lunes, 29 de abril de 2013

"Cariño... Eres un idiota" I

Os dejo el capítulo 1 de este fanfic con Jonghyun como protagonista, espero que os guste. 


Introducción








Capítulo 1: El viaje hacia mi sueño



El viaje a su nueva vida comenzaba en esos instantes. Ya estaba todo pensado, premeditado. Eso no hubiera sido posible en la mente de Laura sin sopesar todos los pros y los contras para hacerlo. Era impulsiva en muchos casos, no pensaba muy bien las cosas que decía. Torpe para expresar sus sentimientos y emociones. A la hora de ser sincera, lo era, sí demasiado. Incluso había sido tachada de cruel, algo que daba prácticamente igual. Pero si se trataba de cuestiones importantes analizaba el más mínimo detalle para decidirse por un camino u otro.

Ya tenía todo listo. Las maletas a rebosar. La ropa, los zapatos y mil cosas más. Hizo hueco para que cupiera la playstation. Sí, solía ser una pirada de los videojuegos, como le aseguraban muchos, pero lo que dijeran otros no le importaba lo más mínimo. Si no se encontraba inmersa escribiendo sus historias, lo estaba en los videojuegos. Más de una vez le habían dado ideas para sus historias. Amaba escribir, y más, si se trataba de estilos de suspense, acción y fantasía. Aquellos juegos la ayudaban a inspirarse, como la música. Entonces buscó con la mirada su móvil. No lo usaba mucho, rara vez llamaba y se comunicaba por él. Aunque sus listas de canciones inspiradoras estaban ahí. Más bien lo tenía como su mp3-smartphone ya que simplemente abusaba de las aplicaciones por entretenimiento y no por intentar facilitar sus interacciones personales. En cierto modo odiaba ser localizada en cualquier parte con ese cacharro. La gente al no dar con ella, muchas veces les ponía excusas básicas como: “estaba apagado”, “sin cobertura” o directamente “en silencio”. Prefería conectarse con el mundo sólo cuando le apeteciera, definitivamente no le agradaba que los demás se contactaran con ella, tan fácilmente, las veinticuatro horas del día. Si no fuera porque le daba cierta seguridad llevar algo encima por si ocurría algo y ser localizada al instante, lo habría dejado en cualquier rincón de su habitación fingiendo haberlo olvidado.

-¡Laura! ¡Date prisa o el avión se irá sin ti!- La voz de su madre la distrajo de sus reflexiones acerca del dichoso aparatito y se lo guardó en el bolso. Este se lo cruzó por el busto ya que nunca le gustó llevarlo simplemente colgado de un lado, le parecía inseguro y propenso a caerse así. Agarró ambas maletas llenas de sus pertenencias y se dispuso a salir de la que había sido siempre su habitación hasta ahora.

Algo la hizo retroceder. Lo más importante, su portátil recién comprado. Poseía uno de sobremesa que en semanas llegaría a su nuevo hogar pero mientras necesitaba ese pequeño tesoro para continuar con sus historias en ese pequeño periodo de tiempo. Una persona normal vería excesivo que para unos pocos días comprara un ordenador suplantando al otro. Laura no podía estar ni un sólo segundo sin escribir al menos un párrafo de sus historias. Sí, en plural. La tachaban de loca y enferma, riéndose de ello en cierto modo. Aunque sinceramente le daba lo mismo, era feliz sumergiéndose en cada una de esas lineas y su droga personal dedicar cada rato libre a lidiar con su mente sacando las mejores palabras en ellas. Un maletín en el escritorio guardaba su herramienta de trabajo y todos sus accesorios, contando con tres cargadores. Loco, muy loco. Pero su miedo enfermizo a quedarse sin batería la hacía ponerse de los nervios poniendo su mente en blanco, algo que no podía permitirse.

-¡Laura!-

-¡Ya! ¡Ya voy! Las prisas son peores en estos casos, así que deja de presionarme ¿Quieres?- A simple vista parecía una mala contestación pero la relación con su madre era bastante buena. Quizás las confianzas daban asco en estos casos pero agradecía poder contar con ella en cualquier ocasión. Sus caracteres chocaban y muchas veces las voces se alzaban tanto que hasta los vecinos oían de p a pa toda la conversación o más bien la discusión. Daba lo mismo, a los cinco minutos, el mar enfurecido volvía a la calma con una facilidad pasmosa. El día no era para nada más que puros nervios y al no reflejarlos físicamente, Laura lo hacía de esa manera.

-Una maldita hora para prepararte ¿Te crees que el tiempo va detrás de ti?- Le ayudó de mala gana agarrando una de las maletas que llevaba hasta ahora Laura.

-Ya ya. Venga vayámonos- No había tiempo para ponerse a averiguar si el tiempo lo manejaba ella o si el avión podría esperarla como a una marquesa. Debían darse prisa antes de que la joven perdiera el vuelo. Se cercioró por unos segundos si le faltaba algo y, al ver que no, echó el último vistazo a su casa. Momentos divertidos, tristes, alegres y sobretodo felices... Eso iba a cambiar, su vida iba a cambiar. Esperaba, sinceramente, que lo que la esperaba allí fuera suficiente para compensar todos esos recuerdos en su viejo hogar. Por un segundo se preguntó si merecía la pena emprender ese viaje dejando atrás todo aquello pero debía hacerlo. Por su sueño, por lo que había anhelado hacía ya bastantes años. Sonrió por última vez en ese lugar y cruzó el umbral de la entrada. Enterrando las sensaciones de miedo y resquemor repentino. No podía dar marcha atrás ahora, si lo hacía se arrepentiría por el resto de su vida. Adiós sueño, adiós vida. Cerró los ojos al cerrar la puerta y correr hacía su coche donde su padre había estado pitando todo un cuarto de hora antes.

Su nueva vida comenzaba en el momento en que su progenitor pisaba el acelerador...

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-¡No! ¡Onew porfa!- Gimoteaba Jonghyun siguiendo de cerca a su mayor. Este pasaba del armario a la cama y viceversa, colocando ropa en varias maletas. La habitación en la que se encontraban era la de su hermano menor. Ese que ahora se comportaba como un bebé haciendo una rabieta. Tiraba de vez en cuando alguna que otra prenda al suelo que Onew, ya cansado, recogía para volver a meterla en la maleta correspondiente. -Anda. Convence a papá de que me deje quedarme ¡Venga hermanito! Te lo compensaré, te lo prometo...

-Dios Jonghyun, odio cuando te pones así. Te comportas como un crío, parece mentira que recién hayas cumplido los veinticuatro...- Decía esto sin cesar lo que estaba haciendo. El otro se paró con el ceño fruncido, totalmente molesto. Onew se giró hacia él cuando no lo vio interrumpirle. -¿Qué pasa? ¿Ya lo has entendido?

-No. Sólo me preguntaba si te gustaría que le dijera a mamá sobre tus salidas nocturnas...

-¡¿Qué?! ¿Qué demonios estás insinuando?

-Nada. Sin embargo un rumor así disgustaría mucho a mamá ¿Verdad? ¡Oh! ¡Espera! ¿Qué tal si papá se entera de aquella vez cuando...

