lunes, 2 de septiembre de 2013

Monstruo IV

Pues después de algún tiempo de descanso y vacaciones vuelvo a la carga :D
Con nada más y nada menos que la historia de nuestros chicos de VIXX, los amo enormemente jeje.
Como compensanción a todo este tiempo de inactividad, lo he hecho laaaaaaaargo laaaaaargo, así que disfrutad, espero vuestros comentarios (recordad que es mi sustento, ya que no cobro por escribir, todavia...) En realidad vuestro apoyo me asegura que hago bien esto a lo que me dedico... 
Ahora, y después de tanto discurso, os dejo con el capítulo ^^


Capítulo 3: Sensaciones








Capítulo 4: Control

Muchos piensan en el control como algo absoluto, algo que les da la seguridad de que su alrededor responderá a ellos sin ningún tipo de resistencia. Yo pensaba igual hasta que la verdadera cara de esa definición se me presentó de lleno. Desde que todo se volvió frágil en mis manos, débil a mis impulsos y insignificante a mis deseos. “Se debe tener cuidado con lo que se desea febrilmente”, una advertencia que yo pasé por alto, me arrepiento tanto de ambicionar lo que ahora condiciona mi vida, lo que me hace ser despreciado por quien me ve controlarlo, controlarlo todo... Sí, tenía al fin lo que ansiaba, el poder, el control. Una maldición que poco a poco me haría perder a las personas que me importaban, las alejaba irremediable, es lógico, ¿quién querría estar al lado de una bestia como yo?


A mis quince años deseaba, como todo adolescente, tener siempre la atención de los demás, que cuando actuara mis amigos secundaran todas y cada una de las propuestas que yo hacía, sin embargo, no obtenía ese efecto frustrándome sobremanera. Maldita la hora en la que mi más arraigado anhelo se hizo realidad. Maldita aquella vez que, por primera vez, manejé como títeres a aquellos hombres. Ahí comenzó mi desgracia. Perdí a Min Ki, perdí mi inocencia y fui encerrado. Aunque una parte de mí estaba en paz ya que ella no sufriría lo que yo estaba por pasar, yo me enterraba en mí mismo intentando evadirme de lo que me estaba convirtiendo.
 
Nadie se explicaba cómo un crío de dieciséis años había abatido a todos esos individuos pero tenían claro que yo era peligroso, monstruoso. Me tacharon de asesino, de mercenario. Me interrogaban una y otra vez en busca de una explicación, por supuesto jamás hablé con la verdad ¿me creerían? Por supuesto que no. Aguanté golpes, aguanté coacciones, miradas de odio, hasta que mi débil cuerpo dijo basta.
 
Había intentado huir de lo que mi mente me pedía, algo en esta me incitaba a usar lo que más temía: mi nuevo don. Sabía que cada vez que lo usara el caos me abriría el paso, no obstante, las consecuencias de ello serían devastadoras para mi conciencia. No estaba dispuesto a pagar mi situación con gente inocente, a pesar de mi fuerte voluntad y mi correcta visión de la situación, seguía siendo un niño, un niño siendo maltratado sin descanso para que confesara algo que ni siquiera era real. Por un segundo dudé, por un momento me sentí débil, desprotegido. Las lágrimas por mis mejillas hicieron que uno de los agentes sonriera, iba a confesar, lo iba a hacer...
 
Entonces mi corazón latió más fuerte de lo normal, como si intentara evitar que cayera en esa “trampa”. Miré fijamente al hombre frente a mí y le devolví la sonrisa, inconscientemente. Su mueca cambió, al parecer no le gustaba lo que comenzaba a cambiar en mí ¿qué podía ser? El reflejo en el cristal a la espalda del policía me lo confirmó, mi cara lucía brutalmente derrocada pero algo me llamó la atención: mis ojos negros no eran tal, estaban rojos, rojos como mi pelo. El temor me hizo exponerme más al gran poder que me zambullía, me dejé llevar... ya no tenía nada que perder.
 
