en tu intento por descubrir mi identidad. Sí, siempre surge efecto. Mascullo un gran suspiro cada vez que frunces el ceño y te alejas derrotado, dejando de batallar por saber quién soy.
 
¿Podré seguir con esto hasta que el proyecto termine? Rezo por eso sin siquiera creer en que alguien escuche mis plegarias. No creo en nada, desde que mi vida se volvió algo insípido y lleno de injusticias no puedo hacerlo. Ese jefe que tanto me adora delante de los demás, me roba mis ideas, mis pequeños sueños. Por una parte me siento orgullosa, eso quiere decir que soy buena en lo que hago, sin embargo, la sensación de ser despojada de mis logros por un farsante como él me duele, me mata una parte de mí que cada vez se hunde más en el lodo. Necesito algo que me libere, algo que me anime a seguir adelante sin tener que pagarlas con ese imbécil. Si fuera una persona mezquina, llena de odio, ya lo habría sumido en una depresión incurable y habría hecho justicia, pero no, no soy como él. Espero que la vida misma me recompense, aunque empiezo a dudar de que eso suceda. No tengo esperanzas en repentinos milagros, desde ese día hacía diez años mis esperanzas en repentinas sorpresas gratas se habían ido...
 

Diez años antes / En la ciudad de Busan (Corea del sur)
 
Un autobús llegaba a la estación, llevando a dos adolescentes con el miedo instado en sus corazones. Aún no sabían qué les deparaba el futuro pero habían emprendido ese viaje sin pensar en las consecuencias. La chica comenzaba a darse cuenta de la locura que estaban cometiendo, al bajar y ver a su amigo sacar las maletas del vehículo todas las dudas e inseguridades aparecían atormentándola por momentos. Él, cuando terminó de recoger ambos bultos agarró la muñeca de la muchacha dispuesto a irse de allí cuanto antes. Notó como ella no se movía, insegura, severamente perdida en sus pensamientos.
 
-Min Ki ¿qué ocurre?- Se posicionó frente a la susodicha.
 
-Nada, es sólo que hacer esto...- Vaciló ella.
 
-Si no lo hacemos nos encerrarán injustamente por matar a ese hombre- El joven sobó los hombros de Min Ki, debía despejar los miedos antes de que alguien consiguiera saber su ubicación.
 
-Lo sé Hakyeon pero... ¿y los demás? ¿Y mi familia? Dejar a mi familia...- Se quejó quedamente.
 
Exponiendo su confusión, Min Ki alejó bruscamente los brazos del chico con los suyos propios. Este entendió su postura, además de que siempre actuaba así cuando se acercaba a ella, en esa situación no había cabida para reproches. Aún sabiendo que no le caía muy bien necesitaba mantenerla a salvo y despejar cualquier inseguridad o indecisión que se le pudiera presentar.
 
-Los demás seguro están en la misma situación, y nosotros debemos irnos de aquí cuanto antes- Explicó Hakyeon mientras miraba hacia los lados, rezando porque no aparecieran aquellos hombres por alguna esquina de la estación. -Nuestras familias estarán a salvo sin que nosotros estemos cerca, recuerda lo que dijo el padre de Wonsik-
 
-¿Y si nos ha mentido? ¿Y si hay otra solución?- Se cuestionaba la castaña.
 
-Mírame- Con el índice levantó el mentón femenino y clavó sus ojos en ella.
 
Debía entender, tenía que comprender la magnitud del asunto. Min Ki intentó ladear su rostro sin éxito, derrotada le correspondió la mirada, una mirada con mezcla de miedo y algo que a Hakyeon se le escapó. Este tragó saliva intentando ocultar lo que esas orbes le producían. Logrado su cometido consistía en proseguir con lo que iba a decir, sin embargo resultaba más difícil con ella observándolo tan de cerca, mala idea obligarla a hacerlo. Negó mentalmente y terminó hablando para convencerla.
 