-¡Ya basta Jonghyun! No vas a intimidarme con eso, di lo que quieras. Papá y mamá saben todo de mí. Jamás creerían una mentira como esa- Vio como la mueca divertida del menor se trasformaba a una de total fastidio. Se sintió satisfecho al ganar. Raras veces permitía que lo sobrepasara y le divertía saberse superior en esas cuestiones. Igualmente amaba a su hermano por sobre todas las cosas, lo que estaba haciendo era por su bien. Quería que se diera cuenta de que la burbuja en la que andaba metido podría romperse de mala manera y caer sin rumbo fijo fuera de ella. Tocaba hacerle salir por su propio pie sin tener que dañarlo más de la cuenta. Al fin y al cabo era un buen muchacho, sólo necesitaba encauzarse por el camino correcto. Onew apostaría toda su fortuna a que llegaría a ser un empresario excepcional si simplemente se dejara de comportar como un niño de quince años.

-Te detesto, detesto que seas tan santurrón. No tengo por donde pillarte. Maldito...- Onew no pudo redimir una carcajada bastante sonora. Jonghyun cuando quería era muy gracioso y más cuando se frustraba o se daba por vencido. Terminó de recoger todos los cajones con la ropa de su hermano y cerró las maletas, sin ver que ahora Jonghyun se acercaba a él con recelo. -Las tarjetas seguirán activas ¿Verdad?

-No- Sabía la reacción que conllevaría haberle dicho eso, y no se hizo esperar.

-¡¿Qué?! ¡Estáis locos, completamente locos! ¡¿Me vais a dejar sin un puto duro en la calle?!- Sus gestos con las manos imitaban a los ofuscados tertulianos de un programa de cotilleos en televisión. Onew reprimió otra carcajada y intentó entrarlo en razón.

-Tendrás casa, un bonito bloque de pisos a las afueras de la ciudad. Simplemente deberás usar tu talento para encontrar trabajo. Sé que serás capaz de hacerlo, tienes labia y muy buena presencia. No te va a costar nada sobrevivir sin el dinero fácil de papá- La mirada incisiva de Jonghyun no alentaba el éxito de haberlo convencido, al contrario, parecía aún más cabreado con él.

-¡Aish! De verdad, no sé que he hecho para merecer esto ¿Y tú? ¿Tú qué haces para que no te hagan lo mismo? Sonreír como un estúpido siempre ¿Por qué demonios no me funcionará esa técnica a mí?- Se sentó bruscamente en la cama y Onew lo imitó posando su mano en el hombre de su hermano menor.

-Jonghyun... Además de mi “encantadora sonrisa” me esfuerzo por ayudar a papá en la empresa. También estudio mi carrera de medicina. Tú, prácticamente te rascas la barriga, por no decir otras partes de tu cuerpo, todo el tiempo. Debes entender que tanto papá como yo queremos lo mejor para ti

-¿Lo mejor para mí? ¿Dejarme tirado como a un perro en dios sabe donde?- Le apartó la mano con un movimiento veloz y lleno de ira. Onew no se dignó a corresponder con la misma violencia. Entendía la frustración de Jonghyun pero debía explicarle bien a que se estaba ateniendo.

-Sí, sólo hasta que entiendas el valor de todo lo que posees. Papá trabajó mucho para formar este imperio, no lo ganó de la nada Jonghyun. Eso debes entenderlo y la mejor forma es esta...

-Me niego...- Cruzó los brazos sobre su pecho y hizo un mohín.

-Anda Jonghyun... El chófer nos espera- Palmeó un par de veces la espalda del otro y se levantó, no sin antes recoger una de las maletas. -Coge la otra y date prisa. No me hagas noquearte como aquella vez...

-Me las pagarás Onew, de una u otra forma, me las pagarás...- Amenazó el menor agarrando la maleta sobrante y siguiendo a su hermano hacia la puerta de la habitación.

-Déjate de amenazas que no puedes cumplir y date prisa- Al verlo adelantarlo apoyó su mano en la nuca del joven simulando una colleja para empujarlo levemente hacia delante. Escuchó el bufido de Jonghyun y volvió a sonreír. Esperaba que su idea de obligarlo a independizarse diera resultado sacando de su interior al hombre trabajador y digno de que seguramente se sentiría orgulloso. Había sido su idea por lo tanto era responsable de todo lo que le sucediera fuera de su casa por ese periodo de “prueba” al que iba a someterlo ¿Sería capad de conseguir su propósito? Debía esperar un milagro y uno de los grandes.

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-Estate tranquila mamá, os llamaré todos los días- Inesperadamente se vio abrazada con fuerza por su madre. Ambas eran reticentes a los mimos pero al parecer, esta ocasión lo requería. Se dejó achuchar con un nudo en la garganta. No le gustaba llorar y mucho menos en frente de sus seres queridos. Su amplia sonrisa daba ánimos siempre y no era partidaria de llantos en momentos tristes. Prefería ver el lado bueno de todo aunque fuera algo insostenible. Mierda. Una estúpida lágrima recorría su mejilla haciéndola sentir débil. Rápidamente se separó de su madre dándole la espalda para limpiar disimuladamente el agua en su rostro y volver a hacia ella. Sus padres sonrieron, la habían pillado, no era momento de fingir nada así les devolvió la sonrisa y dejó escapar libremente un sollozo. La mano de su padre sobó su brazo en señal de apoyo y recuperó la seguridad que había adoptado esa mañana. Al escuchar el aviso de su vuelo habló con tono neutro. -Ya me tengo que ir...

Retrocediendo por el pasillo de embarque alzó su mano agitándola. Los vio diciéndole adiós, imitando su gesto y sonriendo tristemente. Estaba doliendo más de lo que había pensado pero su decisión estaba clara. Su sueño la llamaba justamente desde Seúl. Al girar hacia su destino suspiró tratando de entrar en calma y sus pasos se volvieron decididos.

Unas once horas más tarde se despertó por el ruido de los demás pasajeros sacando sus bolsas de los cajones de los compartimentos superiores. Jamás había viajado en avión, tampoco pensó que fuera tan relajante como para terminar dormida casi todo el recorrido. Sonrió al chocar contra un joven igualmente adormilado que ella y le bajó amablemente el maletín donde viajaba su portátil.

-Muchas gracias- Dijo Laura amablemente. El chico era asiático pero sus grandes ojos la hacían dudar. Entonces recordó que seguramente no la entendería en castellano por lo que hizo utilidad de los meses que pasó estudiando coreano para llegar preparada a Seúl. También sabía chino pero siendo un vuelo de España a Corea el chico era de un país o del otro. Y definitivamente, él, no era español por lo que quedaba que fuera surcoreano. -Muchas gracias- Repitió en coreano.

-De nada- Se sorprendió al verse correspondida con un “de nada” en un fluido español. Él notó la mueca de Laura y le sonrió. -Soy de Seúl pero mis tíos son españoles. Vengo de visitarlos y me encanta como sois. Espero que en tu estancia aquí seas tan bien recibida como yo en tu país- El “guapo” se alejó sin dejarla de observar, haciendo que sus mejillas tornaran rojas. Carraspeó sonoramente antes de negar con la cabeza y salir del, ahora, sofocante pasillo del avión. Buen comienzo. Comenzaba a gustarle Seúl y sólo era su primer día.

¿Podría durarle la felicidad hasta que alcanzara su sueño? Si todos los habitantes de esa enorme ciudad iban a ser como ese muchacho, el buen ambiente para su inspiración, y el éxito, estaban asegurados...


