martes, 18 de junio de 2013

The harem of flower boys II

El capítulo dos...


Capítulo 1: Un pequeño accidente con el extraño de la llave al cuello






Capítulo 2: Confusiones, malentendidos y demás infortunios

Aby sostenía la llave en sus manos, admiraba la belleza de este y, como nadie iba a reclamarlo, ya se sentía dueña del precioso colgante. En su cuello quedaba perfecto, si creyera en el destino pensaría que fue hecho para ella. Ahora observaba el troquelado superior del bronce, un acabado tribal muy sencillo. ¿Estaba hecha a mano? Su valor sería incalculable si fuera así, pero no, no la vendería, aquello sería su pequeño tesoro. Un capricho de los pocos que tenía.

-Es muy cursi ¿De verdad es de un chico?- La voz de su compañera la asustó, sin embargo le respondió cortesmente a su pregunta.

-Sí, estoy segura que se le cayó al chico de la bici- Le dejó tocar la llave, Mary tampoco le prestó mucha atención. Aby se conformaba con detalles insignificantes según su amiga, los objetos tan simples no eran dignos de su admiración. Ese collar no era diferente. Lo soltó sobre el cuello de la joven con desgana. Aby continuó con su explicación. -Como ya te dije, por su maldita culpa mi jefe me ha amenazado con despedirme- De mala gana se lo guardó entre las ropas. -Te juro que si lo viera de nuevo...- Al levantarse recordó que no lo había visto, no había identificado a ese muchacho, para su desgracia no podría ajustar cuentas con él, aunque quisiera. -Pero no alcancé a verlo ¡Maldición!

-Tranquila Aby, lo bueno es que no te ha despedido y...- Se sentó en el sofá dispuesta a encender la tele, justo al coger el mando se giró hacia Aby totalmente entusiasmada. -¡Yo tengo el casting mañana!- Pensaba que su amiga compartiría su felicidad, la realidad fue diferente, la mueca molesta de Aby cambió a una de aún más fastidio.

-¿De verdad tengo que acompañarte?- Mary ignoró el simple hecho de no haber sido correspondida con la misma intensidad.

-Si no lo haces me sentiré fatal... Y si no me cogen será culpa tuya, por no animarme- Amenazó jugueteando con el mando entre sus manos. Acostumbraba a usar mañas para que Aby se sintiera obligada a hacer lo que ella quisiera.

-Eres una maldita chantajista pero no puedo decirte que no, es tu sueño y debo apoyarte así que... iré, no te preocupes- Aseguró yendo hacia la cocina, las llaves y su bolso estaban ahí, tenía que ir a ese maldito trabajo como todos los sábados. El odio hacía los pandas se volvía más agudo en ella, y con razón...

-Gracias, significa mucho para mí- Se había levantado hacia su compañera para abrazarla por detrás. La otra simplemente sonrió derrotada, siempre ganaba en aquellos juegos por lo que estaba acostumbrada a caer.

-Bueno, debo irme- Se giró sobre sí y pudo observar que Mary fruncía los labios, la conocía perfectamente y sabía cuando se preparaba para soltar una de sus reprimendas. Aby habló igualmente. -Recuerda: debes darle esto a la casera- Sacudió un sobre, que había cogido segundos antes de la encimera, enfrente de la cara de Mary y esta lo agarró bufando. -Y decirle que el resto al próximo mes... Si se enfada ignórala, no nos conviene pelear con ella o nos echará a la calle ¿Está claro?

-Sí, tranquila, lo he entendido ahora vete o llegarás tarde- Sin más se tiró en el sofá, no sin antes dejar caer el sobre con descuido en la mesa. Aby tuvo la necesidad de recriminarle pero al mirar su reloj se dio cuenta de que no tenía tiempo para eso. Salió de casa suspirando por que alguna vez les salieran las cosas bien; por si en algún instante de pura suerte, su situación cambiara drásticamente, para mejor.

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Y ahí estaba; sudada, agotada y agobiada. Una hora más y el suplicio terminaría, el jaleo de alrededor se terminaría y la cama la llamaría como un niño abandonado a su mamá. Oh sí, la cama, ese alivio que la alejaría de todo hasta el día siguiente. El estrés y los disgustos vendrían más tarde pero allí sólo dejaría que su cabeza se desconectara por completo ¿Qué haría sin esos pequeños placeres de la vida?
Recordar que justo el casting de Mary sería en unas pocas horas la hizo sollozar como una cría. Estaba llegando a su límite, si eso sucediera, tanto ella como su amiga terminarían mendigando en las calles. ¡No! Debía resistir, quizás ese maldito casting diera resultado para cambiar sus vidas. No le hacía mucha gracia ver expuesta a Mary, sin embargo lo necesitaban desesperadamente. Las deudas la ahogaban, todo iba de mal en peor y no había nada que las alentara a seguir viviendo así. Se sentía explotada, por nadie en particular, ya que eso lo había elegido ella misma. Ponerse un alto no estaba entre sus ideas y temía que pronto le pasara factura a su mente y sobretodo a su cuerpo.