-Por ahora no hay otra solución. Los demás se han separado de sus familias huyendo solos, separándose. Quizás Hongbin y Min Yun están haciendo lo mismo y han huido juntos, no lo sé. Lo único que sé es que este sitio es peligroso y debemos avanzar, debemos irnos de aquí-
 
-¿Y por qué? ¿Por qué debemos hacerlo nosotros dos juntos?- Tocado y hundido. ¿Cómo iba a decirle la verdad? ¿Cómo iba a contarle que lo que sentía por ella lo instaba a protegerla y mantenerla a su lado a como diera lugar?
 
-¿Quieres huir sola? ¿Eso quieres?- Justificó finalmente.
 
-No, yo no quería decir eso, yo...- Bajó la vista, en realidad no tenía más excusas.
 
-Vayámonos antes de que nos encuentren. Tendremos tiempo para pensar en ello más tarde. Seguro que encontramos una solución y podremos juntarnos con ellos de nuevo. Te lo prometo-
 
Seguramente si le hacía pensar que vería a Hyuk de nuevo sus ganas por seguir adelante podrían aparecer. Y no tardó en surgir el efecto deseado, aquello caló a la joven que se dejó guiar, por primera vez, de su mano. Probablemente Min Ki desearía que el pequeño de todos ellos fuera el que la estuviera encaminando a un lugar seguro. Sintió un tremendo recelo por aquella realidad, no obstante dejó ese sentimiento tonto de lado y disfrutó por unos breves momentos de la sensación de saberse más unido a ella, de ver como sus esperanzas volvían a ser fuertes y de tenerla corriendo, junto a él, ilusionada con algo que quizás jamás se cumpliera...
 
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El restaurante estaba lleno de gente, se podría decir que era la hora punta en aquella ciudad. El astuto pelirrojo guiaba a la castaña asustadiza por las mesas hasta encontrar la más alejada de la entrada. Necesitaban comer algo antes de retomar el camino hacia un lugar a salvo de cualquier amenaza. Ninguno de los dos sabía cuando estarían a salvo de la gente que los perseguía, pero esperaban poder descansar pronto de una agotadora huída que los estaba minando tanto física como psíquicamente. Al sentarse la joven suspiró aliviada por descansar sus piernas, las masajeó mientras Haekyeon llamaba al camarero.
 
-Dos botellas de agua y dos platos a rebosar de bulgogi, por favor-
 
Ante esto la muchacha abrió sus ojos. Sólo tenían para un par de botellas, el lugar se veía caro y pensaba que su amigo pediría el plato más llano, sin embargo andaba pidiendo la especialidad de aquel restaurante. De pequeña lo había visitado con sus padres, ese sitio se caracterizaba por su categoría y su famoso plato de bulgogi -bastante caro, por cierto, ya que añadían un ingrediente especial secreto de la casa- no podían costearse aquel pedido, no con menos de 29.000 wons.
 
-Hakyeon, no podremos pagar eso- Le advirtió.
 
-Confía en mí-
 
El guiño de su compañero no la tranquilizó en absoluto, y menos cuando el que parecía ser el dueño, tras la barra, los examinaba con incisiva persistencia. Lo había escuchado, estaba segura y si no se equivocaba podrían meterse en problemas. Comenzó a mover sus piernas en un tic repentino, no le gustaba nada el plan que se formaba en la mente de Hakyeon, no había que ser muy listo para saber que tenía intenciones de hacer un “sin pa”. Jamás en su vida había cometido un robo o algo contra la ley y eso la asustaba ¿Por qué su amigo había cambiado tanto? ¿Quizás el estar huyendo le hacía cometer esa clase de locuras? El sonido de sus tripas le avisó que dejara de pensar y se concentrara en esperar la comida que no tardó en llegar. La sonrisa falsa se dibujó en su cara, cuando vio que Hakyeon comenzaba a comer sin miramientos. Al camarero casi le dio un infarto por verlo comer como si se le fuera la vida en ello por lo tanto se alejó intentando borrar la imagen del muchacho zampando como una bestia.
 
-¿Desde cuando te comportas así?- Sabía que no iba a tener respuesta así que le reprochó su bochornosa actuación. -Al menos podías cortarte un poco ¿no?-
 
-No hay tiempo para eso, come rápido para irnos de aquí cuanto antes- No lo dijo a la ligera, tenía razón.
 