Capítulo 2: ¡¿Perdón?!



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miércoles, 24 de abril de 2013

Entre el cielo y el infierno I

Os vengo a dejar el capítulo uno de mi nuevo fic con Onew... Que lo disfrutéis.


Introducción





Capítulo 1: La verdad detrás de la puerta


No sabía cuantas veces había releído ese libro. Cuantas lágrimas al llegar a ese final trágico que tanto la afectaba. Por alguna razón cada mes volvía a él como un imán. Se preguntaba a si misma porqué recurría a esa historia si al final siempre la ponía tan mal ¿Masoquismo? No, se trataba de otra cosa. Algo que no estaba dispuesta a aceptar.

Se sentó recostando su espalda en aquel sillón viejo y desgastado que le acompañaba desde que tenía uso de razón. Era lo único de “color llamativo” que destacaba en esas cuatro paredes. Todo lo demás iba de un tono grisáceo a marrones totalmente apagados. Si no fuera por la única ventana que iluminaba débilmente ese lugar, su hogar, podría decirse que estaba rodeada por colores oscuros y sombríos. A muchos les asustaría entrar en ese sitio, en ese sótano. Pero para Hope era su casa, donde se sentía protegida del terrible exterior. Un exterior que jamás había visto. Por increíble que pareciera ella nunca se atrevía a contradecir las órdenes de su tío Larry. Este, por años, le aseguraba que lo de fuera podría dañarla. Incluso leyendo como era en sus libros, alguna que otra vez, intentaba convencer a su tío para que la dejara salir si quiera unos segundos. Ella jamás lo desobedecería. La tentación era patente pero si Larry decía que estaba segura allí dentro no lo iba a poner en duda.

Ese libro le encantaba, no sólo por la definición del exterior, si no por el comportamiento que adquirían los protagonistas en situaciones desconocidas y extrañamente atrayentes para ella. Hope intentó imaginarse fuera de su encierro. Observando el cielo que se describía en ese libro y donde el personaje disfrutaba del aire fresco. Se encontró sintiendo la hierba entre los dedos al acariciar la superficie en la que se recostaba. En su mente no era ese viejo sillón, en su imaginación era el liviano suelo del campo a la orilla de un lago. Las nubes blancas y el cielo completamente azul. Oh dios. Su vientre revoloteaba con aquella sensación de total paz. Hasta que aparecía esa figura. Dándole la espalda, un hombre joven por la forma de su cuerpo. También aspiraba suavemente pero algo no estaba bien con él. Un pequeño detalle hacía que Hope se estremeciera cada vez que soñaba con aquella escena. En el libro la muchacha terminaba por zambullirse en el lago. Sola. En su sueño, ella avanzaba hasta meter sus pies en el agua y al mirar hacía delante ese hombre extendía su mano sin ni siquiera volverse a mirarla. Su perfil era siniestro y podía entrever una macabra sonrisa. No describiría como miedo, ni tampoco recelo, lo que comenzaba a crecer en su interior al ver ese ser invitándola a algo, que ni ella misma sabía. Era ardor, calor y tentación. Sí, tentación. Sus ojos se abrían justo cuando extendía su mano para ¿Aceptar esa invitación? ¡No! Nunca debía dejarse llevar por ese demonio. Su tío los llamaba así. Esas personas que incitan a uno a hacer el mal.

Conocía la razón por la que la encerraba allí. Era propensa a aceptar el mal. Era una pecadora. Muy en el fondo lo sabía y quizás su tío podía evitar que se convirtiera en uno de esos demonios. Comprendía cuando Larry le explicaba que la gente ya no valoraba las buenas costumbres. El respeto no existía ahí fuera. Hope asentía devastada ante su supuesta realidad. Era débil y de fondo maligno por lo que tenía que cuidarse de la gente que la incitara a perderse en el pecado.

Larry había sido siempre un feligrés altamente fiel. Era estricto en sus visitas a la capilla del pueblo y cada tarde recitaba un trozo de la biblia a su sobrina Hope. Hoy se estaba demorando. Al salir de ese sueño tormentoso. La muchacha comenzaba a extrañar la visita diaria. Era la única vez que entraba con ella. Para las comidas usaba aquella trampilla en la puerta de la entrada. Le tenía miedo, eso lo había asumido hace mucho tiempo. Pero también notaba su cariño hacia ella. Al fin y al cabo la estaba protegiendo ¿No?

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-Vamos a entretenernos un raro ¿Qué te parece?- Comentaba aquel chico al que parecía su gemelo. Ambos pasaban por simples mortales pero sus ojos decían todo lo contrario. Sus iris del color de la sangre distaba demasiado de ser de un humano. Sus facciones podían hacer delirar a cualquier mujer que se les cruzara y ellos sabían perfectamente el efecto que causaban.

-Key... Estoy cansado. Vamos a por la cena y déjate de jugar- Espetó el hermano.

-Anda, no seas así. Sabes que te gusta, puedo sentirlo. No lo olvides- Esto provocó una mueca divertida en los labios de su hermano. Sus miradas parecían estar conectadas en un vínculo más allá de lo se podía apreciar a simple vista.

-Sólo por esta vez Key, no tengo ganas de ver el culo blanquito de un arcángel hoy. Me repugna tratar con ellos. Son tan irritantes...- Habría puesto sus ojos en blanco si no fuera por la oscuridad que rodeaba ese iris inyectado en rojo carmesí.

-Así me gusta Kay. Veamos que podemos hacer para caldear el ambiente- Sin decir más se acercó a la granja que habían acechado por varios minutos. El otro lo siguió de cerca con las manos en los bolsillos de su pantalón. Ambos parecían, dentro de lo que cabía, personas normales. Ropas un tanto siniestras pero que pasaban por ser de estilo punk y gótico. Negros hasta los dientes. Se podrían definir como “chicos malos”.

El hombre maduro al abrir la puerta sólo encontró a dos muchachos un tanto raros. Nunca pensó lo que representaban y mucho menos lo que se proponían hacer en esa repentina visita. Los miró de arriba a bajo. No aprobó sus vestimentas aun así preguntó la razón por la que estaban ahí.

-¿Qué desean jóvenes?- Ellos simplemente sonrieron, ganándose una disgustada mirada del hombre. Ya tenían su desaprobación. Aquello no los disgustaba, al contrario, comenzaban a divertirse.

-Señor Larry... Hemos oído que tiene usted una sobrina escondida en el sótano- Los ojos del susodicho se abrieron al escuchar su nombre. Algo no iba bien. Nadie sabía sobre la existencia de aquella muchacha. Sólo sus padres fallecidos y él mismo. Quiso cerrar la puerta de golpe pero el pie de Key no lo dejó completar la acción. -¿A que se debe semejante aberración?- Desesperado, intentaba empujar fuerte para que no entraran pero con un simple toque de Kay la puerta cedió por completo, haciendo que el pobre hombre cayera de culo. Sintió un escalofrío al ver que los rostros de aquellos muchachos habían cambiado. Sus ojos no eran los de personas normales. Estaba frente a seres peligrosos y desconocidos para él. Su corazón se encogió sobremanera, estaba notando lo que parecía ser una angina de pecho. Ya había padecido de ello hacía dos años atrás y maldecía padecerla de nuevo en esas circunstancias. Kay se puso de cuclillas frente a él con una falsa sonrisa, como si supiera por lo que estaba pasando. Su hermano continuó hablando sin ni siquiera molestarse por girar hacia ellos. Recorría el salón hasta las escaleras, olfateando sonoramente. Estaba jugando, sabía perfectamente donde se encontraba la joven. Volvió su mirada al hombre adolorido y derrotado en el suelo. Este intentó reprimir un grito al sentir una punzada fulminante en su brazo y pecho. Por nada del mundo consentiría que descubrieran el escondite de Hope y tampoco mostrar su debilidad por la dolencia adquirida.

