lunes, 25 de febrero de 2013

Mi extraño inquilino

Os dejo con un nuevo oneshot... No sé como describir esta historia... Es algo que me ha venido a la cabeza sin más, solo espero que no aburra y que os guste...



Mi extraño inquilino


Sileny comenzaba a morderse el labio con molestia, su amiga no paraba de hablar de él. Le habría gustado que por un día hablaran de otra cosa pero sabiendo como era, eso sería mucho pedir. Michael, así se llamaba el tío que traía loca a Abey, su amiga desde primaria. Pero ella era una de las muchas que estaban coladitas por él. Era el típico arrogante que rompía corazones con una extraña diferencia: Jamás hizo caso a ninguna de ellas, es más, las ignoraba por completo. Los rumores de su homosexualidad parecían darle igual, tanto a él como a Abey. Esta moriría si supiera la verdad... 

Michael vivía con Sileny, era su inquilino. Lo más seguro es que si se lo contaba a su amiga lo divulgaría como una noticia en el periódico de las mañanas y se enfadaría, claro está. No estaba dispuesta a decirle que ese extraño chico vivía con ella. Hacía ya tiempo que ponía excusas para que nunca quedaran en su casa e incluso había inventado alguna que otra avería para que no se le cruzara la idea de ir a visitarla.

Tres meses antes se encontraba hasta arriba de deudas y necesitaba un compañero que le ayudara con los gastos, varias entrevistas habían sido nefastas. La mayoría no estaba dispuesto a pagar la cantidad mensual y/o no cumplía los requisitos que la muchacha había especificado. Convivió con un payaso que se pasaba todo el tiempo en el cuarto, ponía todo perdido y se tiraba horas con la música a tope hasta las tantas de la mañana. Tuvo que echarlo cuando recibió una queja de la comunidad de vecinos. Necesitaba alguien que fuera ordenado, responsable y que todo lo que usara en casa lo asumiera en la factura mensual. Entonces apareció aquel chico. La primera impresión fue buenísima: Guapo, alto, educado y le pagó la entrada de alquiler en la misma entrevista. Parecía cumplir todo y encima era agradable a la vista...

Pero él también puso una condición, que no revelara a nadie que vivía con ella. Le pareció algo extraño pero la cantidad de dinero que estaba dispuesto a dar era la solución a sus problemas financieros. Aceptó y el tipo se mudó al día siguiente. No podía poner ninguna queja ya que no rompía ninguna característica exigida por ella, al contrario, no paraba en casa. Por las mañanas se encontraban en la universidad y de milagro la llegaba a mirar alguna vez. En el departamento solo estaba en las tardes, misteriosamente a primera hora de la noche salía sin dar ninguna explicación ¿Dónde dormía? ¿Qué hacía un muchacho como él a esas horas en la calle? El simple hecho de que ni le dirigiera la palabra le molestaba y no tenía excusa para echarlo de su hogar, ya que pagaba religiosamente las cuotas, y todo lo que se atrevía a coger de la nevera después lo remplazaba sin chistar. 


Lo que ponía en su contrato era respeto mutuo en la convivencia, esta era inexistente aunque tampoco habían tenido la oportunidad de discutir sobre nada. Simplemente le daba curiosidad los hábitos de aquel joven, no saber que se traía entre manos era lo que verdaderamente le molestaba. Sí, era eso. Su maldita ansia de saberlo todo, desde pequeña había sido así. No deseaba caer bien puesto que se quería tal y como era pero por alguna razón quería conocer más a ese tipo para saber de que pie cojeaba. Al fin y al cabo estaban bajo el mismo techo, ese desconocido podía ser peligroso.

Lo siento Sileny, pero es que es tan...
¿Extraño, esquivo, siniestro? terminó por decir la muchacha sin dejar de mirar a Michael. 
Estaba en la cancha de fútbol, siempre lo veía ahí pero jamás entraba al equipo. Al parecer ese extraño muchacho tenía algún trauma porque estaba segura que podría ser bueno en ello. Lo había pillado alguna que otra vez admirando a los demás jugar con una mueca de tristeza. No, sólo eran imaginaciones suyas. 