Ignorando todo lo demás se dispuso a devorar la comida sólo pensando en terminar lo antes posible. Se guardó una de las botellas en su maleta y vio como Hakyeon la imitaba con la suya. Ahora venía lo difícil: salir de allí sin ser retenidos.
 
-Cuando diga “ya” coges tu maleta y te diriges al baño, me esperas en la puerta y salimos por la entrada trasera cuando pase por tu lado ¿está bien?- Min Ki no articuló palabra, simplemente asintió dudosa ante ese arriesgado plan.
 
Después de unas cuantas miradas a la barra, Hakyeon se dirigió a su compañera indicándole con su “ya” a que fuera donde le había indicado. Con cuidado y falsa espontaneidad ella cogió su maleta lo más natural posible y se fue al servicio. Tragó saliva cuando notó como el camarero la miraba sospechando algo, al verla con la maleta dispuesta a salir corriendo en cualquier momento, era normal que su cejo se frunciera de la manera en que lo hacía. No pudo reaccionar de ninguna forma ante eso puesto que la mano de Hakyeon había atrapado su antebrazo y tirado de este con fuerza. Escuchó un “¡alto, ladrones!” que provenía de la barra y volvió su rostro al frente para seguir a su amigo sin retrasarle el paso por arrastrarla con él. El callejón donde terminaron los dejó confundidos, había dos caminos: el que iba hacia la avenida y el que los llevaba a una calle menos transitada. La avenida quizás les ayudaría a pasar desapercibidos pero la callejuela podría dejarles el camino libre para escapar rápidamente.
 
-¿Qué hacemos? ¿A?- Hakyeon señaló la avenida. -¿O B?- Se giró para señalar, esta vez, la calle contraria.
 
-¡B!- Gritó Min Ki cuando vio un par de hombres entrando por la esquina de la gran avenida.
 
Ambos actuaron rápido y se dirigieron hacia la pequeña callejuela desapareciendo por ella. Las maletas pesaban cada vez más y las mochilas entorpecían sus movimientos por lo que el joven tiró su maleta a un contenedor al pasar por este.
 
-¡¿Qué haces?!-
 
-¡Haz lo mismo en el siguiente Min Ki! Da igual, lo único que importa es que no nos alcancen- Decía esto mientras le arrebataba la suya a la chica sin parar de correr.
 
-¡Hakyeon!-
 
Lo que había frente a ellos les hizo parar en seco, no eran los hombres del restaurante. Aquellos individuos eran los que días antes los había perseguido por su pueblo después de la tragedia que presenciaron en el bosque. No parecían ser policías, según el padre de Wonsik buscaban ese algo del ser, que había acabado con la vida de aquel cazador, y que les cedió a ellos, a esas ocho criaturas inocentes convirtiéndolas en el objetivo de una caza despiadada por arrebatarles lo que, aún, ni siquiera sabían que tenían.
 
Tembló, esa mano tembló. Y como si de una enfermedad contagiosa se tratara ella lo hizo también, por inercia. Estaban atrapados, por un lado llegaban los del restaurante y por el otro aquellos peligrosos hombres que comenzaban a acercárseles lentamente, como en una danza enfermiza.
 
-Hakyeon...- Susurró Min Ki retrocediendo, instintivamente posicionándose detrás del susodicho.
 
-Lo siento, yo no sabía que esto terminaría así... yo no...-
 
Le soltó la mano para ayudarla a que se apoyara en su espalda por completo, en un intento inútil de ocultarla de los que estaban a punto de alcanzarles. Una sonrisa perversa se hizo presente en uno de ellos, tanto el dueño del bar como el guardia de seguridad de su establecimiento, que aparecían en ese instante, retrocedieron al ver la escena. Se les escapaba la razón de porqué una media docena de hombres rodeaban a un par de críos totalmente atemorizados; tampoco quisieron averiguarlo, así que con toda la frialdad del mundo, abandonaron el lugar dejando a su suerte a aquellos niños. El dinero perdido no se comparaba con el problema que podría acarrearse por entorpecer las intenciones de esos tipos.
 
