lunes, 8 de julio de 2013

Monstruo I

Pues aquí comienza mi nuevo proyecto... Tengo mucha ilusión puesta en él así que por favor quiero comentarios, opiniones, críticas y todo lo que pueda ayudarme a mejorar esta historia. Sin más rodeos, os dejo con el primer capítulo...

Introducción


Capítulo 1: Recuerdos

Los recuerdos... Los recuerdos son aquellos que nos aferran al pasado, tanto si nos gusta como si no. Esos que te dicen quién eres en todo momento y los que nos hacen reflexionar en nuestras decisiones. Hay recuerdos agradables de los que jamás queremos prescindir pero también están los que queremos olvidar, aquellos que por mucho que lo intentemos evitar, inundan nuestra mente cuando menos lo deseamos. 

Para nosotros ese día es uno de esos recuerdos difíciles de arrancar, esos que vuelven una y otra vez para atormentarnos. Ese instante en el que dejamos de ser unos críos inocentes para ser personas con un secreto, un secreto tan peligroso como atemorizante. Algo que debemos ocultar por encima de todo.

¿Qué somos? Ni yo misma lo sé. Desde ese entonces no lo sé. Si me lo hubieran preguntado con doce años hubiera soltado un verdadero testamento nombrando mis sueños y mis anhelos por convertirme en una persona de provecho, una persona normal. Ahora ya no, ahora simplemente diría que quiero volver a ser esa chica inocente que una vez fui y no haberme convertido en lo que soy ahora. Necesito encontrarme, necesito saber quién soy y qué debo hacer con esto que me fue dado.

¿Por qué hablo sobre esto ahora? Porque lo he vuelto a ver. No creo en casualidades, no creo en coincidencias, si nuestros caminos se han juntado es por una razón y sé perfectamente que tiene que ver con ese suceso, ese maldito recuerdo que nos separó. Me da miedo decirle quién soy, me da miedo que me reconozca... ¿Podría estar pasando por lo mismo que yo? No, me tomaría por loca como es lógico, pero algo me incita a ir hacia él, quiero recordarle que aún hay en mí algo de esa chica a la que tanto molestaba. Me gustaría saber si sigue siendo el mismo, si no ha cambiado al igual que yo, me gustaría tanto volver a hablar de esa niñez que creamos juntos, los ocho...

Mi nombre es Min Yun y esta no es sólo mi historia es la de un grupo de chicos inocentes que dejaron de serlo por algo tan mágico como tenebroso. Para entenderme, yo debería retroceder en el tiempo, justo en el momento donde nuestra vida cambió por completo...


Diez años antes / A las afueras de un pequeño pueblo costero de Busan (Corea del Sur)

Cuatro adolescentes caminaban por ese terreno angosto, tres eran guiados por el mayor de ellos, Lee Jaehwan. Un muchacho intrépido que jamás vislumbraba el peligro a la hora de buscar “aventuras” con sus mejores amigos. Alto y de facciones duras parecía el típico matón de instituto, sin embargo era el graciosillo allá donde fuera. Les había prometido, que si lo seguían, darían con algo terriblemente genial. Detrás de él iban dos chicas y el pequeño Lee. Una de ellas se aferraba al brazo del último, aunque el más atemorizado era ese mismo. Comenzaban a avanzar por el bosque y las historias que se contaban sobre la gente que se adentraba en él no era muy alentadoras.

-Esto no me gusta, volvamos por favor-

Aquella voz asustadiza provenía del más pequeño de los hermanos, Hongbin. Al contrario que Jaehwan, ese siempre discernía de las decisiones que este tomaba. Como siempre, eran peligrosas, y aunque fueran cosas de niños, se metían en problemas por el atrevimiento del mayor de los Lee. Eran tan distintos, de lo que carecía uno lo tenía el otro, y viceversa. A diferencia del mayor, Hongbin transmitía ternura, fraternidad y una tremenda necesidad de protegerlo. Su sonrisa era cautivadora cuando se sentía a gusto y feliz pero su mueca de terror, en situaciones como aquella, hacía que los demás se compadecieran de él. Su pelo siempre alborotado lo llevaba atado en una coleta aparentemente desatendida. Lucía brillante incluso cuando se llenaba de barro al pelear con su hermano en las canchas del instituto en pleno aguacero. Decían que era el más agraciado de los seis chicos del grupo, sin contar con las dos chiquillas que siempre los acompañaban en sus descabelladas aventuras. Aquellas que, a ojos de otras, eran bichos raros al querer juntarse sólo con esos chicos “locos”.