Reventé, literalmente, mis magulladuras no me impidieron sentir el inminente control fluyendo por cada miembro de mi cuerpo. Luchaba por controlarlo a él, al mismísimo control, estúpido de mí... ¿cómo podía ir en contra de lo que el interior de mi ser más deseaba hacer?
 
Las esposas que custodiaban mis manos se vieron reducidas a cenizas, eso fue el desencadenante de todo. Me levanté muy lentamente. Ambos policías se apartaron de mí, con miedo. Esperaban que mi, entonces inmóvil, cuerpo se moviera dándoles la excusa perfecta para abordarme. Sus manos se dirigían cuidadosamente hacia sus pantalones, obviamente intentando alcanzar sus pistolas. Mi mente se veía cegada por las ganas de experimentar, cerré los ojos inhalando fuertemente. Al abrirlos lo supe: Aquello acababa de empezar...
 
A pesar de que realmente no recuerdo con claridad lo que pasó a continuación, en mi mente se quedaron grabados los gritos de dolor, un enorme cristal desquebrajándose con mi sola mirada y una inesperada presencia al chocarme con ella corriendo por los pasillos de aquel lugar. Hasta ahora sigo preguntándome si lograré saber de quién se trataba y, sobretodo, qué fue lo que pasó en aquella estancia ¿los había matado en verdad? ¿me había convertido en el asesino que decían que era?
 
Sentir el aire helado al escapar y atravesar esa ciudad no me alivió en absoluto. Cada zancada que daba era una carga más en mi espalda, cada metro que abarcaba era culpabilidad por lo que acababa de hacer. ¿Por qué? ¿Por qué se me había concedido aquel monstruoso poder? ¿Por qué, después de todo, sentía desbordante libertad al haber manipulado todo a mi antojo? No quedaba duda: era alguien peligroso, y lo que era aún peor, disfrutaba sabiéndome alguien así.
 
Pasé días escondiéndome por los barrios más bajos de Busan, vivía prácticamente como un mendigo. Alguna que otra vez arranqué carteles con mi foto “el peligroso asesino sigue suelto”. En uno de los albergues vi en la televisión que mi familia me buscaba; lloré al ver a mi madre, me sentí débil de nuevo, mis culpas volvían como cuchillos afilados rasgando mi interior. Mis ganas de regresar se hicieron presentes hasta que al dirigirme al edificio donde se emitía aquel programa vi agentes de policía fuera del recinto, era una trampa. Terminar encarcelado para siempre no entraba en mis planes por lo que, con todo el dolor de mi corazón, di media vuelta. No, no quería eso. Necesitaba irme, alejarme de todo, de todos...
 
Terminé por salir de la ciudad en busca de refugio en el campo, quizás encontrara una choza en la que vivir y poder entender por completo mi existencia. Necesitaba despejar mis inquietudes antes de intentar volver a convivir con los demás. Mi destino estaba por cambiar de nuevo, un giro de ciento ochenta grados que me dio una nueva perspectiva de mi vida...
 

Seis años antes / En un pequeño prado de Banyeo-dong, distrito de Haeundae-gu (Busan)
 
Necesitaba ir al río para recoger agua antes de que anocheciera. Se le había hecho costumbre terminar bañándose cada vez que iba aquel lugar. Mientras se zambullía en el agua cristalina su mente analizaba su pasado, su vida hasta que se vio obligado a huir como un asesino, como un cobarde. Dos años. Ya habían pasado dos años desde que escapó de la ciudad de Busan. Tenía suerte, siempre se le había dado bien aquello de esconderse. Sin embargo, la soledad comenzaba a hacer mella en él ¿lograría entender su destino? ¿Habría una nueva oportunidad para él? ¿Los vería de nuevo? A ellos, a ella...
 
-Min Ki- Susurró.
 
Al notar su voz rota sumergió la cabeza por completo debajo del agua, quería camuflar las lágrimas venideras aún sabiendo que nadie las contemplaría. Buceó hasta donde tenía la cuba para llenarla y la rebosó sin vacilación. Mientras se vestía sintió la necesidad de experimentar lo que días atrás le había causado temor culminar. Dejó la última prenda que le quedaba por colocarse a un lado y cerró los ojos. Al abrirlos adivinó que estos se volvían rojos, como aquel reflejo de antaño. Todo su cuerpo latía fuertemente y suspiró aliviado al recordar que ya había aprendido a controlar la mayor parte de su poder, no obstante, había una parte de él que le asustaba, algo que le daba pavor comprobar.
 