-No sé de qué hablas joven- El hilo de voz hizo reír a Kay.

-Estará asustada ahí abajo... Pobrecita. Lo más seguro es que deseé que alguien la libere de su encierro y le enseñe los “placeres del exterior”- Dejó de fingir para acercarse al hombre maduro y lamerse los labios provocativamente. El gesto asqueó a Larry temiéndose lo peor. Su sobrina corría peligro y su maldito cuerpo cedía ante el inoportuno infarto que en segundos lo dejaría incapacitado.

-¡No, por favor!- Gritó con su último esfuerzo cuando vio a Key yendo hacia la puerta del sótano.

-¡Bingo! Viejo, he olido a tu querida sobrina desde la otra punta del pueblo. Tiene un olor... Mmm no quieras imaginar lo que me provoca hacerle a esa pequeña- Entrecerró sus ojos degustando la escena que su mente perversa formaba en ese momento.

-¡No!- No pudo evitar sollozar antes de que su corazón le propinara otro duro y punzante golpe.

-¡Oh pobre! Me hubiera gustado que presenciaras como disfrutaba tu sobrina de mis atenciones...- Esas palabras de la boca de Key terminaron por destrozar al hombre moribundo acabando con su vida.

-Ups pensé que aguantaría más...- Comentó Kay, con todo juguetón, a su hermano. Golpeó la frente del recién fallecido como si fuera un trozo de carne podrida y se acercó a Key.

-Veamos qué tenemos aquí...- Se dispuso a abrir esa puerta con el método normal. Normal cuando se trataba de no usar sus poderes para no atraer a los incisivos arcángeles. Giró la manilla lentamente y con toda la parsimonia del mundo. La tensión les encantaba. Ver las caras angustiadas de los simples mortales los excitaba y mucho más verlos rogar por sus vidas.

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Hope escuchó ruidos arriba cuando despertó de su sueño. Le había extrañado el retraso de su tío y más oír esos incesantes sonidos en la planta superior. Dejó el libro en aquel sillón y comenzó a subir las escaleras. Al poner la oreja escuchó risas ¿Risas? Un escalofrío recorrió su espalda. Luego la voz proveniente de su tío gritando en negativa la asustó casi provocando que aporreara la puerta y preguntar a su tío qué estaba pasando. Sabía que algo no iba bien. Sabía que esas personas estaban haciendo daño a Larry. Oh dios ¿Qué debía hacer? No tenía forma de salir de allí para ayudar a su tío y mucho menos maña para intentar salvarlo de dios sabe quien. Se sintió impotente, por no decir aterrada, al notar que no sólo era una persona si no dos. Dos hombres que hablaban sobre ella. Eso le heló la sangre. Su tío ya no se oía ¿Qué le habían hecho? No quería ni pensarlo. No, eso no podía ser.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el pomo de la puerta. Uno de ellos lo estaba girando lentamente ¿Quería volverla loca? Instintivamente bajó por los escalones torpemente y se refugió detrás de la estantería donde coleccionaba sus libros más preciados. Era inútil, comprendía que esos muchachos no eran estúpidos y que la encontrarían tarde o temprano. Pero en un hueco pequeño de su mente la esperanza, que le daba nombre, le sugería resguardarse allí.

Su pulso fue en aumento al verlo entrar. Un tipo peligrosamente atractivo la buscaba con la mirada. Esta era encendida en sus ojos rojos. Terriblemente rojos en un fondo negro espeluznante. Los bellos de la nuca de Hope se electrizaron. El miedo ahora instaba en sus venas sin dejarla respirar con normalidad. Una extraña sensación la confundía entre tanto temor. Algo que jamás podría comprender. Una voz en su mente la incitaba a ir con él. Sí, esta comenzaba a tentarla para que se descubriera ante ese desconocido. Ante la negativa de su cuerpo, en lo más profundo deseaba encararlo. Sin saber a qué se exponía. Sin saber lo peligroso que podría llegar a ser ese hombre. Algo perverso le ordenaba salir de su escondite.

Otro individuo, idéntico al primero, se adentró en el pequeño sótano. La voz era más fuerte, sentía la conexión entre esos dos. Y como, por instinto, deducía que ellos eran los propietarios de aquella siniestra llamativa en sus pensamientos. La vulnerabilidad la atormentaba. El imán que la arrastraba hacia ellos cada vez era más fuerte. Y ver, como en un descuido, uno de ellos clavó sus penetrantes ojos en ella, la hundió por completo. Estaba acabada. El mal presumía su poder delante de ella.

-Hola gatita... Key, creo que ya hemos encontrado a nuestra mascota- Kay sonrió sin moverse. Sólo girándose sobre si mismo. Dándole una falsa libertad a Hope. Esta tragó saliva al ver como el hermano se acercaba a ellos.

-Mmm sólo viéndole esa preciosa cara me imagino todo el cuerpo. Tendremos diversión por horas...- No podía creer que fuera a ser violada por esos dos extraños. Nunca se había enfrentado a una situación así pero por sus libros sabía que si dos hombres hablaban así de una mujer no tendrían muy buenas intenciones con ella.

-No cariño. Nadie te va a violar. Venimos a mostrarte algo que te encantará. Ademas, tú al final lo pedirás- Espetó Key sin desviar la mirada de Hope.

¿Le acababa de leer la mente? ¿A qué se estaba enfrentando? ¿Quién eran esos hombres? Kay se acercó a la estantería para rodearla y ver como la muchacha se sentaba en el suelo intentando, en vano, alejarse de él. El hueco no la dejaba hacer nada más y verse indefensa sólo la hizo sollozar sin consuelo.

-No llores. En tu sueños así lo querías ¿No?- Al escuchar aquello su boca se abrió por completo, al igual que sus ojos. Sus pensamientos estaban expuestos y ahora, más que nunca, se sentía desnuda ante esos dos muchachos. La mano del que se había atrevido a acercarse se le puso en frente. Justo como en su “pesadilla” ¿Por qué sentía la tentación de ceder? Le harían daño, eso lo sabía. Entonces... ¿Por qué su cuerpo deseaba agarrar su extremidad sin importar lo que le fueran a hacer después?

Al decidirse mentalmente algo la desistió de hacerlo físicamente. Una cegadora luz apareció de la nada. Hope tuvo que taparse los ojos ante el fuerte destello y sólo pudo escuchar un sonoro “Mierda” por parte de uno de los jóvenes y volver a su posición anterior. Cruzó sus brazos para abrazar sus rodillas y hundió su cabeza entre ellas. No quería saber nada de lo que sucediera allí. Su imaginación intentó trasladarse a otro tiempo, a otro lugar...

-Hijo de puta. ¡Ah!

-¡Maldición, te lo dije imbécil! ¡Agg!

