lunes, 29 de diciembre de 2014

El comienzo de una arriesgada venganza

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.


Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd):
 No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.
Como bien explica:

 
  • 1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 
  • 2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.
  • 3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.

 
    El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, los personajes reales que aparecen en ellos son varios idols del kpop y por tanto no son míos y se pertenecen a sí mismos. Todo lo que ocurra en estas historias es ficticio (a parte de las características físicas de los personajes reales que aparecen en ella), cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
    Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...


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    ¿Holi?
    Bueno, que os dejo esto por aquí... sé que dije hace mucho tiempo que lo iba a subir pero ya que era un regalo para Carla pues he preferido hacerlo justo hoy. Felicidades de nuevo, te quieroooooo <3

    Y pues nada... espero que disfrutéis de esta pequeña precuela de Los hijos del Kraken y ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!


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    Recomiendo leer Los hijos del Kraken antes para entender esta historia.






    El comienzo de una arriesgada venganza


    Las fiestas locales estaban en auge y cientos de turistas se agolpaban por los improvisados pasillos llenos de tiendas ambulantes y puestos. Estaban ubicados a lo largo de la calle, repletos de clientes extranjeros y también de los propios habitantes de Viena.

    Una chica se había sumado a esa iniciativa y había montado un pequeño puesto junto a los demás, era su primera vez, a pesar de que hasta ese momento nunca vio rentable vender en otro lado que no fuera su querida tienda, este año se encontró siendo convencida por su nuevo empleado. A primera hora de la mañana, ayudada por ese -su único subordinado-, trasladó casi la mitad de las existencias de su local al puestito. Ahora ella estaba terminando de colocar los expositores unos encima de otros mientras que el muchacho había ido a recoger las últimas cosas que faltaban; como algunos pasteles y dulces, que irían justo detrás del mostrador de cristal. Después de darse cuenta del ambiente creciente de la calle, se fue al fondo de su improvisado quiosco y se detuvo para suspirar sonoramente, quizás sí podrían sacar un buen balance al final del día. Después de todo, no fue mala idea hacerle caso a su compañero.


    Colocó varias castañas en un plato y este lo puso en lo alto del stan que daba al exterior. Fue cuestión de un par de minutos para que los clientes comenzaran a llegar. Para cuando regresó su compañero, ella ya lucía una mueca feliz y risueña mientras atendía a los más madrugadores; a partir de ahora repetiría esto todos los años, estaba segura.
    –Menos mal que te hice caso, esto es un éxito –le comentó risueña mientras terminaba de atender a una pareja.
    –Me alegro tanto –festejó él. –Voy a cerrar la tienda y vuelvo cuanto antes.

    Ella asintió sin dejar de colocar los últimos expositores en orden. Casi todo estaba listo.


    –Buenos días, señorita –pronunció alguien en perfecto alemán.

    La dueña del puesto se giró hacia la voz y miró hacia quien la portaba. Un chico alto, ataviado de una gabardina de tejido negro, un gorro y una bufanda -ambos de lana y un gris claro-; vestimenta que no dejaba ver a los demás más allá que la parte superior de su rostro. Tenía un cierto ademán contraído, por lo que traía los hombros encogidos y las manos escondidas en su abrigo para resguardarse del frío. Al escucharlo sisear, la joven lo examinó mejor mientras iba llegando hasta él. Descubrió unos ojos cafés -y notablemente rasgados-, a través de aquellas finas hebras de pelo que se colaban entre el gorro y su frente; su piel era lechosa y aparentemente lisa, sin imperfecciones. Según su intuición, y sólo observando aquella pequeña parte de su cara, dedujo que era apuesto y con cierta clase, algo que la terminó de encandilar. Realmente se encontró admirando a ese extraño y rió mentalmente por su torpeza al confundirlo con un paisano, ya que de primeras, no le pareció extranjero. Escuchar tal pronunciación de alguien que no fuera vienés no se veía todos los días, la verdad es que era algo digno de admirar.

    Él, al ver que se le acercaba, sacó las manos de sus bolsillos descubriendo unos nudillos rojizos por el frío y una perceptible temblina que trataba de disimular de cara a la galería. Cuando estuvieron frente a frente, ella le ofreció una sonrisa y él se bajó tranquilamente la bufanda para corresponderle con un dulce mohín. Como había predicho, era un hombre bastante atractivo. Una mandíbula fina pero acentuada, una nariz cincelada y unos labios delgados, complementaban aquellos ojos que le habían llamado tanto la atención.
    –Buenos días, ¿qué desea? –terminó por decir la mujer.
    –¿Me pondría una bolsita de frutos secos?
    –¿Avellanas? ¿Almendras? O tal vez.. ¿nueces?
    –¿Puede ser un surtido de todo eso? –ella asintió. –Un surtido pues –le respondió amigablemente él.
    –Marchando...

    Agarrando un pequeño recogedor de metal y una bolsa transparente, a la izquierda del mostrador donde estaban alineados todos los expositores, la mujer se dirigió hacía a su cliente una vez más.
    –Y dígame, ¿viaje de negocios o de placer?
    –¿La verdad? No estoy seguro. Digamos que suelo viajar bastante por ambas cosas.
    –Sinceramente, me ha sorprendido su dominio del alemán cuando es usted visiblemente extranjero.

    Ella continuaba echando frutos secos en la pequeña bolsa con la paleta mientras esperaba su respuesta atentamente. A él, en otro momento le habría molestado el atrevimiento de esa extraña, pero le inspiraba cierta confianza y simplemente se dejó llevar; tampoco iba a ser descortés cuando alguien amistoso y amable como ella intentaba entablar una buena conversación. Mucho menos al encontrarse adorando a aquella ciudad, no era la primera vez que uno de sus habitantes lo enfrascaba en una curiosa y entretenida charla, se estaba acostumbrando peligrosamente a ello.
    –Gracias, supongo.
    –¿Se quedará mucho tiempo en Viena? –volvió a preguntarle ella.
    –Prefiero dejarlo entre paréntesis y disfrutar mientras esté aquí, no me gusta preguntarme mucho sobre el futuro.
    –Buena respuesta. Me gustan las personas que viven al día.

    Ambos sonrieron y se fundieron en un incómodo silencio. Segundos después, ella carraspeó y siguió haciendo su trabajo, él esperó en el mostrador tarareando alguna canción irreconocible. La bufanda en el cuello se le desenroscó un poco y procedió a colocársela bien; fue en ese entonces, al mirar a su alrededor, cuando volvió a notar la sensación que le había perseguido desde que salió del hotel. Rotó lentamente su cabeza de nuevo hasta dar con lo que andaba buscando. No detuvo el giro para disimular su hallazgo, pero al ver a la muchacha del puesto ofrecerle la bolsita con los frutos secos, él le agarró la muñeca haciendo que ella se asustara notablemente. A parte del gesto brusco, sus manos estaban heladas y entendió que eso aumentara la impresión de la vendedora.
    –Tranquila, no tema –le susurró. –Sólo quiero que mire detrás de mí y me diga si hay una mujer asiática como yo en el puesto de enfrente –la chica obedeció y con cierto disimulo miró hacia donde le indicaba. –Castaña, de facciones finas y ojos grandes ¿está mirando hacia aquí?

    Entonces la vio. Una chica bajita y delgada, con cierta delicadeza en sus movimientos. Al observar como esta se apartaba un mechón de pelo de su cara para ponérselo detrás de la oreja, sintió cierta envidia. Era una mujer preciosa. Cómo había descrito su cliente, era de facciones delicadas y una cara pequeña; sus ojos grandes contrastaban con todo lo demás haciendo que aquel fuera el centro de atención. Realmente la envidió. Mirándola más aún, se dio cuenta que lucía una mueca desinhibida pero su mirada estaba fija en la espalda del hombre frente a ella. Casi podía notar que lo atravesaba con sus ojos ¿estarían esos dos jugando al gato y al ratón? ¿Sería un juego de esos en los que se entretenían los enamorados? Lástima, no habría coqueteado con aquel extraño de haberlo sabido. Volvió su mirada al susodicho y le sonrió tristemente.
    –Hmm –asintió.
    –Me lo temía –dicho esto soltó el brazo de la joven y la tranquilizó con un simple guiño. –¿Cuánto le debo? –le preguntó ya con un tono normal.
    –Dos... dos con veinte euros.

    A pesar de que él se enderezase sin intención alguna de volver tontear, ella mantenía su pose recelosamente. Después de verlo enredar en sus bolsillos, quiso actuar con naturalidad y extender su mano para recoger el dinero; sin embargo tembló tanto que él lo notó enseguida, mostrando una sonrisa ladina que le confirmó lo que temía: retomaba su flirteo inicial. Que tocara la yema de sus dedos intencionalmente, cuando las monedas pasaron de las manos masculinas a las suyas, sólo la puso aún más nerviosa y se encogió. Aquel hombre parecía ser un perfecto cazador y había encontrado ya una presa. Maldición ¿no tenía a su novia enfrente? ¿Formaba parte todo de un juego y ella estaba cayendo? Negó levemente con la cabeza, intentando descartar toda aquella locura que se estaba formando en esta.
    –Muchas gracias por la charla <<y la ayuda>> –esto último lo gesticuló con sus labios. –Seguramente venga a comprarle más frutos secos en estos días –le aseguró hurgando en la bolsita y llevándose a la boca un par de almendras para masticarlas suavemente. –Me podría acostumbrar a la dulce compañía.
    –Es-Estaremos toda la semana, lo que dura la feria –tartamudeó ella.
    –Genial –celebró él. –Nos vemos.
    –Nos vemos...

