jueves, 9 de mayo de 2013

You fallen for me III

Dejo esto por aquí, mañana actualizaré varios fics consecutivos. Mientras a disfrutar de Key... Jejeje


Capítulo 2: Imprevistos





Capítulo 3: Chantaje


Key ya estaba llegando a la tienda y sonreía, aunque su cabeza aún tramaba cómo iba a convencerla. Vio a dos muchachas yendo hacía él, casi chocan pero lo esquivaron con soltura. Se giró para seguirlas con la mirada pero cuando se dispuso a volverse algo se le vino encima. Sólo vio rosa por todos lados, y ositos, muchos ositos. Traía lo que parecía ser un pijama enterizo con la cremallera cerrada hasta la frente. ¿Quién demonios se pondría eso hasta ahí? -¡Oye!- Escuchó dentro del establecimiento. Oh, ahora lo entendía todo... Aquellas dos niñas le acababan de hacer una jugarreta a esa persona. Encontraba lógico la razón de su extravagante atuendo. Una persona normal no permitiría que los demás le vieran en esas fachas fuera del probador. Seguramente al pillarle cambiándose de ropa decidieron provocar aquel incidente. Pobre...

Por el peso podía notar que se trataba de una chica pero jamás pensó que aquella persona que ahora conseguía desabrocharse la cremallera con torpeza, fuera ella. La llamada “patito feo”. Sus ojeras fue lo que más le llamó la atención. Por dios, no se cuidaba lo más mínimo. El pelo cayendo sin control por su frente le dan un aire totalmente desaliñado y qué decir de sus impurezas, le ocupaban todo el rostro. Tan cerca que incluso sintió escalofríos, no podía creer que una chica fuera tan fea. Le costaría cambiar algo en ella. Pero la seguridad en si mismo le aseguraba su triunfo. Por lo menos la trasformaría en alguien no tan difícil de mirar. Sería su trabajo más tedioso, aun así anhelaba comenzar a cambiar a esa chiquilla. Esto lo salvaría de estancarse siendo un estilista toda su vida. Lo ayudaría a subir a lo más alto. Ángela lo miró con ojos asustadizos y supo entonces que era su oportunidad.

En un principio iba a aclarar la situación diciendo la verdad. Que era testigo de una mala broma provocada por esas dos muchachas. Pero siendo ella... Eso le serviría para tenerla a sus pies. Al ver a los dependientes salir tras ella sonrió maquiavélicamente. No tenía intención de desperdiciar su salto a la fama por hacer lo correcto.

Ella por el contrario le incomodaba ese gesto, más que nada porque aún seguían en la misma posición. Ella encima de él. Temía que si se intentaba levantar fuera a lastimarlo con su torpeza. Observó bien al muchacho. Dentro de lo guapo y atractivo que era, le sonaba, y mucho. Su mente trabajó para recordar de donde lo conocía. ¡Bingo! Iba a su universidad, precisamente a la clase de al lado. Sólo coincidía con él en humanidades. Era el chico más popular del centro, su fama de rompe corazones se extendía por todos los alrededores pero más aún su poderoso carácter. Se le vino a la cabeza el apodo “la diva”. Sí, así lo llamaban. Una persona intocable para los que se creían inferiores, como ella. Jamás habían entablado conversación y ahora estaban tirados en el suelo tan pegados... Y él sonriéndole. Tembló volviendo en si ¿Qué estaba pensando? Alguien así nunca se mezclaría con ella, dudaba que supiera que existiera hasta ahora...

-¿Tú no eras el “patito feo”? ¿Por qué veo un osito tal adorable?- Já, eso funcionaría. Bastaba una frase tan falsamente halagadora para confundirla de primeras. Notó como su rostro tornaba a un rosado que podía competir con el de su pijama.

¿Qué...?- Sólo faltaba eso para sentirse totalmente avergonzada, la posición no ayudaba nada y el tono divertido de ese muchacho terminaban por dejarle las mejillas teñidas de un rojo furioso. Tragó saliva.

