domingo, 26 de octubre de 2014

¡Y que vengan los ángeles a por mí!

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.


Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd):
 No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.
Como bien explica:

 
  • 1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 
  • 2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.
  • 3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.

 
    El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, los personajes reales que aparecen en ellos son varios idols del kpop y por tanto no son míos y se pertenecen a sí mismos. Todo lo que ocurra en estas historias es ficticio (a parte de las características físicas de los personajes reales que aparecen en ella), cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
    Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...

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    Y como siempre digo... se me va la pinza. No os había dicho que subiría hoy ambas partes ni qe eran dos. Estoy así de mal de la olla. No necesitáis entender sólo disfrutad con mis locuras. Y bueno, si no disfrutáis pues bye bye, yo no estoy aquí para incomodar a nadie. Un besito...

    Os dejo con la última parte, a las que deseéis leer ^^

    PD: Blogger no me admite el guión largo y por eso no me queda tan cúl como debería ;---;


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    Prev/¡Y que vengan los ángeles a por mí! (Parte III)





    ¡Y que vengan los ángeles a por mí! (Parte final)


    Después del bombazo de saber que Ravi era el ángel guardián de Jaehwan, Eun Ji reconsideró las cosas. Ya que todo aquello era, en cierto modo, responsabilidad suya; no dejaría a su nuevo compañero en un simple cobertizo. Además, él la había protegido desde que nació, por tanto, quería de alguna manera devolverle el favor, por ínfimo que fuera. El verdadero problema vino al intentar convencer a los demás. La explicación que les dio fue que Hakyeon había tenido ciertos problemas en casa por el bullying que recibía en la escuela y debía ayudarlo hasta que se calmara el asunto.



    El único en oponerse fue su hermano Hyuk, pero fue suficiente para que la situación tornara tensa. No deseaba que su hermana metiera a un desconocido en su propia casa, nunca antes había oído hablar de ese muchacho y le parecía bastante extraño que su hermana, cómo solía ser, ayudara a alguien tan a la ligera. Y mucho menos después de escuchar algunas de las bromas que soltó Min Ah recordando la noche anterior. Al parecer los había pillado comiendo a las tantas de la noche. Eun Ji sólo comía si él cocinaba y los celos infantiles salieron a flote. Era el único momento en que pasaba tiempo con ella. El resto del día sólo tenía tiempo para Jaehwan y nadie más.

    Min Ah sonrió sin darle más importancia al tema. Fuera de bromas e ironías, le parecía genial que su amiga ayudara a Hakyeon, es más, le cayó en gracia el moreno. Siempre intentaba seguir sus instintos y por muy mal que pintara la situación el pequeño Hyuk, para ella aquel chico un tanto extraño era inofensivo. Además, Eun Ji sabía lo que hacía. Que lo trajera seguramente fue una medida desesperada.

    Así que después de discutir por un par de horas entre ellos fue Leo quien, sin comerlo ni beberlo, los condujo a un acuerdo. Hablando con criterio y, con su calma característica, aclaró que él mismo estaba de prestado ahí cuando Min Ah volvía; por lo tanto, si Hakyeon no tenía el derecho a estar ahí, él tampoco, ya que sólo era un invitado. Después de que Hyuk volviera al tema de que era un desconocido, Leo le dejó claro que su hermana solía hacer lo correcto siempre, tendría una razón para llevar a Hakyeon a su propia casa. Y a eso Hyuk no pudo poner ninguna objeción. Tampoco es que se fuera a quedar mucho tiempo ¿o sí? El pequeño lo vigilaría mientras permaneciera entre las paredes de su hogar.

    Hakyeon terminó por dormir en la habitación de invitados y usó algunas prendas que Leo dejaba en el armario de Min Ah cuando se quedaba con ellos. Como cada mañana, por dos días, tanto Hakyeon como Eun Ji se esforzaron por buscar el colgante, sin éxito. Ravi no volvió a aparecerse por mucho que el moreno lo llamara mentalmente. No poseer poderes comenzaba a ser molesto en varios sentidos. No saber dónde demonios estaba el otro le desquiciaba. Entonces Eun Ji sugirió irse a la universidad, ya que en esos dos días no había acudido a ella ni había contestado las llamadas de Jaehwan, no encontrar una buena explicación que dar era una de las razones. Hakyeon cayó en la cuenta de que era lo mejor, si Ravi era el ángel de la guarda de Jaehwan lo más seguro es que estuviera custodiándolo, aunque lo dudaba de alguna manera, con la situación por la que estaban pasando lo más seguro es que hubiera sido castigado por su culpa y a Jaehwan lo escoltaba un novato. Temía que así fuera y accedió a la idea de la muchacha sólo para saber si seguía contando con Ravi. Además, la realidad que había creado su compañero lo hacía pasar por un estudiante más y no habría problemas a menos que...

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    -¿Cómo puede ser que él te conozca?-.

    Ciertamente, Eun Ji jamás se acostumbraría a aquellos sin sentidos. Un muchacho de primer año de carrera saludó a Hakyeon con el nombre de N, como si fueran muy allegados. Al llegar a una taquilla con el nombre de Cha Hakyeon su asombro fue en aumento. Él lo notó y sonrió dulcemente. Entendía que todo la dejara impresionada, no era algo que viera todos los días cualquier humano.

    -Para todos los demás soy un estudiante de intercambio. Una falsa realidad que creó Ravi en el momento en que entrasteis Ken y tú en el cuarto de baño ayer- le susurró.
    -Ohh ahora entiendo porque... ¿cómo es que yo sigo sabiendo quien eres en realidad?-.
    -Eres mi protegida aún, tu existencia está apegada a mí de cualquier modo. Desde que me viste sabes que eso es así, por mucho que te cueste asimilarlo-.