    Y ahí la dejó, con la incertidumbre de si volvería a ver, o no, al hombre tan extraño que la había encandilado en tan sólo unos minutos.
    Por curiosidad desvió la mirada hacia la otra mujer, que al ver que el chico se alejaba del puesto, comenzó a seguirlo. Efectivamente, ambos se traían algo entre manos y no tendría tiempo de averiguarlo, otro cliente reclamaba su atención. Lástima.


    Él seguía paseando por aquellas calles plagadas de gente, sabía que le seguían los pasos pero, en cierto modo, le gustaba saberse perseguido por esa mujer. Ya habían sido días desde que la descubrió examinando sus movimientos desde lejos, a una distancia bastante prudente. Si no hubiera tenido un pasado como el suyo jamás habría llegado a la conclusión de que alguien lo espiaba. Disimulaba ser un turista más, no obstante, sólo él -y quizás la que lo seguía- sabía quien era. Su mote había sido famoso tanto dentro como fuera de la organización y, aunque la hubiese abandonado, las habilidades que le dieron tal apodo persistirían por siempre. Lee Jonghyun alias El Camaleón.

    Se paró en seco, delante de una tienda de obsequios. Simuló observar figuritas mientras divisaba a la otra tras el cristal del escaparate. La chica se sentó en el velador del bar de enfrente y actuó su papel a la perfección; hacía como si le estuvieran doliendo los pies a causa de los tacones que llevaba, se frotaba los tobillos con cierta molestia hasta que dirigió su mirada al que perseguía.

    Sus ojos se encontraron por unos segundos y no hubo reacción alguna por ambas partes. Ella quizás intentaba convencerse de que en realidad no la estaba mirando y él esperaba algún tipo de gesto hacia su persona. Nada. El tiempo transcurrió hasta que el muchacho decidió enderezarse y fingir que aquello no había pasado, que no la había mirado a los ojos directamente. Sonrió pletórico, sabía que la estaba confundiendo aunque no lo mostrara, quería darle una lección con la idea que se le vino a la cabeza en ese instante. Se acomodó la bufanda y el gorro mirando su reflejo en el cristal. Fue entonces, al girarse tranquilamente para seguir su camino, cuando miró por el rabillo del ojo y se dio cuenta de que esa mujer no se encontraba donde se suponía que tenía que estar antes de perderla de vista.

    Justo ahí, entre todo el jaleo, escuchó a un par de personas forcejear, concretamente a su izquierda, donde miró inmediatamente. En un principio no creyó que la implicada en tal disputa fuese la misma que hacía unos momentos clavaba sus ojos en él, hasta que la divisó intentando zafarse de un tipo que logró controlarla, agarrando fuertemente sus brazos mientras andaba detrás de ella; y otro que los precedía, girando sobre sus talones. La gente alrededor miraba atónita la escena, preguntándose si debían llamar a la policía en cualquier momento.
    –Soltadme –protestó ella en un claro coreano mientras zarandeaba su cuerpo.

    Le pareció ver un arma que sobresalía de la cinturilla del pantalón de aquel tipo y Jonghyun no lo dudó. Al escucharla corrió hacia ellos, se sacó las manos de sus bolsillos y; después de agarrar por el cuello de la camisa al último de ellos, hacerlo girar sobre si mismo y darle un derechazo que lo desequilibró totalmente; logró liberar a la chica. Ya que por instinto, aquel tipo tuvo que soltarla para no caer con ella al suelo, desde ahí miró al que le había golpeado y después conectó su mirada con su compañero, que en ese momento estaba dándose la vuelta para ver qué ocurría.
    –¿Quién coño eres tú? –pronunció este con aparente calma.

    El idioma en que habló aquel hombre fue el alemán, aunque al mirarle el rostro, Jonghyun se dio cuenta de que era asiático como él.
    –Eso mismo me pregunto yo pero creo que la respuesta es evidente –le respondió Jonghyun.
    –Creo que la que necesita una respuesta aquí soy yo ¿no? –esa fue la recién rescatada.
    –Pues va a ser que por ahora... no.

    Jonghyun no tenía intenciones de quedarse allí a dialogar, guardaba otras para con la muchacha; así que después de decir aquello, no espero nada más, ya fuera un ataque físico o verbal. La agarró de la muñeca derecha y corrió con ella antes de que los otros pudieran reaccionar.
    –¿Qué cojones... –preguntó en coreano ella, viéndose interrumpida y arrastrada por él.
    –Sólo corre –en un principio, Jonghyun notó que la chica se resistía; no obstante esta, al notar que los otros dos comenzaban a seguirlos, optó por dejarse llevar. –Buena elección.


    –No pares.

    La chica ralentizaba sus pasos; no porque estara cansada, ni tampoco agobiada. Al mirar hacia atrás, Jonghyun la vio con una mueca molesta antes de agitar la muñeca para librarse de su agarre. Paró en seco, y él la imitó antes de que hablara.
    –Los hemos perdido. Hace como seis minutos que decidieron dejar de perseguirnos, es absurdo seguir corriendo –le informó.
    –¿Por qué no me lo has dicho antes?
    –Joder, te has puesto a correr a lo loco y casi me partes la muñeca. No esperaba que un borrico como tú supiera escuchar cuando le hablan –espetó ella.
    –Oye, que te he salvado la vida.

    Jonghyun parecía indignado, mientras se desenroscaba la bufanda que en esos momentos le agobiaba por la carrera que habían tenido hasta hacía unos segundos, se la dejó colgando detrás del cuello para no perderla tampoco. Ella soltó una carcajada al ver la mueca molesta del otro.
    –¿Salvarme la vida? ¡¿Tú?! No me hagas reír. Lo tenía todo controlado.
    –Déjame decirte que parecía todo lo contrario –ironizó él y una sonrisa ladina cruzó sus labios, con autosuficiencia.

    La mujer bufó.
    –Mira, no me conoces de nada así que no hables de lo que no sabes.

    En ese momento, él sintió unas ganas enormes de encararla y decirle que la había descubierto, que sabía que llevaba días persiguiéndolo. Sin embargo, algo le hizo callarse. Necesitaría sacarle información, y para ello no era oportuno jugar todas sus cartas de un plumazo. Torció su mueca ligeramente antes de hablar.
    –Parecían conocerte bien ¿les debes dinero o algo por el estilo?
    –No es asunto tuyo.
    –Lo siento, pero creo que desde el momento en que mi puño ha tocado la cara de ese tío ya se ha vuelto mi asunto.
    –Eso te pasa por hacerte el héroe, mendrugo.
    –¿Crees que insultándome vas a evitar que nos maten? Me ha parecido ver que uno de ellos tenía una pistola en la cinturilla del pantalón.
    –Estás exagerando.
    –¿Por qué crees que han parado de seguirnos? Van a ir a donde te hospedes, lo saben ¿verdad? –buscó la mirada femenina y sus ojos se cruzaron por un momento; lo más probable era que, además de saber aquello, conocieran todos sus datos y movimientos en la ciudad. Pero no logró descifrar nada en ella. –No tenemos la certeza de que sepan donde te estás quedando ¿vas a arriesgarte y averiguar si lo que digo es cierto?

    Ella por fin se dio cuenta. Él tenía razón.
    –Mierda...

    De pronto un policía les dio el alto al principio de la boca-calle donde se encontraban; seguramente porque alguien de los que presenció la escena anterior lo había llamado. No tuvieron más tiempo para hablar. Necesitaban ocultarse a como diera lugar y no tardaron en correr en dirección contraria. No estaban dispuestos a perder el tiempo en dar declaraciones o aclaraciones de ningún tipo mientras que se supieran acechados por aquellos dos supuestos matones.



    Corrieron sin rumbo. Primero por calles transitadas y después saliendo a barrios más despejados. Cuando Jonghyun comenzaba a desconocer su paradero hizo parar a la joven que lo acompañaba. Esta se apoyó en un muro, al borde de la esquina, del callejón donde dieron a parar; y él posó las manos encima de sus rodillas intentando recomponerse. Respiraban pesadamente tras la maldita carrera que habían marcado para despistar a los otros.
    –¿Conoces la zona? –le preguntó él al recuperar el aliento.
    –Llevo sólo un par de días en Viena ¿por qué? ¿Estamos perdidos?
    –Básicamente.
    –Vaya, lo que me faltaba –se quejó ella, llevándose una mano a la frente.
    –¿Será que por lo menos los hemos perdido de vista?
    –Lo más seguro es que no y sea cuestión de tiempo el que nos encuentren. Si tienes algún tipo de plan, este es el momento idóneo para decirlo.

    Jonghyun se dio un par de golpes en los muslos, se puso recto y volvió a acomodarse la bufanda.
    –Pues no. La verdad es que no tengo idea de qué hacer, porque no sé a quienes me estoy enfrentando ¿ puedes darme una pista? –intentó indagar.
    –¡NO! No tengo idea de quienes eran ¿qué quieres qué te diga?
    –Ah, ¿qué no lo sabías?

    Ella parecía alterada. Jonghyun la vio meditar y la oyó contar hasta diez ¿mentiría? ¿Sería sincera? A pesar de que esto último era muy poco probable, con un simple vistazo lo sabría; o al menos eso creía él, porque no fue así.
    –¿Qué voy a saber yo? Me han abordado sin ningún motivo y ahora tengo unas tremendas ganas de matar a alguien –maldijo ella. –Que por cierto, ¿por qué demonios he tenido que correr contigo? ¿Qué demonios hago dejándome guiar por ti?
    –Cómo decías que no era cosa mía y que podías valerte por ti misma, di por hecho que era tu asunto. Y supongo que estás conmigo porque te sientes protegida, más que nada.