Después de esos dos gritos notó como la repentina luz se apagaba y la oscuridad volvía a inundar aquel sótano. Se atrevió a abrir los ojos. Todo estaba espeluznantemente en su lugar. Como si no hubiera pasado absolutamente nada...


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lunes, 15 de abril de 2013

Los hijos del Kraken II

Aquí el capítulo dos de este fic con Yonghwa, espero que os guste...


Capítulo 1: Tapadera




Capítulo 2: Protegiendo a un idiota

 

-¡¿Qué?! ¿Vacaciones? Yo no necesito vacaciones Kraken- Y ahí estaba, con ese hombre bien entrado en años, atractivo y muy seguro de si mismo que le reprochaba sus acciones. Si no fuera por lo que representaba para ella lo hubiera mandado a la mierda desde que entró en su departamento. Ahora lo tenía en frente, hace bastante tiempo que no tenía al que consideraba su padre delante de ella. Solo para regañarla como si tuviera cinco años. Lo que decía no le parecía justo, se sentía apartada sin una razón lógica.

-Sí, técnicamente será eso. Mientras que te recuperas y recapacitas. Nosotros deberíamos ser una simple leyenda urbana, ser algo que la gente no cree pero el otro día hasta en las noticias hablaban de esa mujer misteriosa que saltó increíblemente de un edificio a otro... Te has vuelto descuidada y solo por tu lesión te pones en riesgo a ti al igual que a todos nosotros. No lo tomes como un castigo, tómalo como un tiempo de reflexión. Reconoce que has hecho las cosas mal últimamente Lara...- Tenía algo de razón pero debía pelear ante su idea de enviarla a Seúl, su ciudad natal. Según él, la había encontrado vagando por aquellas calles hacía ya diez años. Ella no lo recordaba, su mente había bloqueado los recuerdos más crueles de su infancia aunque algunos estaba siempre muy vivos. Como la muerte de sus padres. Al parecer varias personas estuvieron involucradas su asesinato y aquel tipo, Kraken, decía tener información sobre eso. Le ofreció una nueva vida, llena de esfuerzo y lucha. La entrenó con la fijación de que una vez todo lo aprendido se aplicara contra los culpables. Con eso la dominaba, lo sabía pero la necesidad de venganza le hacía seguirlo como a un líder inquebrantable.

-¿Y si me niego?

-No te negarás, no si escuchas lo que te voy a decir- Se sentó en uno de los sillones que había en el salón, ella no lo imitó aun cuando él insistió en ello.

-Bien ¿Qué es?- Su desgana irritó al hombre, igualmente sonrió de lado y comenzó a hablar.

-Recuerdas que te dije que cuando estuvieras preparada te daría la oportunidad de investigar sobre tus padres ¿Verdad?- Lara asintió pero tuvo la necesidad de preguntar.

-¿Qué tiene que ver con esto? ¿Si acepto me darás la información que necesito? ¿Es un chantaje?

-No, lo que te estoy diciendo es que esas vacaciones son una tapadera, tú protegerás y seguirás a ese individuo mientras conoces todo de él, hasta el mínimo detalle ¿Por qué? Porque he llegado a la conclusión de que su familia tuvo algo que ver en el atentado contra tus padres- Los ojos de Lara se abrieron como platos, eso sí era algo que le interesaba. Entonces no es que la apartara, es que le estaba dando la oportunidad de su vida. Se sentó para digerir lo que estaba escuchando. Por fin podría comenzar la deseada venganza por sus padres. Prestó atención, Kraken tenía intención de continuar hablando. -Él debe saberlo y si no lo sabe mejor, así podrás sacar la información sin levantar ninguna sospecha. Tienes el permiso de usar cualquier método que creas conveniente. Confío en ti. Aunque estos meses hayas sido un desastre sé que eres la mejor entre las mejores, lo harás perfecto, lo sé- Sí, lo sabía. Lara era su ojito derecho, su capacidad de aprendizaje era sobrehumano y cualquier desafío lo superaba con creces. Necesitaba recompensarla por todo lo que había hecho por la organización. Tenerla en Corea alejada de otras misiones también le daba ventajas. Demasiado audaz como para no darse cuenta estando por los alrededores, sería mejor tenerla ocupada en algo importante para ella.

-Bien ¿Cuando voy?

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En la sala de ensayos quedaban Yonghwa y Jonghyun, recogiendo sus guitarras. El primero miró la que estaba en un rincón, destrozada. Era la que usó en ese concierto días atrás, cuando ese desquiciado le disparó. El mástil estaba partido por la base y tuvo que agarrarla por el cuerpo con su otra mano. Amaba esa guitarra, tenía un significado muy especial para él. Verla totalmente destruida le dolía y mucho.

-Me temo que no tiene arreglo Yonghwa...- Sabía lo que esa guitarra representaba para su compañero. Poso su mano en el hombro de este mientras viendo que volvía a dejarla en su sitio con sumo cuidado.

-Lo sé. Anda, vámonos- Aspiró rápidamente, se notaba que evitaba llorar a toda costa. Agarraron todo lo necesario y se fueron de allí. -Mierda, se me han olvidado las cuerdas y todas las púas. Sigue tú, yo te alcanzo después- Jonghyun asintió en respuesta y levantando la mano a su amigo.

-Ah, recuerda que es a las ocho. No llegues tarde

-No, aunque conocer a un monstruo gigantesco me haría más gracia que tener que encontrarme con un estúpido guardaespaldas seboso y seguramente lerdo- Sonrió recibiendo la misma mueca de parte de Jonghyun. Corrió hacia el estudio buscando la caja donde estaban guardadas las cuerdas con las púas. Bingo, estaban encima del mezclador. Menudo despiste.

Cerró con llave al salir y corrió por el pasillo del piso bajo. Algo lo hizo mirar hacia atrás. Nada. Era una estúpida sensación ¿Se estaba volviendo paranoico por lo que le había sucedido? Negó con la cabeza avanzando hasta la entrada del edificio.

-¿Quién está ahí?- De nuevo se obligó a mirar atrás, eso ya no era una alucinación suya, lo estaban siguiendo. Abrió la puerta y se apresuró hasta llegar a la calle ¿Qué diablos? ¿Sería ese fanático de nuevo? Bien, se arrepentía de no haber aceptado el guardaespaldas desde un primer momento. -Mierda, sal de ahí seas quien seas- Se paró en seco girando sobre si mismo. Sus ojos observaban todos los rincones oscuros. Debía estar bien escondido, no dio con el individuo.

No adivinó que justo cuando volvió al frente alguien aprovechó su fijación por estar mirando atrás y se acercó sigilosamente a su espalda. Se exaltó pegando un brinco al verlo, su rostro estaba cubierto con un pasamontañas, carcajeó para terminar dándole un puñetazo en la cara a Yonghwa. Cayó de bruces después de dar una media vuelta sobre sus pies enredados. La fuerza ejercida por el extraño le rompió el labio, sangraba descontroladamente. Aturdido volvió su mirada pero no vio a ese tipo solo, ahora estaba otra persona justo en frente de él como protegiéndolo. Su trasero indicaba perfectamente que se trataba de una mujer, aparte de que se había quedado embobado admirándolo “¿En qué demonios estás pensando?” se regañó. Maldición ese hombre iba a dejarla k.o si se quedaba ahí parada.

