jueves, 20 de junio de 2013

No puedo verte VIII

Capítulo ocho de "No puedo verte", ya me queda menos de esta gran maratón ><


Capítulo 7: Apariencias



Capítulo 8: Estrenando sentimientos

-Vale Claire, te llamaré después- Le había ayudado a salir del coche. Por fin había comprado el que deseaba, desde el día en que se mudaron hasta ahora no descansó hasta dar con él. Era un Chevrolet impala de 1967 totalmente negro, desde que lo vio en esa serie, que ahora ni recordaba el nombre, soñaba con tener uno en sus manos. Su amiga estabaentusiasmada ese día, se daría una vuelta por la ciudad mientras Alice asistía a la “cita” con aquel muchacho. Parecía una niña pequeña con zapatos nuevos y eso levantó el ánimo a Sung Hye, todo lo bueno que le pasara a su amiga le hacía feliz a ella.

-Bien, tranquila Alice, yo mientras estrenaré a este bebé- Casi no había terminado la frase cuando un ruido fuerte del motor le indicó que su amiga ya había pisado el acelerador a fondo. Sonrió sin más dirigiéndose a la puerta de aquel café. Al no estar acompañada tuvo que sacar y desplegar su bastón para guiarse hasta allí.

Intentó abrir la puerta pero en ese momento recordó que a Claire le costó bastante hacerlo. Se ayudó de su otra mano. Maldición era bastante gruesa.

-¿Me permite?- Un escalofrío recorrió su espalda, otra vez la mente le jugaba una mala pasada trasladándola a ese nefasto día. Tembló como gelatina mientras encontraba la forma de bloquear esos recuerdos. El psicólogo le trazó varias pautas para tranquilizarse en esos momentos donde no podía controlar aquellas sensaciones. Por fin resultó, pudo asentir a aquel desconocido que ahora sabía que tenía en frente. -Yo la sujetaré y usted pasa ¿Necesita que la ayude?

-No, muchas gracias- Notó una brisa caliente proveniente del interior del local, adivinando que aquel hombre había abierto la puerta para ella. Estaba muy tensa pero debía calmarse. Palpando el suelo con su bastón entró con confianza mientras el otro sujetaba la gruesa entrada.

-No hay de qué- Otra vez fue traicionada por su subconsciente al sentir la mano de aquel tipo en su hombro. ¡Qué asco! Gritó su mente sin poder evitar un gemido de sorpresa por el contacto. Cuando supo que se alejaba soltó un suspiro de alivio.

-Cálmate Alice, debes ser fuerte- Se susurró respirando hondo al avanzar por el lugar. Rememoró todas y cada una de las cosas que Young Mi le dijo aquel día. La distancia entre las mesas, donde estaba la barra y cual asiento era el más tranquilo de aquel sitio. No presumía de eso pero tenía una memoria envidiable e imaginación infinita. Le resultaba fácil captar todo a la primera y más si se trataba del espacio a su alrededor.

-¿Qué desea joven?- La voz del camarero la bajó de su nube. Ya estaba sentada cuando este se acercó para atenderla.

-Mmm espero a alguien pero ¿Podría ponerme mientras un café con leche?- Dirigió su rostro hacia la voz quitándose las gafas de sol que llevaba hasta ahora. Si no indicaba que estaba ciega no se le notaba lo más mínimo, otro detalle por el cual se sentía bastante orgullosa. Su belleza le ayudaba mucho y facilitaba sus relaciones con el resto del mundo. Sabía que no estaba bien abusar de eso pero le hacía sentirse admirada por los que no sabían de su ceguera. Vanidoso, sí, no podía evitarlo. Le fascinaba ser deseada por los hombres. Esos sujetos que tanto odiaba, y que por primera vez, hoy estaba dispuesta a ceder unos minutos a uno de ellos. Sólo sería eso, escuchar sus inquietudes y nada más. No perdía nada, al contrario, según su psicólogo ganaría una pequeña batalla a su trauma.

Ya parecía ser la hora del encuentro... No escuchó aún la voz del joven. Una sensación extraña comenzó a revolverse en su estómago ¿La dejaría plantada? ¿Después de que ella accediera a ir? No, él debía llegar en cualquier momento. Si no se sentiría como solo una vez en su vida, abandonada...

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Aquel hotel estaba más lejos de lo que recordaba. Deseaba llegar y dormir, dejando a un lado que su vida se había convertido en un infierno. Demonios ¿Cuanto faltaba para estar en una habitación, olvidarse del mundo y relajarse por completo?

Tuvo que parar en un semáforo al ponerse este en rojo, todo estaba en su contra, incluso esos artilugios pedantes.

-¿Esto es una conspiración?- Una señora que se colocaba a su lado lo miró raro. Él le sonrió ¿Qué más daba? Todo él era escoria, encima lo verían como a un loco. No le importaba lo más mínimo.