    La vio reírse.
    –Creo que ves demasiadas películas –volvió a carcajear. –¿Ahora las chicas tenemos que trabajar en algo así para saber cómo defendernos? ¿De verdad eres tan anticuado? –ahora lo estaba mirando incrédula. Él simplemente se encogió de hombros. –Siento ser la que te dé la mala noticia pero estamos en el siglo XXI, y creo que debes actualizar tu base de datos, tu sistema operativo se está quedando obsoleto querido. Disculpa que no ser la damisela en apuros que necesita que la rescate un caballero a lomos de un corcel blanco.
    –Prefiero estar chapado a la antigua, me siento cómodo y seguro así. Además, por mucho que lo neguéis, a las mujeres os encanta los caballeros de armadura blanca.
    –No me hagas reír ¿vale?
    –Me da que no has recorrido mundo como yo... a toda mujer le gusta que alguien le regale el oído y la proteja –le aseguró el muchacho.
    –Yo alucino. De todo hombre con el que me he podido cruzar en Viena me has tocado tú. Vanidoso, engreído, egocéntrico y, además, machista empedernido. El lote completito, oye.
    –Wow, me has prestado demasiada atención en tan poco tiempo para no estar interesada en mí ¿no?
    –Stop. Basta –espetó ella. –Mira, ya he tenido suficiente por hoy –después de erguirse y acercarse a Jonghyun, lo señaló. –Tú te vas por allí –apuntó ahora a su derecha, hacia lo largo del callejón. –Y yo me voy por aquí –esta vez lo hizo señalando la avenida por la que habían llegado.
    –¿Qué?
    –Que no te aguanto. Me amarga tu complejo de superioridad. Y tú, todo tú.
    –Me hace gracia que la reina del yo puedo con todo me diga esto. Pero tienes razón –pronunció él cuando la vio darse la vuelta hacia el lugar que ella misma había indicado. –La verdad es que no sé qué coño hago aquí pudiendo estar disfrutando de un paseo mañanero. Esto me pasa por salvar a histéricas que montan bulla en plena calle.

    La chica se giró. Aún sabiendo que la estaba provocando no tenía el día como para tolerar las tonterías de un tío, y menos de ese. Cuando estuvo frente a Jonghyun, la sangre de sus mejillas subió por la rabia y apostó a que, el que tenía delante, también lo había notado porque sus ojos se trasladaron a esa pequeña zona.
    –Mira gilipollas: no estoy dispuesta a aguantar más estúpidos por hoy, e histérica será tu abuela.

    Él abrió la boca sin saber si replicar o no, sabiendo de la presión creciente en su cabeza. Lo dicho por esa mujer lo cabreó, aún teniendo bastante templanza, aquello era de las pocas cosas que no toleraba. Se estaba armando de infinita paciencia. Suspiró y dejó que ella terminara por escupir toda su frustración.
    –Así que vete a la mierda, y de mi vista. Adiós y muy buenas. Suerte con tus conquistas.

    La vio volverse y yéndose por donde había indicado. Estaba excitado, tenía que reconocer que ese tipo de mujer le encantaba. Sus ojos se posaron en el cuerpo de ella al alejarse; se recreó, unos segundos más, en su trasero. Se mordió el labio sin apartar la vista y recordó, en ese momento, la discusión anterior.
    –Tsk, mujeres...



    Kwon Bo Ah. Su nombre le hizo preguntarse muchas cosas en ese instante. Mordiendo un buen pedazo de su bocadillo, había comenzado a divagar en los recuerdos. Rememoró quién le había dado el apellido; ese imponente hombre que llevaba la carga de la justicia sobre los hombros y que haría siempre lo que fuera, por el bien de todos -aunque sus métodos no fueran del todo ortodoxos-. Ella lo sabía, tenía conciencia de sus responsabilidades y consecuencias. Él era su padre y haría lo que fuera por ayudarlo en su propósito. Y de paso, ganarse su reconocimiento.

    Había fracasado, interactuar con el objetivo no era una opción y ese tal Jonghyun conocía ahora su rostro. Siempre había sido buena en su trabajo ¿qué le estaba pasando ahora? Bueno, primero ¿quiénes eran esos dos hombres? ¿La policía? ¿Algún enemigo de su padre? Además de averiguar esto, debía pensar un plan B, algo que la salvara de la vergüenza y de que no quedara como una incompetente frente a su gente. Entonces se cuestionó la torpeza en esta misión, tendría que haber aguantado a ese imbécil, aunque le sacara de sus casillas. Perderlo de vista había sido el fallo, por lo tanto, maldijo su temperamento y la poca paciencia que había tenido con él. No era ninguna novata y había actuado como tal, sin pensar y sólo actuando por impulso. Mierda.

    Cruzó las piernas y sacó su móvil del bolsillo. Estaba sentada en el poyete, como muchos otros más, de la fuente artificial en aquel gran centro comercial. Se había comprado un bocadillo de fiambre y una Coca Cola para retomar fuerzas, aunque no sabía muy bien para qué si aún no sabía qué hacer. No se sentía del todo cómoda, sabía que aún estaba en peligro y no pudo evitar pensar también en el chico que la había salvado. Tenía que reconocerlo, le había sacado de una buena; sin embargo, no estaba dispuesta a comunicárselo; es más, no tenía intenciones de seguir con su misión. Podía perfectamente negarse a realizarla si no quería, pero claro, la decepción que provocaría en su padre ya la condicionaba a no rendirse. Entonces... ¿qué haría?

    Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que no vio al que se le acercaba precipitadamente. Justo antes de poder marcar el número del que tenía pensado llamar, para pedir algún tipo de ayuda en su dilema, se encontró tirando accidentalmente su móvil y el bocadillo por verse zarandeada sin ninguna delicadeza fuera del poyete de esa fuente. Tiró hacia atrás para recuperar su móvil, pero después de entrever que su esfuerzo sería en vano, intentó evitar que la llevara a dios sabía dónde.
    –¡Suéltame! –gritó.

    La gente de alrededor se quedó inmóvil, sin saber qué hacer.
    –¡Que me sueltes, joder!

    En ese momento clavó los pies al suelo y cuando el otro tiró de ella esta cayó hacia delante, ahí fue cuando lo desequilibró y pudo echársele encima literalmente. Después de sentarse a horcajadas en la espalda del tipo, agarrarle el brazo y retorcérselo en la espalda, se sintió con el control de la situación, no obstante...
    –Suéltalo o te vuelo la cabeza aquí mismo –le advirtieron.

    La voz tenue y masculina venía de su espalda. Justo entonces notó algo frío en su cabeza: un cañón de pistola le apuntaba preparado para disparar a bocajarro si su dueño decidía apretar el gatillo. Ella quiso darse lentamente la vuelta para saber quién sostenía el arma y este fue apretado contra su piel señalando que no quería que se moviera un ápice. Derrotada, subió los brazos por encima de su cabeza y poco a poco se levantó, liberando automáticamente al que tenía entre sus piernas. Este, al darse la vuelta, le facilitó a la muchacha reconocerlo: era uno de los dos que la habían interceptado en plena calle cuando seguía a su objetivo, por lo que dedujo que el otro era el segundo en discordia.
    –Ven. Y no hagas ningún movimiento en falso o tus sesos se esparcirán por todo el puto suelo –le volvió a señalar el último, con la amenaza implícita.
    –¿Qué coño queréis de mí? –cuestionó ella.
    –No te lo repetiré más veces.

    BoA no tuvo más remedio que obedecer ahora. Pasó su pierna derecha por encima del cuerpo aún sin girarse sobre si misma y poco a poco retrocedió sobre sus pasos. Las manos aún las tenía por encima de su cabeza en el momento en que se daba cuenta de los gritos de alrededor. Por la excitación y el miedo no había notado aquello, como era lógico todo el mundo parecía aterrorizado por la escena. Los más atrevidos se habían aventurado a quedarse mirando, otros huían despavoridos y algunos estaban paralizados; estos últimos son los que a la joven le preocupaban. Podría morir gente inocente por culpa de esos dos energúmenos.
    –¿No sería mejor ir a otro lugar para esto? Hay mucha gente mirando ¿deseáis ser fugitivos?

    El de su espalda se carcajeó sonoramente.
    –Es divertido tener público.

    Bien, no eran policías, una razón más a su favor para actuar como tenía pensado.
    –¿Quieres diversión?

    Antes del que el otro pudiera contestar BoA ya se había plantado frente a él. En un segundo, le agarró el brazo por la muñeca donde sostenía el arma y la subió hacia arriba. Por reflejo, el hombre apretó el gatillo y un disparo al aire terminó por ahuyentar a los presentes. Forcejearon fuertemente hasta que se vio envuelto el otro, que ya se había recompuesto y acudía en ayuda de su compañero.
    Ahí fue cuando la muchacha se vio empujada hacia atrás, a un lado del recién llegado. Al querer reincorporarse a la lucha el de la pistola le volvía a apuntar, ahora de frente.
    –Se acabó –pronunció este.
    –Oye, no puedes... –le interrumpió su compañero.
    –Me da igual. Asumiré la responsabilidad, pero voy matar a esta perra ahora.

    Y disparó.


    Jonghyun dudó por un momento si obedecer a su instinto o no. Seguir a la muchacha sería ganarse más enemigos y no estaba en la posición indicada para ello. Pero claro, si la perdía de vista también perdería la oportunidad de confirmar sus sospechas y ¿por qué no? La posibilidad de usarla como chivo espiratorio. Aunque fuese algo totalmente bajo, era su única opción de hacer justicia, su verdadera misión.