Casi se le cae la mandíbula al suelo cuando comenzaron a luchar. Aquello no era normal, esa chica mantenía una postura defensiva que no dejaba asestarle ningún golpe certero. El otro continuaba intentando franquearla pero en un descuido ella agarró su brazo, se giró, lo alargó contra su pecho y con todo su cuerpo impulsó a aquel enorme individuo por encima de ella en un perfecto vuelo hacia el suelo. Su grito fue ahogado y el propio Yonghwa bufó, eso debía de haber dolido. Este como pudo se reincorporó, acercándose a ambos.

-No te acerques- Aquella mujer habló, ahora retorcía el brazo hecho mantequilla del hombre. Le clavaba a la vez su rodilla en la espalda ¿Quién era ella? Parecía sacada de un manga Japonés. Lo atraía enormemente. Vale, surrealista o no, aquello fue increíble. Por un segundo se había olvidado de la herida en su labio, la sangre seguía saliendo fresca. La fascinación por la escena lo aisló de todo dolor. -¿Para quien trabajas?- Comenzaba a hacerle un torniquete en el brazo, un poco más y se lo partía en dos. -Te partiré el brazo de una forma que jamás sanará, así que habla- Forzó aún más.

-¡Ah!- Fue lo único que obtuvo. Sin que ninguno se diera cuenta alguien se posiciono en un tejado de los alrededores apuntando a Yonghwa con un rifle francotirador. El láser que sí pudo avistar la muchacha, se colocaba en la sien del joven. Debía actuar rápido... En ese momento maquinó la solución, el bolso de Yonghwa estaba a sus pies. En un abrir y cerrar de ojos lo agarró por sus asas. Lo usó a modo de honda para derribarlo golpeando sus piernas, cayó de culo. El disparó fue al aire.

Aprovechando que el tirador debería recargar antes de poder disparar de nuevo, soltó a su presa y fue hacia Yonghwa. Este aun en shock pudo dejarse guiar por ella. Corrieron como locos hasta encontrar un lugar seguro para esconderse.

-¿Qué... Qué demonios acaba de pasar? Dudo que sea un simple fanático. Eso estoy seguro que ha sido un disparo- No paraba de hablar, la adrenalina lo zambullía a parte de que necesitaba aclarar todo el caos que había en su mente.

-Cállate por favor- Fue lo único que puedo oír de ella mientras recuperaban el aire. Al parecer estaban seguros al verla relajada. La observó bien, era bastante atractiva. Casi superaba su altura pero por milímetros quedaban cara a cara. Muy delgada para adivinar que luchaba tan bien, en un principio podría asegurar que ese tipo la machacaría como a él. Se quedó mirándola sin saber que ella lo estaba notando.

-Deja de mirarme si no quieres perder los dientes- Uf, aquello fue feroz. Le molestó como para replicar pero no le convenía meterse con ella. Comprobado quedaba que ella estaba a otro nivel.

-¿Quién eres?

-Oye ¿Sólo sabes hablar? Porque lo que es defenderte...- Hablando de defenderse, le prometió a Jonghyun que llegaría a la cita a tiempo. Daba lo mismo, conocer la existencia de esa mujer era más interesante. Quiso hacerse el fuerte frente a ella.

-Sí que sé, solo me pilló desprevenido

-Ok- Sin previo aviso lo golpeó en el estómago obligándolo a encorvarse. -Ya veo... ¿Siempre te pillan desprevenido? ¿Alguna excusa mejor?

-¡Ah! Eso ha sido un golpe bajo, además ¿Quién eres tú? ¿No sabes quién soy? Pegarme así te costará caro- Volvió a erguirse con su orgullo herido.

-Sí, pero eso me da lo mismo. Solo sé que tendré que proteger a un completo idiota. A partir de ahora soy tu guardaespaldas- Lo miró fijamente en tono desafiante. En realidad por muy guapo que fuera demostraba ser un auténtico tonto engreído por no decir fanfarrón remilgado.

-¿Tú? ¿Mi guardaespaldas?- Preguntó lamiéndose el labio, ya había cesado de sangrar pero la cicatriz persistiría durante unos días.

-Así es, me llamo Lara. Encantada- La última palabra la pronunció con total ironía y sonrió de lado.

-Bueno ya sabes mi nombre entonces. Tengo algunas condiciones antes de empezar con el contrato- Buscó su bolso, mierda lo habían dejado en aquella calle. -Debemos volver, todas mis cosas están en la calle donde ha pasado todo eso... Oh demonios mi guitarra también está ahí- Sin más comenzó a correr por donde habían venido pero Lara se lo impidió.

-Imposible volver ahora- Se interpuso delante suya cortándole el paso.

-Es mi guitarra, debo recuperarla

-No, mi única condición en ese dichoso contrato es no dejarte ponerte a ti mismo en peligro. Sabes de lo que soy capaz, me importa una mierda quien seas. Si quieres llevarte una paliza yo te la brindaré con gusto- Ambos se miraban con furia esperando que el otro cediera.

-¿No se supone que debes protegerme? Además ¿Cómo has dado conmigo antes de la cita? Es algo que me pregunto desde que me has dicho que eres mi supuesta guardaespaldas- Por un momento pensó que le había derribado pero no fue así. Ella era un muro.

-Tengo el permiso de protegerte a mi modo, lo de la cita me parecía una estupidez y sabiendo hasta la talla que calzas me ha sido fácil encontrarte. Odio que me hagan preguntas, más aún la gente que se aferra a un tema como a un clavo ardiendo- Cerró los ojos ante la perseverancia del joven. Hacia años que no la enfermaba el carácter de una persona. Yonghwa parecía tener el don de hacerlo tan naturalmente. Lo que no previó es que fuera tan mañoso, aprovechó que lo perdía de vista para colarse por su lado y correr como un niño pequeño hacia su destino. Aquellos hombres podrían estar por la zona aún. Persiguió de cerca a Yonghwa maldiciéndolo cada segundo. Estaba loco y no sabía el peligro real de la situación, lo odiaba pero no era la hora de verlo muerto. Solo ella tendría el derecho de matarlo con sus propias manos.

---

Cuando llegaron al local donde habían quedado ya no estaban ni Jonghyun ni los demás. Seguramente se habían cansado de esperar yéndose a casa. Se giró hacia la muchacha que seguía con una mueca de desagrado ¿Era así siempre? Decidió cambiar el tema, no habían empezado con buen pie. Era bueno en eso de llevarse bien con la gente. Imposible que alguien se resistiera a su encanto. Lara no iba a ser menos.

-Mmm me quería disculpar por lo de antes. Me salvaste la vida. Quiero agradecértelo- Su mirada denotaba ternura fingida. La muchacha había recorrido mucho mundo como para no darse cuenta de las intenciones de Yonghwa.

-Es mi trabajo, lo de agradecer está de más. Si quieres hablar conmigo no comiences de esa manera. Aunque igualmente no tengo ningún interés en entablar una conversación contigo- Los dientes del muchacho rechinaron. Diablos era dura como una piedra.

-¿Por qué eres tan amargada? ¿Te he hecho algo?