-Jefe, tenemos a dos y no parecen haber obtenido nada del maldito “Mudur”. Quizás no todos hayan recibido su regalo- Habló uno de ellos por el pinganillo de su oreja.
 
-¿Mudur? ¿de qué hablan Hakyeon?- Preguntó la muchacha en un murmullo.
 
-No lo sé- Contestó apretándola más a él. En un arranque de fingido valor se dirigió a quienes los aprisionaban. -¿Qué queréis de nosotros? No hemos hecho nada malo, nosotros no matamos a ese hombre, nos tenéis que creer- Espetó el pelirrojo arrepintiéndose al momento.
 
-Eso ya lo sabemos, niñato-
 
El manotazo que le asestó en la mejilla, del que se suponía el líder de los presentes, casi lo hace caer. Min Ki cerró sus ojos para no ver como otro de esos malditos repetía la hazaña tirándolo al suelo definitivamente. La chiquilla se agachó entonces para comprobar que estuviera, dentro de lo que cabía, bien.
 
-¡Bestias, brutos! ¿Qué conseguís con esto? ¡Nada!- Soltó completamente encolerizada.
 
-Nada...- Se le escuchó repetir a uno de ellos.
 
-¿Qué?- El más alto de ellos agredió al que habló con una colleja sonora en la nuca. -Imbécil deja de balbucear y coge a la chica, tú- Señaló al más corpulento de todos. -Coge al chico-
 
-¿Eh?- Preguntó el grandullón confundido. La mirada asesina de su jefe le hizo reaccionar. -Sí, por supuesto-
 
-¡No! ¡Suéltalo!- Espetó la castaña cuando vio que intentaba cargar a su amigo.
 
Increíblemente Hakyeon se levantó con pasmosa facilidad, como si los golpes no le hubieran dejado atontado, y apartó de un empujón al hombre. Este tuvo que equilibrarse para no perder su centro, la incredulidad por ser apartado de esa forma tampoco lo ayudaba. Aquel flacucho crío lo había empujado de una manera brutal, como si le triplicara en tamaño siendo completamente al revés, aquel muchacho era tres veces más menudo que él. Los demás abrieron sus ojos anonadados, lo que presenciaban no podía ser posible.
 
La única que seguía sin saber qué ocurría ahí era Min Ki, estaba tan centrada en contener sus propias experiencias internas que no se dio cuenta de la respuesta física de Hakyeon ante aquel grotesco individuo. Se tapó la cara con ambas manos intentando controlar la furia que surgía de su interior sin saber cómo controlarla. Mientras el joven se miraba las manos, asustado de su propio poder.
 
Hakyeon empezaba a darse cuenta de lo que poseía. Un poder desconocido que no tenía intenciones de utilizar. Min Ki, Min Ki podría sentirse asustada por verlo ser capaz de hacer daño a los demás. No, debía librarse de eso antes de que se diera cuenta. Por mucho que quisiera controlar la situación no le gustaba en absoluto parecer un peligro a los ojos de ella. Quería que todo desapareciera, que sólo hubiera sido suerte y que aquel hombre se hubiera tropezado con algo, y no fuera a causa de su poderosa y repentina fuerza. No, no ¡No! Frustrado se posicionó de rodillas dispuesto a golpear el suelo con fuerza, creyendo inútilmente que ese maldito poder iba a irse así de fácil.
 
-¡Atrapadlo!-
 
El líder volvía en si tras quedarse fascinado por la actuación del chico. Al fin y al cabo, uno de ellos si había recibido el regalo de aquel “Mudur”. Sin saber el alcance del don de ese crío llevaba a los suyos a una batalla perdida. No pudo creerlo cuando el joven se puso de rodillas y comenzó a dar puñetazos en el suelo, haciendo que todo a su alrededor retumbara en consecuencia de ellos. Por esos golpes, y debido a la onda expansiva que estos provocaban, los cinco hombres se vieron despedidos brutalmente lejos del muchacho. Incluso el líder terminó estampándose contra la pared quedando semiconsciente en una de esas fuertes sacudidas.
 