-Deja de lloriquear mocoso. Al final te gustará, ya verás- Prometió el mayor alejándose de los tres que intentaban seguirle el paso para no perderlo.

-¡Jaehwan! ¡Ve más despacio, no queremos perdernos por aquí!- Le llamó la atención la chica aferrada al brazo del menor.

Min Yun, como se llamaba la muchacha, tenía cierta debilidad por los “misterios” que ese joven les incitaba a investigar. Podía ser una simple huella en el bosque, de algo que al final ni resultaba ser interesante pero su inmensa curiosidad la hacía arrastrar a los demás hacia las locuras del otro. Era algo curioso, aquel muchacho siempre la molestaba y tentaba con cosas que, al saberse interesada, utilizaba para hacerla quedar en ridículo; porque al fin y al cabo, casi siempre eran cosas sin sentido.

Nunca se había visto afectada por los insultos y decadencias que soltaban sus compañeros de clase a cerca de esos seis chicos. Tampoco ayudaba su aspecto, mechas grisáceas en un pelo totalmente ondulado que destacaba sobre todo lo demás. Su estilo dictaba de ser común y eso le daba cierta seguridad sintiéndose diferente y especial. Al lado de esos chicos la hacía fuerte a todo lo demás, su amistad dejaba de lado cualquier agente externo que quisiera separarla de ellos. Eran su vida, su única razón para salir de casa. Hasta su madre le aconsejaba, más bien, le advertía que dejara de verlos, que eran mala influencia. Algo que nunca se plantearía, imposible, eran los únicos que se atrevían a divertirse en un pueblo casi fantasma. Todo allí era mecanizado, los estudiantes iban del colegio a casa y de casa al colegio, sin ni siquiera interesarse en salir a explorar. Aquel pueblo era conocido por ser aburrido. Con poco menos de cien habitantes, su gente era cerrada, sus miradas a los turistas y extranjeros despedían total desprecio. Min Yun jamás lo comprendió.

-Dejad de quejaron y seguidme. Sé que os gustará, os lo prometo- Volvió a asegurar Jaehwan. Lo vieron correr perdiéndose de vista entre los árboles.

-Nos estamos alejando mucho- Se pronunció la otra chica, aquella que no había articulado palabra hasta ahora.

-Min Ki ven, si vamos los tres juntos no lo perderemos de vista- Dijo Min Yun mientras le indicaba a la susodicha que se acercara a ellos.

-Siempre nos metemos en problemas por su culpa, estoy por dar la vuelta y dejar que se pierda de una vez- Espetó la menor parándose en seco, haciendo que los otros dos la imitaran.

Min Ki podía ser muy atrevida cuando quería pero jamás hacía caso del mayor de los Lee. Sabía que seguirle era una locura, pero negarse a la petición de su amiga era inevitable. La odiaba en esos momentos donde se le metía entre ceja y ceja que en ese bosque había algo extraño. Cada vez que Jaehwan iba con el cuento de que había encontrado algo interesante dentro del maldito bosquejo, maldecía la inmensa curiosidad de su querida amiga.