Se asustó al darse cuenta que los ojos de Michael también se habían clavado en ella. Le daba escalofríos tan sólo verse correspondida por una de sus miradas. Pareciera que escaneaba sus más profundos pensamientos y se encontró retándolo, aguantando su mirada hasta que lo sintió demasiado cerca. Habría jurado que ese tío le acababa de leer la mente. Cerró los ojos instintivamente, por un momento le había gustado esa sensación. ¡Qué locura!
Atractivo, de ojos grandes y profundos, atlético.  Sólo tú pareces verle lo malo. Si que es bastante misterioso pero eso lo hace más atrayente. Si tan sólo supiera dónde vive...
Sileny se atoró con el zumo que estaba ingiriendo.

Mejor que no te metas con ese tío, me da que no anda en nada bueno.
Sinceramente era lo que pensaba y bajo ningún concepto dejaría que Abey supiera dónde se alojaba.

¡Aish! Eres una amargada.
La dejó sola en aquellas gradas donde solían tomar su almuerzo mañanero.

¡Yo también te quiero! le gritó Sileny, obteniendo como respuesta un bufido por parte de su amiga.
Volvió su rostro al chico. Dios mío, su corazón dio un respingo. Estaba justo enfrente de ella, con el ceño fruncido. Le ofreció una sonrisa torcida que le erizó los pelos de la nuca. 
¿Qué...?
Encárgate de ella o se meterá en problemas advirtió Michael, mirándola fijamente.
Se sentía totalmente desnuda ante él. ¿Quién demonios era ese muchacho? Sin más se giró y comenzó a bajar las gradas con soltura. No, ella debía saber la razón de aquellas palabras.

¡Ey! ¡Tú! ¿A qué te refieres con eso? ¿La estás amenazando? le preguntó después de alcanzarlo, tenía su mano en el antebrazo de este. 
Él miró detenidamente la extremidad de Sileny, con ese simple gesto exigió a la muchacha que lo soltara pero estaba tan ofuscada en que le diera una respuesta que ni notó aquello.

Tu amiguita me siguió ayer y no es la primera vez que lo hace, eso podría llamarse acoso ¿Quieres que tenga pleitos con la policía?
Tenía razón y maldijo a su amiga por ser tan imprudente. El corazón de Sileny se calmó por un momento y entonces advirtió que seguía reteniendo al joven con su mano. Le miró a los ojos, ahora volvía a aumentar aquella sensación en su interior. Lo soltó rápidamente y alejó ese estúpido pensamiento.

No, claro que no pero...
Increíblemente aquel tipo se disponía a irse hacia los vestuarios, la volvía a dejar con la palabra en la boca. Eso ya era el colmo. Lo alcanzó poniéndose en frente para impedirle el paso.
¿Quién demonios te crees que eres para dejarme con la palabra en la boca?
Fuera de mi camino –advirtió él.
Su mirada fue fulminante pero Sileny no se inmutó. Michael sacó los dientes en signo de molestia.

No hasta que me contestes: ¿Qué te piensas que eres para pisotear a los demás así? Eres, además de extraño, arrogante.
Mala idea decir aquello. Dos segundos después estaba acorralada en la pared del pasillo. 
¿Qué haces? –preguntó ella bastante confundida. No hubo respuesta.
Michael siguió avanzando hacia ella hasta que dejó de existir espacio entre ellos. Puso una de sus manos al lado de la cabeza de Sileny haciendo un ruido grotesco. Si esta creyera en cosas paranormales habría jurado que toda la pared tembló por un momento. Ya estaba alucinando. Debía estar totalmente asustada pero no, por increíble que pareciera, ese hombre no le daba miedo en absoluto. Al contrario, sentía como si sólo la quisiera advertir de algo, de alguien.

A ninguna niñata le conviene enredarse conmigo y mucho menos a tu amiga. Te aviso por las buenas para la detengas antes de que ocurra algo de lo que se pueda arrepentir.
Su rostro se acercaba cada vez más al de la muchacha como signo de amenaza. Lo que no previó es que por alguna razón ella no sentía miedo. Sus ojos lo miraban con desprecio pero no con temor. Jamás le había pasado algo como eso ¿Comenzaba a perder facultades? No, imposible. Se acercó aún más. 
Veo que disfrutas del miedo, quizás debas darte cuenta que disfrutar de ello trae consecuencias... sonó macabro aunque para la muchacha era sólo una advertencia. 
Quería alejarla de él, protegerla ¿Protegerla? Se estaba volviendo completamente loca.

