martes, 18 de junio de 2013

The harem of flower boys I

Capítulo uno de este fic donde muchos idols serán el dolor de cabeza de nuestra prota, Aby >< espero que los disfrutéis :D


Introducción




Capítulo 1: Un pequeño accidente con el extraño de la llave al cuello

Y de nuevo no salían las cuentas. Había barajado ese fardo de billetes como unas doscientas veces. Por más que lo quisiera intentar el dinero que faltaba no estaba. Aún le quedaba como la cuarta parte del alquiler y no deseaba que la casera llegara insistiendo en que le debía ya tres meses. Mary tampoco ayudaba mucho, por lástima no la echaba de allí. Aby esperaba que los sueños de su compañera, se hicieran realidad. Quería ser actriz y de vez en cuando había llegado a pasar hasta la última fase de uno de los casting a los que acudía. Pero estos no daban dinero así que poco podía colaborar con los gastos. Tenía talento, sólo le faltaba un poco de suerte. Quizás era un tanto vaga en lo que se refería a las tareas de la casa pero si se trataba de conseguir algún medio de actuar incluso de extra, lo lograba. Por esa condición Aby respetaba a su amiga, algo que tampoco contribuía a las deudas que se iban acumulando, estresando a la joven cada vez que llegaban a mediados de mes.

Aby, sin embargo, trabajaba en tres sitios diferentes: En una tienda de ropa por las mañanas, en un ultramarinos, en las tardes y, algún que otro fin de semana, la llamaban para promocionar en la calle a una boutique en el centro de la ciudad. El tercer trabajo lo aborrecía, en parte porque llegar hasta el centro era un auténtico suplicio y sobretodo por ese estúpido disfraz de panda que debía llevar. Los meses de verano eran los más insufribles para ella al llevar ese infernal atuendo. Y esa tarde le tocaba ser un adorable panda con el interior empapado en sudor. Su mente rechazó la desagradable sensación, si seguía pensando en eso no podría terminar de echar cuentas.

-¡Aby! ¡Mira esto!- Alzó la vista. El departamento donde vivían era algo pequeño pero bastante cómodo, el comedor donde se sentaba unía la cocina con el salón sin paredes. Le daba un toque moderno y a ambas le gustaba. Mary se había girado hacia ella en el sofá. Este estaba de espaldas a ella y su amiga igual hasta que algo en la televisión había hecho que se dirigiera a Aby.

-¿Qué pasa?

-Es Lee Min Ho. Tan guapo...- Se volvió sólo para poner sus manos en el mentón haciendo un adorable gesto. Babeaba por el presentador que enfocaban en primer plano. Aby no tenía tiempo para estar admirando chicos y mucho menos idols inalcanzables para las chicas de a pie. Su amiga pensaba lo contrario, quizás por el sueño de ser uno de ellos.

-Mary no salen las cuentas de nuevo...

-¡Míralo, míralo!- La ignoró por completo, lo que molestó a la joven sobremanera. Con furia se levantó de la mesa y fue hacía el salón. Iba a apagarle la tele hasta que vio como su compañera se abalanzaba al objeto en cuestión, protegiéndolo como si fuera un bebé. -Ni se te ocurra, están echando mi programa favorito y no permitiré que por un arrebato de los tuyos me arruines el momento- La miró como una niña dolida y Aby sólo bufó sobándose la cara.

-Ese cacharro no nos dará el dinero que falta ¿Qué...- Se vio interrumpida.

-Piénsalo tú, siempre lo solucionas solita- Dijo con todo el descaro del mundo. Las mejillas de Aby comenzaban a ponerse rojas de furia.

-Me gustaría que me ayudaras un poco, ya debemos tres meses de alquiler Mary. Este mes no es como los otros, si no pagamos estaremos en la calle- Argumentó Aby intentando calmarse. Ver como su amiga le restaba importancia la ponía de los nervios.

-¿Y qué quieres que haga? Sabes que casting que se celebra, casting al que voy- Se excusó la joven sin despegar la vista del maldito televisor.

-No sé, un trabajo a tiempo parcial ¿Quizás?- Ironizó con sonora molestia.