    La siguió.

    No supo cuánto tiempo pasó desde que se decidiera a ir tras de la muchacha, estaba seguro que un par de horas mínimo. La vio vagar por las calles intentando pasar desapercibida y entrar en algún que otro establecimiento, hasta que observó como accedía a un gran centro comercial. Su vientre rugió al tiempo en que ella daba su primer muerdo al bocadillo recién comprado; sin poderlo evitar, se acercó al lugar donde ella había adquirido el suyo y consiguió otro. Al comprar una botella de agua fue cuando la muchacha se dirigió a la fuente y se sentó en el poyete. Jonghyun la imitó pero su asiento fue una silla en un velador cercano.

    Al terminar su comida sucedió todo, demasiado rápido para poder actuar a tiempo, ahora bien, logró evitar la peor de las desgracias.
    –... voy a matar a esta perra ahora –escuchó decir al que portaba el arma.

    No lo pensó. Se lanzó a la escena y llegó hasta la muchacha para apartarla de la trayectoria de la bala. Lo consiguió. Pudo empujarla con su propio cuerpo hacia un lado y ambos cayeron al suelo. Jonghyun rápidamente se incorporó y ayudó a la otra a hacer lo mismo. El otro hombre siguió disparando en su dirección, por fortuna, erróneamente y ambos pudieron escabullirse agazapados y corriendo en zig zag para esquivarlas. Él notó que ella aún no lo había reconocido y sin embargo le estaba dando las gracias infinitamente al colaborar huyendo de allí sin cuestionarle nada más.



    BoA agarraba la mano ajena fuertemente mientras guiaba a su portador por las calles de Viena, otra vez, huyendo. No giró en ningún momento, necesitaba poner a salvo a ese buen muchacho que le había libró de aquellos dos locos. Ya habría tiempo para hacer lo justo y devolverle el favor.
    Llegaron a una boca-calle donde pensaban descansar unos minutos al ver que los otros le habían perdido el rastro. Se escondieron bajo el techo de un portal diminuto pero el lumbral era bastante ancho para que cupieran los dos sin que nadie los avistara.
    –Gracias. Muchas gracias, yo... –gratificó sin aliento BoA antes de callarse de golpe al darse la vuelta y ver quién la había salvado. –¡¿Tú?!
    –Yo –confirmó Jonghyun sonriendo ampliamente.
    –¡¿Qué?! ¿Por qué? Es decir, ¿no te habías ido en dirección contraria?

    La actitud de la muchacha dictaba mucho del tono molesto. Estaba tan sorprendida por volver a ver a ese hombre que sus pensamientos revoloteaban en su cabeza, confundiéndola.
    –Lo iba a hacer, hasta que tuve un mal presentimiento. Siento haberte seguido pero sentía que era lo correcto hacerlo, es más, he llegado a tiempo para evitar una desgracia –contó él.

    BoA no notó la prepotencia que había presentado por la mañana. Quizás sí había algo bueno en él, detrás de las bromas y las situaciones banales, existía una valentía de la que no presumía en absoluto. Comenzaba a entender que, aunque mujeriego empedernido, ese hombre era trigo limpio ¿por qué le habrían mandado a seguirlo? Bueno, lo mejor es que ya se le había venido a la mente un plan genial y no iba a desaprovechar esa gran oportunidad.
    –Yo...

    Se vio interrumpida por la mano de él en su cintura, su brazo rodeándola fuertemente y girando hasta golpear su espalda con la fría puerta del portal. Atrapada entre esa superficie y el cuerpo de aquel extraño -aunque familiar- hombre, se dio cuenta de los ojos profundos de él, de la verdadera forma de estos; no mostraban vanidad o despotismo, exponían protección y seguridad, tal y como él había asegurado, velaban por ella en ese instante. Fue ahí cuando notó lo que sucedía: los dos individuos que los perseguían pasaron muy cerca y, por suerte, no los vieron; pasaban de largo. Jonghyun miró hacia su derecha y hasta que no avistó que desaparecían por la esquina no se movió en lo más mínimo.
    –Por los pelos... –dijo antes de soltarla y alejarse un poco de ella.
    –G-gracias –¿desde cuando tartamudeaba? –Por todo.
    –No hay de qué. Ahora salgamos de aquí y comamos algo en condiciones. Necesitamos pensar qué hacer para librarnos de ellos definitivamente ¿está bien?

    BoA asintió. Quizás no fuera la mejor elección o el plan más sublime, en cambio, su intuición y la poca confianza que tenía en ese hombre, le daban la determinación para aventurarse a ello.

    Jonghyun sonrió. Ya había dado un paso hacia la verdad.



    Había anochecido ya cuando Jonghyun vio que por fin estaban cerca del hotel. No fue directamente hacia este, si no que lo rodeó por las calles contiguas hasta que estuvo seguro de que nadie los seguía. La muchacha permanecía a su lado, extrañamente, acatando todas sus indicaciones; algo que él no pasó por alto. En aquel entonces no pretendía agarrar la mano femenina y se tensó cuando la otra sí lo hizo para detenerle.
    –¿Dónde vamos?
    –A ese hotel de ahí, es dónde me hospedo ¿tendrías algún inconveniente en compartir una habitación de hotel conmigo? –le preguntó al final, temiendo que lo malinterpretara.
    –¡¿Qué?!

    La chica parecía totalmente sorprendida, como había previsto.
    –Tranquila, no soy ese tipo de persona aunque lo pienses, porque no hemos empezado con buen pie si no... –aclaró Jonghyun.
    –Cállate, sé perfectamente a qué te refieres –le interrumpió algo avergonzada.
    –Sería mientras todo se calma, es más, no creo que te venga bien dejar tu rastro en el registro ¿no?
    –Sí, tienes razón. Pero sería arriesgarte en balde, es decir, no conoces a esa gente.
    –Ellos tampoco me conocen a mí –susurró él, esperando que ella no lo escuchara. –Simplemente actúo así cuando veo algo injusto, no le des más vueltas. Déjame ayudarte.
    –Bueno, la cosa es que no quiero abusar, a mí tampoco me conoces de nada y, como comprenderás, estoy un tanto escéptica por ofrecerme tu ayuda. El simple hecho de que no pidas nada a cambio me parece algo curioso.

    La mueca de Jonghyun tornó divertida.
    –Nadie ha dicho que no te vaya a pedir nada a cambio –bromeó.
    –Lo sabía. Siempre hay gato encerrado ¿vas a pedirme que me acueste contigo?
    –Por supuesto que no. Era broma, aunque me has dado una ligera idea... –dicho esto se acercó a la muchacha y esta se puso a la defensiva. –Ahora, confía en mí.

    Entrelazó los dedos con los de ella mientras esperaba su reacción. La notó tensarse aún más por aquel gesto y le brindó una de sus encantadoras sonrisas. Al parecer dio resultado porque se rindió ante él y esto le hizo sentirse orgulloso de su don con las féminas.
    –Está bien –aceptó ella.
    –Tu nombre.
    –¿Qué?
    –El mío es Jonghyun ¿el tuyo?

    Quizás fuera tanto arriesgado dar su nombre. Aunque no se conocieran de nada, aún sabiendo que ella seguramente le ocultaría su verdadera identidad y el motivo que la llevaba a seguirlo, necesitaba que confiara en él plenamente. Sentía que su deber en aquel momento era protegerla, a pesar de que, en un futuro no muy lejano lo más probable es que tuvieran que enfrentarse. Debían orquestar todo eso juntos, por la seguridad de ambos. Además, su nombre real no lo vinculaba con nada de su pasado, ciertamente no perdía nada por utilizarlo en una situación como esa.
    –Sólo lo necesito en caso de que alguien pregunte, tengo una idea para que todo salga bien cuando entremos ahí.

    La chica dudo. Hasta que intuyó a la perfección el plan que se formaba en la cabeza masculina y decidió colaborar, por el momento.
    –K... –casi la cagó diciéndole su nombre real, así que tras carraspear pensó en algo mejor. –BoA, todo el mundo me llama BoA.
    –Curioso apodo, me vale –le respondió satisfecho.


    La recepcionista los miró de reojo cuando cruzaron la entrada. Ciertamente, Jonghyun, llamó su atención desde el mismo momento en el que lo vio por primera vez. Días antes, cuando llegó al hotel, habían flirteado sin ningún reparo. Y no le atraía porque fuera asiático, si no porque ese hombre tenía un don para encandilarla sin siquiera hablar. Al observar que iba acompañado de una mujer -con sus manos unidas a ella y brindándose ciertos gestos cómplices entre ellos-, una punzada de celos le azotó por completo. Aunque hubiesen cruzado sólo un par de miradas y dos frases vagas, se imaginó teniendo un desliz con él. Lástima que ahora sabía de qué pie cojeaba, no perdería su tiempo con un Don Juan.
    –Buenas tardes.

    Se dirigió a ellos, adrede, para que Jonghyun se diera cuenta de que los había visto. Este le sonrió pícaramente y apretó más la mano de la que lo acompañaba, mientras se dirigía con ella al ascensor.
    –Muy buenas.

    La que respondió fue BoA, en un perfecto alemán. Inmediatamente después, se inclinó hacia delante en una reverencia típica de su costumbre asiática, como disculpándose en cierto modo por el comportamiento desganado y grosero de Jonghyun, que no tenía otra intención que sonreír como respuesta.