-Tienes que hacerlo, debes hacerlo si deseas volver algún día junto a los demás- Se suplicó quedamente.
 
Inhaló fuertemente alzando sus manos a la vez. Si quería ser el mismo de antes necesitaba tener el “control” bajo control. Si deseaba volver a verlos tenía que aparentar ser alguien normal. Confiando en esas fuertes convicciones prosiguió con su tarea. Se ayudó mentalmente, recalcando que le faltaba poco para estar en sintonía consigo mismo. Un paso más y sus miedos se esfumarían por completo.
 
Su mirada ya encendida se clavó en una piedra ovalada de tono grisáceo tirando a negro. Su mano derecha imitó el ademán de alguien cuando agarra el objeto en cuestión, a diferencia de que la distancia entre la piedra y la extremidad de Hakyeon era de varios metros. Para él que ese trozo de roca comenzara a moverse sin tocarla era ya algo normal, pero si una persona de a pie viera aquello saldría huyendo lejos de él.
 
Sonrió, hasta aquí todo era bastante fácil, incluso se permitió el lujo de jugar con ella zarandeándola de un lado a otro en el aire, como si de una cometa se tratase. La verdadera prueba comenzaba en ese instante donde su determinación era clara: usar otra cara de su don para “transformar” aquella cosa. En cierto modo era algo sencillo, teóricamente hablando claro estaba. Debía modificar la estructura molecular de dicha piedra sin llegar a hacerla añicos. Había pasado demasiado tiempo intentándose explicar porqué en teoría le parecía tan fácil y en la práctica se le hacía imposible cada vez que se lo proponía ¿estaba condenado a sucumbir a aquella ínfima pero importante cara de su poder? No, jamás volvería a estar con los demás sin estar seguro de que no era un peligro para ellos. Quería hacerlo, necesitaba controlarlo.
 
Volvió a cerrar sus ojos pero esta vez su mano no se inmutó, seguía controlando la piedra lentamente. En un instante comenzó a pensarlo severamente, cuando estuvo seguro de lo que deseaba sus orbes se dirigieron a la pequeña roca. Sus pensamientos se centraron en una forma distinta para ella, esas formas redondeadas y oscuras debían cambiar a unas abruptas y claras, todo lo contrario a lo que eran. Una distracción en ese momento haría que su intento fallara haciendo de la piedra arena literalmente. Si pensaba en esta como en una persona su interior se acongojaba destruyendo todas sus esperanzas de volverse alguien civilizado y no un monstruo como seguía siendo. Su conciencia se vería totalmente destruida, sería un animal si por su poder cometiera una atrocidad así y más si alguien que le importara demasiado se viera implicado.
 
Se concentró despejando cualquier pensamiento, cualquier duda que lo hiciera fallar y terminó por llevar todas y cada una de las fibras de su voluntad a esa piedra. Lo único que importaba era que esa piedra no sufriera daños, que todo lo demás dejara de existir y que, en esos momentos, sólo la piedra en si misma se le presentara como tal, en esencia, pura y sin forma, desnuda y dispuesta a ser transformada por él. Sí, eso era justo lo que debía pasar.
 
Y así fue...
 
Aquella forma ya no parecía lo que era, el poder del joven la rodeaba con estelas rojas como sus orbes. Sí, había alcanzado un nuevo nivel, estaba a un simple paso de conseguirlo, de conseguir tener el control absoluto. Ahora sólo faltaba culminar la hazaña, vestirla sin que sufriera ningún daño, al fin y al cabo lo más difícil e importante venía ahora.
 
Lo avistó, se confió y sonrió por la anticipación hasta que todo terminó como menos lo había deseado.
 