-¡Mamá! Quiero un helado por favor- Escuchó la dulce voz de un niño cuando por fin cumplía con su horario establecido.

Antes de emprender el camino a casa siempre se sentaba en un banco del parque de enfrente, justo donde repartía la publicidad. La cabeza del panda le servía de apoyo mientras que su mano lo hacía para su cabeza. Ofreció un puchero al ver el enorme helado que aquella madre le compró a su hijo y las tripas le avisaron de que no había comido nada en horas. Se llevó la otra mano al pantalón, por debajo del disfraz.

-Mierda... Ni para un simple helado tengo- Dijo contando las escasas monedas que había rescatado de su ropa. En un arrebato pataleó fuertemente aún sentada. -¿Por qué todo me pasa a mí?

Las lágrimas amenazaban con asomarse por sus ojos y rápidamente se pasó el dorso de sus manos por ellos. Un puchero aniñado acompañó a su desolación. En ese momento: expuesta, vulnerable, débil... No se percató de que se le acercaba alguien en perfil bajo. El individuo se colocó frente a ella viendo como, por su estado, no se había dado cuenta de su presencia. También observó que colocaba la cabeza de oso entre sus piernas sin poder controlar su llanto. Cuando se apoyó en aquella superficie redonda el extraño avistó lo que venía a recuperar. Porque era suyo, eso que recolgaba del cuello de la muchacha le pertenecía.

Aby cruzó los brazos y apoyó su propia cabeza en la del panda, ocultando su tristeza a los demás. Ahí fue cuando notó algo extraño, cerca de su cuello. Alzó rápidamente su cabeza para saber de que se trataba. Maldijo al sol que quedaba detrás de ese tipo sin dejarle reconocerlo, este se quedó por unos segundos inmóvil ¿La estaba mirando? Aby se puso la mano en la frente a modo de visera y poder ver la cara del extraño. Desgraciadamente se daba la vuelta dispuesto a irse. Alcanzó a agarrarle del brazo pero el tipo no se dio la vuelta. Se zafó de ella con un movimiento brusco, entonces corrió alejándose de allí.

-¿Qué demonios acaba de pasar?- Se preguntó frustrada la joven. ¿Qué estaba haciendo antes de que ella se diera cuenta? Rememoró el momento, su mano estaba cerca de su cuello... ¡El collar! ¡Se trataba del chico de la bici! ¡Oh dios, volvía a por su colgante! Entonces, ¿porqué se había ido así sin recuperar lo que es suyo? -Bicho raro- Murmuró.

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La cola era inmensa, podría jurar que era la más larga que había visto. Siempre que acompañaba a Mary a un casting se quedaba impresionada por la barbaridad de gente que acudía a ellos. Pero esta vez era diferente, podía contar más de mil participantes en él. ¿Tan importante era aquel programa? Vale que fuera el reality show más visto de Seúl pero ¿Tanto deseaban verse expuestos al resto del país? Seguía sin entenderlo...

-¡Aish! Justo ahora no...- Se quejó Mary en plena cola.

-¿Qué? ¿Qué pasa?- Aby se preocupó exageradamente. Aunque tenía motivos, estaban alcanzando el principio y sólo faltaban cinco puestos para entrar a la sala de los jueces.

-Dios Aby... No debí comerme aquellos dulces ¡Ah!- Se recriminó su amiga.

-Espera ¿Estás...- Intuyó Aby intentando no reírse.

-Sí joder, tengo retortijones ¡Ah!- Otra vez se encogía. Aby se puso sería de inmediato.

-Mierda Mary, te dije que no los comieras. ¡Vamos!- Agarró a Mary por su brazo izquierdo dispuesta a abandonar la cola.

-¡No! Tú te quedas aquí que yo no tardaré nada ¿Me escuchas? No voy a perder esta oportunidad por una estúpida diarrea pasajera-

-Nadie te asegura que sea pasajera, puedes estar más enferma, vayamos a casa- Insistió la muchacha intentando convencer a su compañera de la gravedad.

-¡Que no! Tú no te muevas de ahí si no quieres morir ¿Te...- Se vio interrumpida por su propio dolor. -¡Ay dios! ¿Te queda claro?- Sin más se alejó de allí dejando a Aby en la cola ¿Y si llegaban al tope y a ella no le daba tiempo de volver? ¿Por qué tendrían tan mala suerte?

-Descanso de cinco minutos- Se oyó desde la puerta, los nervios de todos los muchachos presentes se relajaron. Aby resopló aliviada, por lo menos se le concedían minutos de respiro. Rezaba porque a su amiga le diera tiempo de recuperarse del mal trago.

Se sentó en una de las sillas cuando ya sólo quedaban dos turnos antes que el suyo, se quedó mirando al papelito entre sus manos, el número 435 estaba impregnado en él. Se encontró perdida en sus propios pensamientos mientras esperaba a que, por un milagro apareciera Mary diciendo que había sido un simple susto.

-Los jueces pertinentes ya pueden tomar sus puestos- Dijo una mujer saliendo de la sala central. Tres personas de entre las presentes se acercaron a la puerta, firmaban en la carpeta que esa mujer llevaba apoyada entre la cintura y su brazo. Apareció un muchacho del mismo sitio que ella y gritó:

-¡Número 435, adelante!- ¡No! Y la tonta irresponsable que no volvía. Se levantó para intentar explicar la situación pero ¿Cómo?