    Sonrió un tanto irónico cuando abrió la taquilla, pero al ver la mueca preocupada de Eun Ji torció la boca. Cuando algo afectaba a esa muchacha él dejaba de respirar, literalmente. Esperó que ella hablara mientras la veía apoyarse en una de las taquillas, justo al lado de la suya.

    -Entonces... ¿cuando vuelvas a ser un ángel seguiré recordándote?-.

    El simple hecho de preguntarlo le dolía. Sinceramente, saber que cuando encontraran el colgante él desaparecería le oprimía el pecho, odiaba aquello. Odiaba a Hakyeon. Lo odiaba.

    -Seguramente- afirmó él, dándose cuenta que su respuesta no le gustó un pelo a la otra.
    -Eso es cruel- dijo ella con voz queda. -Saber que estás por aquí pululando y no poder verte es algo bastante feo por parte del destino o lo que sea- se ahorró la última confesión, no quería quedar demasiado expuesta. Y más sabiendo que ese chico se iría pronto. -Es más, lo sabes todo de mí, es injusto que yo sólo sepa lo qué eres y ya está-.
    -No hay nada más, Eun Ji. Mi existencia no está llena de anécdotas o recuerdos. No tengo nada propio en ese sentido, mis recuerdos son los tuyos. Los ángeles de la guarda somos los inútiles que nunca han podido superar las pruebas. Todos nosotros somos errores, despojos que no supieron aspirar a más. No soy tan importante como tú crees- explicó cabizbajo.

    Se avergonzaba muchas veces de lo que era. Por eso amaba su actual forma; la libertad en sus decisiones, el sentimiento de no controlar nada más que su pequeño centro y la forma en que se estremecía por las sonrisas de Eun Ji. Siendo ángel aquello parecía lejano, carente de fuerza. Ahora se daba cuenta de lo que significaba ser parte de un todo, sin ser objeto de un cometido. Eligiendo su propio destino. Y bueno, tener a esa muchacha brindándole cierta atención comenzaba a abrumarle demasiado. A pesar de que siempre había sido predilecto de observarla sin que ella lo pudiera ver, que aquella mueca fuera dirigida a él repercutía en todo su cuerpo. La sensación en si era exquisita. Y por tanto, peligrosa.

    -Cómo puedes decir eso, tú no...- Eun Ji frunció el ceño al ser interrumpida.
    -Yo fracasé- para que ella lo entendiera le puso un ejemplo más usual. -Digamos que suspendí un examen para convertirme en un alto cargo y Ravi la cagó cuando perdió cierta información sobre los condenados. Somos los que nadie quiere en su equipo, Eun Ji. Los ángeles en la primera línea de infantería, los peones, los que primero caen, los prescindibles...-
    -Pero ¿cómo puedes tener tal concepto de ti mismo, de tu especie? ¡Protegéis personas! ¿Qué es más importante que eso? ¿Dios no es el que ama profundamente a la humanidad? Vosotros sois los que hacéis el trabajo sucio, el más duro. Por lo menos, para mí, es lo más desinteresando que puede haber. Es lo que un ángel debe hacer, ser un ser bueno y puro. Entregáis la vida a un humano por protegerlo. Pienso que eso es lo más bonito que puede hacer un ser divino. Es más, es lo que hace la diferencia. Lo siento, pero vuestro jefe es un cabrón-.

    Hakyeon abrió los ojos totalmente. Mierda. Ella sabía como hacer mella en él. No entendió hasta ahora el peso que tenían las palabras de Eun Ji. El empeño de esta en que él viera su valor, en cómo le brillaban los ojos mientras exponía su pensamiento. En ese mismo instante su propio corazón terminó por enamorarse de ella. Sí, estaba perdidamente enamorado de una humana. Quería gritarlo, bueno no, deseaba besarla y gritarlo todo lo alto que pudiera después.

    -Eun Ji...-.

    La había llamado justo antes de cerrar su taquilla. Detrás de esta estaba Jaehwan, cierta furia le llenaba los ojos. Pasó su mirada de Hakyeon a Eun Ji con suma calma. El ex-ángel se sintió algo culpable por unos segundos, la muchacha debía dar explicación por sus insensateces de nuevo.

    Eso sí, al mirar a su alrededor se dio cuenta de algo: ni rastro de Ravi.

    -¡Eun Ji! Ahora sí, me debes una explicación ¡Tu hermano me acaba de decir que este se está quedando en tu casa! ¿Es verdad?-.

    A la susodicha se le activó algo que la hizo molestarse por el tono de su amigo. Quizás sí debía explicarle su comportamiento extraño aquella tarde, pero por nada del mundo estaba obligada a darla por como actuaba con Hakyeon, o con quién fuera. Es más, luchaba por no gritarle que no era nadie para recriminarle algo así cuando él mismo fue el que saltó la verja de su jardín esa noche, dándole un susto de muerte. Había perdido el colgante del ángel por su imprudencia, ¡maldición! Suspiró mientras se calmaba y pensó fríamente en qué decirle.

