lunes, 29 de abril de 2013

"Cariño... Eres un idiota" I

Os dejo el capítulo 1 de este fanfic con Jonghyun como protagonista, espero que os guste. 


Introducción








Capítulo 1: El viaje hacia mi sueño



El viaje a su nueva vida comenzaba en esos instantes. Ya estaba todo pensado, premeditado. Eso no hubiera sido posible en la mente de Laura sin sopesar todos los pros y los contras para hacerlo. Era impulsiva en muchos casos, no pensaba muy bien las cosas que decía. Torpe para expresar sus sentimientos y emociones. A la hora de ser sincera, lo era, sí demasiado. Incluso había sido tachada de cruel, algo que daba prácticamente igual. Pero si se trataba de cuestiones importantes analizaba el más mínimo detalle para decidirse por un camino u otro.

Ya tenía todo listo. Las maletas a rebosar. La ropa, los zapatos y mil cosas más. Hizo hueco para que cupiera la playstation. Sí, solía ser una pirada de los videojuegos, como le aseguraban muchos, pero lo que dijeran otros no le importaba lo más mínimo. Si no se encontraba inmersa escribiendo sus historias, lo estaba en los videojuegos. Más de una vez le habían dado ideas para sus historias. Amaba escribir, y más, si se trataba de estilos de suspense, acción y fantasía. Aquellos juegos la ayudaban a inspirarse, como la música. Entonces buscó con la mirada su móvil. No lo usaba mucho, rara vez llamaba y se comunicaba por él. Aunque sus listas de canciones inspiradoras estaban ahí. Más bien lo tenía como su mp3-smartphone ya que simplemente abusaba de las aplicaciones por entretenimiento y no por intentar facilitar sus interacciones personales. En cierto modo odiaba ser localizada en cualquier parte con ese cacharro. La gente al no dar con ella, muchas veces les ponía excusas básicas como: “estaba apagado”, “sin cobertura” o directamente “en silencio”. Prefería conectarse con el mundo sólo cuando le apeteciera, definitivamente no le agradaba que los demás se contactaran con ella, tan fácilmente, las veinticuatro horas del día. Si no fuera porque le daba cierta seguridad llevar algo encima por si ocurría algo y ser localizada al instante, lo habría dejado en cualquier rincón de su habitación fingiendo haberlo olvidado.

-¡Laura! ¡Date prisa o el avión se irá sin ti!- La voz de su madre la distrajo de sus reflexiones acerca del dichoso aparatito y se lo guardó en el bolso. Este se lo cruzó por el busto ya que nunca le gustó llevarlo simplemente colgado de un lado, le parecía inseguro y propenso a caerse así. Agarró ambas maletas llenas de sus pertenencias y se dispuso a salir de la que había sido siempre su habitación hasta ahora.

Algo la hizo retroceder. Lo más importante, su portátil recién comprado. Poseía uno de sobremesa que en semanas llegaría a su nuevo hogar pero mientras necesitaba ese pequeño tesoro para continuar con sus historias en ese pequeño periodo de tiempo. Una persona normal vería excesivo que para unos pocos días comprara un ordenador suplantando al otro. Laura no podía estar ni un sólo segundo sin escribir al menos un párrafo de sus historias. Sí, en plural. La tachaban de loca y enferma, riéndose de ello en cierto modo. Aunque sinceramente le daba lo mismo, era feliz sumergiéndose en cada una de esas lineas y su droga personal dedicar cada rato libre a lidiar con su mente sacando las mejores palabras en ellas. Un maletín en el escritorio guardaba su herramienta de trabajo y todos sus accesorios, contando con tres cargadores. Loco, muy loco. Pero su miedo enfermizo a quedarse sin batería la hacía ponerse de los nervios poniendo su mente en blanco, algo que no podía permitirse.

-¡Laura!-

-¡Ya! ¡Ya voy! Las prisas son peores en estos casos, así que deja de presionarme ¿Quieres?- A simple vista parecía una mala contestación pero la relación con su madre era bastante buena. Quizás las confianzas daban asco en estos casos pero agradecía poder contar con ella en cualquier ocasión. Sus caracteres chocaban y muchas veces las voces se alzaban tanto que hasta los vecinos oían de p a pa toda la conversación o más bien la discusión. Daba lo mismo, a los cinco minutos, el mar enfurecido volvía a la calma con una facilidad pasmosa. El día no era para nada más que puros nervios y al no reflejarlos físicamente, Laura lo hacía de esa manera.

-Una maldita hora para prepararte ¿Te crees que el tiempo va detrás de ti?- Le ayudó de mala gana agarrando una de las maletas que llevaba hasta ahora Laura.

