lunes, 1 de julio de 2013

You fallen for me VIII

Bueno... Os comento que no está corregido pero como me habéis dicho que lo subiera igual pues aquí lo tenéis. Mañana lo editaré así que si queréis esperar a leerlo mañana no importa >< 
Me dejo de hablar y pues aquí está... disfrutadlo :D


Capítulo 7: Moda, clase y estilo



 

Capítulo 8: No te soporto

Sábado. El día estaba soleado y era propio para ir de compras, algo que Angie jamás se plantearía hacer. El fin de semana era su aislamiento del mundo, su pequeña cueva llamada habitación la acogería por aquellos dos días. Eran las diez de la mañana y Angie disfrutaba del mejor de los sueños. Una sonrisa se formó en su cara cuando sus anhelos se hacían realidad...


“Él la agarraba por la cintura, llevaba un vestido rosa palo que se ceñía a ella. Su acompañante le recordaba una y otra vez lo guapa que estaba ¡Dios mío! En su vida se había sentido tan bien. Intentaba ver la cara del hombre que la sostenía en sus brazos, una luz leve no la dejaba ver sus rasgos pero deseaba que fuera él. Quizás fuera una obsesión, sí, lo era pero igualmente disfrutaba pensando que Onew estaba ahí, bailando con ella en sus sueños. Cerró los ojos dejándose llevar por la música lenta que inundaba la estancia. Parecía un salón de bodas, tan cursi que en otra ocasión se hubiera reído de la decoración demasiado recalcada.

-Angie- Dijo en un susurro su compañero.

Ella giró hacia él sonriendo como una estúpida. Seguía sin lograr verle el rostro y comenzaba a molestarle aquel hecho. También que el supuesto Onew la llamara Angie, sólo había una persona que usaba ese término con ella y su humor cambiaba por segundos.

-¿Sí?- En una de las vueltas al son de la música ese chico la zarandeó más bruscamente de lo que pensaba. -Ah- Gimió molesta.

-¡Angie!- Gritó ahora.”


Entonces sus ojos se abrieron para encontrarse con una sonrisa maliciosa justo frente a ella. Se frotó los párpados con fuerza ya que la imagen de Key riendo socarronamente tenía que ser una alucinación. Al ver como la verdad era algo muy distinto a lo que soñaba se tapó con las sábanas un tanto asustada.

-¿Qué demonios haces aquí? ¿Quién te ha dejado entrar?

-Tu tía Magie, es una dulzura de mujer y muy guapa. Aún no encuentro explicación de porqué no has adquirido un mínimo de sus genes- Aclaró Key con un ataque directo hacia ella.

Aprovechando la confusión que Angie aún tenía en su mollera, la miró sutilmente de arriba abajo, la sábana se transparentaba y pudo ver como vestía un camisón completamente anticuado que cubría el noventa por ciento del cuerpo de la muchacha. Sonrió para si, muy típico de Angie. Esta intentó taparse hasta terminar arropada hasta el cuello. Aquello debía acabar, estaba seguro que después de trabajar con ella, todo su estilo (si se podía llamar de esa forma), desparecería, inclusive, su actitud demacrada y altanera. Aunque lo de la actitud ya era algo personal, no soportaba sus continuos desplantes, y mucho menos, que lo retara siempre llevándole la contraria. En cierto modo reconocía, muy en el fondo, que ese era su encanto: luchar con uñas y garras por lo que creía correcto. Pero no iba a decirlo en voz alta, eso nunca.

-Tendré que decirle que no eres bienvenido a esta casa, ¿cómo te atreves a entrar a mi cuarto? Podías haberte quedado en el salón ¿Qué es lo que quieres?-

-Tranquila, tu tía ha insistido en que fuera yo quien te despertara personalmente. Me huelo que quiere emparejarnos jajaja pobre, no sabe que yo jamás me fijaría en alguien tan... “desaliñada” como tú- Dijo Key apartándose de la cama. Cruzó los brazos esperando que Angie saliera de entre las sábanas.