    -Sintiéndolo mucho, no te debo ninguna explicación en ese sentido. Sólo te aclararé lo que pasó aquella tarde y nada más-.
    -¿Cómo?- él no creía lo que estaba escuchando.
    -Antes de ayer fue un día de locos. Te pido disculpas por no contactar contigo al llamarme. Me lo encontré forcejeando con un par de chicos y como pudimos nos libramos de una buena. Por suerte, llegamos al cobertizo y Hakyeon me contó que le van mal las cosas en casa. Yo lo estoy ayudando como creo conveniente. Nada más-

    Jaehwan frunció el entrecejo. Eun Ji notó como pensaba detenidamente en lo que le acababa de soltar ¿se lo creería? ¿Bastaba con aquella trola? Sinceramente, le daba igual. Jaehwan comenzaba a volverse demasiado testarudo y que se viera envuelto en todo eso lo ponía en peligro también. A pesar de que Hakyeon no le quería aclarar mucho, ella sabía que podrían estar tratando con algo peligroso. Notaba el miedo que tenía el moreno cuando pensaba en que quizás, la desaparición del colgante era obra de un ser maligno.

    -Eun Ji. Necesito hablar contigo- le pidió Jaehwan. Este miró al ex-ángel antes de especificar cómo: -A solas-.

    A Hakyeon le pareció lógico. Ellos dos sí tenían un pasado juntos, y por mucho que le hubiera gustado la contestación borde de Eun Ji para con Ken, sabía que necesitaban resolver las cosas íntimamente. Confiaba en la chica, no desvelaría nada, así que sonrió tristemente mientras se daba la vuelta.

    -Lo que tengas que decirme puedes hacerlo frente a él- le puntualizó Eun Ji.

    Hakyeon, paró en seco, no pudo ocultar su alegría pero estaba claro que ella seguía enfadada y sólo lo picaba con eso, nada más.

    -Vuelve a tus sentidos. Lo conoces de un par de días, no tiene derecho a entrometerse en nuestros asuntos- inquirió Ken.
    -Eun Ji, esta vez él tiene razón- razonó el moreno. -Yo me voy a clase-.

    Ella no pudo negarse. La verdad es que su cabreo la había cegado por unos momentos. Jaehwan era su amigo no su enemigo, por muy irascible que estuviera sólo deseaba protegerla. Entender aquello se le hacía difícil así que cerró sus ojos antes de rendirse para escucharlo.
    Cuando sonó el timbre fuertemente la poca gente que había en el pasillo se fue disipando y entrando en las clases al igual que Hakyeon. Sólo quedaron ellos dos.

    -Él te va a embaucar en una misión sin sentido para después abandonarte- pronunció Jaehwan de la nada.
    -¿Perdona?-.

    Ella lo miró con sus ojos bien abiertos, ¿qué quería decir con eso? ¿Sabía algo sobre Hakyeon?

    -Ellos prometen muchas cosas pero luego miran por si mismos- continuó él.

    Ken estaba ofuscado en seguir aconsejándole sobre algo que ella no entendía.

    -Él no me ha prome... espera- Eun Ji intentaba entenderlo, de verdad que trataba de hacerlo. -¿De qué mierda estás hablando?-
    -No son de fiar, siempre terminan por irse, no te aferres a él. Por favor-.

    Estaba harta. Confusa y harta.

    -Deja de advertirme cosas sin antes decirme de qué va todo esto- exigió con un fuerte tono de voz.
    -Está bien. Hablemos en otro sitio-.

    Después de decir esto le agarró por la muñeca y se la llevó al hueco de las escaleras. Justo por donde se iba al subsuelo, nadie solía ir por allí a menos de que ocurriera alguna emergencia y alguien se viera obligado a recoger algún material del almacén. Al llegar la soltó sólo para pedirle que se sentara e imitarla haciéndolo a su lado.

    -¿Recuerdas el día de tu cumpleaños?- comenzó él.
    -Sí, me... me salvaste la vida-.
    -Sabes perfectamente que no fue así, bueno, no completamente. Si no hubiera sido por Hakyeon...- divagó Ken.

    Eun Ji tensó su mueca, jamás pensó que Jaehwan supiera aquello. No podía creer el giro que estaba dando la situación. Intentó parecer sorprendida y fingir por si sólo era una jugarreta de su mente pero la cara de su amigo lo decía todo. Él lo sabía, conocía de la existencia de esos seres.

    -¡¿Cómo sabes...?!-.

    -Eun Ji unos meses antes de eso yo estuve involucrado en otro accidente ¿te lo conté, verdad?- ella asintió dejando que siguiera. -Por ese entonces una persona muy importante para mí perdió algo muy preciado- la llave del Edén se cruzó en los pensamientos de Eun Ji pero... no tenía nada que ver ¿no? -Y desde ese día pude verla... mi ángel de la guarda-

    Entonces ¿a Ravi le había pasado lo mismo? ¿Había esperanzas para Hakyeon? Espera, él había utilizado el verbo en femenino.

    -¿Qué? ¿Verla? Pero... ¿no es Ravi tu...?-.

    Eun Ji no pudo evitarlo, se le escapó. Aunque ya daba lo mismo, entendía que era algo absurdo ocultarlo cuando su compañero se sinceraba con ella de esa manera.

    -Ravi llegó después, cuando todo acabó-.

    Oh dios, no podía ser verdad. Una fuerte angustia atravesó el pecho de la muchacha. Sabía que el final era triste, lo intuía. Lo vio tragar saliva conteniendo las lágrimas. Efectivamente iba a ser un final triste. Como el que le esperaba a Hakyeon. Maldición, justo cuando...

    -Deja que te lo cuente desde el principio, Eun Ji. Lo entenderás todo- le aseguró él.
    -Está bien, lo siento es que...-.

    Jaehwan simplemente sonrió antes de proseguir. Y eso fue lo único que necesitó la muchacha para calmarse en cierta medida.