No te preocupes, ya sé que mi amiga no debe acercársete pero no hacía falta que te las dieras de matón conmigo. Acabo de descubrir que solo aparentas ser alguien peligroso para alejar a la gente de ti ¿De qué tienes miedo?
Insólito, nadie se había atrevido a hablarle así jamás. Esa chica se estaba pasando de la raya y sin embargo no le molestaba. Debía avisarle que no siguiera igualmente, no era bueno que se adentrara más en su mundo.

Tú no sabes nada de mí. Si no quieres salir mal parada deja de hacer preguntas –concluyó él.
Sin más se alejó dejando a Sileny con el corazón encogido ¿Qué pasaba por la cabeza de Michael? ¿Qué ocultaba con tanto ahínco? Su cabeza le decía que echara lo antes posible a ese chico de su vida, sin embargo,  su corazón comenzaba a sentir una curiosidad enorme por saber sus secretos. Suspiró cuando por fin lo perdió de vista, había estado conteniendo la respiración por varios minutos y casi se asfixia por demostrar endereza frente a él.



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Pasaron varios días hasta que la cabeza de Abey volvió a maquinar algo. Por mucho que le aconsejase que ese extraño no le convenía, ella estaba empecinada en llamar su atención. La llamó por teléfono diciendo que se juntaran en la cafetería de siempre, supuestamente a tomar algo. No fue así.

¡No, Abey! Te he dicho mil veces que ese tipo no te conviene. Vámonos de aquí.
Sin que se diera cuenta, su amiga la había guiado hasta un callejón de aquel barrio tan peligroso. Decía que para encontrarse con alguien de la universidad. Fue una encerrona. Quería que la ayudara a investigar a Michael siguiéndolo a esas horas de la tarde, justo cuando salía de casa para no volver hasta el día después.

Por favor, Sileny. Sólo es ver a qué se dedica, me da que trabaja en la noche. Imagina que es un contrabandista o un mafioso dijo Abey agarrándola por el brazo y mirándola con insistencia.
¿Y eso es bueno para ti? ¡Estás completamente loca! Yo me largo de aquí ¡Ya!
Justo cuando se disponía a girar sobre sus pasos ambas lo vieron. Michael andaba por la calle como si tal cosa. Giró un par de veces sobre su eje, al parecer se aseguraba que no lo siguieran. Si supiera que Abey y ella lo espiaban, la joven no quería ni imaginar las consecuencias de lo que estaban por hacer. Lo vieron entrar a un local, desde fuera se escuchaba la música de su interior y el tirón que Abey le había dado en el abrigo a Sileny, le avisaba que tenía intenciones de entrar allí, con ella.

Ni hablar Abey. No debemos estar aquí, me da mala espina todo esto.
Sinceramente tenía miedo, no se había equivocado con Michael. Parecía tener asuntos turbios, ese barrio no era famoso por sus buenos vecinos. Sus calles eran peligrosas y los negocios más sucios se practicaban en aquel lugar. Deseaba tener una sartén para estamparla en la cabeza de su amiga e irse pitando con ella de allí.

Vale, entonces lo haré yo sola. Seré una chica mala para Michael alzó uno de sus puños al frente de su cara mostrando su mejor pose dura–. ¡Bye bye!
No podía creerlo, no sabía dónde se estaba metiendo y el peligro que corría. No dejaría a su amiga entrar en ese antro sola así que, tragando saliva, la siguió hasta la entrada. El portero las miró de arriba a abajo y sin detenerlas giró su rostro hacia otro lado dándoles paso.

A simple vista parecía una discoteca cualquiera pero algo extraño hizo temblar a Sileny. Todos y cada uno de los que estaban ahí las miraban como si fueran comida. Incluso pudo ver que un joven de unos treinta años se relamía los labios al verla. Entonces  algo demasiado grotesco se cruzó en su campo de visión.


Se estremeció sobremanera al ver la escena y cerró sus ojos. Aquello no era posible ¿Era sangre? Sí, pudo oler el asqueroso olor que desprendía aquel animal en una de las mesas. Espera... Eso no era un animal. “¡Oh dios mio!” masculló en su cabeza al darse cuenta de lo que era, apretó con fuerza la mano de su amiga. Esta por fin entendía que habían entrado en la casa del diablo. Retrocedieron lentamente hasta que Sileny notó que su pantalón se mojaba poco a poco al chocar con algo, otra mesa, otro cuerpo despedazado. Casi vomita ahí mismo si no hubiera escuchado los sollozos de Abey. La música estaba alta pero podía escucharlos claramente. Tiró sin más de la extremidad de su amiga para salir de ese lugar lo más rápido posible.