¿Por qué lo había suavizado? Podría haberle dicho algo más cruel. Comenzaba a preguntarse cómo era posible que terminara por escoger las palabras cuidadosamente para que esa chica, tan insignificante, no se ofendiera o se mortificara. ¡Era la diva! ¿Qué hacía teniendo compasión de ella? ¿Compasión? ¿Realmente era compasión? “Key, por dios, deja de pensar gilipolleces” se reprochó golpeándose la sien.

-¿Qué demonios haces? ¿Te has vuelto más loco de lo que ya estabas?- Cuestionó Angie más relajada. Se sentó en el borde de la cama mientras que Key tragaba saliva antes de recomponer toda su lucidez.

-Más quisieras, no te librarás de mí. Ahora, vístete que nos vamos de compras. Hace un día propicio para ello-

-¡¿Qué?! ¡No! Yo no iré a ningún sitio a estas horas- Espetó Angie.

-Bien, deja que hable con tu querida tía le gustará saber la verdadera cara de su sobrina...- Amenazó yendo decidido hacia la puerta. Le había dado la espalda a la joven sin ver como esta corría para interponerse en su camino.

-Joder Key, espera espera-

Key sonrió por ganar algo que estaba cantado. La observó, de pie frente a él: con sus manos extendida a los lados, Su pelo alborotado y ojeras visibles debajo de sus ojos. -Si no te conociera, me hubieras matado del susto. Con ese horrible camisón esos pelos de loca y esa cara que tienes juraría estar enfrente de la niña de esa película...- Colocó el índice en el mentón intentando dar con el nombre de esta. -¿cómo se llama?-

-“The ring”- Contestó automáticamente Angie.

Key rió del hecho de que, hasta ella, supiera de su aspecto. Angie se dio cuenta y tuvo que redimir una carcajada para no darle el gusto a esa diva. No lo podía ni ver ya. Tanto descaro, que se atreviera a entrar en su casa, en su habitación y que la obligara a ser su conejito de indias la hacía odiarlo sobremanera. Sin embargo ya tenía un par de cosas con las que poder vengarse, sí, las utilizaría cuando menos lo esperara.

-Sal de mi cuarto, me voy a cambiar-

-Ni que fuera a ver algo “excitante” debajo de ese camisón, si se puede llamar camisón a eso- Dijo Key señalando la tela blanca impoluta que cubría enteramente el cuerpo de Angie.

-Que oculte mi cuerpo no quiere decir que sea por el hecho de que esté deforme. Nunca lo has visto ¿qué te hace pensar que no es excitante? Simplemente no deseo enseñar por enseñar ¿lo entiendes?-

¡Dios! ¿Aquello había salido de su boca? Sus mejillas eran de un rojo furioso así que apartó su mirada de Key sin dudarlo. ¿De dónde había sacado tal confesión si ella misma creía que su cuerpo era horrible? Ese muchacho la enervaba hasta un punto que diría ser miss universo solamente para llevarle la contraria. Claro, era por eso.

Oh, eso había encendido algo en Key que jamás habría imaginado que reaccionara ante ella, precisamente ella. Daba por hecho que vestía justamente por querer esconder algo horrendo debajo de la ropa. Una repentina curiosidad lo hizo tragar fuertemente ¿en qué estaba pensando de nuevo? Seguramente lo había dicho para defenderse, nada que ver con la realidad. Pero ¿y sí lo decía de verdad? “Aish, Key esta mujer no puede ganarte. No puedes dejar que una mosca muerta como esta te confunda así” volvió a recriminarse. Sin más se fue la habitación para no sentir ese ambiente incómodo que se formaba en aquella pequeña estancia. Odiaba perder el control de la situación y debía encontrar algo a lo que aferrarse para que Angie no lo sobrepasara.