-No, soy de lo más simpática- Nótese el tono irónico, lo tenía demasiado asumido, le importaba muy poco la gente que no le interesaba y más si esa persona tenía algo que ver con la muerte de sus padres. -Y sí, eres molesto- Oh no, algo iba mal. Dos segundos para reaccionar le bastaron a la joven. Si no se hubiera abalanzado hacia Yonghwa con todo su ímpetu aquel bate les habría abollado la cabeza como una sandia cuando revienta contra algo.

-Ya veo... Tan molesto que...- Por fin se dio cuenta que un tipo los amenazaba con un bate. Estaban en el suelo ella encima de él y este al ver que ese hombre volvía a intentar darles con el bate los hizo girar varias vueltas sobre el suelo. La joven entendió lo que Yonghwa evitaba con eso. Había estado atento, por un momento se lo agradeció. ¿Agradecerle? El tipo iba de nuevo hacia ellos con un arranque de ira ¿Qué podrían utilizar para pararlo?


Capítulo 3: Comienzo de algo inexistente


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Los hijos del Kraken by Laura Ramírez Patarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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viernes, 12 de abril de 2013

No puedo verte II

Nuevo capítulo de esta triste historia, espero que os siga gustando como todas las demás...

AVISO: Contiene ciertos temas que para alguna persona puede ser algo fuerte, pido por favor que te abtengas de leer si eres sensibles a ciertas situaciones como el lenguaje soez, la violencia de género y la violación.


Capítulo 1: Inocencia perdida






Capítulo 2: Traumas del pasado



Enero de 2012 / California

-¡Sung Hye! Por favor, siempre has sido razonable- Exclamó la madre a su hija, intentando hacerla entrar en razón.

-¡Te he dicho mil veces que no me llames así! ¡Sung Hye está muerta! ¡Murió aquel día! ¡Alice, yo soy Alice! Y no, no tengo nada más que hablar, me quedaré aquí, id vosotros. Mi vida está aquí- La joven lucía totalmente enfurecida y aunque no viera a su madre podía adivinar su posición escupiendo sus palabras hacia donde esta estaba. Llevaba diez años ciega y sus otros cuatro sentidos se habían agudizado a la perfección. Su cambio extremo ocultaba su infelicidad imposible de erradicar, por el terrible suceso del que fue víctima pero su actitud la hacia no recordarlo tantas veces al día. Su crueldad hacia los demás, sobretodo los hombres, aliviaba levemente su miedo e inseguridad. Temía caer, caer y no poder volver a levantarse. Desde que se mudaron a Estados Unidos para hacer una nueva vida y olvidar el pasado no dejó de intentar superar todo aquello. A su manera lo había hecho aunque su madre lo encontraba un método bastante radical “hacer daño a los demás no te hará borrar lo que pasó” una y otra vez recordaba sus palabras. Las odiaba. Eso no la ayudaba en absoluto, en cambio forjar un muro frío impenetrable le parecía más seguro.

Enterarse de la situación de su padre en los negocios la sacó de aquella burbuja de mentiras que se había fabricado. Estaban en bancarrota, tenían dos opciones: Regresar a Corea e intentar salvar la empresa matriz o vender todo aquel imperio por un valor diez veces más bajo de lo que en verdad valía. Un dilema que había llevado a su progenitor a una profunda depresión y que ahora, por fin recuperado, le encontraba solución. Debían mudarse de nuevo a Corea para volver a recuperar su negocio, desde cero. Algo que Alice no aceptaba, por más que lo pensara no quería tener que regresar al escenario del peor día de su vida. No, definitivamente no. California le había brindado la frescura y la libertad de nuevos amigos, trabajo y sobretodo una vida “feliz”. Su ceguera no era impedimento para nada que se propusiera, tenía recursos específicos para poder ejercer sin ningún tipo de problema en el trabajo y sus compañeros admiraban su desempeño. Siempre era llamada la “dama de hielo” por su carácter frío y calculador pero de algún modo se sentía plena. Oler de nuevo el aire de Corea solo la haría retroceder bruscamente en el tiempo derrumbando cualquier barrera en su interior.

-Alice, hija... Yo sé porqué no quieres volver pero ¿No crees que es un paso que debes dar tarde o temprano? Superarlo para que nada te cohiba en tu futuro, debes resolver ese asunto mi amor. Yo te quiero feliz y no nos engañemos, no lo eres- Esas palabras le habían dolido más a ella que a su propia hija. Debía decirlo, debía recuperar a su niña, a su alegre Sung Hye, y no dejar que esa muchacha cruel que tenía ante sus ojos se la arrebatara para siempre.

-¡No volveré! Si quieres matarme hazlo ya, porque lo único que harás obligándome a ir es matarme, ¡Matarme lentamente!- Sabía que su madre tenía razón, pero no podía ni si quiera pensar en tener que enfrentarse a ello. Sus ojos amenazaron con soltar un par de lágrimas. “No, llevas mucho si llorar, no lo harás ahora” se ordenó mientras le daba la espalda a su madre. -Solo déjalo estar, no cederé. Id solo vosotros- Se dispuso a subir las escaleras no sin antes haber palpado la barandilla para guiar sus pasos. Su madre tuvo el impulso de ayudarla pero sabía a la perfección la reacción de su hija en esas ocasiones. Las malas palabras al sentirse inútil. Simplemente la observó alejarse, hacia su habitación, con sollozos casi inaudibles. 


Junio de 2012 / Corea del sur

Ambos estaban desnudos en aquella cama, sus cuerpos chocaban suavemente, el roce con su piel lo tenía loco. Jonghyun estaba totalmente extasiado con aquella mujer. Quizás con ella sí podría...

-Oh, Jonghyun no aguanto más- Entre gemidos la tipa exigía más de su atención que por supuesto tenía intención de darle. Con gran maestría sus manos trabajaban allí donde ella podría perder la cordura. Su espalda se arqueaba para sentir aún más pero eso no era suficiente para ella, necesitaba algo más. -Por favor...- La calló con un beso hambriento, algo que disgustó a la joven con un leve gruñido al alejarse. Esta necesitaba otra cosa.Volvió a besarla ferozmente para seguir por su cuello, sus manos se detuvieron por un momento para dejar paso a su boca, esta recorría todo su cuerpo pero no terminaba por complacerla algo que la estaba volviendo loca. -¡Joder, te quiero ya!- Los ojos de Jonghyun se abrieron completamente, aquellas palabras activaron algo en su mente. Algo que parecía enterrado pero con esa simple frase resurgió como una mala hierva.

Maldición.


Flashback

-¡Joder, te quiero ya!- Aquel tipo gritó a la niña, esta estaba a punto de ser violada por él. La tenía agarrada por su cabeza, presionándola en la mesa, tanto que su cara se deformaba levemente. Tenía sus ropas todas rajadas, algunas magulladuras se asomaban por sus brazos y cintura.

Jonghyun observaba por la rejilla una de las taquillas donde lo habían encerrado sus amigos por perder una apuesta. La tarde había comenzado bien ya que no habían tenido ningún pleito con los celadores, estaban apostando a que no dudarían sin pestañear seis minutos, Jonghyun perdió así que el castigo sería estar en aquel rincón sin moverse por unas horas. Lo que no adivinó fue la terrible escena que presenciaría justo enfrente de sus ojos. Cerró sus ojos pero los gritos de la niña taladraban sus oídos. Aquel tipo la ultrajó sin piedad y sin querer emitió un leve sollozo, rápidamente se tapó la boca con la mano. El celador dejó de agredir a la muchacha y la dejó devastada apoyada en la mesa con sus lagrimas brotando sin control. Estaba ahora muy cerca de su escondite, tan cerca... Sus pensamientos lo iluminaron, de pronto abrió con todas sus fuerzas la puerta de aquella taquilla y el pico superior de esta se clavó en la sien del desgraciado. Calló inconsciente al suelo a lo que el muchacho corrió hacia la joven, agarró su mano y tiró de ella.