-¿Qué... qué eres tú?-
 
Aquella pregunta había salido de los labios de alguien más, no lo había imaginado, no lo había previsto ya que para él sólo existía aquella piedra que ahora reventaba en mil pedazos. La miró, miró como todo su ser se esparcía en el suelo. Se sintió culpable, como si de un ser vivo se tratara. En su mente se dibujaba la escena donde él acababa con la vida de esos policías, con la vida de sus amigos, con la vida de Min Ki.
 
-¡¿Qué demonios eres?!-
 
Esa persona volvía a irrumpir en sus pensamientos. Giró su rostro hacia ella y lo vio, un chico de su misma edad lo miraba estupefacto, sin entender la naturaleza del que lucía aún iris rojos. Encolerizado por haberle interrumpido en su prueba se abalanzó hacia él.
 
El muchacho intentó huir despavorido al ver como el otro se le acercaba, sin notar como Hakyeon alzaba su mano en su dirección. Se encontró inmóvil, sin poder mover ni un ápice de su cuerpo y con el miedo instado en sus venas, sabía que ese extraño le estaba haciendo algo parecido a la piedra y temía que acabara como ella.
 
-¡¡No!! ¡Por favor, suéltame!- Chillaba con todo el ímpetu que se le permitía.
 
Lo ignoró, Hakyeon tenía intenciones de probar con él lo que con la piedra no consiguió. Estaba fuera de si, se había dejado llevar de nuevo por aquel poderoso “control” que ahora lo gobernaba. Sus pensamientos eran certeros, quería experimentar, quería terminar lo que había empezado. El joven ya levitaba sin remedio mientras se veía girando sobre su eje.
 
-¡No! ¡Por favor, basta!-
 
No era la voz del chico a su merced, era femenina. Sin inmutarse por lo que le pareció una alucinación comenzó a centrar toda su atención a la esencia del chico. Podría reventarlo en el proceso, podía matarlo sin contemplaciones pero su mente ya no le pertenecía por entero. Había sucumbido a su poder como aquella vez, aquella vez que ni siquiera recordaba con claridad.
 
-¡Vas a matarlo!-
 
Entonces se dio cuenta de algo, en realidad si había alguien más allí. Dirigió su mirada a ella, a la joven que le gritaba insistentemente. Oh dios, ¿y si fuera Min Ki? ¿Y si ella estuviera presenciando tal macabra escena? Se detuvo por completo, inmóvil y con sus ojos bien abiertos la observaba. Parecía tan calmada y sin embargo le gritaba, pero ¿por qué sus labios no se movían? ¿Por qué la escuchaba fuertemente en su mente sin ni siquiera articular palabra? Lo achacó a un intento desesperado de su propia conciencia para parar aquella locura en la que había caído. Ella seguramente si le estaba hablando, sí, seguro fuera así.
 
-Por favor...- suplicó el chico bajo su control.
 
Lo soltó, lo dejó caer al suelo sin más. El pobre, al saberse libre comenzó a correr y huir como tenía previsto. Hakyeon lo miró dolido, en realidad se hubiera disculpado pero sabía a la perfección que si intentaba acercársele lo evitaría y tacharía de monstruo. Se arrodilló olvidándose de la presencia de la muchacha, en realidad olvidó todo lo de su alrededor dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas. De nuevo se había convertido en alguien a quién temer, de nuevo volvería a ser algo peligroso para los demás, ese chico iría a avisar de su existencia y debía abandonar el lugar lo antes posible. Otra vez huyendo, otra vez escapando de lo que ocasionaba ¿hasta cuando tenía que estar así? ¿No encontraría la paz nunca? Inmerso en sus pensamientos ni siquiera notó que aquella joven se le había acercado mientras se atrevía a tocar su hombro en señal de apoyo. Los ojos de Hakyeon, ya negros, se cruzaron con los de ella. No podía creer que con lo que había presenciado aún siguiera ahí, junto a él.
 
-Yo... yo puedo entender tu situación, yo la comprendo- Habló, no con sus labios, no con su boca; con su gesto, con sus ojos ¿Cómo podía ser posible? -Quizás no eres el único especial por aquí- Su sonrisa lo cautivó ¿Podría ser verdad?
 