-¿Tú?- Una voz masculina la hizo girar su rostro. Sonrió al ver de quien se trataba. Aquel peculiar hombre volvía a estar frente a ella. Ese que aquel día perseguía al estúpido de la bici. -Nunca pensé que te volviera a ver ¡435!- Gritó al ver el papelito que sostenía Aby. -Ya es tu turno

-Sí, bueno no...- El tipo firmaba en aquella carpeta ¿Era uno de los nuevos jueces?

-El mío también empieza justo ahora, será un gusto poder hacerte el casting personalmente- Le hizo un gesto caballeresco dejándola entrar antes, Aby no pudo negarse y entró a la sala.

-Bueno, es que verá, yo...- Al pasar su mirada por la habitación su mente se puso en blanco. Era inmensa, casi todo era de un tono rojo carmesí y sólo un panel en medio de ella destacaba de otro color: blanco marfil con logotipos patrocinadores del propio casting. Lo que más la intimidó fueron las cámaras, en cada esquina había una y detrás de ellas, varias personas clavando sus ojos en la muchacha ¿Donde se había metido? ¿Cómo explicaría que ella no era la que hacía el casting? Tragó saliva mientras se dejaba guiar por aquel hombre. La posicionó encima de una cruz verde en el suelo, justo enfrente de una mesa, cuatro personas estaban sentadas en fila, el que la había llevado hasta allí también se sentó con ellos, en la esquina izquierda.

-¿Número 435?- Habló la mujer del medio. Esta parecía ser dura y contundente o por lo menos, al pronunciarse, se lo había parecido a Aby.

-S-sí...- ¿Qué debía hacer? Necesitaba distraerlos, eso era, distraerlos mientras su amiga volvía.

-Dígame ¿Cómo actuaría frente a alguien que intentara desprestigiarla?- Preguntó sin ni siquiera mirarla.

-Pues... Intentaría mantener la calma y hacerle ver que lo que hace está mal- No tenía ni la más remota idea de qué debía contestar así que optó por sincerarse.

-¿Y si persiste? ¿Y si hace oídos sordos de lo que usted dice?-

-¿Estaría tratando con un crío o con un adulto?- Se escucharon risas por parte de los demás jueces, ni Aby entendía el chiste.

-Silencio- Ordenó fuertemente la mujer, parecía ser ella la que llevaba la voz cantante en aquel casting. Aby sintió la necesidad de disculparse.

-Perdonen es que yo...-

-Sólo conteste ¿Qué haría?- Repitió ella con insistencia. La vio entrelazar sus dedos esperando su respuesta.

-Lo castigaría con algo que fuera doloroso para esa persona- Terminó por responder Aby.

-¿Cómo qué?-

-Pues... Si le gustan los dulces, no dejárselos probar- Recordar a Mary retorcerse por la ingesta de ellos hacía unos minutos la relajó para seguir hablando. -Yo hago unos deliciosos y seguramente sería un buen castigo no cocinárselos a esa persona- Respondió totalmente distraída.

-No quiero que me diga de sus dotes culinarias señorita- Interrumpió la sargento, esa impresión daba, la de un cargo alto del ejército. Aby estuvo apunto de reír.

-Lo siento...- Susurró al ver la fulminante mirada de la que ocupaba sus graciosos pensamientos.

-Deny déjeme que yo le pregunte esta vez...- Se pronunció el hombre, ese que la había interceptado en la cola ¿La ayudaría a salir de aquel enredo? ¿O la metería más en él? Temía que su amiga no llegara en cualquier momento para salvarla.

-Está bien pero sea breve, aquí ya sabemos de sus “preguntas”- Advirtió la mujer.

-Veamos... Sí un grupo de gente comienza a hostigarla con temas... Poco “ortodoxos” ¿Cómo racionaría?-

-¿Perdón?- No entendía muy bien la pregunta, ya estaba nerviosa por las cámaras como para hablar de cosas así en público. O eso había captado ella, por las dudas es que preguntó.

-Trampas, trucos, cosas así como...- Suspiró aliviada al ver que sus sospechas eran erróneas.

-Responda- Volvió a interrumpir esa voz femenina que comenzaba a repugnar a Aby.

-Primero que nada debería saber de qué se tratan esos “temas”, si veo que tienen razón de ser quizás los apoyaría; si veo que no es así intentaría usar mis humildes conocimientos para que esas personas entendieran que no se consiguen las cosas si no es con esfuerzo- Hubo un silencio sepulcral que caló los huesos de la muchacha.

-¡Siguiente!- Espetó la del medio. ¿Qué había pasado? ¿Algo iba mal? ¿Había dicho algo incorrecto? ¿Dónde demonios estaba Mary? Su cuerpo se quedó anclado en esa cruz verde, bajo la atenta e insistente mirada de los jueces. Inmóvil, sin poder articular palabra ni movimiento que la liberara de esa sensación de desconcierto.



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