Reconocía que cada situación entrometida liderada por ellos, sus amigos, la divertían sobremanera. Sin embargo no era algo que fuera a reconocer tan fácilmente. Siempre había sido popular, tanto en aspecto como en personalidad, hasta que los conoció y se sintió atraída por la forma en que veían las cosas. Min Yun, aún siendo mayor que ella, estaba loca eso lo sabía, pero le había demostrado que jamás le fallaría como los que una vez fueron sus “amigos”. Ese grupo de chiflados, a cada cual más loco, la hacía sentir viva, expectante de nuevas experiencias que sabían inigualables en su compañía. En esos momentos extraña a su más íntimo amigo Hyuk, el menor de todos pero la edad parecía no ir con él. Sin duda era el más sensato de los ocho y les hacía ver las cosas desde otra perspectiva, sin necesidad de enfrentamientos sobre quién encontraba más misterios en aquel pueblucho. Recordó que estaría con los tres faltantes. Esos que carecían de límites si se trataba de jugar al basketball, aunque si a Hakyeon lo sacaban de su “O2Jam” era un paquete con todas las letras. Min Ki sonrió al recordar cuando intentó una vez demostrarle su habilidad con la pelota y terminó con la nariz sangrando. Si no fuera por Hyuk, él sería su mejor amigo, aunque algo la hacía mantener las distancias con aquel pelirrojo, algo que no estaba dispuesta a averiguar.

-¿Qué hará Hakyeon con esos tres brutos? Debería haber estado aquí, por lo menos estaríamos más tranquilos, se conoce el bosque de p a pa- Mi Yun la sacó de su ensimismamiento. Esta parecía haber adivinado sus pensamientos y le ofrecía una sonrisa pícara que respondió con un bufido.

-No lo sé aunque al parecer son más sensatos que nosotros siguiendo a este imbécil. Reconozco que para los chistes es bueno pero en estas cosas siempre nos mete en líos- Sentenció la castaña mientras se cruzaba de brazos.

-Anda si sólo será un momento ¿Qué daño hace respirar aire puro de este bosque mientras descubrimos cosas nuevas?- Incitó Min Yun dispuesta a reanudar la marcha.

-No me gusta- Dijo Hongbin soltándose de su brazo.

-Hakyeon se lo conoce como la palma de su mano y jamás le ha pasado nada aquí- Les aseguró la de mechas grisáceas.

-Eso dice él...- Susurró Min Ki viendo como le alcanzaba Hongbin secundándola.

-Cobardes, si...- Pero la morena fue interrumpida por la voz del que los había llevado hasta allí.

-Chicos venid, venid-

Cualquier discusión se dejaría para más tarde, aquel llamado necesitaba ser correspondido y no dudaron en correr hacia él. Lo que sucedería ante sus ojos jamás podría ser explicado con palabras. Sus muecas tornaron incrédulas ante lo que se les presentaba. Jaehwan les indicaba que, con calma, se le acercaran. Estaba detrás de unos arbustos admirando lo mismo que los recién llegados. Por nada del mundo quería espantar a ese ser que resplandecía como el mismo sol. Les costaba abrir por entero sus ojos pero veían claramente el aspecto de esa presencia.

Tenía la forma aparente de una persona, sin embargo desprendía luz por todo su ser. Estaba levitando un metro por encima del suelo. Sus ropas eran blancas y parecían ser telas sobrepuestas de cualquier manera para tapar su cuerpo. Era difícil distinguir sus facciones pero podrían jurar que estaban frente a un ángel.

-¿Cómo puede ser esto posible?- Preguntó en un murmullo la mayor.

-Shh- Siseo el alto. -Llevo dos semanas viniendo aquí es la primera vez que lo veo así. El otro día casi me da un infarto al verlo levitar pero hoy...

-¿No nos escucha?- Cuestionó Min Ki que rodeaba con su brazo derecho el cuello de Hongbin.

-Está en una especie de trance y al parecer sólo escucha cuando se grita mucho, ayer sin ir más lejos le grité que qué era y salió corriendo. No esperaba volver a encontrarlo aquí, parece que es su lugar de “meditación” o algo por el estilo.

-¿Qué crees qué es?- Min Yun apartó la vista de esa criatura para concentrarse en Jaehwan.

-Es un ángel...- Admiró el pequeño Lee.

-Dudo que lo sea. Cuando no resplandece se vuelve...-

De pronto aquella figura pisó el suelo y la luz que lo rodeaba dejó de existir. Por instinto se agazaparon mejor en ese seto para que no los viera. Volviendo en si, aquel espécimen, giró su cabeza hacia el lado contrario a donde estaban ellos dándoles un respiro, no obstante, volvió su mirada por unos momentos, como si los hubiera descubierto admirándolo. Tragaron saliva y Min Yun tuvo que retener a Jaehwan para que no saliera dispuesto a preguntarle sobre su naturaleza.