-Ya ya. Venga vayámonos- No había tiempo para ponerse a averiguar si el tiempo lo manejaba ella o si el avión podría esperarla como a una marquesa. Debían darse prisa antes de que la joven perdiera el vuelo. Se cercioró por unos segundos si le faltaba algo y, al ver que no, echó el último vistazo a su casa. Momentos divertidos, tristes, alegres y sobretodo felices... Eso iba a cambiar, su vida iba a cambiar. Esperaba, sinceramente, que lo que la esperaba allí fuera suficiente para compensar todos esos recuerdos en su viejo hogar. Por un segundo se preguntó si merecía la pena emprender ese viaje dejando atrás todo aquello pero debía hacerlo. Por su sueño, por lo que había anhelado hacía ya bastantes años. Sonrió por última vez en ese lugar y cruzó el umbral de la entrada. Enterrando las sensaciones de miedo y resquemor repentino. No podía dar marcha atrás ahora, si lo hacía se arrepentiría por el resto de su vida. Adiós sueño, adiós vida. Cerró los ojos al cerrar la puerta y correr hacía su coche donde su padre había estado pitando todo un cuarto de hora antes.

Su nueva vida comenzaba en el momento en que su progenitor pisaba el acelerador...

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-¡No! ¡Onew porfa!- Gimoteaba Jonghyun siguiendo de cerca a su mayor. Este pasaba del armario a la cama y viceversa, colocando ropa en varias maletas. La habitación en la que se encontraban era la de su hermano menor. Ese que ahora se comportaba como un bebé haciendo una rabieta. Tiraba de vez en cuando alguna que otra prenda al suelo que Onew, ya cansado, recogía para volver a meterla en la maleta correspondiente. -Anda. Convence a papá de que me deje quedarme ¡Venga hermanito! Te lo compensaré, te lo prometo...

-Dios Jonghyun, odio cuando te pones así. Te comportas como un crío, parece mentira que recién hayas cumplido los veinticuatro...- Decía esto sin cesar lo que estaba haciendo. El otro se paró con el ceño fruncido, totalmente molesto. Onew se giró hacia él cuando no lo vio interrumpirle. -¿Qué pasa? ¿Ya lo has entendido?

-No. Sólo me preguntaba si te gustaría que le dijera a mamá sobre tus salidas nocturnas...

-¡¿Qué?! ¿Qué demonios estás insinuando?

-Nada. Sin embargo un rumor así disgustaría mucho a mamá ¿Verdad? ¡Oh! ¡Espera! ¿Qué tal si papá se entera de aquella vez cuando...

-¡Ya basta Jonghyun! No vas a intimidarme con eso, di lo que quieras. Papá y mamá saben todo de mí. Jamás creerían una mentira como esa- Vio como la mueca divertida del menor se trasformaba a una de total fastidio. Se sintió satisfecho al ganar. Raras veces permitía que lo sobrepasara y le divertía saberse superior en esas cuestiones. Igualmente amaba a su hermano por sobre todas las cosas, lo que estaba haciendo era por su bien. Quería que se diera cuenta de que la burbuja en la que andaba metido podría romperse de mala manera y caer sin rumbo fijo fuera de ella. Tocaba hacerle salir por su propio pie sin tener que dañarlo más de la cuenta. Al fin y al cabo era un buen muchacho, sólo necesitaba encauzarse por el camino correcto. Onew apostaría toda su fortuna a que llegaría a ser un empresario excepcional si simplemente se dejara de comportar como un niño de quince años.

-Te detesto, detesto que seas tan santurrón. No tengo por donde pillarte. Maldito...- Onew no pudo redimir una carcajada bastante sonora. Jonghyun cuando quería era muy gracioso y más cuando se frustraba o se daba por vencido. Terminó de recoger todos los cajones con la ropa de su hermano y cerró las maletas, sin ver que ahora Jonghyun se acercaba a él con recelo. -Las tarjetas seguirán activas ¿Verdad?

-No- Sabía la reacción que conllevaría haberle dicho eso, y no se hizo esperar.

-¡¿Qué?! ¡Estáis locos, completamente locos! ¡¿Me vais a dejar sin un puto duro en la calle?!- Sus gestos con las manos imitaban a los ofuscados tertulianos de un programa de cotilleos en televisión. Onew reprimió otra carcajada y intentó entrarlo en razón.

-Tendrás casa, un bonito bloque de pisos a las afueras de la ciudad. Simplemente deberás usar tu talento para encontrar trabajo. Sé que serás capaz de hacerlo, tienes labia y muy buena presencia. No te va a costar nada sobrevivir sin el dinero fácil de papá- La mirada incisiva de Jonghyun no alentaba el éxito de haberlo convencido, al contrario, parecía aún más cabreado con él.

-¡Aish! De verdad, no sé que he hecho para merecer esto ¿Y tú? ¿Tú qué haces para que no te hagan lo mismo? Sonreír como un estúpido siempre ¿Por qué demonios no me funcionará esa técnica a mí?- Se sentó bruscamente en la cama y Onew lo imitó posando su mano en el hombre de su hermano menor.