    -Una semana, le dieron una semana. Simplemente por intentar protegerme. Su colgante se rompió y ella se volvió humana. Yo la vi caer sobre mí cuando aquello pasó. Su cuerpo se hizo visible después de apartarme fuera de aquel andamio cuando este se precipitó sobre mí. En esos días tuvimos todo tipo de ocurrencias para solucionar el problema y que volviera a ser un ángel, lo di todo por ayudarla pero parecía que ese maldito colgante roto ya no servía para nada. Un día antes de que se cumpliera la semana, me contó que por su deseo de ser humana comenzó a perder los poderes mucho antes de que ocurriera lo del andamio y que por eso no pudo usarlos para salvarme sin tener que implicar su propio cuerpo. Aún con la llave del Edén en su poder se hacía débil a las tentaciones y luchaba por no ser un demonio más. Justo por ese hecho el colgante fue tan frágil que se rompió al contacto con el suelo al salvarme. Aún no entiendo cuando ella cambió por completo... ese día- se detuvo para tragar saliva fuertemente mientras Eun Ji asimilaba todo lo dicho.

    La chica veía que la recordaba con nostalgia. Con veneración en algunos puntos, no obstante, notaba como una especie de cuenta pendiente surcaba sus pensamientos, su mueca así se lo hacía saber, aquella mujer le había hecho daño. Es más, antes de llegar allí le había advertido sobre su especie y comenzaba a entender que no se había portado como lo debería de hacer un verdadero ángel. Sentía una tremenda curiosidad por saber sobre su historia, por lo que había pasado entre ella y Jaehwan para que este le tuviera ese tipo de rencor.

    >>Ese último día fue triste. Yo, con quince años estaba enamorado. Enamorado de un ángel. Y sabía que no podía ser. Era algo puro y tan dulce que pensé en regalarle algo aún más bonito que ese maldito colgante: La cadena de mi abuela, esa que llevaba a todos lados en todo momento. Significaba tanto para mí...- arrugó un poco su nariz evitando sollozar. -Así que decidí regalárselo, aunque jamás la volviera a ver. No me importaba, sólo quería hacerle saber que la amaba. Pensaba, inocentemente, que con eso quizás la salvaría de ser un demonio, devolviéndole el favor. Sin embargo... no aceptó mis sentimientos. Yo dulcemente colgué esa cadena en su cuello y ella en vez de irse, de un momento a otro, se abalanzó sobre mí. Quiso matarme, Eun Ji. Aún era un ángel cuando me dijo que sólo me había utilizado para conseguir arrancarse las alas y con mi muerte antes de que esas desaparecieran, lo conseguiría. Me destrozó, no hizo falta que me clavara algún cuchillo, mi corazón murió en ese momento. Así que cerré los ojos dispuesto a que lo hiciera, en el fondo deseaba verla feliz, si ser un demonio era algo tan importante para ella yo no iba a privarle de ello... Pero sucedió algo en ese momento y me encontré, al abrir los ojos, con Ravi luchando contra ella. Los vi desaparecer y fue en ese entonces cuando instintivamente me puse aquel colgante roto, juré recordarme una y otra vez aquel hecho.

    Jaehwan se tocó algo en el pecho y Eun Ji se fijó bien antes de que él sacara aquel objeto: Una llave de plata pero sus alas estaban partidas justo por la parte que las unía a ella. Colgaban independiente por la cadena, justo como si alguien las hubiera arrancado de aquella llave.

    >>Quizás se convirtió en demonio, quizás no. Ella nunca volvió a aparecer ante mí, tampoco Ravi, y estos años me he estado preguntando por qué- se preguntó él.

    Eun Ji secó sus propias lágrimas, aquello era peor de lo que había esperado ¿Le pasaría lo mismo con Hakyeon? ¿Se convertiría en un demonio o se esfumaría para siempre siendo un ángel? Cualquier opción dolía. Diablos.

    >>Hasta el otro día, cuando me hablaste del colgante y lo recogí del césped. Volví a ver a Ravi, lo reconocí, aunque fuese por un segundo ese día está enterrado en mi mente como un clavo ardiendo. Entonces entendí que él se volvió mi guardián desde ese entonces. Lo entendí todo, supe quién era Hakyeon y automáticamente me enfurecí al recordarla de nuevo, como si hubiera sido ayer-.

    Él la miró con culpabilidad, sabía que había actuado mal y quería que ella lo entendiera en cierta manera. Eun Ji se obligó a razonar forzosamente. Su mejor amigo había encontrado el colgante y, en vez de dárselo, se lo guardó. Intentaba entender el porqué pero antes de hacerse cualquier conjetura o idea por la forma de actuar de Jaehwan quiso que él mismo se defendiera.

    -Espera ¿Tú recogiste el colgante de Hakyeon? ¿Por qué? ¿Por qué me lo ocultaste? Nosotros estuvimos dos días intentando encontrarlo, Jaehwan...-

    Tras meditar un poco en cómo asumir su culpa, él habló.

    -Lo siento mucho, Eun Ji. Creo que te debo una disculpa, a ti a Hakyeon. Sé que no todos esos seres son como ella. Estaba corrompida desde el principio. Lo lamento tanto...- la muchacha lo entendió, en cierto modo. Su dolor lo lo había llevado a no ser él mismo. Comprendía la situación difícil de Jaehwan y sonrió en señal de apoyo. -Toma- Ken le ofreció el colgante de Hakyeon después de levantarse y sacárselo del bolsillo.
    -Gracias por ser sincero, Jaehwan-.