Al hacer esto fue ella la que quedó al descubierto. Se giró hacia él, tenebrosa de lo que eso significaba. Se fijo en esos ojos que ahora la miraban fijamente: el blanco en ellos se volvió azabache como el iris que rodeaba, toda su extensión se volvió oscura como la noche y Min Yun se sintió zambullida por aquella inmensa sensación. Estaba leyendo a través de ella, lo notaba. Estaba desnudando sus más preciados recuerdos, sus sensaciones, sus secretos y todo lo que contenía en su inocente cabeza adolescente. El frío la hizo cerrar los ojos como si eso le sirviera para romper la conexión malévola con aquel ser.

-¡Mierda, se va!- Gritó el mayor dejando atrás a la única que no lo seguía.

Los otros dos corrieron detrás de aquel individuo que desaparecía, por momentos, entre el espeso follaje. Min Yun volvió en si después de recuperarse de aquella extraña experiencia y los siguió como pudo.

-¡Chicos! ¡Chicos, esperad!- Chillaba una y otra vez.

Vio algo cuando esos ojos escarbaron en ella, algo que se avecinaría si lo seguían. Algo que no tardó en suceder... Se escuchó un vehículo derrapar cerca de ellos, lo ignoraron de tal manera que ni siquiera supieron de qué se trataba. La mayor pudo avistar que alguien se bajaba de él con un arma ¿Era eso lo que esa criatura le había intentado decir? Corrió aún más rápido, volviendo a gritar que pararan, en vano.

Y todo empeoró cuando la voz de Hakyeon la hizo mirar hacia atrás. Iba acompañado del menor Hyuk, del fortachón de Wonsik y del tímido Taekwoon. El pelirrojo fruncía el ceño y comenzaba a perseguirla. La llamó intentando convencerla de que parara pero sabía que si lo hacía los tres que la precedían corrían peligro. Oyó como la alcanzaban, la característica fuerza de Taekwon la dejó pasmada. Le realizó un placaje, sin embargo el que cayó sobre el suelo fue él. Sus brazos la rodeaban por la cintura hasta cerciorarse de que se detenía su ataque de pánico. Se rindió cuando se vio derrotada, sus lágrimas comenzaron a mojar sus mejillas temiéndose lo peor.

-Debemos, debemos...- Intentaba decir entre sollozos.

-¿Qué pasa? ¿Y los demás? Nos han dicho que estabais por aquí- Intervino Hakyeon. Este la ayudó a levantarse para que el moreno que la había abordado pudiera imitarla.

Min Yun sintió las manos del pelirrojo en su rostro, quería que le respondiera pero su mente seguía delante, con los tres chicos que iban detrás de aquel ser. ¿Qué decir? Si hablaba de esa criatura la tomarían por loca, debía decir algo drástico, contundente...

-¡Si no los alcanzamos pueden morir!- Sentenció sin ningún miramiento.

Hubo un par de miradas confusas hasta que las manos que le alzaban el rostro se alejaron para indicarle a los otros que hicieran caso a la advertencia de Min Yun. Esta escuchó los pasos acelerados de sus amigos y se dejó caer de nuevo en el suelo.

-Ven-

No se había dado cuenta, no todos se habían ido. Alguien le ofrecía su espalda como soporte y no tenía ánimos como para no aceptarla y sin más dilación se subió a ella. La espalda del chico más callado de los ocho, del que jamás sabría sus pensamientos. Ese que ahora la ayudaba a avanzar hacia la escena más grotesca de sus vidas...

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No sabía cómo, pero se había sumido en un sueño repleto de imágenes horribles. Sus ojos se abrieron al notar como Taekwoon la bajaba de su espalda. Al pisar el suelo y mirar hacia el frente se encontró con algo espeluznante: tanto ella como sus siete amigos observaban como aquel ser estrangulaba a otro hombre. Min Yun indagó en sus pensamientos hasta que dio con la imagen de ese mismo tipo bajándose del coche con una escopeta. Ahora esa escopeta estaba en el suelo, debajo de los pies que pataleaban, en vano, por recuperar la respiración.