    Estando ya en el ascensor y soltándose de las manos como si se quemaran, suspiraron aliviados por lograr fingir ser una pareja; ahí ella se tomó el atrevimiento de preguntarle algo a Jonghyun. Sabía lo que había sucedido con la recepcionista, conocía muy bien a los tipos como él y no estaba dispuesta a quedarse callada. Previamente había coqueteado con la pobre chica, estaba segura. Que no era ese tipo de persona... , ni él mismo se creía tal cuento. Lo miró atentamente, intentando convencerse de que, para ella, no tenía tanto encanto como parecía. Y por qué negarlo, necesitaba encontrarle defectos que desbancaran todo lo bueno de él y no caer como las demás.
    –¿Haces eso con todas?
    –¿El qué?

    Aparentó desconocimiento, según ella. Esperó que pulsara el botón que los llevaría a la habitación de este para volver a la carga. No es que le interesara mucho su vida, pero le molestaba sobremanera los hombres así, alguien les tenía que aclarar que lo que hacían dañaba a otras personas; aunque seguramente conocieran ese hecho y actuaran a conciencia. Vomitivo.
    –Coquetear tan descaradamente –le aclaró. –Es que sinceramente, no sé cómo no te calan al momento. Se te ve a leguas, tienes un cartel pegado en la frente con un enorme te utilizo hasta que consigo lo que yo quiero en letras mayúsculas y rojas, hechas de lucecitas parpadeantes.
    –No es mi culpa que las mujeres se encandilen de una simple sonrisa o gesto insinuante. Es mi encanto natural –dijo él chasqueando la lengua.

    Se puso al lado de ella, con sus brazos cruzados en el pecho, impasible, como si hablar de ello fuera lo más normal del mundo. Esa actitud la requemó, definitivamente. No lo soportaba, si bien tendría que agradecerle haberla salvado y ayudado a ocultarse, no tragaba su forma de ser; como persona podría ser un amor, como hombre dejaba mucho que desear. Típico, pensó.
    –Cuéntale eso a otra tonta. Esa patraña está a años luz de convencerme.
    –Está bien –ella lo vio moverse antes de proseguir, se apoyó en la superficie justo al lado de ella y se rascó la cabeza despreocupado. Se encogió de hombros, como si quisiera quitarle importancia al asunto. –Digamos que depende de lo que quiera de ellas.
    –Veo que crees estar en otra liga ¿eh? Te gusta jugar duro.
    –No soy el primero que utiliza su encanto para eso, además, les alegro el día.
    –Vaya, que conmovedor de tu parte –ironizó ella, rodando sus ojos.
    –Supongo que depende de cómo se mire.
    –Tsk, todos sois iguales.
    –Venga –en ese momento fue la primera vez que se veía interesado por la conversación. –Ahora me dirás que una mujer guapa, con un buen físico y carismática como tú, no ha utilizado nunca su belleza para conseguir que los hombres hagan cosas por ella.

    Notó que intentaba llevarla a su terreno. Aunque tuviera razón, su trabajo consistía básicamente en eso, independientemente de que estuviera o no de acuerdo, era algo que debía hacer. Es más, con los que trataba eran de todo menos inocentes, nada comparado con lo que hacía el que tenía en frente.Y mucho menos le informaría a este sobre sus estrategias para hacer bien su labor. Iba listo si así lo pensaba.
    –Pero yo no voy dejando hombres encandilados.
    –Créeme, sin quererlo, lo haces. Te aseguro que si no fuera perro viejo me tendrías a tus pies.

    BoA rió a carcajada limpia. Aquello era nuevo ¿estaba intentándolo con ella? Ah no, ni de broma.
    –Ni lo intentes conmigo, no funcionará.
    –Siempre funciona. Tarde o temprano.

    Ella bufó. Él le hizo un gesto coqueto, casi arrastrándola a sonreír, pero su orgullo no le permitía corresponderle, sólo eso le faltaba.
    –¿En serio te lo estás creyendo? –le preguntó alucinando con la desfachatez del otro.
    –Sí, esa es la cuestión. Es más, cualquier hombre podría caer por ti con tan sólo una mirada tuya si te lo propusieras. Pero apuesto a que ya lo sabes ¿eh? Por mucho que lo quieras ocultar, un ladrón reconoce a otro.

    Disparo en la frente. La había pillado. Necesitaba evadir el tema, no entraría en su maldito juego.
    –Cree lo que te dé la gana.
    –Claro, cuando uno da en el clavo se acaba la conversación ¿no? Típico de vosotras –dicho esto rió sonoramente.



    Se abrió la puerta del ascensor un par de veces antes de llegar a la planta correspondiente a la habitación de Jonghyun. Fue en séptima cuando se abrió por segunda vez y entró un hombre. Este era alto, bastante encorvado, desgarbado y grande, muy grande. Vulgarmente: un armario de tres puertas. Ataviado con un chaquetón gris oscuro hasta las rodillas, un clásico sombrero negro y unas gafas de aviador. Tenía aires de mafioso, pero con el frío que hacía en el exterior, cualquiera medianamente imponente pasaría por eso. Les saludó con una simple inclinación del rostro y un buenos días en alemán. Ellos le correspondieron aparentando amabilidad, mientras se enviaban miradas de aviso entre ambos, se volvieron a coger de las manos como si se trataran de dos enamorados. El ambiente se tensó sin razón y los jóvenes desearon llegar a su destino tan pronto como fuera posible. El tipo carraspeó varias veces antes de girarse hacia ellos, incómodo por las miradas que se clavaban en él. Lo captaron, debían relajarse. Aunque toda persona que se les cruzara era potencial sospechosa ahora que estaban tratando de huir, no se calmarían por mucho que lo intentaran.

    Bastó con un disimulado gesto de Jonghyun, indicándole que la próxima parada era la suya, para que ella supiera que debían bajarse en ese entonces del ascensor. Y así fue, aún unidos por sus manos, salieron de allí tranquilamente.

    Al llegar a la habitación indicada, el chico sacó una tarjeta magnética del bolsillo de su pantalón y la pasó por la ranura especial de la puerta. Esta se abrió con un sonoro pitido y ambos accedieron al cuarto. Ella no pudo evitar su asombro al entrar. Se quedó atrás admirando todo a su alrededor, por lo que Jonghyun se adelantó para dejarla acostumbrarse al lugar. Conocía ese tipo de habitación, sólo la gente con pasta podía permitírsela. Se trataba de una suite bastante espaciosa, luminosa y elegante. De paredes lisas y un color gris suave en todas ellas. Se notaba que habían sido meticulosos al decorarlo todo. Nada más acceder a la estancia, había a un recibidor al estilo inglés que daba al salón; este consistía en una simple mesa de cristal, dos sillas minimalistas y un amplio sofá, con sólo mirar el material de todo aquello descifraba su alto precio. A su izquierda estaba una lujosa cocina americana, con una amplia isleta que separaba esta del salón. Y a la derecha, casi al fondo de toda la estancia, había una pared de material traslúcido -seguramente corredera por uno de sus lados para poder acceder al otro emplazamiento-, que daba la suficiente privacidad a la zona, por lo que adivinó que se trataba del dormitorio.
    –Ponte cómoda.

    Mientras decía esto, él se quitaba la bufanda para tirarla en una de las sillas y, acto seguido, hizo lo mismo con el abrigo. Automáticamente ella lo imitó, porque la verdad es que comenzaba a tener mucho calor debido a la alta calefacción; que habría hecho de la habitación algo acogedor en otro momento, pero no en ese. Aquella estrepitosa huida los traía acalorados, notablemente, a ambos.
    –Vaya. Manejas dinero, esta suite está a la alcance de unos pocos ¿eh?
    –Digamos que soy bueno en lo mío.

    Jonghyun llegó hasta la pared traslúcida y, después de colocar las manos en una hendidura al borde de aquella, tiró fuertemente hacia un lado. Efectivamente, como predijo BoA, se podía ver una cama de matrimonio al otro lado y una puerta medio abierta, en la derecha, que daba al baño. Ella se sentó en la silla libre mientras se relajaba al fin.
    –Espérame aquí, ¿está bien?
    –Tampoco es que pueda moverme de aquí sin que nadie trate de matarme –satirizó ella.

    Él simplemente le sonrió antes de irse directo al dormitorio ¿o al baño? No lo pudo ver desde donde estaba, tampoco es que quisiera saberlo. Comenzó a silbar despreocupada mientras miraba aún más a su alrededor, sus ojos se detuvieron en la consola del recibidor. No se fijó hasta ese instante, habían varios papeles apilados no muy ordenados en la esquina derecha. Sintió una curiosidad tremenda, es más, ese montón de folios la estaba llamando. Cuando quiso darse cuenta se encontraba frente al susodicho mueble leyendo una de las líneas de la primera hoja.


    ... del presente documento queda en confidencialidad, por consiguiente...

    –He encontrado esto. Espero que te sirva –se manifestó Jonghyun a sus espaldas.

    Abrió completamente los ojos ¿La habría descubierto cotilleando? ¿Le obligaría a confesar lo que estaba tramando? Suplicaba para sus adentros que no, así que se giró sonriéndole e intentando disimular. No estaba tan cerca, yacía -quieto- cerca de la mesa del salón, mirándola aparentemente en desconocimiento total de lo que había estado haciendo la muchacha. Traía el pelo mojado, una camiseta de mangas cortas y un pantalón de chándal, por lo que dedujo que se había dado una ducha rápida y se había cambiado en un tiempo récord. No pudo, o no quiso, analizar la figura del hombre frente a ella, no deseaba encontrar más virtudes que defectos en él. En su brazo derecho sostenía un par de prendas y se las brindaba alzando su mano en dirección a ella.
    –¿Eh? –preguntó BoA yendo hacia Jonghyun. Al recoger lo que el otro le ofrecía vio que se trataba de un pantalón deportivo, una capucha y una camiseta de tirantes. –Oh, gracias.
    –Lo más seguro es que te quede grande pero no tengo otra cosa.
    –No te preocupes. No me voy a preocupar por cómo me quede en esta situación ¿no?
    –Tienes razón. El baño está a mano derecha, justo entrar al dormitorio la verás. Estás en tu casa –indicó él sentándose en la silla, justo en la que había estado ella minutos antes. Y le sonrió.