Si no hubiera sido por ver a esa mujer cruzar ni se había dado cuenta que ya estaba la luz en verde. Se sacó las manos de los bolsillos y se dispuso a cruzar lentamente. Tontamente cerró sus ojos al hacerlo ¿Por qué? Un frenazo lo alertó sobremanera pegando un salto del susto.

-¡Maldita sea! ¡Me hubieras atropellado de una! ¿Por qué frenas?- Ni pensó lo que salió de su boca, aquello era lo que sentía en lo más profundo. Sería lo más fácil. Morir en ese mismo instante.

-¡Oye ya estaba en rojo! ¡Estás loco!- La muchacha que conducía comenzó a gritarle, no tuvo más remedio que girar su rostro hacia ella. Conducía con precioso Chevrolet Impala ¿Del 67? Sí, del 67. Amaba los coche, esa mujer tenía un gusto exquisito. Esta salió del coche y por fin pudo ver la cara de la chica, se llevó una sorpresa. -¡¿Jong?!

-¡¿Young Mi?!

-¿Tú no deberías estar en Café Paraíso?- Ya estaba a su lado mirándolo expectante ¿Qué quería decir con eso?

-¿Cómo?

-¡Alice te está esperando allí! ¿No habías sido tú el que insistió en veros? ¿Qué haces aquí todavía? Si la dejas plantada te odiará más de lo que ya lo hace...- Eso no podía ser cierto ¿Esa mujer lo estaba esperando? ¿En realidad estaba él dejándola plantada sin ni siquiera saberlo?

-Perdóname, tengo prisa- Sin más corrió en dirección contraria, hacia aquel café. No llegaría a tiempo ¿Esperaría la muchacha unos minutos más? No perdería ni un segundo más en preguntárselo. Corrió como nunca, alguien lo esperaba. Por estúpido que pareciera eso era lo que podía salvarlo de caer en la inmundicia, que alguien esperara por él.

-¿Qué demonios le pasa a ese tío?- Young Mi se quedó parada en medio del paso de peatones, intentando entender el comportamiento de Jong. Un bocinazo la hizo volver a la realidad, su coche estaba, al igual que ella, interrumpiendo el tráfico. -¡Perdón, perdón! ¡Ya voy, ya voy! Malditos impacientes- Siseó con molestia mientras les hacía un gesto con la mano y volvía hacia su coche.

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No podía creerlo, la había dejado plantada. Si fue él quien había concretado la cita con insistencia ¿Cómo se atrevía? “Es hombre, Alice” se dijo con contundencia. Darle una oportunidad había sido un error tonto por su parte.

-Imbécil, si vuelve a contactar conmigo se llevará una patada en los...- Fue interrumpida por el camarero.

-¿Otro café, señorita?

-No, al parecer una servidora a sido plantada. Increíble ¿Verdad?- Se levantó negando la ayuda del muchacho dispuesta a irse.

-Es usted muy radical, seguramente le ha surgido algo a su novio

-¡¿Novio?! Já, más le gustaría a ese ser siquiera mi pretendiente. Está claro, me las pagará...- Se puso sus gafas y desplegó su bastón. Agarró su bolso sacando el monedero, cada fardo de billetes tenía una marca distinta que le facilitaban saber el valor de cada uno. Para las monedas era algo mucho más sencillo, el peso y el tamaño se lo sabía de memoria. Poseía una tarjeta de crédito, pero era más fiable catar el dinero con sus propias manos. -Mmm dime ¿Cuánto te debo?

-Corre de mi cuenta señorita, por el placer de su compañía

-Oh, muchas gracias pero igual quédate con esto- Sacó un billete y se lo extendió, era incluso más de lo que costaban los dos cafés que había tomado. Demasiado tentador para no aceptar.

-Señorita, espero verla de nuevo por aquí. Qué pase un buen día- Con gesto triunfante se alejó hasta la barra, alardeando a sus compañeros el billete que acababa de conseguir. Los otros bufaban envidiosos.

De dentro a fuera era más sencillo lidiar con esa puerta. La abrió con esfuerzo pero cedió al emplear un poco de maña.

Se sintió bastante rara al salir, el aire frío le despejó las ideas pero no dejaba de pensar en ello. La había dejado plantada. Humillada. Si lo volviera a ver lo patearía pero mejor era decirle que ni había llegado a la cita. ¿Por qué pensaba eso? No lo volvería a ver además ¿Por qué tendría que darle explicaciones? “Tonta, más que tonta” se insultó. Sacó su móvil para llamar a Claire pero una mano fría se posó sobre él. Una especie de corriente la hizo estremecer. Sonrió para sus adentros, quizás no había sido tan mala idea asistir. Al fin y al cabo, no había sido plantada.