-Imposible, los casting tienen horarios muy diferentes. Me echarían enseguida por faltar esas horas-

-Maldición ¿No te sientes mal al ser mantenida?- Ahora tocaba hacerle ver la cruda realidad, no avistó la típica contestación que le daría Mary.

-Un poco pero no me molesta- Increíble. No tenía lógica alguna y aún así seguía en sus trece. Las medidas drásticas comenzaban a asomársele por la mente. Terminar con todo y decirle que se vaya podría ser cruel y algo doloroso pero empezaba a ser lo mejor. No. Era Mary, su amiga. La que siempre estaba ahí cuando la necesitaba, si en ello no entraba los gastos mensuales. Malditos sentimientos encontrados, no la dejaban pensar con claridad.

-¡Aish! Eres imposible-

-¡Sh! Escucha- Indicó con su brazo extendido hacia la televisión. Aby estaba por irse e ignorarla pero lo que oía captó su atención. Volvió la cara hacia la pantalla y observó como Kim Hyun Joong hablaba a los espectadores acompañado de Lee Min Ho a su derecha y Boom a su izquierda. Este habló con tono cómico, diciendo que le parecía la situación, algo que Aby no entendió hasta que Kim Hyun Joong Habló:

-Con la repentina salida de la última chica comenzamos a buscar de nuevo otra que sí esté dispuesta a aguantar a estos diablillos ¿Quién se atreverá a sustituir a esa chica? ¿Serás tú?- Dijo esto señalando a la cámara con soltura. Mary brincó del sofá y le propinó un poderoso abrazo a Aby.

-¡Aby! ¡Un milagro, esto es un milagro!- La obligó a girar todo su cuerpo dando saltitos alrededor de ella.

-¿Qué dices? ¿Vas a prestarte a eso?- Preguntó cuando por fin la dejó tranquila, a pesar de su confusión entendía que ese programa era un reality donde la gente se exponía en su día a día. Algo que consideraba denigrante.

-Es que no lo entiendes ¿Sabes lo que pagan por aguantar en esa mansión?- Aby negó con la cabeza, al escuchar la cifra con tantos ceros casi se desmaya ahí mismo. Aun así seguía pensando lo mismo, esa exposición a la vida privada no era correcto.

-No sé si debas pero es tu vida, no te sientas presionada por esto de las deudas, puedo intentar solucionarlo, como has dicho antes siempre encuentro una solución- Intentó argumentar Aby ante la felicidad efímera de su amiga. Sabía que en esos programas la gente sufría tontamente y no quería eso para Mary. Su sueño era muy distinto a lo que estaba por hacer.

-No lo hago por las deudas ¿No lo captas? Es televisión, de ahí puedo hacerme famosa y eso es un camino mucho más fácil hacia mi sueño- Tenía razón en parte así que sonrió levemente al ver asentir a Aby. -Es que puede ser la solución a nuestros problemas, no te tendrás que preocupar más por el dinero amiga...

-Espero sinceramente que si te escogen no te dañen de ninguna manera- Confesó la joven abrazando a la otra.

-Tranquila, eso no pasará- Volvió a dejarse llevar por la emoción dando ahora pequeños saltos sin dejar a su amiga de lado. -Ah, me acompañarás al casting- No era una pregunta, si no una afirmación. Siempre la arrastraba cuando podía a esos eventos a los que, ciertamente, acudía mucha gente. La alegría, la desilusión y las ganas de superarse llenaban las colas infinitas de aquellos lugares. Aby los comprendía pero eso no iba con ella, jamás se dejaría llevar por la fama y el dinero que conllevaba ser actor. Sí sabía valorar el esfuerzo para conseguir ser lo que se deseaba. Ella lo había hecho tiempo atrás, hasta que se dio cuenta de la cruda realidad...

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Y ahí estaba, con ese insoportable calor rodeando su cuerpo. Vestía aquel disfraz enorme, encima de que la tela imitaba con pelo artificial la piel del oso, la cabeza de este cubría la suya por completo. Era algo sofocante estar dentro de él. Hacía gestos tiernos a los niños que pasaban por ahí, captando la atención de sus padres. Entonces extendía su mano y les ofrecía el folio impreso de publicidad. Muchas veces ponían música cerca y bailaba tranquilamente para olvidarse un poco del calor y las horas que pasaba de pie. Se le hacía ameno cuando paraba un grupito de niños para imitarla haciendo “aegyos” aprovechaba esos momentos al máximo. Lo necesitaba, su vida no se estaba volviendo muy divertida que digamos.