    Al fin de cuentas, aún seguían siendo inseparables. Hasta comenzaban a hablar de cosas que para los demás serían totales desvaríos. Pero algo había cambiado. Era simplemente cariño lo que quedaba entre ellos y Eun Ji se estaba dando cuenta en ese instante. Un tremendo lazo de amistad que la tuvo confundida por esos años. Pensándolo como un héroe la había hecho creer que lo amaba y no era así. Al final sonrió por ese hallazgo, que tonta había sido al descubrirlo tan tarde. De pronto le surgió una pequeña curiosidad.

    -¿Cómo...- dijo levantándose para estar a su altura. -... cómo se llamaba ella?-.
    -Min Ki-.

    Él contestó mirando fijamente hacia el piso de arriba, como si la estuviera viendo en ese momento. Eun Ji lo pasó por alto cuando abrazó al otro y corrió enérgicamente escaleras arriba. Por fin podría salvar a Hakyeon. Al apretar la llave contra su pecho topó por el camino con una chica que ni siquiera miró, cuando se disculpó lo hizo sin prestar la mínima atención. Hakyeon moriría de felicidad cuando le enseñara el colgante.

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    -Así que la amas... interesante-.

    Eun Ji oyó aquello de alguien, dentro de una de las aulas vacías. Al asomarse por la abertura de la puerta identificó a Hakyeon en ella pero no al otro. Este era un chico de pelo castaño claro, de complexión robusta y más alto que el moreno. Sus ojos despiertos complementaban una cara angelical. En sus mejillas se formaban dos hoyuelos al sonreír y la sonrisa resplandecía. Sin embargo, Eun Ji notaba algo extraño en él. Jamás lo había visto por la universidad y la conversación no era amistosa. Estaba agrediendo gesticular y verbalmente al ex-ángel.

    Esta vez el que habló fue Hakyeon.

    -¿Que pretendes? Una criatura como tú no debería tener cabida aquí-.
    -¿Quién te ha dicho que yo sea una criatura?-.
    -Mierda, si estuviera Ravi aquí todo sería más fácil- lamentó Hakyeon.
    -Tu amigo está muy ocupado ahora mismo. Él sí es sincero. Él sí se arriesga ¿por qué tú no? ¿No la amas?- le cuestionó el otro para desestabilizarlo.

    ¿Por qué sentía que hablaban de ella? Pegó más la oreja a la puerta mientras seguía mirando por el hueco.

    -Este tema no te incumbe en absoluto. Dime quién eres. Maldita sea-.
    -Da gracias que ahora eres humano porque tu jefe se podría enfadar ¿no? Vosotros, los ángeles, estáis tan limitados... ¿Te avergüenzas de serlo? Es un rollo eso de ser un pelele de alguien a quien ni conoces en... ¿persona? ¿Aparición? ¿Nube? Bueno, ya me entiendes-.
    -Alguien me ha hecho abrir los ojos. No me avergüenzo en absoluto. Es más, si no fuera por lo que siento... estaría totalmente dispuesto a hacer mi trabajo hasta la eternidad. Ahora sí-.

    Aquello enorgulleció a Eun Ji. Había logrado que él valorara su origen, lo bueno de su divinidad. Sus labios curvaron hacia arriba sin proponérselo. Hasta que recordó que si lograba volver a ser un ángel no volvería a verlo como hasta ahora.

    -Ohh- el extraño comenzó a aplaudir. -¡Bravo! Es genial, eso me gusta. Que todos estemos orgullosos de nuestra naturaleza...-.
    -La vuestra es deleznable. Vosotros no sabéis lo que es el orgullo o el honor-.
    -Cuidado, demasiado orgullo se puede convertir en un pecado capital ¿no es así, Eun Ji?-.

    De la nada apareció la nombrada. Su cuello estaba aprisionado entre el antebrazo y el bíceps derecho de aquel ser, casi ahogándola. Ella miró a Hakyeon con temor, no entendía qué estaba pasando ni qué clase de poder era ese y se sintió por primera vez en su vida vulnerable.

    -¡Suéltala!- chilló Hakyeon avanzando hacia ellos.
    -Un paso más y le parto el cuello- amenazó el otro. -¿Te podrías perdonar ser el culpable de su muerte? No, ¿verdad?-.
    -Por favor- suplicó el ex-ángel.
    -Dime, ¿qué se siente cuando estás a punto de perder algo tan importante para ti?-.

    Hakyeon no podía hablar, el sólo hecho de ver a Eun Ji asfixiándose cada vez más lo bloqueó. Necesitaba volver a ser un ángel, necesitaba poder protegerla. Aunque no lo quisiera, ese siempre había sido su destino. Amarla era algo egoísta que lo había llevado a preguntarse hasta su propio origen. La vida de ella era lo que importaba, cualquier sentimiento podría ser descartado cuando estaba en juego la existencia de Eun Ji. Hizo una mueca de dolor antes de sollozar. Maldecía sentirse tan impotente.

    -Duele, ¿verdad?- el moreno no tuvo otra opción que asentir. Claro que lastimaba, lo estaba matando lentamente. -Ahora me vas a decir dónde coño la habéis metido o tu querida Eun Ji deja de respirar ahora mismo-.
    -¿Qué? ¿De qué hablas?-.
    -No lo voy a preguntar más veces ¿dónde narices la tenéis metida?- insistió mientras apretaba más fuerte el pequeño cuello de Eun Ji.
    -De verdad, no sé de qué me hablas. Te lo pido por favor, suéltala. ¡Eun Ji no tiene nada que ver! Puedo ayudarte a buscar eso que quieres encontrar pero deja a Eun Ji- rogó de nuevo el moreno.
    -No me vais a tomar el pelo más. Ella me prometió la eternidad y tiene que volver conmigo. Sé que sigue siendo una estúpida y por eso ha vuelto a vosotros cuando ha podido. La estáis ayudando a ocultarse ¿Dónde tenéis a Min Ki? Dímelo o esta muere aquí y ahora-.
    -¡No!-.