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-Dentro de nada aparecerán por aquí. Ya sabéis qué hacer-

-Claro. No te preocupes. Siempre estaremos dispuestas a enseñarle dónde está su lugar a esa imbécil- Aseguró Lory con una mueca decidida.

-Bien, así me gusta. Recordad que seréis recompensadas chicas-

Esa voz femenina se coló por las cortinas del probador. Lory y sus dos inseparables amigas eran las únicas qué podían ver el rostro de la portadora. Vieron como se ocultaba la cabeza con una capucha y salía apresuradamente de aquella tienda.

A esas tres les encantaba la idea y más con una recompensa como la que aquella chica les ofrecía. Sonrieron al ver a Key entrar con Angie de la mano. Ella se resistía, en vano, la diva tiraba de ella con todo el ímpetu. Se escondieron en uno de los probadores esperando el momento perfecto para actuar.

-Quiero que te quedes aquí mismo, tengo que inspeccionar toda la tienda en busca de lo que más te favorezca ¿de acuerdo?- Le ordenó Key a una Angie un tanto temerosa.

Soltó su mano con recelo, odiaba quedarse en tiendas tan grandes y llenas de gente, no podía llamarlo agorafobia pero se sentía fuera de lugar en sitios enormes abarrotados de personas. Nunca lo había dicho, se sentía cómoda en compañía pero sola era otra historia. Cada vez que aquello pasaba recordaba el accidente de sus padres y su cuerpo comenzaba a temblar.

Así los había perdido, en un centro comercial exactamente igual a ese, donde se encontraba. Sus progenitores se vieron obligados a entrar ya que a Ángela se le había metido entre ceja y ceja que quería un precioso vestido para su fiesta de cumpleaños. Cómo no, intentaron explicarle que no tenían el dinero suficiente para pagárselo. A pesar de su explicación la muchacha insistió tanto que al final accedieron llevándola allí.

Fue todo tan rápido...

Se escucharon gritos mientras ella se probaba el décimo vestido de la tarde. Al abrir la cortina la escena no pudo ser más desoladora, la tienda estaba vacía. Sintió un miedo inmenso cuando no vio a sus padres allí. Salió de la tienda haciendo pitar el puesto de seguridad que fue ignorado completamente. Fuera de la tienda la gente corría por los pasillos inmensos, hacia ningún lado. Llamó a sus padres casi llorando ¿la habían abandonado?

-¡Ángela! ¡Vuelve a la tienda! ¡Vuelve!- Chilló su madre desde la otra parte del centro comercial.

Su padre justo al lado le hacía gestos que no entendió. Se encontraban refugiados entre las mesas de una terraza de un café. Angie ignoró sus palabras y se apresuró para ir hacia ella. Escuchó varios “no” por parte de su padre. De pronto notó como alguien la alzaba del suelo y le ponía algo frío en la sien. Era una pistola. Tiempo después averiguaría que se trataba de un grupo de fugitivos que atracaban aquel sitio matando a diestro y siniestro que se le cruzara. Así fue cuando sus padres se olvidaron de protegerse e intentaron acercarse al hombre que agarraba fuertemente a su hija, dos disparos certeros abatieron al matrimonio frente a los ojos de su primogénita.

Gritó sus nombres como nunca sabiendo que ellos jamás la escucharían. Esperó que ese tipo también acabara con ella pero sintió un fuerte dolor en la cintura y notó como ese hombre caía encima de ella muerto.

Estuvo meses sin recordar nada, cuando lo hizo se culpó por ello. Asimiló que fue por su maldita culpa y necesitaba un modo de castigo, ¿qué mejor que ocultar su vanidad y privarse de sus caprichos?

Odiándose llegó a Seúl, creando una barrera entre esa niña mal criada y los demás. Huyendo de sitios como aquel, aferrándose a la gente para no quedarse sola. Sabía que tenía una maldición ya que el día que intentó salir con Soo Ri había acabado siendo tachada como una ladrona. Onew estaba cerca, eso la reconfortaba sin embargo al entrar en aquel probador su destino volvía a acribillarla con recuerdos. Agradecía a Key, tontamente, por interceptarla a tiempo. Habría tenido un ataque de pánico si no hubiera ocurrido aquello. Espera ¿estaba teniendo buen concepto de Key?