-¿Quieres que te ayude? ¿Angie?- ¿Cómo sabía su nombre? ¿A qué se refería con ayudarla? Las dudas se le aclararon parcialmente al sentir dos brazos levantarla de Key. Este se incorporó también hasta quedar por detrás de una mujer que se acercaba a Ángela con el ceño fruncido. Parecía estar muy molesta.

-Jovencita, tendrá que acompañar a este agente y explicar algunas cosas- Dijo la dependienta que al parecer estaba al cargo de la tienda. Empezaba a entender la situación. Esas dos personas la habían forzado a salir de la tienda con lo que se estaba probando, haciendo creer que lo había robado. Oh, a eso se refería con lo de la ayuda. Maldita suerte ¿Donde estaban Onew y Soo Ri? Lloriqueó al notar que el hombre apretaba su brazo, intentó hacer que la soltara pero fue inútil.

-No se resista, robar está muy mal... Tendremos que llamar a sus padres- Exigió el policía. ¡No! Su tía no podía enterarse de esto. ¡Ella no había hecho nada! Si Magie supiera algo como eso la decepcionaría. ¡No! ¿Qué podía hacer?

“¿Quieres que te ayude?” La voz de Key resonaba en su cabeza... Inconscientemente giró su mirada de nuevo a Key. Sus ojos estaban clavados en ella. Sintió como con sólo ese gesto le indicaba que la estaba esperando. Que esperaba su señal para actuar con un As bajo la manga pero ¿Qué? No quería que sus tíos pasaran por esa vergüenza así que asintió levemente hacia el chico. La curiosidad por saber que se traía entre manos fue aplacada con su respuesta.

-Agente, espere... Se está equivocando- Se acercó sutilmente a ellos mientras que el hombre le prestaba toda su atención. Ángela quedó fascinada con su imponente presencia. Simplemente una frase mundana como esa había atraído todas las miradas. Increíble. Lo que no previó es que, disimuladamente, casi pegara sus labios a su oreja. -Si te ayudo necesitaré una compensación por tu parte Angie...- ¡Ay dios! Que capacidad de erizarle los bellos de la nuca. Su susurro no podía ser calificado como algo sexy pero se le acercaba bastante. Espera ¿A que se refería con eso? No, imposible. No podía querer nada de ella ¿Y si era así? ¿Qué debía hacer?

La mirada incisiva de Key la hizo cerrar sus ojos por un momento. Su tía, su querida tía. Ya imaginaba su rostro triste, diciéndole que no se esperaba eso de su sobrina. Por la cual lo había dado todo. Era así. Desde que se mudó sólo sabía recibir el inmenso cariño brindado por ella y su tío. Pero ceder a eso... ¿Qué intenciones tenía ese muchacho? Le daba miedo pensar en ello.

-¿Qué ocurre joven? ¿Quién se está equivocando?- Preguntó curioso el hombre.

-Me temo que todo esto se trata de un malentendido ¿Verdad Angie?- La tenía entre las cuerdas. ¿Por qué? ¿Por qué la gente tenía que ayudar esperando siempre algo a cambio? Maldición. Volvió a asentir. No se permitiría una humillación así para sus tíos. Aunque tuviera que hacer lo que fuese para que ese muchacho dijera la verdad, preferiría ser mil veces humillada sólo ella, que hacerle esto a lo que le quedaba de familia. Key entendió su ademán y prosiguió hablando afablemente. -Lo que usted no sabe es que yo viniendo hacía aquí, tan tranquilamente, me he llegado a cruzar con una escena grotesca- Se puso la mano en el pecho, dramatizando su relato. Era bueno. -¿Y qué me encuentro? Un par de malintencionadas chicas arrastrando a la fuerza a esta muchacha tan inocente. Cuando me he dado cuenta de que era mi compañera de clase ¡Casi se me cae el alma al suelo! La pobre sufre de bullying- La señaló haciendo que el agente se compadeciera al instante de ella. No se sintió ofendida ya, al fin y al cabo, era cierto. Desgraciadamente era así. Lo que deseaba era aprender el tremendo poder de persuasión que poseía Key. Un don así arreglaría muchas cosas en su vida. -No sabe lo mal que me he sentido por ella, inmediatamente, como buen ciudadano que soy, he venido a socorrerla pero esas niñas la han hecho caer. Ambos hemos caído sin remedio, menos mal que me ha tocado debajo ¿Se imagina que hubiera salido herida? No me lo perdonaría ¿Usted entiende verdad?