Corrieron hacia la entrada cuando pudo sentir que tiraban de ella, Abey era arrastrada por varias personas con toda su fuerza. Intentó ayudarla pero el miedo había hecho sudar sus manos, se soltó sin poder hacer nada. Volvía a por ella sin éxito, dos hombres se interpusieron y comenzaban a acercarse a ella. Lo sentía, querían acabar con su vida al igual que con la de Abey, sus miradas tornaron a un negro azabache. ¿Qué eran esas personas? ¿Qué querían hacer con ellas? Su mente dio en el clavo sin quererlo: Querían devorarlas. Imposible. 


No pudo preguntarse nada más cuando sintió un fuerte tirón de su mano izquierda. Una mano cálida agarraba la suya con fuerza saliendo de aquel lugar. No podía ver nada, sus lágrimas inundaban su rostro, su amiga seguía ahí dentro. Quizás siendo descuartizada y sirviendo de alimento para esos monstruos. Una arcada casi la hace echar por fin la pota.

Al parar en seco pudo ver quien la ayudaba a huir. El que menos esperaba que fuera la había salvado de ser devorada por esas criaturas. Michael avanzó de nuevo después de asegurarse que nadie los seguía de cerca, guiándola, sin cesar hasta llegar al bosque cerca de la ciudad. No, ella debía volver a por Abey.

¡Suéltame! ¡Abey! ¡Abey aún sigue allí dentro! Ella... Ella...
No se dio cuenta hasta entonces que él también estaba allí dentro, él podría ser uno de ellos. ¿Por qué la habría llevado hasta el bosque? Oh no. La quería para él solo, sería su cena.

Escúchame –se acercó a ella para tranquilizarla y al ver como retrocedía cedió en su intento–. No te haré nada... Mierda ¿Por qué no me hicisteis caso? Te dije que no os mezclarais conmigo ¡Maldita sea!
Su mano la pasó por su cabeza, sobándose el pelo una y otra vez. La muchacha pudo ver la frustración en él. Quizás no era como ellos pero necesitaba ir a por su amiga. En un despiste de Michael corrió por donde habían venido. Lo que vio la alejó de toda duda. Él era como ellos, ese movimiento anormal que utilizó para alcanzarla era inhumano.

¿Qué eres? ¡¿Qué sois?!
Sollozaba con fuerza, se veía perdida aunque increíblemente ese muchacho no le transmitía miedo, si no confianza. Necesitaba una explicación.

Lycántropos... Sileny soy un hombre-lobo ¿Entiendes ahora el por qué quería alejaros? ¡¿Lo entiendes?!
Se tomó la libertad de agarrarla por los hombros y sacudirla un poco. El trance por el que pasaba la joven no le evitó entender las palabras de Michael. 
Sileny... Abey está... –se vio interrumpido.
¡Calla, calla por favor!
Sileny se echó las manos a la cara. En lo más profundo de su corazón sabía que su amiga ya estaba muerta. Justo en el momento en que la soltó la había condenado a morir. Maldita su curiosidad. Cayó de rodillas en el nevado suelo del bosque. Sintió como unos brazos la rodeaban consolándola. Se dejó caer en el pecho de Michael soltando el llanto que intentaba guardar.

Debemos irnos, se acercan –advirtió él.
Ella no sabía cuanto tiempo habían estado así, sentados en aquella fría superficie pero la voz de Michael la sacó de su ensoñación. 
Si confías en mí nada te pasará. Te lo prometo.
¿Por qué? ¿Por qué me ayudas? preguntó la chica al sentir como la cogía en brazos sin ningún tipo de esfuerzo.
Porque has sido la primera persona que me ha enfrentado, sin miedo. No eres una simple extraña para mí. Me interesas desde hace mucho al igual que yo a ti.
Sí, ahora se percataba de que ese muchacho podía leer su mente. 
No, no te leo la mente. Simplemente eres demasiado fácil de leer –se  burló al ver la mueca de Sileny.
–¿Qué vamos a hacer? –cambió de tema.
Mi mundo es peligroso a la vez que precioso ¿Me permitirías enseñártelo? ¿Me seguirías si te propongo en este mismo instante que lo hagas?
Eso significaba, dejar todo atrás pero ¿Qué tenía?
¿Amigos...? Abey ya no estaría ahí.
¿Familia...? No contaba con ese privilegio.
¿Estudios...? Podía comenzarlos en otro lugar, al lado de un hombre-lobo. 