    En ese instante apareció Jaehwan por detrás y, atravesando a la criatura, agarró a Eun Ji fuertemente por la cintura mientras que Ravi hacía acto de presencia con alguien más, alguien que sólo aquella bestia reconoció. Soltó un par de improperios antes de que el ángel desapareciera con él y la otra presencia que Hakyeon no llegó a ver.

    Sus ojos contemplaban otra cosa...

    Eun Ji era protegida por Jaehwan. Este estaba, en el suelo, debajo de ella, con sus brazos rodeándola. Bonita estampa si no la amara como la amaba. Maldición. Aquello dolía demasiado. Era un inútil al fin y al cabo. Ella no lo necesitaba a su lado. Ese chico ya cumplía su función. Incluso parecía que la podía llegar a amar mucho más que él. Notó como ella volvía a respirar normalmente y eso fue lo único que debía saber antes de largarse de ahí cuanto antes. Frotándose el pecho con su mano derecha quiso desaparecer, al no tener poderes ni nada que lo sacara de allí rápido se fue andando lentamente. Lejos, muy lejos.

    ---

    -Joder, nunca pensé que tuviera el poder de hacer eso. Al final estoy mal aprovechado ehh- soltó Ravi presumiendo de su hazaña.

    Habían vuelto de algún lugar y su acompañante sonreía negando con la cabeza.

    -Para ser un ángel eres demasiado presuntuoso querido Ravi-.
    -¿Es que no has visto eso? Lo he tocado y zas, nos hemos ido al puto infierno. Ha sido la leche-.
    -Ravi, contén esa lengua- le sugirió autoritariamente la figura.
    -Lo siento-.

    Al sentir retumbar en su cabeza aquellas voces, Eun Ji recuperó la conciencia y se encontró tirada sobre Jaehwan. Este era buen colchón pero no quería aprovecharse de ello más. Al echarse a un lado se incorporó un poco, se sentía algo rara. Al mirar a los lados no encontró a Hakyeon por ningún lado. Ken abrió los ojos frunciendo el ceño y logró ponerse de pie para después ayudar a Eun Ji mientras notaba como buscaba al ex-ángel con los ojos.

    -Chicos ¿y Hakyeon?- les preguntó.
    -Que yo sepa estaba aquí antes de enviar a ese cabrón de vuelta- espetó el ángel.
    -Por cierto ¿quién era ese?-.
    -Hongbin- aclaró otra voz.

    Una chica morena de la misma complexión que Eun Ji, de cabellos morenos y piel blanquecina, se aparecía por la puerta. Ella sonrió levemente al tiempo que se les acercaba. Ella también podía ver a Ravi y esa otra presencia. Que, por cierto, permanecía borrosa y bastante más luminosa que la figura del ángel al que acompañaba.

    -Alguien al que le prometí muchas cosas en mi momento de más debilidad. Por mi culpa te ha agredido, así que déjame disculparme- explicó aquella chica dirigiéndose por entero a Eun Ji.
    -¿Quién...-.
    -Min Ki, mi nombre es Min Ki-.

    Eun Ji giró su cabeza rápidamente hacia Jaehwan. Pero no encontró rastro alguno de sorpresa o enfado en él. Al contrario, sonreía comprensivo hacia la otra. Estaba claro que algo se había perdido hasta que recordó a esa persona con la que chocó al subir las escaleras. Había sido Min Ki. Jaehwan en realidad sí la miraba cuando la nombró por primera vez. ¿Habrían aclarado las cosas? ¿Ella no era un demonio al final de cuentas?

    -Sé lo que estás pensando y no, no soy ningún demonio. Me equivoqué por aquel entonces y he pagado en el infierno todo lo que hice- aseguró Min Ki.

    Eun Ji deseaba escuchar su historia aunque su mente estaba en Hakyeon, en su paradero concretamente.

    >>La verdad es que cuando pensaba que Ravi me había intentado trasladar allí ambos nos dimos cuenta de que yo seguía siendo humana. Era un hallazgo que jamás se había producido así que debíamos descubrir de qué era derivado para encontrarnos con que el colgante que me regaló Jaehwan había hecho algún tipo de efecto en mí. Efectivamente así era, sin embargo, algo fallaba. Mi cuerpo humano se materializó minutos después de desaparecer con Ravi. Por lo que entendimos que al ponerse Jaehwan mi colgante en el cuello, mi cuerpo se aferró a este mundo.

    A pesar de que Eun Ji llegaba a entenderlo todo bastante bien, una duda surcaba su mente, Min Ki se la resolvió al momento. Esa chica parecía leerle la mente.

