lunes, 29 de diciembre de 2014

El comienzo de una arriesgada venganza

Antes que nada comenzaré con lo que os avisé, en la cabecera de todas las entradas aparecerá esta explicación para quede claro todos los puntos a los que están sometidas las licencias de mis escritos.


Reconocimiento – NoComercial – SinObraDerivada (by-nc-nd):
 No se permite un uso comercial de la obra original ni la generación de obras derivadas.
Como bien explica:

 
  • 1º No se puede sacar dinero de ella, ya que es mía y hecha sin fines lucrativos. 
  • 2º No se pueden hacer adaptaciones de ningún tipo sin el consentimiento del autor, o sea, yo. Una adaptación es toda aquella que tenga similitudes con la historia original en un 80% o la trama sea la misma. En caso de ambas es directamente un plagio.
  • 3º No se puede compartir la obra o fragmentos de la misma sin los créditos pertinentes, sobretodo sin siquiera avisar al autor.

 
    El contenido de este blog está sujeto a esta licencia. Todas las historias de ficción que aquí muestro son totalmente inventadas por mí -Laura Ramírez Patarro-, los personajes reales que aparecen en ellos son varios idols del kpop y por tanto no son míos y se pertenecen a sí mismos. Todo lo que ocurra en estas historias es ficticio (a parte de las características físicas de los personajes reales que aparecen en ella), cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
    Aclarado esto, la entrada comienza ahora mismo...


    ---

    ¿Holi?
    Bueno, que os dejo esto por aquí... sé que dije hace mucho tiempo que lo iba a subir pero ya que era un regalo para Carla pues he preferido hacerlo justo hoy. Felicidades de nuevo, te quieroooooo <3

    Y pues nada... espero que disfrutéis de esta pequeña precuela de Los hijos del Kraken y ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!


    ---

    Recomiendo leer Los hijos del Kraken antes para entender esta historia.






    El comienzo de una arriesgada venganza


    Las fiestas locales estaban en auge y cientos de turistas se agolpaban por los improvisados pasillos llenos de tiendas ambulantes y puestos. Estaban ubicados a lo largo de la calle, repletos de clientes extranjeros y también de los propios habitantes de Viena.

    Una chica se había sumado a esa iniciativa y había montado un pequeño puesto junto a los demás, era su primera vez, a pesar de que hasta ese momento nunca vio rentable vender en otro lado que no fuera su querida tienda, este año se encontró siendo convencida por su nuevo empleado. A primera hora de la mañana, ayudada por ese -su único subordinado-, trasladó casi la mitad de las existencias de su local al puestito. Ahora ella estaba terminando de colocar los expositores unos encima de otros mientras que el muchacho había ido a recoger las últimas cosas que faltaban; como algunos pasteles y dulces, que irían justo detrás del mostrador de cristal. Después de darse cuenta del ambiente creciente de la calle, se fue al fondo de su improvisado quiosco y se detuvo para suspirar sonoramente, quizás sí podrían sacar un buen balance al final del día. Después de todo, no fue mala idea hacerle caso a su compañero.