Sonrió después de acariciar la cara de un niño que le había pedido el papelito impreso. No era un trabajo liviano pero era gratificante en pequeñas dosis. No veía muy bien con la rejilla negra que tenía la cabeza del oso por delante, y tampoco vio muy claro cuando un ciclista pasó rápidamente por su lado. La golpeó toscamente haciendo que se le cayeran todos los papeles al suelo. Mierda. Ahora debía recogerlos con ese maldito disfraz incómodo. Antes de agacharse estuvo apunto de decirle un par de cosas a ese tipo hasta que vio al portador de una bota estilo grunge delante de ella y las ruedas de la bici justo detrás de esta. Intentó girar su rostro hacia arriba sin poder lograrlo. Pensaba que iba a ayudarla. Ilusa. Se quedó ahí, estático. Se maldijo desear que le echara una mano a ese tonto que seguía parado sin hacer nada.

-Lo siento- Fue un susurro casi imperceptible que la hizo levantarse sin explicación. Su curiosidad por saber de quien se trataba la azotaba fuertemente. El disfraz contribuyó a que pareciera un pato mareado intentando erguirse. Cuando al fin lo consiguió notó unas manos tirando de la cabeza del panda. Tenía estrictamente prohibido sacársela en pleno trabajo aunque también le avergonzaba que la reconocieran así vestida, así que rápidamente tiró hacia abajo para impedirlo. Por un segundo parecía que ese extraño lo había entendido pero entonces volvió a sentir como no cedía en su empeño. Se encontró forcejeando con un desconocido en medio de la calle para preservar su dignidad ¿Qué se había creído ese estúpido?

-¡Alto!- Aquella voz provenía del final de aquella acera. Ahí fue cuando el tipo la dejó tranquila. Colocándose bien el peculiar gorro que quedó ladeado para poder ver a través de la apertura al que le había hecho pasar la mayor vergüenza de su vida. Al no dar con la dichosa rejilla mandó a la mierda la orden. Se quitó la cabeza de oso dispuesta a encarar al tipo. Sólo vio su espalda y una capucha que cubría su cabeza ahora puesta al frente, sin girarse hacia ella. Ya montado en la bici, notó que ponía sus pies en los pedales y se disponía a irse. El gesto descortés de ni siquiera mirarle a la cara al disculparse, la cabreó gritando un “imbécil” sin hacer el efecto deseado. Quería que se girara, que la mirara y no fue así. Lo vio alejarse cuando el portavoz de ese “alto” pasó por enfrente suya totalmente alterado. Se dispuso a recoger los papeles totalmente frustrada por la humillación y maldiciendo por lo bajo. -Disculpe ¿Le ha hecho daño?- Unos ojos se clavaron en ella. El señor que perseguía al ciclista estaba a su lado. Su sonrisa calmó su enfado, ese que había provocado el joven ciclista.

-Gracias por preocuparse pero estoy bien- Lo vio suspirar.

-Me alegro. Y tiene razón, si que es un imbécil- ¡La había escuchado! Que bochorno... Jamás se caracterizado por ser malhablada y mucho menos hacerlo en plena calle. Definitivamente no era su día. -Me disculpo por él. Le deseo buen día- Sin más lo correspondió con una inclinación leve de su cabeza y este volvió a sonreír. Al fijarse en sus elegantes zapatos cuando se alejaba, algo en el suelo le ofreció un destello. Cuando se acercó no se esperaba que fuera eso. De una cuerda de plata colgaba una llave, esta de bronce. Le pareció un objeto sencillo y muy bonito. Lo examinó pero no encontró ni un nombre grabado ni nada que pudiera contener información del dueño. Recordó que el chico de la bicicleta y ella había forcejeado ahí. Ese colgante era de ese muchacho, estaba segura.
Lo guardó en su bolsillo a través del disfraz. Podría ser su pequeña venganza por haberse comportado así con ella, aunque lo más seguro es que no volviera a verlo nunca más.


Capítulo 2: Confusiones, malentendidos y demás infortunios


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