El discurso falso de Key conmovió tanto al agente como a la dependienta. Ambos asintieron a su última pregunta.

-¡Oh, debía haberlo visto! Disculpa jovencita- Expresó tiernamente la mujer. Ángela simplemente sonrió cohibida por todo lo que acababa de pasar.

-Sí, disculpe señorita- Añadió de nuevo el agente. - Yo, entonces me retiro. Perdonen las molestias

Aquello era obra del diablo. Un diablo llamado Key. Ya comenzaba a entender el apodo de “la diva”, era único para resolver los asuntos sin tener que mancharse mucho las manos. Se giró hacia ella con sonrisa triunfante. Sabía a lo que iba. Quería cobrar su deuda. Pero antes de abrir la boca la mujer de la tienda habló.

-Lo siento pero igualmente debe pagar, o devolver, la prenda que lleva puesta nena- Se le había olvidado por completo. Aún llevaba puesto ese pijama repleto de ositos. La vergüenza casi hace taparse con sus manos pero ya ¿Qué más daba? El chico más popular de la universidad la había visto con el ridículo atuendo. Al día siguiente sería el objeto de las burlas, una vez más.

-Ah disculpe, mi ropa aún sigue en el probador- Mostrando una mueca tímida se dirigió hacía la entrada. Una mano en el antebrazo se lo impidió. Key ahora la agarraba deteniéndola. Su intento por despistarlo, haciendo que se olvidara de su deuda, falló. Cerró los ojos con fuerza, esperando que dijera sus condiciones o lo que tuviera pensado para ella.

-¿Cuánto cuesta el pijama señora?- Su mandíbula se habría caído de no ser por tenerla sujeta a su cráneo. ¿Le ayudaba y ahora pagaba por el pijama?

-¡No! ¡No quiero que me ayudes más!- No pensaba permitirlo. Eso era demasiado. Intentó soltarse, en vano.

-Por esto no te preocupes, no te lo cobraré como lo primero- No pudo descifrar la mueca que le brindó Key. Algo se removió en ella.

-¡Que no! No te conozco como para que me estés pagando cosas

-Bien, digamos que esto es parte de las cosas que quiero que hagas por mi. Aceptar que pague por esto es una de ellas- ¿Cosas? ¿En plural? Donde se había metido... -A menos que quieras que te tachen de nuevo como una ladrona...

-Haz lo que quieras- Ya no sabía donde meterse. Cada vez se veía más hundida con ese chico. Y todavía le quedaba saber qué tenía pensado como pago. Su piel se erizó de nuevo.

Key había ganado de nuevo. Por fin tenía lo que quería y una buena amenaza para tenerla en sus manos por tiempo indefinido. La mujer le dijo el precio y saco su tarjeta de crédito. Con su nivel de vida podía permitirse muchos lujos, entre ellos el de pagar cantidades indefinidas de dinero en cosas tanto necesarias como inútiles.

-Ahora sí ¿Me dejas ir a por mi ropa? ¿O el señorito rico tiene que seguir presumiendo de su dinero ante mí?- Uff, eso había sido directo. Key no se lo esperó, pensaba que era recatada y algo retraída pero al parecer se equivocaba. ¿O quizás él provocaba eso? Bien, eso le facilitaría las cosas. Para que su trabajo funcionase, la actitud de la mujer debía ser fuerte y audaz. No se equivocaba, Angie era esa mujer, la indicada para el cambio. Si todo iba según lo previsto sacaría el potencial oculto de aquella muchacha. Aunque dudará sobre el detalle del aspecto externo. Eso sería un punto difícil de cambiar pero con un fondo lleno de virtudes reluciría aún más. Justo en ese momento entendía lo que su jefe quería decirle. Lo que necesitaba para ser un gran diseñador. Ver dentro de la mujer y extraerlo afuera.