-¿No me darías otra oportunidad?- Esa voz la caló hondo, sabía perfectamente de quien se trataba. Jonghyun estaba frente a ella con la respiración agitada y más bien desaliñado. Casi derrotado alcanzó a decir lo que más deseaba. Que se quedara con él. La necesitaba, inexplicablemente, la necesitaba a ella.

-Te he dado casi media hora de mi tiempo ¿Qué podrías ofrecerme para pensar que te mereces más?- Jonghyun sonrió, ella estaba jugando. Le fascinaba la facilidad de la joven para negociar limpiamente. Ese era su terreno, aprovecharía la oportunidad que le estaba brindado Alice.

-Veamos... Primero veo que te has preparado para este encuentro ¿Para que desperdiciar el haber empleado tiempo en ello?- Maldijo la hora de hacerle caso a Young Mi, la había vestido para una cita. Esto no era una cita, seguramente la mueca de Jong sería triunfal al verle aquel atuendo. No quería que pensara que le entusiasmaba la idea de verse guapa para él. Mierda, así era por culpa de su amiga. -Segundo, debo compensarte por el tiempo perdido, con algo más que interesante. Osea yo...- No pudo evitarlo, estaba riéndose por aquel comentario. Bien, reconocía que no iba a ser aburrido darle otra oportunidad. -Y tercero, me gustaría que entabláramos una amistad, nada del otro mundo. No quiero hacerte pensar lo que temes- Efectivamente, no era como los demás o eso daba a entender por ahora. Había acertado con sus pensamientos y eso le estaba gustando enormemente. Comenzaba con buen pie, el “sí” estaba asegurado. -¿Qué me dices?

-Si me brindas una buena charla no tengo ninguna objeción- La sonrisa de Jonghyun se amplió notablemente. Sin permiso agarró los hombros de la joven para guiarla de vuelta al café. Por extraño que pareciera su contacto no era repelente para Alice, eso daba más miedo incluso ¿Qué le ocurría con ese hombre? ¿Por qué su cuerpo le permitía tocarla sin reaccionar negativamente ante él?

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Young Mi pisaba el acelerador por segundos, la autopista estaba casi desierta a esas horas y podría disfrutar del sonido celestial de aquel motor prodigioso. Estaba en el cielo cuando en un cruce casi se le sale el corazón por la boca, un coche salía de la nada por la calle de su izquierda. Chocaron, seguramente tendría un enorme bollo en el lado delantero. Diablos, ese tipo estaba loco ¿Dos incidentes en un día? Comenzaba a sospechar que era ella el peligro. Descartó esa idea cuando se abalanzó hacia el dueño de aquel vehículo.

-¡Tenías que ser tú!- Gritó al darse cuenta de quien era. Taemin también salió de su auto poniendo los ojos en blanco. -Rezaba por no tener que ver tu cara una vez más

-El destino querida, el destino- Recalcó Taemin acercándose peligrosamente a ella.

-El destino mi trasero. Este coche es nuevo, el seguro tardará en arreglarlo. Maldición, y todo gracias a ti- Se pasó la mano por la frente, su bebé había sido abollado por ese idiota.

-Yo lo pagaré, mañana mismo estará arreglado. No te preocupes, mientras podemos aprovechar el tiempo- En una situación tan bizarra él seguía sacando el lado tan surrealista de la situación ¿Qué le pasaba a ese tipo en la cabeza? Oh dios, la había agarrado por la cintura sin ningún pudor. Ahí en medio de ese cruce, la vergüenza no tenía cabida en el vocabulario de ese joven.

-¿Qué...?- Su cabeza no regía como debiera. -¿Qué crees que estás haciendo?- La apretó aún más contra su cuerpo. Moriría ahí mismo si se le ocurriera hacer lo que Claire estaba pensando. Efectivamente así fue... La besó con toda ímpetu. Inesperadamente se vio cediendo ante él como una niña de quince años. Hacía tiempo que no la besaban así y mucho menos alguien por el cual sentía pequeñas cosas que se magnificaban por segundos. No lo hacía para nada mal, al contrario, era un magnífico besador. Sabía donde, como y qué rozar para volverla loca. “Basta” se dijo ahora intentando recuperar la cordura. Golpeó el pecho de Taemin tan fuerte que esta vez si pudo librase de sus poderosos brazos. No dudó en dirigir fuertemente su palma de la mano a la mejilla del chico. -¿Qué demonios te piensas que soy? No vuelvas a hacer eso, yo no soy cualquier fulana para besarla en plena calle

-Entonces ¿Deseas ir a otro lugar más privado?- Dios como lo odiaba. Lo malo es que en el lugar más recóndito de su ser deseaba aquello. No, eso era algo que jamás se permitiría hacer.

-¡Lo que quiero es no volverte a ver, maldita sea!

-Tus labios no dicen lo mismo Young Mi...- Quedó helada ¿Había leído sus más vergonzosos pensamientos? ¿Como podría librarse de aquel individuo que le sacaba de quicio?
 


Capítulo 9: Intercambiando vidas


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