miércoles, 22 de julio de 2015

El color de las rosas

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.

Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd): No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.

Como bien expone:




1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 


2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.


3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.





El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.


Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...


***

Ya sé que dije que no habrían más fanfiction por aquí pero como este se lo debía a Carla, y Carla es Carla, pues aquí está la continuación del relato corto No hay rosas blancas
Esta chica se merece esto y más por mi parte así que recordad que sigo escribiendo mi próximo proyecto y que esto es una excepción. ¡Hasta pronto, saludos!
PD: Te quiero <3

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Esta imagen no me pertenece. Todos los créditos a su autor.


El color de las rosas


La muchacha volvía a su departamento. Había sido un día fructífero y traía una sonrisa en la cara. El jefe les dio por fin la esperada paga extra y deseaba llegar a casa para comunicarle la buena notica a su pareja. Este, desde que ocurrió aquel desafortunado –y extraño– accidente donde su abdomen fue desgarrado por un cuchillo, había cambiado bastante. Ahora parecía más relajado que antes, como si disfrutara de la vida, y ella lo achacaba a que después de enfrentarse a la muerte, el ser humano, intentaba aprovechar el día a día como si fuera el último.
A pesar de que Eun Ji no tratara de preguntarse mucho si aquello era algo bueno o malosimplemente convivía con ello–, alguna que otra vez sentía la necesidad de saber lo que llevó a Jaehwan a intentar suicidarse. La sola mención del tema los tensaba hasta el punto de acabar enzarzados en una discusión que nunca había llegado a ningún lado. Aquella cuestión era un tabú para la pareja desde el mismo día en que volvieron a casa; Ken estuvo ingresado en el hospital cerca de tres semanas, y por mucho que frivolizaran con ese hecho, la verdad es que había estado al borde de la muerte.

Incluso la propia mente de Eun Ji estaba borrosa y no recordaba muy bien aquel fatídico día porque, precisamente, aquellas lagunas se lo impedían. Agradecía enormemente que todo quedara en un susto y su pareja siguiera con ella fuera como fuese, sin embargo, sabía que nada iba a ser como antes.
Nada era como antes.

martes, 7 de julio de 2015

Ese algo sutilmente obvio

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.


Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd):
 No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.


Como bien expone:



1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 

2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.

3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.



El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...




La imagen no es mía.
Sólo ha sido levemente editada por mí para albergar el título.

Ese algo sutilmente obvio



A Alma* no le gustaba llegar tarde. Siempre intentaba acudir a sus citas unos minutos antes o, muy raramente, a la hora. Así que se calzó sus Oxford beige de terciopelo y se pasó el asa de su bolso canela por la cabeza, a modo de bandolera –ambos complementos le daban un aire fresco al vestido camisero y en tono nude, que le terminaba justo por encima de las rodillas–; mientras, miraba el reloj en su muñeca. Tenía dos minutos para estar en el lugar de encuentro y llegaba tarde.
Chasqueó la lengua al darse cuenta de que se iba sin echarse perfume y sin el móvil. Era tarde, muy tarde. Y para colmo, estuvo a punto de golpearse con la puerta de la entrada cuando alguien la abrió desde fuera.
–¡Sorpresa!