-No, no la necesitarás

-¡¿Qué?!- La mente de Ángela dio supuestamente con la razón. -¡Ah! ¡Eso es! Quieres humillarme, acompañándome mientras recorro el centro comercial con este ridículo atuendo... ¡Que tonta he sido!- En otra ocasión habría llorado. Llorado hasta que sus ojos se cansaran pero no, curiosamente se sentía hirviendo de rabia. Ese tipo la sacaba de quicio. En otro caso se habría ido corriendo y dándole igual todo, pero ahora, no. Ese muchacho la incitaba a luchar por su pequeño orgullo, uno que creía totalmente destruido.

-Sería divertido pero entonces si te acompaño yo también saldría perjudicado...- Buena lógica. Ella estaría impresionada y aliviada. Y así era. Justo como quería, cada paso debía subir cada vez más su admiración por él. Sin llegar a quitar ese cierto recelo hacia su persona. Tampoco deseaba enamorarla, sólo tenerla dependiendo de él. -No, haremos algo mejor- Posó sus manos en los hombros de la chica y miró aquellos ojos un tanto confundidos y algo expectantes. -Voy a comprarte ropa y no, no podrás decirme que no ya que a partir de hoy... Soy tu estilista

Habría esperado todo menos eso. ¿Le cobraba el favor cambiándole de look? Era algo absurdo, por cualquier lado que se mirase. No tenía ni pies ni cabeza.

-¿Qué? ¿Ese es mi pago por ayudarme?- Aún seguía con su boca bien abierta cuando siguió escuchando a Key.

-Así es. Tendrás que aceptar esto y todo lo que conlleva tener un asesor de moda...- El cejo de la muchacha se terminó de fruncir aún más fuerte.

-No, no puedo creerlo... Yo...

-¿Qué pensabas? ¿Qué te iba a pedir cosas indecorosas? Por favor... Mírate- Aunque tuviera razón eso la molestó demasiado. Estaba jugando con ella desde el principio. Calentando sus oídos para que aceptara. Pero ¿Qué ganaba él con eso? Dios, todo era demasiado frustrante. No pudo reprimir el impulso y estampó su mano contra de la mejilla de Key. Este se dolió sin una expresión legible.

-Seré lo que sea pero jamás he aceptado la lástima de los demás. Consíguete a otra para tus estúpidos cambios de look- Se giró alejándose de él hasta que lo escuchó de nuevo.

-A tus papás no les gustará la noticia de que su hija es una vulgar ladrona...- Lo estaba empezando a detestar con toda su alma. Odiaba a ese muchacho. Regresó reflejando su ira con los puños cerrados. Ya estaba casi al frente de él cuando escucharon los pasos de dos personas más. Onew y Soo Ri.

-Ya estamos aquí...- La voz de Soo Ri se apagó al ver la escena. Ángela aún con el pijama puesto, su cuerpo tenso ya que sus orejas rojas así lo reflejaban. Y Key esperando, incluso divertido, el golpe de la muchacha.

-¿Qué pasa aquí?- Preguntó preocupado Onew sin dejar de mirar a Key. El estado de Ángela sería, seguramente, a causa de ese chico.

-Cuando lo pienses mejor, me llamas- Comentó Key acercándose peligrosamente a Ángela y dejando una pequeña tarjeta en el bolsillo en su peculiar pijama. Se alejó de lo más natural, dejando a la muchacha con toda la tensión acumulada. -Adiós, Angie- Incluso el diminutivo empezaba a aborrecerlo...



Capítulo 4: La diva no acepta un "no" por respuesta




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