Fin del Flashback


-Largo- Musitó Jong al borde de las lágrimas.

-¿Qué?

-¡Qué te largues!

-Desgraciado ¿Cómo te atreves?- La joven estaba totalmente incrédula. Su libido había caído por completo algo que la hizo empujar a Jonghyun y sacárselo de encima. Se puso de pie para comenzarse a vestir con un rostro totalmente molesto.

-¡Sí, lo sé! ¡Lárgate!- Ya estaba sentado mientras intentaba aminorar el dolor del brusco bajón que su propia mente había producido en su cuerpo. Sus manos se encontraban sobre su cara ocultando las lágrimas.

-Vas de semental y solo eres un maldito impotente. Me das asco- Escupió la joven antes de cerrar la puerta tras de si de un portazo. Jonghyun aún seguía inmóvil en aquella cama. Recordando ese acto tan grotesco, ese recuerdo tan doloroso.

Después de reaccionar se dirigió a la ducha, dejó salir el agua helada, necesitaba sentir en frío para despertar su mente de aquello que lo destrozaba por dentro. Ya eran años en los que intentaba tener una relación plena, pero fracasaban. Por un detalle u otro siempre volvía a ese recuerdo y no lo dejaba complacer a nadie. Su frustración se reflejaba en otros ámbitos menos en la música. La música era lo único que lo alejaba de su miserable vida, su odio a su padre y su impotencia.

Sonó el teléfono móvil, al terminar de vestirse lo observó, era un mensaje de su asistente. Al parecer uno de sus proyectos estaba saliendo bien. Nunca le había gustado ser un empresario pero nadie podía negar su buena mano para los negocios. Se dirigió hacia allí sin más.

-¿Qué tenemos?

-Pues fijate una sorpresa... ¡La apelación ha sido aceptada! Podemos volver a juicio. ¡Jonghyun, podremos meter en la cárcel a todos esos desgraciados!- Sentenció Hyo Jo, era su secretario y amigo de la infancia. Ambos habían estado en aquel internado, desde que salieron no dejaron de intentar descubrir al mundo lo que allí dentro sucedía y ahora habían apelado una sentencia interpuesta hace años que quedó prescrita, al parecer habían logrado reabrirla.

-Me estás tomando el pelo- Un incrédulo Jong se había parado en seco mirando a su amigo.

-No Jonghyun, esto es real. ¡Esos cabrones ahora si irán a la cárcel!- Aseguró Hyo Jo con entusiasmo. Sin previo aviso Jonghyun se abalanzó sobre él en un abrazo de oso. Ambos comenzaron a saltar, por fin tendrían lo que tanto deseaban. Justicia.


Octubre de 2012 / Corea del sur

-¡Hija! ¿Cómo estás? ¿Has comido? ¿Claire te está ayudando en todo?- La mujer se aferraba al auricular del teléfono móvil. Estaba en el jardín de aquel edificio. Era la empresa con la que su marido había levantado aquel imperio ahora caído. Ese lugar era uno de los espacios para relajarse, había una cafetería al aire libre y los trabajadores charlaban cómodamente en su descanso mañanero. Ella estaba siendo bastante activa y al parecer sus ideas daban buenos frutos, su cónyuge le agradecía enormemente la ayuda. Ambos se llevaban muy bien y su relación siempre se había basado en la confianza mutua hasta que su hija sufrió el más terrible ataque. Después de casi diez años de esfuerzo por seguir adelante, por fin tenían recompensa. Aunque Sung Hye no estuviera con ellos, sabían de su progreso en esos meses, estaba yendo a un psicólogo y por lo visto había mejorado, su comportamiento estaba siendo suave y gentil últimamente.

-Ya, mamá estoy bien, sí. Tranquila estoy más que bien ¿Cómo va todo?- Escuchó por aquel aparato.

-Pero hija, cuanto te extraño. Por aquí las cosas están yendo muy bien y papá... Si vieras lo animado que está...

-¿Y por qué no lo compruebo personalmente?- Los ojos de la madre se agrandaron ¿Qué quería decir con eso su niña?

-¡¿Qué?! ¿Vas... Vas a venir?- Su corazón bombeaba tan rápido que sintió que se le salía del pecho. Estaba feliz pero debía asegurarse, quizás había entendido mal.

-No, no voy a ir- Toda aquella felicidad se desplomó por completo del cuerpo de la mujer. -No voy a ir porque ya estoy aquí- La voz estaba por el teléfono pero también cerca, muy cerca como si estuviera detrás suya. Giró su cuerpo sin pensar, ahí estaba. Su niña estaba en Seúl, junto a ella. Su Sung Hye había decidido enfrentarse a su pasado. Estaba tan orgullosa. Ni siquiera se dio cuenta de que alguien la acompañaba.

-¡Alice, mi vida!- Corrió hacia ella como si su vida dependiera de ello y la estrechó entre sus brazos fuertemente. La muchacha que estaba al lado de Sung Hye esbozó una sonrisa al ver el reencuentro, soltándole brazo. -No tú también, te debo mucho. ¡Gracias por traer a mi pequeña, gracias!- Tiró de la joven hacia el abrazo para tenerlas a ambas cobijadas dulcemente.

-Jaja mamá vas a asfixiarnos- Comentó alegremente Alice, simplemente era maravilloso escucharle aquel tono afable. Tantos años intentando escucharla feliz y ahora estaba lográndolo. Quizás tenía bastante camino para volver a ser aquella niña risueña de entonces pero era un avance que su madre alababa considerablemente.

-¡Te tengo aquí, a mi Sung Hye! A la que esperé por años, estoy orgullosa. Muy orgullosa- Aún seguía abrazándolas con ímpetu.

-Ya mamá...- La imagen brillante que había mostrado solo era para complacer a su madre. El motivo del viaje era para enfrentar sus miedos su actitud había mejorado pero solo para con su familia. Aquella psicóloga se lo había hecho ver, debía enfocar su ira hacia otro lado. Sin entender aún, la joven seguía descargándola hacía los hombres. La doctora O'well intentaba reparar aquel odio pero necesitaría mucho más tiempo, aquel trauma debía ser curado de a poco, con calma. Volver a Seúl podía ser un avance si la joven visitaba a su colega allí, este la atendería con los mismo métodos que ella había empleado para poder ayudar a la muchacha.

Claire era su amiga, le había acompañado en esos años en Estados Unidos también era coreana y ella era la única que sabía sobre lo que jamás nombraría a otros. Yong Mi, como era su nombre coreano, había sido su apoyo. A su lado varios incidentes habían pasado a ser leves conflictos, sabía calmarla hasta en sus peores broncas. Ver que cedía ir con ella a Corea le dio la confianza suficiente para llegar con, por lo menos, algo de esperanza. Sus padres estaban ahí, su amiga también y quizás podría curarse ahí, algo bueno tendría el volver a su ciudad natal ¿No?


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