-¡No! ¡No!- Gritaba una y otra vez Hakyeon. Sus ojos cerrados impidieron que viera lo que él mismo provocaba hasta que sintió una delicada mano en su hombro. Al abrirlos se llevó la peor sorpresa de su vida: podía arremeter con la vida de otros sin control alguno. Era peligroso, era un monstruo.
 
-¿Hakyeon? ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando?- Se giró hacia ella deseando que no hubiera presenciado su obra.
 
El miedo le recorrió el cuerpo cuando vio esos ojos consumidos por el temor. Lo había provocado él, la había atemorizado con ese don que poseía y que no había pedido. Se sintió culpable, se sintió impotente sin saber que decir. Seguramente lo veía como una bestia. Ya no podría hacer nada para convencerla que lo siguiera, ya no era el Hakyeon que se asustaba y se ridiculizaba sólo por hacerse el valiente frente a ella. Ya no era el que intentaba por todos los medios hacerla sonreír, en vano, con sus chistes tontos. Ya no. Ahora era alguien peligroso con el que debía poner distancia, la mayor posible. Por el bien de la muchacha que hasta ahora quería a su lado por sobre todas las cosas. Una punzada en el pecho le avisaba de la terrible realidad: Lo mejor para ella sería estar lo más lejos posible de él.
 
-Yo...-
 
-¿Tú qué, Hakyeon?-
 
Min Ki confundida avistaba algo en su compañero. Podía adivinar casi lo que diría a continuación: la abandonaría. Lo sabía, lo notaba en la culpabilidad que reflejaba el pelirrojo en su mirada. ¿Por qué? ¿Qué le había hecho cambiar de opinión? Entonces miró a su alrededor por primera vez después de ser atacados.
 
El suelo estaba desquebrajado, los cuerpos de seis hombres sobre él, inertes, inmóviles, sin signos de seguir vivos. Siguió las grietas que comenzaban en un punto, justo a los pies de Hakyeon ¿qué demonios? No quería averiguar lo que eso significaba, tampoco la insistencia de su amigo por alejarla de él. Miró esas orbes negras, estaba completamente derruido, devastado, aterrado. Simplemente no lo reconocía. Tragó fuertemente saliva para comunicarle su decisión, una que jamás llegó a salir de sus labios...
 
-Hakyeon yo...- Fue interrumpida bruscamente. Su compañero la obligaba a levantarse.
 
-Vete, no quiero que aparezcas en mi vida nunca más. Por el bien de los dos no nos cruzaremos jamás-
 
Decía esto frío, sin un ápice de duda en su tono mientras cogía la mochila olvidada que tiraron al verse acorralados al suelo y se la brindó con un completo desinterés. No la miró a los ojos en ningún momento. Ella incapaz de articular palabra aceptaba el bulto con desgana.
 
-¡¿Así?! ¡¿Tan fácil te deshaces de mí?!- No pudo contenerse más y espetó su más profunda rabia hacia él.
 
-Eres un estorbo para mí, lárgate de aquí ahora mismo- Aseguró contundentemente Hakyeon.
 
Esas palabras le dolían más a él que a la propia Min Ki. Pero si no se iba de allí llegaría la policía y la libertad deseada nunca llegaría. Se sacrificaría por ella, eso es lo que tenía que hacer y lo haría pagando cualquier precio. Incluso el de ganarse su profundo odio.
 
-¡¿Qué?!-
 
Indignante, completamente indignante. Min Ki no podía asimilar que estuviera recibiendo ese trato de el mismo Hakyeon que la molestaba con su dulce y empalagoso comportamiento. Ahora ya no tenía intenciones de reconciliación. Si eso es lo que quería, bien, iba a tenerlo.
 
-¡Maldito cobarde, eres un desgraciado! ¡Me voy, te aseguro que jamás volverás a verme! ¡Jamás!-
 
Y así salió de aquella calle. Llorando descontroladamente pero decidida a emprender un viaje, que le depararía un futuro lleno de desconcierto y un destino que volvería, cruelmente, a juntarla con ese muchacho que le destrozó el corazón en mil pedazos...


Capítulo 3: Sensaciones



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