-Cómo... cómo puedes hablarme sin...- Intentó averiguar.
 
-Porque eres igual que yo. Como nadie nos escucha, aprendemos a escuchar a los demás- Aclaró confundiendo aún más a Hakyeon.
 
-Siento no entender mucho de qué hablas...-
 
-Lo entenderás, habrá un momento de tu vida donde comprenderás porque se te ha otorgado tal don- Dicho esto volvió a sonreír algo que incitó al joven a imitarla.
 
-Debo irme antes de que la calma de este lugar se vea afectada-
 
Así era, si se quedaba por más tiempo aquel llano se convertiría en un día de caza mayor y como presa protagonista él mismo. Tenía que desaparecer, tenía que encontrar refugio en otra parte y terminar de entender su poder. Al levantarse quiso ayudar a la muchacha sin embargo se dio cuenta de que no estaba totalmente vestido y su camiseta se hallaba a un par de metros en el suelo junto al cubo lleno de agua. Una repentina ola de calor lo azotó con fuerza, sus mejillas reflejaron la vergüenza delante de la chica, esta soltó una sonora carcajada y inesperadamente se levantó yendo hacia la prenda tirada y el cubo para dárselos.
 
-Me llamo Soo Min- Se presentó la muchacha mientras Hakyeon se terminaba de vestir.
 
-Lo siento yo no...-
 
-Tranquilo, lo entiendo. Te llamaré “N”- Aseguró Soo Min.
 
-¿“N”?-
 
-Sí, por la cantidad de “n” en tus frases- Aquello hizo sonreír al joven, era cierto. Sus “no” habían imperado en toda la conversación así que asintió levemente aprobando aquel mote. Por un momento se cruzó por su cabeza un preciado recuerdo, en este alguien le reprochaba sus constantes negativas.
 
-Me recuerdas a alguien- Soltó mientras recuperaba el cubo de las manos de la chica.
 
-Déjame adivinar: tu novia- Tanteó entrecerrando sus ojos la morena.
 
-No, bueno la verdad es que...-
 
-Ah, amor unilateral...-
 
-Algo así- El ambiente tornó denso e incómodo.
 
-Puedo ocultarte- Espetó con contundencia Soo Min.
 
Hakyeon se paró en seco para mirarla, ¿cómo iba a conseguir eso una cría como ella? Aunque pensándolo bien no era cualquiera, esta le había estado hablando en su mente todo el tiempo así que si decía que podía ayudarlo quizás fuera verdad.
 
-¿Estás segura?-
 
-Confía en mí- Sin más, le agarró de la mano haciendo que soltara el cubo, el agua cayó por toda la superficie mientras que ellos emprendían una nueva huída.
 
Algo que Hakyeon no paró a pensar es qué hacían aquellos dos jóvenes cerca del río...
 
Muchos fueron los intentos de ese chico para que Soo Min le correspondiera, esta le daba largas sin querer rechazarlo del todo, sabía que si lo hacía aquel joven se volvería peligroso. Sin embargo, la hora de despacharlo y terminar con el acoso había llegado, haciendo que él se enfureciera y la persiguiera por el bosque. La chica había estado corriendo por varios minutos para zafarse del otro y en un descuido la había perdido de vista. En ese instante, buscándola, se encontró con Hakyeon manipulando aquella pequeña roca. Aquello condicionaría su destino de manera drástica. Ambos desconocían que aquel muchacho que huyó, al volver con la gente del pueblo, sospechara sobre las intenciones de Soo Min y trazara un plan para cazar al “monstruo” que se había llevado a la chica.

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Cuatro semanas después...
 
La chica volvía del pueblo, pasó por al lado del “baño” que estaba fuera, algo que no les llegaría a molestar demasiado si no fuera por los meses de frío invierno que hacía en aquella llanura. Al entrar se deshizo del abrigo que ocultaba su cuerpo casi por completo, llegó al fondo y, con ademán cansado, depositó un par de bolsas en la encimera de la cocina. Técnicamente no era tal, la morada consistía en una simple estancia sin puertas ni separaciones; tanto las camas como el comedor se unían por una pequeña mesa comedor. Y al pasarse la parte posterior de su mano por la frente se dio cuenta que algo fallaba: N debería de estar ahí y no estaba. Comenzó a barajar las peores posibilidades mientras salía de la cabaña.
 