Al escuchar aquella palabra un escalofrío recorrió su espalda. Cerró sus ojos fuertemente, cabía la posibilidad de estar soñando. No, al abrirlos Michael seguía exigiendo una respuesta. Lo que jamás pensó es que de su boca saliera algo así:

No tengo nada que me espere aquí, así que... Sí, te seguiré donde vayas.
Instintivamente pasó sus brazos por el cuello de Michael. Ambos lo sabían, aquello era una total locura, no obstante, estaban totalmente decididos a hacerlo. Él sintió el impulso de besarla y atraerla contra si en un cálido abrazo al sentir que por fin alguien entendía su naturaleza sin ningún tipo de prejuicio. Se escucharon pasos que se acercaban vertiginosamente rápido y aquel impulso se desvaneció. Eran los demás, venían a por ella. Lo notaba. 

Sileny percibió un bufido del joven por la interrupción de aquel beso y apoyó su cabeza en el pecho de este al ver que comenzaba a correr. Quizás en otra ocasión. Una triste sonrisa comenzaba a asomar por el rostro de la muchacha. Una nueva vida les esperaba al atravesar ese bosque.

Su extraño inquilino le ofrecía un nuevo mundo por explorar...





FIN



 Licencia de Creative Commons 
Mi extraño inquilino by Laura Ramírez Patarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

domingo, 24 de febrero de 2013

A través del tiempo VII

Os dejo con el séptimo capítulo de mi fanfic con Onew. Que lo disfrutéis :)


Capítulo 6: El torpe extraño que vive en mi casa







Capítulo 7: Buenos amigos en situaciones difíciles


Al abrir la puerta Hana lo vio, sus ojos se agrandaron pero sin poder decir nada más se encontró entre sus brazos y recibiendo ese beso fugaz en los labios. Al cruzar de nuevo sus miradas observó su amplia sonrisa.

-¡Creí que estabas en Japón!- Exclamó la joven con total alegría al ver que aquel hombre que tenía en frente había vuelto.

-Sí que lo estaba pero por el clima cancelaron la sesión de fotos, era al aire libre y se suponía que debía reflejar estilo veraniego, soy bueno actuando pero tampoco me quiero congelar- Su rostro detonó orgullo y sonrisa triunfante.

-¡Ay! Mi diva, siempre tan perfecta- Así era, Key estaba frente a ella, ambos se cogían de las manos tiernamente. Agarró sus mejillas, hacía días que no lo veía y amaba hacerle eso, demasiado adorable para resistirse. Era uno de sus mejores amigos, sin contar con Jessy, él era su otra mano derecha aunque de su relación con Onew no le hablaba mucho ya que Key era de esas personas demasiado honestas como para no decir la verdad a los demás, si supiera sobre eso ya se habría encarado con Onew. Eso sería nefasto para el grupo. Nada más que Jonghyun sabía sobre aquello pero solo porque de alguna forma le concernía.

-Oye, estás mojada ¿Qué ha pasado?- Mientras tocaba el pelo de su amiga y notó que estaba un poco húmedo. También observó la pequeña herida de su labio pero prefirió pasarlo por alto en ese momento.

-Mmm... Una larga historia, pero ya estoy casi seca, no te preocupes. Anda Key no te quedes ahí, pasa

-Ah... Bueno, verás... Es que no vengo solo...- De pronto Jonghyun salió de un lado, parecía haber estado apoyado en la pared hasta ser el momento oportuno de girar hacia la puerta. Dirigió una esplendida sonrisa a la mujer que ahora soltaba las manos de Key por la sorpresa. -Esto... Me lo acabo de encontrar cuando llegaba aquí. Yo no tengo nada que ver...- La cara del rubio se veía un tanto apenada, quería aclarar que no formaba parte de ningún complot en su contra.