    Era todo tan idílico, él era tan irrealmente altruista, que la hizo detenerse por un momento. Nunca en su vida se había fiado de que lo bueno fuera tan bueno y, mucho menos, de que alguien fuera tan cortés con ella sin pedirle nada a cambio. No le entraba en la cabeza, por más que lo intentara comprender, no era capaz de creerse tal bondad para con ella.
    –¿Por qué haces esto? –preguntó al fin de descubrir sus, supuestas, verdaderas intenciones.
    –¿Hacer el qué?
    –¡Esto! –señaló la ropa y su alrededor. –¡Arriesgarte y brindarme tu casa, hacer todo esto por mí! –su dedo terminó por apuntar su vientre.
    –Ya te lo he dicho: no tolero las injusticias.
    –¿Por qué noto que todo esto es demasiado bueno para ser verdad?

    Una punzada de culpa atravesó el pecho de Jonghyun pero ¿por qué? ¿No era ella la que lo perseguía? ¿Cómo podía estar ablandándose por la magistral actuación de la muchacha? Sabía que era un papel, donde disimulaba ser una joven ingenua que se preguntaba por todo a su alrededor, porque claro, en el ascensor era alguien totalmente distinta. Entonces... ¿Por qué le atacaba esa maldita sensación? Entendía que estuviera buscando una reacción de él y que, por algún medio, estaba trabajando para averiguar algo relacionado a su pasado, incluso la había pillado segundos antes leyendo aquellos malditos documentos del mueble en el recibidor. Que joder, se le había olvidado ocultarlos y tampoco era de adivinar que, por causalidades de la vida, aquella chica iba a si quiera pisar su habitación de hotel.
    Sabía que esa sensación de estar usándola injustamente debía desaparecer. Aún así, se maldecía por ser rastrero y buscar algo a cambio, se suponía que había roto con su nefasto pasado, presumía de haberse redimido de todo el mal que hizo. Sin embargo, en esos momentos, estaba siendo de nuevo el Camaleón.
    Maldición. ¿Debía ser así? ¿Necesitaba volver a métodos deshonestos para averiguar la identidad de esa mujer? Ahora bien ¿por qué demonios no podía controlar su lado humano con ella? ¿Por qué la estaba protegiendo? ¿Cómo se arriesgaba a tener al lobo en su propia morada? Se auto-convenció: fingía ayudarla y protegerla por el simple hecho de conseguir que confiara en él y al fin de sonsacarle el porqué lo seguía.
    –Simplemente una persona ayuda a otra en apuros, no le des más vuelvas. No saco nada con ello, es más –alzó su mano para indicar su lujoso alrededor. –¿No ves que tengo más que suficiente con todo esto?
    –Es que... –por primera vez la vio dudar, dudar sinceramente de su propio objetivo y esperó ansioso a que prosiguiera, sin embargo... –Tienes razón.

    Mierda. Tendría que jugar algunas de sus cartas en ese mismo instante.
    –BoA ¿por qué estás en Viena?
    –Eh... –dudó ella. –Vacaciones –después de fruncir el ceño y mirar hacia él como queriendo averiguar la razón de su pregunta, prosiguió inmediatamente. –¿Por qué?
    –Simple curiosidad... –respondió Jonghyun, intentando restarle importancia.
    –¿Y tú?
    –Huyo del pasado. De las mentiras y las falsas metas. Los objetivos equivocados y valores arraigados que, al final, no son tan valerosos e íntegros como yo pensaba. Una causa con una base podrida y métodos deleznables para conseguirla. Quería romper con todo eso de inmediato –paró en seco, explicando una verdad a medias.

    ¿Estaría revelando demasiado? No obstante, necesitaba que ella entendiera de qué hablaba, que se diera cuenta que él ya no pertenecía a ese mundo. Que por mucho que quisiera, jamás podría volver o/e intentar comprenderlo. Quería que captara el mensaje si, por algún casual, estaba en lo cierto y BoA formaba parte de esa maldita organización. Y si su objetivo era acabar con su vida pues que lo hiciera, así, sin más.
    –A veces, las malas decisiones, nos hacen andar en malos pasos –intervino ella.

    La miró a los ojos y sintió que de verdad pensaba en lo que acababa de decir, su ceño fruncido así se lo indicó ¿era una actriz de primera, y le estaba lanzando una indirecta, o en realidad se cuestionaba aquello? Él intentaba entender de qué pie cojeaba, así que prosiguió indagando aún con la duda ¿sería capaz de sonsacarle algo? ¿Sería BoA una simple aprendiz a la que poder abrirle los ojos?
    –Eso es. Aferrarte a algo que sabes que es dañino, no sólo para ti, si no para los demás, no es muy recomendable. Digamos que no iba por buen camino y quise cambiar, decidir mi destino y tener el control sobre mi vida –le expuso Jonghyun lo más ambiguamente posible.
    –¿Cómo sabes que este camino que has tomado es el correcto?
    –Supongo que cuando estás en el camino correcto no te cuestionas si lo es o no.
    –Ohh –pronunció ella sin querer, porque de inmediato se puso una mano en la boca.

    Fue ahí cuando sus miradas se conectaron. Ella vio la verdad detrás de todo lo demás y él encontró la duda absoluta. Por primera vez se entendieron. Posturas totalmente opuestas que ahora se daban la mano metafóricamente. ¿Qué era aquello? ¿A qué clase de sensación conjunta se enfrentaban?

    Y entonces BoA notó que algo andaba mal. Se había cuestionado mil veces lo que hacía, por lo tanto, ¿Jonghyun estaba en lo cierto? ¿Estaba dando pasos hacia el lugar equivocado? Todo su mundo se vería desmoronado si lo creyera así que ¿cómo, tan siquiera, podía estar dudando por las vagas palabras de alguien que acababa de conocer? ¿Cómo era capaz ese hombre de confundirla tanto?
    Sus preguntas cesaron cuando recordó a quien tenía en frente. Le habían hablado de su especialidad, sabía que su labia y su supuesta sinceridad serían sus más efectivos juegos para hacerla fallar. Desviarse de su objetivo no era una opción así que carraspeó e intentó despejar sus dudas. Él no le iba a ganar la batalla, por mucha razón que tuviera en lo que había dicho, ella sabía muy bien que estaba en el lado correcto. A pesar de que los medios no fueran del todo honorables, alguien tenía que hacer el trabajo sucio ¿no?

    La curiosidad mató al gato. En vez de zanjar el tema quiso indagar más.
    –Entiendo tu punto, pero dime... aunque no sea ético ¿no te parece que alguien debe hacer el trabajo sucio? –cuestionó.
    –No. Porque al final terminas convirtiéndote en lo que quieres erradicar, acabas siendo igual que ellos ¿lo entiendes?

    –¿Y dejarlo en manos de una justicia tan inepta? –insistió la fémina.
    –Sí. Quizás no sea la más rápida o efectiva vía, pero la finalidad hace la diferencia.
    –¿Y si no atrapan al delincuente con sus métodos, y si se les escapa? –espetó ella, parecía frustrada. –¿Y si no hay otra opción?
    –Siempre hay otra opción.

    Volvió a dejarla sin palabras ¿qué demonios le ocurría con Jonghyun?
    –¿Qué fue lo que te hizo cambiar de bando?

    –Ella...

    Jonghyun tragó saliva. Recordarla no era una buena opción en aquellos momentos. BoA abrió sus ojos totalmente, sintiendo una tremenda curiosidad por aquella que podía cambiar el pensamiento de alguien en todos sus aspectos.
    –¿Una mujer?
    –Sí –en cierto modo así era, por lo tanto... –Bueno, el simple hecho de saber su verdadero pasado.
    –Así que esa actitud de mujeriego es a causa de esa mujer ¿eh? Interesante...

    Al decir esto se dio la vuelta dispuesta a irse al baño. El tema estaba acabado, no estaba dispuesta a perder el tiempo hablando sobre los romances de ese hombre. Este no se dio cuenta y siguió hablando para justificarse:
    –¿Qué? ¡No! Es decir... –ella ya había desaparecido de su vista. –¡Oye!


    Jonghyun ya había sacado varias mantas y una almohada del armario cuando BoA salió del baño ya duchada. La repasó con sus ojos, de la cabeza a los pies. Su pelo caía por sus hombros aún húmedo; su cara limpia de maquillaje; y llevaba encima sólo la sudadera. Al hombre le costó tragar correctamente. El silencio se hizo cortante y ella se sintió incomodada por la exhaustiva observación que le brindaba él. Suspiró sonoramente antes de hablar, para que le prestara atención a sus labios y no a lo demás.