-¿N? ¡¿N?! ¡N!- Gritó sin esperar ser escuchada nada más que por él, desesperada.
 
Su pecho se comprimió al no obtener respuesta y tuvo un mal presentimiento, N nunca se había alejado de aquella casa desde que llegó y si paseaba por lo alrededores siempre le avisaba antes. Algo no iba bien ¿se había ido de su lado? O aún peor ¿lo habrían descubierto? Recordó que los habitantes del pueblo cercano rumoreaban que la hija de los Kim había sido raptada por una especie de monstruo. Quería acallar las habladurías presentándose frente a ellos sin ningún disfraz pero eso sería exponer a N, por muy tentada que estuviera en demostrar la verdad, el poder de las malas lenguas la superaba igualmente. Se aclararía que no la secuestró, no obstante, quedaría como la cómplice de un monstruo que debía ser detenido. No estaba dispuesta a jugar con el destino de N de ninguna de las maneras.
 
-Por favor N, contéstame ¡N!- Aquella súplica iba más hacia ella misma que al que llamaba mentalmente.
 
Su corazón dio un vuelco al verlo aparecer por entre los árboles. Lloró de alivio e intentó ocultar su tensión sin éxito.
 
-No vuelvas a irte sin avisarme- Se abalanzó hacia él y con el índice punteaba fuertemente el pecho de Hakyeon.
 
-Lo siento Soo Min pero...-
 
-No vuelvas a hacer esto nunca más- Su frustración estaba enfocada en los golpes que tornaban cada vez más intensos en el cuerpo del muchacho.
 
-Soo Min- La paró bruscamente, rodeó con los dedos la pequeña muñeca apartándola de si y le agarró el mentón para que le prestara atención. -Tenemos un pequeño problema-
 
-¿Qué? ¿Qué pasa?- Al fin salía de su pequeño trance dándose cuenta de que quizás N tenía algo más importante que decirle.
 
-Esta mañana he comenzado a escuchar ruido cerca de aquí. Sin duda he ido a ver de qué se trataba y me he topado con excavadoras y varios trabajadores restaurando la vieja casa que hay al otro lado del río-
 
-¡¿Qué?!- Soo Min debía encontrar una alternativa antes de que él terminara por decir lo que temía.
 
-No nos separan ni quinientos metros Soo Min. Estamos totalmente expuestos, creo que mi tiempo aquí ha terminado. Debo irme-
 
En realidad no quería que se fuera y su cabeza trabajaba para encontrar algo que lo convenciera de que se quedara o huyera con ella. A pesar de que en el fondo sabía que retenerlo a su lado sería convertirse en una carga para él, su objetividad con todo lo relacionado a N se había esfumado cuando comenzó a albergar sentimientos por él.
 
-¡No! O sea, tenemos que buscar otro lugar, otra solución. ¡Debemos irnos ya mismo, juntos!- Se giró dispuesta a entrar en casa y comenzar a hacer un rudimentario equipaje, sin embargo, la mano de Hakyeon se lo impidió.
 
-Soo Min, llevarte conmigo sería ponerte en peligro también-
 
La muchacha rememoró aquel día que le habló de Min Ki, la chica por la que se sacrificó alejándola cruelmente, no deseaba sufrir el mismo destino que ella, con dolor pronunció la frase que segundos más tarde la haría arrepentirse.
 
-¿Me harás lo mismo que a ella?- Oh, un golpe bajo cuando menos lo necesitaba. No tenía que haberle contado sobre Min Ki y ahora lo estaba lamentando. Hakyeon cerró sus ojos y ella sintió la necesidad de disculparse de inmediato. -Yo...-
 
-No es momento para eso Soo Min. Y sí, sé que no es la mejor forma para proteger a los que quiero pero no tengo otra opción. Estar conmigo es estar siempre pendiente de un hilo, no sólo por estar huyendo todo el tiempo si no por mi naturaleza, no sé si aún soy apto para estar en compañía, no sé cuánto llegará el momento en que pueda controlarlo pero hasta entonces no quiero hacer daño a nadie más- Hakyeon pensó que aquel argumento había surgido el efecto deseado, se equivocaba enormemente.
 