-Jonghyun... Además de mi “encantadora sonrisa” me esfuerzo por ayudar a papá en la empresa. También estudio mi carrera de medicina. Tú, prácticamente te rascas la barriga, por no decir otras partes de tu cuerpo, todo el tiempo. Debes entender que tanto papá como yo queremos lo mejor para ti

-¿Lo mejor para mí? ¿Dejarme tirado como a un perro en dios sabe donde?- Le apartó la mano con un movimiento veloz y lleno de ira. Onew no se dignó a corresponder con la misma violencia. Entendía la frustración de Jonghyun pero debía explicarle bien a que se estaba ateniendo.

-Sí, sólo hasta que entiendas el valor de todo lo que posees. Papá trabajó mucho para formar este imperio, no lo ganó de la nada Jonghyun. Eso debes entenderlo y la mejor forma es esta...

-Me niego...- Cruzó los brazos sobre su pecho y hizo un mohín.

-Anda Jonghyun... El chófer nos espera- Palmeó un par de veces la espalda del otro y se levantó, no sin antes recoger una de las maletas. -Coge la otra y date prisa. No me hagas noquearte como aquella vez...

-Me las pagarás Onew, de una u otra forma, me las pagarás...- Amenazó el menor agarrando la maleta sobrante y siguiendo a su hermano hacia la puerta de la habitación.

-Déjate de amenazas que no puedes cumplir y date prisa- Al verlo adelantarlo apoyó su mano en la nuca del joven simulando una colleja para empujarlo levemente hacia delante. Escuchó el bufido de Jonghyun y volvió a sonreír. Esperaba que su idea de obligarlo a independizarse diera resultado sacando de su interior al hombre trabajador y digno de que seguramente se sentiría orgulloso. Había sido su idea por lo tanto era responsable de todo lo que le sucediera fuera de su casa por ese periodo de “prueba” al que iba a someterlo ¿Sería capad de conseguir su propósito? Debía esperar un milagro y uno de los grandes.

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-Estate tranquila mamá, os llamaré todos los días- Inesperadamente se vio abrazada con fuerza por su madre. Ambas eran reticentes a los mimos pero al parecer, esta ocasión lo requería. Se dejó achuchar con un nudo en la garganta. No le gustaba llorar y mucho menos en frente de sus seres queridos. Su amplia sonrisa daba ánimos siempre y no era partidaria de llantos en momentos tristes. Prefería ver el lado bueno de todo aunque fuera algo insostenible. Mierda. Una estúpida lágrima recorría su mejilla haciéndola sentir débil. Rápidamente se separó de su madre dándole la espalda para limpiar disimuladamente el agua en su rostro y volver a hacia ella. Sus padres sonrieron, la habían pillado, no era momento de fingir nada así les devolvió la sonrisa y dejó escapar libremente un sollozo. La mano de su padre sobó su brazo en señal de apoyo y recuperó la seguridad que había adoptado esa mañana. Al escuchar el aviso de su vuelo habló con tono neutro. -Ya me tengo que ir...

Retrocediendo por el pasillo de embarque alzó su mano agitándola. Los vio diciéndole adiós, imitando su gesto y sonriendo tristemente. Estaba doliendo más de lo que había pensado pero su decisión estaba clara. Su sueño la llamaba justamente desde Seúl. Al girar hacia su destino suspiró tratando de entrar en calma y sus pasos se volvieron decididos.

Unas once horas más tarde se despertó por el ruido de los demás pasajeros sacando sus bolsas de los cajones de los compartimentos superiores. Jamás había viajado en avión, tampoco pensó que fuera tan relajante como para terminar dormida casi todo el recorrido. Sonrió al chocar contra un joven igualmente adormilado que ella y le bajó amablemente el maletín donde viajaba su portátil.

-Muchas gracias- Dijo Laura amablemente. El chico era asiático pero sus grandes ojos la hacían dudar. Entonces recordó que seguramente no la entendería en castellano por lo que hizo utilidad de los meses que pasó estudiando coreano para llegar preparada a Seúl. También sabía chino pero siendo un vuelo de España a Corea el chico era de un país o del otro. Y definitivamente, él, no era español por lo que quedaba que fuera surcoreano. -Muchas gracias- Repitió en coreano.

-De nada- Se sorprendió al verse correspondida con un “de nada” en un fluido español. Él notó la mueca de Laura y le sonrió. -Soy de Seúl pero mis tíos son españoles. Vengo de visitarlos y me encanta como sois. Espero que en tu estancia aquí seas tan bien recibida como yo en tu país- El “guapo” se alejó sin dejarla de observar, haciendo que sus mejillas tornaran rojas. Carraspeó sonoramente antes de negar con la cabeza y salir del, ahora, sofocante pasillo del avión. Buen comienzo. Comenzaba a gustarle Seúl y sólo era su primer día.

¿Podría durarle la felicidad hasta que alcanzara su sueño? Si todos los habitantes de esa enorme ciudad iban a ser como ese muchacho, el buen ambiente para su inspiración, y el éxito, estaban asegurados...


Capítulo 2: ¡¿Perdón?!



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