    –Me quedaban demasiado grandes, no he podido ni atarlos –se justificó mientras le devolvía la susodicha prenda. –No vi inconveniente en usar la sudadera como camisón, así que...
    –Genial –pronunció demasiado emocionado. –Digo, está bien, no te preocupes –se corrigió yendo hasta BoA y agarrando la prenda que le daba.
    –¿Dónde voy a dormir? ¿En el salón?
    –No, tranquila. Dormirás aquí, yo iré al salón. El sofá es bastante cómodo, así que no te preocupes.
    –Gracias, Jonghyun. Por todo –le agradeció ella sinceramente.
    –No me las des, recuerda que...
    –No toleras lo injusto y lo harías por cualquiera, lo sé –lo interrumpió sonriéndole.

    Él le correspondió inclinando además su cabeza y yendo hacia la mampara traslúcida antes de darle las buenas noches y cerrar, no del todo, aquella estancia.
    –Duerme bien –susurró ella.



    La puerta se abrió lentamente, no podía hacer ningún movimiento en falso si quería penetrar en aquella habitación sin que alguno de esos dos se percatara de su presencia. Lo tenía muy difícil, según los informes, ambos eran peligrosos delincuentes que formaban parte de una poderosa organización; estaba por hacer frente a la única oportunidad para darle un fuerte golpe, aquellos eran unos de los brazos más importantes del famoso grupo Los hijos del Kraken. Haber logrado dar con ellos ya era un paso bastante significativo; las condecoraciones que iba a obtener, si todo resultaba como tenía previsto, lo llevarían a realzar su carrera hacia nuevos horizontes llenos de reconocimientos y renombre. Pero sobretodo, desarticular aquella fuerza terrorista, le daría la sensación de haber hecho lo correcto en su trabajo, de haber erradicado ese mal del mundo.

    Al entrar y cerrar la puerta cuidadosamente, vio un cuerpo descansando en el sofá del salón, era un chico de unos veintitantos años, moreno y de rasgos asiáticos. Sí, la descripción coincidía, era uno de sus objetivos. Sigilosamente se acercó para notar que el hombre dormía, o fingía dormir, plácidamente y sin apartar la vista de este llegó a la superficie traslúcida que separaba esa estancia con el dormitorio para asomarse por el hueco. Allí, en la cama, yacía una mujer que, según los documentos del caso, también coincidía con los rasgos dados.

    Sintió una mezcla de triunfo y miedo, aunque ahora parecieran inofensivos, sabía que si alguno despertaba estaría en graves problemas. No por nada traía refuerzos que esperaban ansiosos, alguna señal, fuera del hotel. Su experiencia le daba la certeza de que nunca podría cantar victoria por muy bien que pintara todo, porque lo complicado venía en ese instante: cómo hacer para inmovilizar a uno sin que el otro lo notara. Quizás hubiera sido mejor que alguno de sus compañeros subiera con él, pero se negó, aquel caso ya rayaba lo personal para él y no pondría en peligro a nadie más si no estaba del todo seguro sobre el plan. No arriesgaría otra vida más que la suya.

    Después de echar un último vistazo al joven del sofá se dirigió hacia la otra habitación. Sacó lentamente, mientras avanzaba, un pañuelo previamente impregnado de cloroformo. Lo que no avistó es que, a la altura del tobillo en el pequeño hueco abierto, estuviera atado un pequeño hilo que iba desde la pared hasta una de las sillas del salón que Jonghyun había colocado junto a la puerta translúcida. Al querer traspasar ese tope, escuchó el ruido que hizo la silla sobre el suelo cuando su pie avanzando tensó el hilo. Antes de averiguar si el muchacho se había despertado o no -porque sabía que efectivamente así debía ser-, corrió hacia el baño y cerró la puerta rápidamente pero con cuidado de no causar más ruido.


    Jonghyun abrió los ojos. Como temía, alguien había allanado su habitación. Se incorporó enérgicamente para intentar pillar al individuo pero no vio nada. Necesitaba algo, un arma improvisada que le sirviera para defenderse. Se levantó directo hacia la cocina y recogió un rodillo de amasar que estaba sobre la encimera y miró en dirección a la habitación de BoA. No encendió ninguna luz, no quería alertar al intruso si estaba escondido en algún rincón de la suite y lo sorprendiera en la oscuridad; mejor ir con cuidado y sin dar pistas de su exacta ubicación que arriesgarse a ello. Avanzó hacia donde estaba la muchacha muy despacio, preparado para atacar si alguien se le abalanzaba a él o iba directamente a por ella. Nadie salió a su encuentro y entonces adivinó que ese extraño había escogido el baño como escondite, ya que antes de dormir se aseguró de que la puerta quedara medio abierta y ahora estaba totalmente cerrada.

    Cuando llegó al lado de la muchacha se agachó para taparle la boca en un gesto delicado de su mano. BoA abrió los ojos asustada hasta que vio la cara de Jonghyun justo encima de suya. No la dejaba articular palabra pero él tampoco habló, señaló con sus ojos al baño. La señal estaba clara: había alguien en ese lugar que no debería.
    –¿Yo abro y tú le das? –susurró ella en el momento en que el otro le quitaba la mano de su boca.
    –Sí, buen punto.

    Dicho esto, BoA se levantó tranquilamente y ambos fueron hasta la puerta del dichoso baño. La abrieron después contar hasta tres y no supieron cómo actuar cuando vieron al intruso apuntándolos con una 9mm. Fue entonces cuando Jonghyun reconoció al que la portaba.

    Era Kwon Bi Hyuk, el único que se había dignado a considerar su caso. Hacía ya varios meses de su envío a la central de investigación de la policía de Seúl. No daba ningún nombre o dato relevante pero le ofrecía información sobre los movimientos que daría la organización terrorista en un futuro. Al parecer, había aceptado el caso y este lo había llevado hasta allí ¿fue por BoA? ¿Habían localizado a la muchacha o lo habían localizado a él? Si bien dio sus datos y explicó que había formado parte de Los hijos del Kraken, también declaró su total colaboración con la policía y que no estaba dispuesto a entregarse a ellos sin que reconsideraban su situación y dejaban que los ayudara con sus investigaciones. Jamás descansaría hasta ver a su antiguo líder tras las rejas, y mucho menos dejarse encerrar sin que ese pagara todo lo que los había obligado a hacer bajo falsas verdades y principios. No tuvo respuesta por parte de la justicia en meses pero... parecía que al fin habían considerado su sugerencia.
    –Suelte ese... –el hombre miró el peculiar arma que portaba Jonghyun y bajó un poco el brazo con el cual los apuntaba. –Suelte el rodillo –al momento volvió a enderezar ese mismo brazo.

    Jonghyun lo hizo. No pensaba hacer daño a ese pobre hombre que sólo cumplía con su trabajo sabiendo que quizás venía a negociar su propuesta. Sin embargo, la presencia de BoA podría confundirlo, necesitaba hacerle saber que la joven no tenía nada que ver con él pero que tuviera en cuenta que podía pertenecer a esa organización. También aclarar que tuvieron que huir de la policía por perder de vista a esos dos que los habían acribillado a balazos, quería saber quienes eran y por qué deseaban capturar a la muchacha. Conocer la verdad era una de sus prioridades, además de ver al Kraken entre rejas.
    –Soy el agente de policía Kwon Bi Hyuk y estáis bajo arresto –se presentó el desconocido.
    –¿Tiene una orden de arresto o registro? Sabe que si no la tiene esto es allanamiento y abuso de autoridad ¿verdad? –indagó ella.
    –¿De qué se nos acusa? –dijo Jonghyun, desviando el tema.
    –De pertenecer a la organización Los hijos del Kraken. Usted debe ser el famoso Camaleón ¿no es así? –declaró Bi Hyuk.
    –¡¿Qué?! –clamó BoA.

    Esta miró a Jonghyun directamente ¿podría ser cierto que ese tipo fuera el gran Camaleón? ¿Su padre le había mandado a vigilar al famoso miembro que hacía bastante tiempo abandonó la organización? Su mandíbula se desencajó, era cierto ahora que lo pensaba bien. El Kraken necesitaba saber qué tramaba Jonghyun al no estar ya bajo su yugo. Maldita sea, aunque jamás le hubiera visto la cara, había escuchado ese alias millones de veces... ¿cómo no se había dado cuenta antes? Claro, BoA sólo interactuaba con Lara y Tower ya que eran un equipo altamente efectivo, y su padre nunca quiso que los miembros de un grupo supieran más de lo necesario de otro y mucho menos interactuar con ellos. Recordaba que mucho antes de hacerse con su puesto, el Camaleón y Lara trabajaron juntos por muchos años. Oh dios... ¿era ella la mujer de la que habló Jonghyun horas antes?

    Ahora lo entendía todo. ¡Mierda! Que estúpida había sido ¿lo tenía todo planeado? ¿Todo lo que le dijo e hizo fue sólo para averiguar su verdadera identidad? Notó que la sangre le subía por las mejillas, estaba totalmente cabreada. Nunca debió dejarse llevar por las apariencias. Desde el principio supo que ese tipo significaba problemas ¿por qué demonios le había dejado decidir por ella? ¿Cómo saldría de esta? Necesitaba llamar a su padre, quería que la sacara de allí en ese momento. Su trabajo no consistía en salir de embrollos como este. Pensó en Lara, esta sí acudiría si su progenitor no daba señales de vida, ella sí la salvaría a toda costa.
    –¿Y usted? ¿Usted qué representa para la organización? –siguió cuestionando el policía.

    Ya no los apuntaba, había bajado el arma en una falsa libertad para los otros dos.
    –¿De qué habla? ¿Jonghyun, qué significa esto? ¿Eres algún tipo de terrorista? –fingió BoA, apartándose de el susodicho con recelo.
    –Contéstele joven, dígale su verdadera identidad a su novia.
    –¡Contéstame Jonghyun!