-No me importa. Tú tomas todas las decisiones y ya, no cuentas con lo que tengan que decir los demás, seguramente Min Ki te habría seguido por su propia voluntad y sin sentirse una carga pero tú, ¡tú quieres controlarlo todo!- Le recriminó Soo Min.
 
-¡No, yo sólo quería protegerla!- Espetó el pelirrojo.
 
-¿Y si no quería ser protegida? ¿Y si había decidido estar contigo aún sabiendo el peligro que corría?-
 
-¡¿Cómo?!- Su cejo se frunció completamente.
 
-Me queda claro que tú te sacrificas por los demás, ¿por qué no piensas que quizás ellos también lo harían por ti?-
 
-Pero...- Fue interrumpido, no por Soo Min.
 
-¡Ahí está!-
 
Ambos se sobresaltaron dirigiendo sus miradas hacía el jaleo que se formaba frente a ellos. El grito venía del que una vez estuvo a merced de Hakyeon. Ese muchacho que pudo ver su verdadera naturaleza al perder de vista a la chica que perseguía. No venía solo, varios hombres le acompañaban, por sus vestimentas N podía adivinar que se trataban de los mismos trabajadores que había visto, minutos antes, en aquella casa a punto de ser restaurada. También pudo distinguir dos policías armados, ante esto apretó la muñeca que aún sostenía entre sus manos.
 
-Cuando te diga corre hacia la colina, nos encontraremos allí- Los ojos de Soo Min se iluminaron al ver como el joven por fin había entrado en razón.
 
-¿De verdad N?-
 
-¿No querías poder elegir? Pues te doy esa opción ¡Ahora!- Ella sonrió irremediablemente antes de irse hacía la cabaña.
 
-¡Alto!- Vociferó uno de los policías dirigiendo su pistola ahora hacia la muchacha.
 
De pronto ese mismo hombre sintió el toque de su arma totalmente abrasador, cuando quiso darse cuenta este estaba derritiéndose en sus manos. Con un chillido la dejó caer torpemente al suelo bajo la atenta mirada de los demás ¿Qué demonios estaba pasando?
 
-Os lo dije, es un monstruo ¡Mirad sus ojos!- Aquel chico momentáneamente olvidado se volvía a pronunciar. Aprovechaba la oportunidad para arremeter contra el que pensaba un ser maligno. -Ha conseguido lavar el cerebro de mi novia y la ha tenido sirviéndole, como una esclava. ¡Es el demonio!-
 
A Hakyeon le resultó irónico ahora que conocía los antecedentes de aquel pintoresco individuo. Esbozó una media sonrisa dirigida expresamente al que lo acusaba. -Tú la acosabas, tú la ibas a forzar pero claro, yo soy el demonio ¿verdad?-
 
-Já- Lo escuchó bufar, en el fondo sabía que era cierto. -El demonio es el demonio, y la mentira su camino para conseguir lo que quiere- Aseguró tan falsamente.
 
Bien, si quería tener un demonio lo iba a tener. Ya no estaba Soo Min cerca para salir dañada, ella estaría a salvo fuera donde fuese y lejos de él, ya no le insistiría para huir. Ahora tenía dos opciones: Estando encerrado o muerto, jamás iba a encontrar la forma de controlar su poder, sólo quedaba convertirse en el monstruo que todos deseaban que fuera. La segunda le era más atractiva. Sí, así todo acabaría y tendría la libertad de experimentar su poder en su máximo esplendor.
 
Mientras tanto Soo Min salía de la cabaña hacia donde le había indicado su compañero. Justo al salir avistó algo en su memoria, los ojos del muchacho no eran de alguien que prometía volver a verla, eran de alguien que se despedía tristemente. Sus rodillas flaquearon y cayó al suelo devastada. De nuevo se sacrificaba, otra vez dejaba que su propio control decidiera por él.
 