    >>Te preguntarás por qué intenté matar a Jaehwan ¿verdad? Hongbin ya tomaba parte de mi alma por ese entonces. Mi mente era demasiado débil y cuando Jaehwan se me confesó mi corazón no soportó la idea de dejarlo. Ese profundo dolor me hizo vulnerable y ese desgraciado pudo entrar en mí. Aún así yo podía verlo y escucharlo todo- se trabó por un momento pero Jaehwan se acercó a ella y apretó su hombro suavemente. Eso pareció darle fuerzas para continuar. -Después del toque de Ravi ese volvió a donde nunca debió salir y mi cuerpo humano volvió a ser controlado por mí. Eso fue lo que nos sorprendió como te dije antes. Igualmente debía pagar por mis ambiciones, si no hubiera sido por ellas Hongbin jamás habría conseguido poseerme, así que decidí por cuenta propia recibir mi castigo. Mi cuerpo quedó inservible aquí, en una especie de coma indefinidamente, mientras que mi alma viajó al infierno para cumplir con lo que había prometido- sonrió tristemente y miró con ternura a Ken antes de volver a hablar. -Hasta que hoy, mi colgante palpitó tan fuertemente en mi cuello humano que llegué a notarlo quemando mi alma allí en el infierno. Cuando quise darme cuenta estaba tumbada en una cama y una enfermera gritaba totalmente desconcertada por verme despertar. Este colgante me trajo de vuelta sin yo quererlo y, lo más curioso, es que ya no está roto. El amor de Jaehwan lo ha reparado.

    Jaehwan sacó su ahora como nueva llave del Edén y se la mostró a Eun Ji. Esta estaba demasiado aturdida pero lo único que sacaba en claro es que sí podía salvar a su ángel para hacerlo humano, porque Min Ki era humana ¿verdad?

    -¿Eres humana? ¿Entera y totalmente humana?- quiso asegurarse.
    -Así es, Eun Ji. Como ves, lo milagros existen- dijo alegremente la otra.
    -Pero quiero saber dónde está Hakyeon. Esta noticia no es nada si él no está. Ravi, tú puedes saber dónde está ¿verdad?- le preguntó al ángel.
    -No si él no quiere que lo encuentren. Aún siendo humano tiene esa capacidad para ocultarse. Ahora mismo la está utilizando, lo noto-.
    -¿Por qué? ¿Por qué justo ahora?-.

    Ella se lo temía. Él se había ido por algo, algo que quizás no lo hiciera volver jamás. Mierda ¿se rendiría tan fácil? ¿Se dejaría vencer sin encontrar la solución cuando, irónicamente, la tenían ya entre sus manos? Antes de que tratara de pensar en algo más, el timbre que notificaba que el descanso había terminado sonó, haciendo que todos despertaran del trance. Jaehwan sonrió para tranquilizar el ambiente y Min Ki quiso hacerlo con Eun Ji, sin resultado.

    En ese instante lo supo, la realidad se haría cada vez más dura. Todo volvería a ser como antes. Antes de que Hakyeon pisara la tierra con sus pies descalzos. Y dolía.

    ---

    Días después, cuando la rutina la envolvió por completo lo pensó. Definitivamente lo extrañaba pero el mismo día en que se dio cuenta de lo que significaba para ella este se fue. Había perdido al hombre que amaba.

    Jaehwan tenía a Min Ki. Min Ah tenía a Leo. ¿Y Eun Ji? Eun Ji quería tener a Hakyeon.

    -¿Hmm? Hacía mucho que no te ponías ese colgante-.

    Esa fue Min Ah, cuando la vio en el jardín mirando hacia la nada quiso ir a darle conversación. Ciertamente hacía varios días que la notaba bastante rara y aquello no le gustaba. Por tanto, debía cumplir con su misión, ser pesada hasta el cansancio para hacerla, al menos, reír.

    Al notar que llevaba el colgante que su tío le había regalado y no el de la llave con las alas al lado, quiso saber la razón especial de porqué lo llevaba. Ella no era mucho de colgantes y baratijas pero aquel se lo ponía día y noche, como el de su tío hasta hacía unos meses, y que por algún motivo volvía a llevarlo sustituyendo al otro, le resultó algo sumamente extraño.

    -Alguien muy importante podría venir a pedírmelo-.
    -Eun Ji... ¿aún sigues pensando en ello?-
    -Cada segundo que pasa me convenzo más, él volverá y por ello debo llevarlo. Cuando se lo regale podrá quedarse para siempre. Sólo necesita recordar el camino- comenzó a sollozar. -El camino a casa-.

    A Min Ah le dio un vuelco el corazón y la abrazó, no le gustaba que su amiga se aferrara tanto a un imposible. Conocía a los hombres y, si ese era un cabrón y no había vuelto, ya difícilmente lo haría después. Sin embargo no necesita desanimarla más, así que utilizó su humor ácido.

    -Le pegaré una paliza tanto si vuelve como si no. Lo encontraré y no lo reconocerá ni su madre. Te lo juro-.

    Eun Ji sonrió aún con pesar. Sabía que la mayor sólo la estaba animando y que sus ilusiones seguramente se quedaran en eso. Al mirar el reloj se dio cuenta que quedaban sólo unas horas para que la semana cumpliera. Si él no volvía antes se iría al infierno y allí jamás podría salvarlo.

    -Chicas, he preparado ramen. Vayamos dentro- se escuchó la suave voz de Leo acercárseles.

    Rozó el hombro de su amiga con la mano izquierda, reconfortándola, antes de agarrar a Min Ah por la cintura con su brazo derecho y animarla a que entrara con él. Esta se resistió para coger la mano de Eun Ji y llevarla con ellos. Estaba haciendo bastante frío aquel día y no permitiría que su amiga se congelara esperando a ese extraño chico. ¿Sería cierto el hecho de que él volviera en algún momento? ¿Por algún casual ese ángel vendría a por ella?

    ---

    Era la hora, esa hora fatídica donde se confirmaba la desaparición de Hakyeon de ese mundo. Eun Ji no aguantó permanecer impasible comiendo en la mesa mientras sabía que su ángel podía estar esperándola en algún lugar.

    -¡Eun Ji!- gritó Min Ah para ir tras ella.