Tras varios segundos infartantes, la muchacha intentó acercarse al ver que nadie reaccionaba, un brazo la hizo parar. Entonces se percató de la onda que protegía a ese extraño ser de lo que lo rodeaba. Parecía un campo de fuerza, algo que no podía ser atravesado sin morir en el intento.

Cuando el cuerpo inerte de aquel “cazador” cayó en el frío suelo de aquel llano, todos se sorprendieron al escuchar a esa criatura hablar.

-Muchos quieren lo que tengo, muchos lucharán por arrebatármelo pero lo que jamás me quitarán es la libertad de dárselo a quien yo elija. Vosotros, mis pequeños, no buscaréis gloria, no pretenderéis usarlos para hacer el mal, por tanto yo os elijo. Quizás sintáis que soy injusto con vosotros, tan vez lo sea. Sin embargo os estoy dando una razón para vivir, una razón para luchar. No me conocéis en absoluto pero yo a vosotros sí. Sé que vuestro valor prevalecerá ante las debilidades, os merecéis este don y yo os lo doy...- Sin más, aquel extraño se acercó lentamente.

Sorprendentemente nadie se movió, nadie retrocedió en sus pasos. La onda traslúcida atravesó primero a Jaehwan y poco a poco al resto de los adolescentes. Cada uno parecía estar en una lucha interior, donde sus pensamientos batallaban entre: irse y correr lejos o permanecer quietos hasta entender qué estaba sucediendo allí.

-Siento de antemano los contras de lo que se os ha sido dado...- De nuevo volvía a ese color blanco impoluto que desbordaba luz intensa. Los miró uno por uno sin detenerse.

Y la luz hizo que se desvaneciera ante esos inocentes ojos. Aquellos niños seguían sin creer por lo que habían pasado. Ahora, con un cuerpo inerte frente a ellos y con el miedo instado en sus venas, las ocho criaturas se miraban entre si. No notaban nada distinto, no veían nada diferente. Sólo sentían que sus vidas ya no serían lo mismo después de ese instante. Lo que no sabían era el alcance de dicho cambio inexistente. Con los años entenderían que se les había otorgado una maldición, o depende de como se mirara, una bendición que les acompañaría por el resto de sus vidas.

-Yo no creo nada de lo que ese extraño hombre ha dicho, sólo quería asustarnos- Aseguró el moreno Taekwon.

-¿Y esa luz? ¿Cómo explicas esa luz?- Le cuestionó el de ojos negros y cabellera roja.

-Un truco, simplemente eso- Se defendió.

-Chicos, lo que importa aquí es qué hacer con el cuerpo ¿llamamos a la policía?- Sugirió la joven de nariz chata y mechas grisáceas.

-¡No!- aquella voz grave alertó a todos los adolescentes. El adulto aparecía de entre los arbustos, seguramente había presenciado aquella escena tan grotesca.

-¿Quién es usted?- Preguntó asustadizo Hyuk, el más pequeño de ellos.

-Es mi padre- Todos giraron hacia él, ese que no se había pronunciado hasta ahora...

Wonsik fue hacia el hombre. Este los miró con una mueca indescifrable que a unos cuantos atemorizó más que el mismísimo ser que acababa de matar a ese cazador.

-Ahora debéis abandonar este pueblo, debéis separaros si no queréis que la policía os persiga sin descanso- Concluyó el progenitor del rubio.

No había otra opción que obedecerle ¿Cómo iban a creerles si hablaban sobre aquello? No podían decir nada, no sabían qué había pasado ahí y porque tenían que separarse pero se vieron obligados a hacerlo. Por miedo, por miedo a que ese secreto que los marcaba de por vida se descubriera. Más tarde entenderían un poco la posición del padre de Wonsik. Sí, debían estar alejados, por el bien de todos. Ese ser los había convertido en lo que eran ahora, semejantes a él: Monstruos...


Capítulo 2: Sentimientos


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