-Jonghyun... ¿A él también se lo has dicho?- Preguntó con tono acusatorio al joven, aun así siempre que lo veía inconscientemente su cuerpo temblaba de nerviosismo. Demasiado atractivo para no reaccionar al tenerlo cerca pero su pasado juntos pesaba más que cualquier otro aspecto de él.

-Bueno, sí. Pero Hana sabes como es Key, demasiado incisivo como para no decirle nada. Me habría matado- Hana aún estaba molesta, pero siendo Key esa información estaría bien segura. Este golpeó con los nudillos el hombro de Jonghyun que inmediatamente gritó de dolor exageradamente.

-Hana... ¿Por qué no me dijiste nada? Parezco ser demasiado duro pero puedo separar lo profesional de lo personal. Aunque le de su merecido a ese Onew, el grupo seguirá unido- Increíblemente Key adivinó el por qué Hana no le hablaba sobre eso. Simplemente le sonrió compresivo, lo quería muchísimo porque a pesar de que era menor que ella, la protegía como a una hija. Volvió a darle un beso fugaz en los labios, aquellos piquitos tan dulces que una madre da a sus hijos pequeños y agarró sus mejillas fuertemente. -Como no vuelvas a confiar en mi te mato ¿Ok?

-¡Ah! Vale, vale Key, pero duele- Hana se retorcía para soltarse pero Key apretaba más. Sonrió por su victoria y la soltó. -Diva mala- Haciendo pucheros, giró fingiendo molestia hacia un lado. Fue entonces cuando vio a Jin Ki mirándola. Se había olvidado que estaba en la cocina, le hizo un gesto para que dejara de asomarse, con la aguda vista de Key, podría ser descubierto en cualquier momento.

-Te veo mejor de lo que pensaba Hana- Era la voz melodiosa de Jonghyun que se acercaba a ella. -Me alegro enormemente verte tan entera- El abrazo de ese hombre la hizo recordar muchas cosas por lo que notó sus mejillas arder, en parte por el pellizco de Key segundos antes pero sobretodo por el contacto físico con Jonghyun. No era un simple abrazo, siempre mostraba aquellos sentimientos que tenía hacia ella, la deseaba pero Hana amaba a Onew desesperadamente. Eso lo frustraba, cuando veía la oportunidad de tocarla quería trasmitirle todos y cada uno de sus sentimientos en cada toque. Sabía que estando con Onew debía callar y ver cosas que no quería, así que ahora era el momento perfecto para protegerla... Para confesarle todo lo que guardaba... La soltó con desgana y agarró sus hombros. -Hana yo...

-Anda vamos dentro que hace corriente aquí- Key interrumpió aquel momento un tanto íntimo entre ambos y Hana en cierto modo lo agradeció. No estaba preparada para que otra cosa ocupara sus pensamientos ya tenía bastante con asimilar todo lo que sucedió el día anterior.

-Sí, os traigo algo de beber- La joven sonrió apartándose delicadamente de Jonghyun para no hacerlo sentir mal y se dirigió a la cocina.

-Aw, no puedo sentarme viéndote trabajar solo a ti, te ayudo- Dijo Key siguiéndola.

-¡No!- Paró en seco para mirar al rubio que ahora abría sus ojos sorprendido. Para que no sospecharan inventó una escusa... -Siéntate y descansa. Jong, por favor, tú igual. Sois mis invitados- Al parecer ese argumento convenció tanto a la diva como a Jonghyun. Se dirigieron al salón sentándose cómodamente en el enorme sofá principal de aquella estancia.

-¡Hoy saldremos de compras y no acepto un “no” por respuesta!- Key alzó la voz para que Hana escuchara desde la cocina, la hizo sonreír. No necesitaba decir nada, la diva ganaba siempre, por lo que replicar no era una opción.

Al llegar a la encimera lo vio sentado con su espalda recostada en el mueble.

-¿Quienes son?- Preguntó el curioso Jin Ki en un susurro, mientras que Hana se agachaba junto a él.

-Amigos, son amigos. Ahora cállate si no quieres que nos descubran- Ordenó Hana en voz baja pero el tono molesto retumbó por alrededor.

-¿Hana?- Jonghyun aun sentado levantaba su cabeza, moviéndola de un lado a otro buscando a la muchacha.