Hakyeon, con sus ojos al rojo vivo dio un paso al frente. Todos los presentes retrocedieron con temor, no tanto como cuando de la nada varias rocas comenzaron a rodear en una especie de danza al pelirrojo. Otro paso.
 
-¡Alto monstruo!- Gritó el agente que aún conservaba su revólver.
 
-Y díganme ¿alguna vez han visto la esencia en si misma?- Preguntó Hakyeon ignorando por completo el alto que le daba aquel hombre. -Hoy tendrán el lujo de poder apreciar la belleza de esta, antes de morir-
 
-¡¡No!!-
 
Inesperadamente la voz de Soo Min lo hizo mirar hacia ella, estaba junto a él. No entendía como había superado la barrera de rocas que lo rodeaban pero lo abrazaba por la espalda. Lloraba, lloraba descontroladamente mientras seguía repitiendo que se detuviera. Se dio la vuelta para encararla.
 
-Soo... Soo Min ¿por qué...?-
 
-No te conviertas en lo que no eres, no les des el gusto de apresarte por tu hermoso don- Lo estaba susurrando en su mente pero la escuchaba perfectamente aún con los zumbidos que las rocas producían a su alrededor.
 
-Soo Min-
 
El policía comprendió en cierto modo la escena por lo que bajó el arma. Todos ahí se encontraban confundidos, algo no cuadraba. Vieron como, poco a poco, las rocas cesaban, como ese muchacho cedía al abrazo tierno que Soo Min le brindaba y que, quizás, aquella muchacha podría controlar a ese ser para después solucionar aquello de la mejor forma posible.
 
Sin embargo, un tipo enfurecido y encolerizado comenzaba a frustrarse con lo que observaba, aquel que se había sentido amenazado y vulnerable como aquellas piedras. Ese que deseaba a esa muchacha por encima de cualquier otra cosa. Sin pensarlo arrebató la pistola al descuidado policía y apuntó sin contemplaciones a Hakyeon.
 
Soo Min pudo ver el movimiento de muchacho y no dudó en interponerse recibiendo la bala que iba para N. Este aún no entendía, aún no se daba cuenta de qué estaba pasando cuando la morena cayó en sus brazos semi inconsciente. Ya apoyada en su regazó la examinó: la sangre en su abdomen le avisó de lo peor, al intentar taponar la herida la vio quejarse con un fuerte gemido, no iba a sobrevivir, la iba a perder como perdió a Min Ki.
 
El autor del disparo cayó sobre sus rodillas, eso no entraba en sus planes. Quiso ir hacia ella, sin embargo, se cruzó con la mirada del pelirrojo. Este alzó la mano imitando que aprisionaba el cuello del otro haciendo que, a distancia, comenzara a notar una enorme presión en su garganta. Lo estaba matando, pagaría por hacerle daño a Soo Min, lo pagaría.  

-No, N- La dulce voz de la muchacha sonaba apagada, sin vida. -No te conviertas en eso, no merece la pena- Sin dejar de mirar al desgraciado casi ahorcado ya, la escuchaba con atención. -Deja de echarte tantas responsabilidades a la espalda, deja alguna vez que alguien cuide de ti, que te proteja- Sin más dejó de ejercer presión con su poder y el chico cayó inmóvil en el suelo. Ahora debía poner toda su atención en Soo Min.
 
-Soo Min, te dije que...-
 
-Yo he elegido esto, ¿recuerdas? Ahora descarta todas tus dudas, demuestra tu inocencia y ve a recuperarla. Yo te apoyaré, allá donde vaya- Su característica sonrisa volvió, aún cuando su piel se enfriaba por momentos, aún cuando todo se volvía negro para ella. Aunque la muerte ya comenzara a llevársela sin remedio...
 
Lo vio, vio su futuro y la salida por esa muchacha. Si había una razón por la que se le había concedido aquel don la encontraría. Soo Min, ese iba a ser el nombre que le daría fuerzas en los años venideros, cuando la imagen de Min Ki se cruzara de nuevo en su camino. Ahora su confianza estaba apoyada por esa pequeña y su lección.



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