    Nada más cruzar la puerta de la cocina se encontró la estampa más desoladora y triste que jamás había visto. Y sin embargo...

    -Hakyeon...- dijo Eun Ji en un medio susurro.

    Ahí estaba él. Con la ropa sucia, rota y desgarrada por todos lados. Parecía un auténtico mendigo. Y su rostro, totalmente demacrado, no mostraba mueca alguna.

    La mezcla de rabia, alegría y alivio, azotó todo su interior y la hizo llorar sin reparos antes de abalanzarse sobre él en un fuerte abrazo. Hakyeon comenzó a sollozar también y le correspondió rodeándola lentamente con sus brazos. Min Ah, Leo y Hyuk miraban la escena totalmente anonadados. Los milagros existían. La felicidad de Eun Ji también.

    -Siento volver justo cuando tengo que irme pero... no soportaba irme sin despedirme de ti- se disculpó el moreno mientras acariciaba la mejilla de Eun Ji. -Te amo pero yo... nunca...-.

    No pudo continuar, los labios de la chica alcanzaron los suyos en un beso suave y a la vez ansiado. Todos sus sentidos se vieron anulados para corresponder con la misma intensidad, sus rodillas parecían de gelatina mientras disfrutaba de aquel primer beso. Los brazos de Eun Ji rodearon su cuello y los suyos la cintura de ella para apretarla contra él al profundizarlo. Cerró sus ojos, decidió no pensar en nada más antes de irse para siempre, anhelando que aquello no acabara nunca.

    -Esto...- intentó articular alguna otra palabra al terminar, pero la sonrisa de Eun Ji volvía a hacer estragos en él.
    -Shhh, ahora mira esto- le interrumpió ella.

    Se dejó hacer. Eun Ji comenzó a pasar por su cabeza un colgante que había lucido precioso en su escote. Le extrañó la exuberante felicidad con la que procedía la muchacha y esperó a que ella le indicara que bajara un poco la cabeza para ponerle aquel objeto del que se había desprendido.

    -Es la hora Eun Ji...-.

    De un momento a otro sintió aquel peso extra en su cuello y eso no era todo: Eun Ji sacó algo de su bolsillo y se lo pasó por la cabeza como había hecho con él. ¡Era su llave del Edén! Antes de decir algo, la chica le hizo mirar el reloj que le mostraba en su muñeca. Entonces lo supo: Lo había conseguido. Notaba que todo su cuerpo humano se anclaba como nunca al suelo. Su aspecto tornó saludable y la apariencia denigrante que había tenido hasta ahora desapareció. No se explicaba cómo ni por qué, en otro momento preguntaría. Ahora sólo quería una cosa: Agarrar a Eun Ji por la cintura y después de subirla unos palmos del suelo besarla en los labios con mucha más calma, deleitándose con la sensación de que aquello, ahora sí, duraría para siempre. Y así fue.

    -¡Iros a un hotel!- gritó Hyuk.
    -Cállate, están siendo felices pequeño. Te diré te lo dije cuando te salga una novia- le rebatió Min Ah. -Cuando uno está feliz hace este tipo de cosas-.

    La mayor picó los labios de Leo con los suyos y se volvió a mirar a su amiga. Leo sonrió negando con la cabeza mientras que Hyuk chasqueaba la lengua molesto. Una risa que no escucharon se hizo presente, la de Ravi. Amaba el humor de ciertos humanos, y verlos discutir también, pero no lo iba a admitir, ciertamente. El ángel no llegó solo.

    -Hakyeon, tu paraíso ahora está en las manos, más bien, en el cuello de Eun Ji, pues tu llave lo ha elegido como compañero. Este es ahora tu destino. Sé feliz con ella-.

    Una voz los hizo separarse casi avergonzados. Pudieron ver a Ravi y a un chico familiar, que se horrorizaron al reconocer, sin embargo, este habló de nuevo antes de que pudieran poner el grito en el cielo.

    -Tranquilos. Tuve que tomar la misma forma que Hongbin para comunicaros esto, me siento un pelín mal por asustaros pero...- se encogió de hombros. -No he tenido otra opción-.

    Aunque Eun Ji y Hakyeon sonrieron; Min Ah, Leo y Hyuk flipaban al ver a estos hablar al aire.

    -Otra vez estoy alucinando. Mejor me voy de aquí- gruñó el pequeño Hyuk alejándose de la ventana donde estaba apoyado.
    -Creo que debemos dejarlos ¿solos?-.

    Leo tenía razón así que Min Ah se dejó guiar por él hacia el salón de casa. Después de cerrar la puerta Eun Ji y Hakyeon pudieron prestar toda su atención a los ángeles. Sus amigos podían ser bastante ruidosos cuando se lo proponían.

    -Digamos que este es un acto de amor puro y que, por consecuencia, odio los finales tristes. Bueno, y porque tenías razón, Eun Ji: soy un cabrón-.

    Aquello desveló su verdadera identidad, algo que sobresaltó hasta al mismo Hakyeon, jamás se le había permitido ver al jefe. Este sin más se apartó de ellos y fue con su subordinado, Ravi. Tras guiñarles un ojo ambos se esfumaron. Al irse, Eun Ji sentía una felicidad inmensa, casi mística. Y notó como N se emocionaba y la contagiaba. Sus brazos la rodearon de nuevo para saber que no era un sueño. Ambos comenzaban a contemplar que todo era realidad. Todo volvía a ser como antes. Y se cumplió lo que esos días aseguraba: su ángel llegó a por ella.





    FIN





    ¡Y que vengan los ángeles a por mí! by Laura Ramírez Patarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.