    Este casi rió por el descaro de la muchacha. Ahora estaba seguro que sí trabajaba para el Kraken.
    –¡Contesta! –insistió BoA.

    En ese momento, el policía cruzó su mirada con Jonghyun. Este entendió a la perfección que sí conocía su verdadera situación y que sí deseaba ayudarle. El joven asintió levemente, sin que ella pudiera darse cuenta.
    –Lo era. Yo era el famoso Camaleón y el Kraken era mi líder. Ahora, como te he dicho, he visto la verdad: la justicia estaba del otro lado y simplemente me he reconducido al camino correcto. –respondió al fin. –BoA, tú puedes hacer lo mismo. Tienes la oportunidad para remendar todos tus errores –se giró hacia Bi Hyuk. –Podrá buscar su propia justicia sin necesidad de escoger dudosos caminos ¿verdad agente? –después de ver asentir al policía volvió su rostro hacia la chica. –No niegues nada de lo que estoy diciendo, tanto tú como yo, sabemos que nadie puede perseguir al Camaleón sin que él se dé cuenta. El Kraken te ha mandado aquí para controlarme ¿no es así?
    –¡¿Qué?! –no tenía ninguna salida. No podía mentir más y tampoco podía admitir la verdad ¿qué haría ahora? –¡No! Yo no...
    –Todo lo que te dije antes era cierto, BoA: El Kraken nos ha engañado a todos y ha utilizado muy vilmente nuestro pasado. Sólo déjame que te lo demuestre –le aseguró Jonghyun.

    La mueca suavizada de este la estaba haciendo dudar. No. No podía estar dudando.
    –¿Qué te dijo a ti? ¿Que alguien había matado a tus padres y tienes que tomar venganza con tal persona? ¿O te ha asegurado que todos tus objetivos se merecían lo que les hace? –se acercó a ella y esta retrocedió. La notó confundida y bastante afectada. –¿No te has preguntado nunca si la policía estaba ya operando en contra de esos delincuentes? ¿De si el Kraken sólo buscaba la venganza indiscriminada y datos que perjudicaban no sólo a esas personas si no a mucha más gente inocente? –la miró a los ojos. –¿Te has preguntado alguna vez si estabas haciendo lo correcto?

    Sí. Por supuesto que se lo había preguntado. Por supuesto que sabía que el camino que había escogido dictaba de ser el correcto, pero ¿cómo podría dudar de los principios de su propio padre? ¿Cómo sería capaz de ir contra él?
    –¿Qué estoy haciendo? –se preguntó. –Kwon Bo Ah, ¿qué estás haciendo?
    –¿Kwon...? –divagó Bi Hyuk. –¿Kwon Bo Ah?

    Los ojos del hombre maduro se abrieron completamente y Jonghyun avistó que acababa de descubrir algo bastante importante sobre ella. ¡Oh, claro! ¡Kwon Bo Ah!
    –Eres la hija de Kwon Jae Hyuk. ¡Eres la hija del Kraken! –afirmó el chico.
    –¿Qué? –en ese entonces supo que había pensado en voz alta. –¡No!
    –¡¿Cómo?! ¡Tú! –exclamó Bi Hyuk. –Mi sobrina ¡Tú!
    –Perdón pero yo... –eso era demasiado para ella.

    Jonghyun lo entendió todo y quiso tranquilizarla. Hacerle saber que había una buena explicación por la que luchar contra su propio padre. Incluso decirle que tenía una hermana pero... supo que la verdad podría destruirla.
    –Bo Ah... –susurró mientras posaba sus manos en los hombros femeninos.
    –¡No me toques! –espetó la otra mientras se apartaba bruscamente del contacto ajeno.

    Justo en ese momento se vio acorralada y no lo pensó. Rebuscó en sus pensamientos las pocas clases que Lara le había dado sobre cómo afrontar este tipo de situaciones y su bombilla se encendió. Le hizo una llave a Jonghyun que lo envió al suelo. Bi Hyuk que alzó su brazo automáticamente dispuesto a amenazarla con el arma, pero ella hizo un movimiento magistral, que consistía en apretar las muñecas del otro con el dorso de ambas manos y obligarlo a soltar la pistola, que funcionó a la perfección. Antes de que cayera al suelo la pudo coger. Alargó su brazo hacia los dos hombres, ahora aturdidos, y los apuntó con ella.
    –Jonghyun, lo siento –se secó las lágrimas con la mano libre. –No puedo ir contra todo lo que significa algo en mi vida –él la miró casi entendiéndola. –Aunque sé que debo pagar por lo que hago, no va a ser ahora –mientras decía esto retrocedía, al llegar cerca de la silla donde tenía toda su ropa la recogió sin dejar de mirarlos y apuntarlos. Cuando llegó al recibidor y abrió la puerta a la salida se dirigió de nuevo al más joven. –Quizás en un futuro llegue a la tesitura en que me replantee otro camino, nunca se sabe. Pero puede que sea demasiado tarde cuando esto suceda.
    –Nunca será demasiado tarde, recuerda que siempre hay otra opción.

    Ambos sonrieron.
    –Gracias.

    En ese momento tiró la pistola a un lado y cruzó la puerta. Jonghyun no fue tras ella. Bi Hyuk no dio la voz de alarma. Nadie impidió que el rastro de la muchacha desapareciera.



    Cuatro meses después, Jonghyun volvía a Seúl. Había estado colaborando con la policía desde ese entonces. Su vida era normal, dentro de lo que cabía, e incluso se atrevió a debutar con un grupo de rock coreano. Pero ese recuerdo aún rondaba su mente y esa mujer seguía cruzándose por sus pensamientos. Averiguó, gracias al ahora comisario Bi Hyuk, que BoA seguía al servicio de su padre, también que los dos que los persiguieron ese tormentoso día eran miembros de la mafia rusa intentando extorsionar al gran Kraken secuestrando a su hija. Tiempo después, Bi Hyuk le contó la historia al completo de Jae Hyuk, su hermano era un buen aliado. El apoyo de la policía le estaba dando muchos datos y facilidades para llevar a acabo su venganza; sin embargo, ella podría haber sido un pilar fundamental en su plan para desbancar al Kraken y toda su antigua organización.

    Metió la llave en la cerradura y entró en su apartamento. A sus pies vio un sobre que no llegó a ser arrastrado por la puerta al abrirla. No tenía remitente y, rompiendo la solapa sacó el folio de su interior y una pequeña llave. Sonrió ampliamente tras leer las cuatro únicas líneas escritas en él.


    “Esa llave abre una pequeña taquilla en la parada City Hall del metro de Seúl. Te gustará la información que hallarás ahí.
    Sí, al final elegí el camino correcto.

    Tú lo dijiste. Nunca es demasiado tarde.”



    Era ella. Era Kwon Bo Ah. Sintió una enorme felicidad por la muchacha, por fin había abierto los ojos. Quiso averiguar en ese mismo instante su paradero pero entendió que era mejor así. Sabía que tarde o temprano la volvería a ver. Ella misma se pondría en contacto con él. Estaba seguro.



    –Aún recuerdo ese día como si fuera ayer...

    La muchacha se agarró el mechón de pelo que tenía rozándole el rostro para pasárselo por detrás de la oreja. Sonrió totalmente encantada al recordar ese momento de su vida. La carta entre sus manos mostraba ese breve mensaje que le dejó hacía ya años a su ahora pareja. Le enterneció que la tuviera guardada en la mesilla. No es que estuviera espiando, es que estaba buscando los gemelos de él para completar el conjunto que llevaría esta misma noche. Se puso de pie porque había estado en cuclillas hasta ese momento y se posó un brazo por el vientre. Le entró una nostalgia repentina. Había estado interesado en ella desde mucho antes. No la amaba desde el comienzo pero sí le había llamado la atención. Sollozó conmovida.
    –¿Qué ocurre? ¿Por qué lloras?

    Escuchó la voz masculina en su espalda y unas manos rodeándole la cintura en un tierno gesto. Notó la respiración de su chico en el hombro y un casto beso en aquella sensible zona. Tembló.
    –Jonghyun... –dijo al darse la vuelta para encararlo.
    –Bo Ah, ¿qué te pasa nena? –le preguntó dulcemente él.
    –Esto me pasa –le brindó la carta y el otro sonrió al reconocerla. –El pasado, ya sabes.
    –Pero ya pasó todo, no llores por eso.

    Le limpió las saladas mejillas con los pulgares, con su característica delicadeza. Siempre la había tratado así, desde que la había conocido. Lo amaba demasiado por eso y por ser su salvador, lo había sido en todos los sentidos y necesitaba que supiera lo agradecida que estaba.
    –No es por tristeza, es por darme cuenta de que ese día cambió mi vida. Tú me cambiaste la vida, Jonghyun. Jamás podré devolverte tal cosa, yo...
    –Anda, ven aquí –Jonghyun la abrazó fuertemente. BoA lo rodeó también con sus brazos para sentirlo completamente unido a ella. –Amándome como lo haces es más que suficiente para devolver eso que deseas devolverme. Aunque yo no veo que debas devolverme nada –la agarró por el mentón y la obligó a mirarlo a los ojos. –Además, me encantabas por aquel entonces y lo sabes.


    Ella intentó reírse pero fue ahí cuando sus labios conectaron con los de Jonghyun en un perfecto beso. Se dejó amar, se dejó querer y se dejó llevar. Todo había cambiado para ellos. El inicio de aquella venganza sólo logró que ambas almas pudieran reencontrarse y ser libres juntos.



    FIN





    El comienzo de una arriesgada venganza by Laura Ramírez Patarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.