Su vista se nubló un poco cuando alguien la empujó hacia los probadores. Key la guió bruscamente hasta llegar hasta ellos. Angie seguía en su trance cuando el muchacho le puso un sin fin de prendas en los brazos y la obligó a entrar al cubículo.

-Cuando estés me avisas, quiero ver todos y cada uno de los conjuntos- Expresó cerrando la cortina

Se le cayeron las prendas por el inminente mareo. Hacía bastante tiempo que no pasaba por una crisis como esa y no permitiría que ese chico lo notara. Posó sus manos en el espejo para no perder el equilibrio. Seguía sin ver claramente, tampoco vio las manos que intercambiaban la ropa caída por algo totalmente diferente. Miró su reflejo y se dispuso a cambiarse, parecía estar bebida no era consciente de nada. Rezaba porque su ataque de pánico pasara desapercibido para Key.

Al abrir la tela que separaba el probador del exterior Key abrió su boca desmesuradamente. Unas grotescas risas se hicieron presentes, así como un par de sonidos que parecían ser móviles haciendo fotos. Angie se fijó aún atontada en las chicas que emitían esos ruidos. Lory y sus amigas sostenían sus móviles grabándola y haciéndole fotos por doquier. Se giró sobre si misma hasta que pudo ver su atuendo en el espejo. Un vestido estampado de colores chillones se cernía a ella, parecía un payaso de circo y al intentar quitárselo sintió que tanto las mangas como el cuello estaban pegados a la tela. Se habían asegurado que no se lo pudiera quitar tan fácilmente. Entonces una teoría asomó por su cabeza despejándola de su mal estado. Se volvió hacia el chico que le había obligado ir a ese sitio.

-Key... ¿tú... tú has organizado todo esto para reírte de mí?-

-¿Qué?-

No lo entendía, él seleccionó las prendas más hermosas de la tienda ¿cómo no se había dado cuenta que esas arpías le habían dado cambiazo? ¿Ahora lo acusaba de estar con esas desquiciadas? La observó detenidamente, estaba sudando y se abarraba a la cortina para no caerse. Algo no iba bien. Corrió para sostenerla entre sus brazos.

-Suéltame- La débil voz de Angie le confirmaba que no estaba para nada bien.

-¿Qué te pasa?- Tocó las mejillas femeninas, ardían como el demonio.

-Déjala, queremos más fotos para la revista de la universidad jajajaja- Dijo divertida Lory.

-Si esas fotos llegan a salir de esta tienda haré que vuestra imagen se vea tan machada que no querréis salir de casa nunca más- Amenazó la diva sin dejar de intentar reanimar a la pobre Ángela.

-Pero Key ¿por qué la defiendes?- Lory parecía indignada.

-Eso no te importa, iros ahora o conoceréis al verdadero Key- Sin más, las tres se fueron derrotadas, cuando ese muchacho amenazaba lo hacía con contundencia. Más aún cuando se trataba de velar por “sus protegidos”. Avistó que la temperatura de Angie subía por momentos y que le faltaba el aire ¿qué hacer? Se molestó cuando se dio cuenta que nadie de la tienda tenía intenciones de ayudarlos aún viendo el estado de la joven, bufó.

La apretó más para si ganándose un gemido de ella, su rostro estaba blanco y sus ojos se volcaban de vez en cuando buscando un punto fijo que no llegaba a encontrar. No pensó demasiado cuando plantó sus labios en los de ella. Quizás un boca a boca la haría obtener el aire que no lograba obtener por si sola. Notó como, por un momento, Angie se tensaba bajo él, cuando se relajó, le permitió empezar a administrarle aire como podía.

-¿Án... Ángela?-

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