-¡Sí, ya voy! ¡Estoy buscando una bandeja!- Gritó sin dejar de mirar a Jin Ki. -Tendré que salir por un rato, así que por favor toma esto. Cualquier cosa deslizas el dedo por aquí y ¿Ves este nombre? Pues solo púlsalo, es Key, yo estaré con él hoy por lo que pondré alguna excusa para que me dé su móvil mientras no tengo el mio- Entre susurros, andaba mostrándole su smartphone. Sabía que quizás le hablara en un idioma raro para él ya que si venía del pasado, un móvil solo era un objeto desconocido para Jin Ki. Su ceño estaba fruncido pero asintió levemente ante la explicación. -Ah, para hablar, póntelo al lado de la oreja- Ahora sí vio en él una mueca de frustración. -Nada, supongo que por instinto sabrás que hacer si te llamo- Jin Ki volvió a asentir.

Ya estaba rumbo a la sala cuando miró como Jin Ki se asomó un poco sobre la superficie de la encimera. Le daba un poco de lástima dejarlo solo en casa pero si no quería que lo descubrieran debía satisfacer las exigencias de Key. Ademas ella también necesitaba despejarse y su amigo sabía la fórmula perfecta para quitarle cualquier tristeza. Ahora se volvió a preguntar ¿Qué estaría pensando en aquellos momentos donde la idea de desaparecer se le cruzó por la cabeza? De solo pensar que Key se enterara de lo que estuvo a punto de hacer un sudor frío recorrió su cuerpo, la mataría él mismo al saber tal atrocidad.

-Anda, dame un besito, tonto- Jonghyun se encontraba haciéndole cosquillas a la diva y poniendo morritos cerca de la cara de asco de Key, este intentaba alejarse de él como podía.

-Dejad el “fanservice” para el escenario chicos- Ambos se giraron hacia ella riéndose, Jonghyun se levantó rápidamente para ayudarla con la bandeja en la que traía las bebidas.

-Pero es que a este le encanto tanto que más que fanservice es obsesión por mi belleza- Aseguró Key con altivez. Jonghyun y Hana rieron pero el rubio hizo puchero. -¿Qué? Sabéis demás lo guapo que soy

-Si, mi diva eres un bellezón- Se burló Jonghyun mientras se acercaba al él. Siempre eran así, se llevaban tan bien que Hana sonreía cada vez que hacían una de sus bromas, hacia días que no se lo pasaba tan bien. Terminaron de beber y Hana se dirigió a la habitación para cambiarse, aún tenía húmeda aquella ropa, no podía salir así si no quería que el frío invernal del exterior la congelara.

Jin Ki volvió a asomarse, miró a esos dos hombres. Observó primero a Key, le pareció un tanto altivo como si se sintiera todopoderoso. Recordar el trato tan íntimo con Hana le molestaba bastante pero ¿Por qué? Aquella mujer no le era nada, verle besándola no una si no dos veces le hizo sentirse mal pero ¿Qué demonios?
Giró su rostro al otro hombre, por alguna extraña razón lo sentía como una amenaza, como un rival pero ¿Por qué? Solo la abrazó, no como el otro ¿Por qué notaba que era a él con el que tenía que lidiar? Sí, era aquella forma de mirarla, la veía con deseo, eso lo estaba molestando demasiado. “Jin Ki, ahora mismo ¿Qué es lo que estás haciendo?” Todos son unos extraños ¿Por qué molestarse por ella? ¿Qué era esa sensación de querer aquel tipo lejos de Hana?

Ah, por ese beso... Sí, ese beso que fingía no recordar...


Flashback

Era un lugar bastante oscuro, no sabía donde estaba. Quería salir de allí pero pudo notar como su cuerpo estaba inmóvil. Vio de nuevo esos pies, ese calzado que el extraño lucía ocupaba toda su atención ahora. Intentó salir de ese agujero pero no podía moverse. Segundos después la escena cambió... En frente de él estaba ella, Bu Yong. Por algún motivo no le hablaba solo indicaba con su brazo al horizonte. Jin Ki giró su rostro hacia donde ella apuntaba, la escena era grotesca. Una joven estaba muerta en el frío suelo del bosque, inexplicablemente se agachó para confirmar quien era. Sabía que se encontraría a Bu Yong pero algo le decía que debía confirmarlo.

Al girar la cabeza del cadáver cayó hacia atrás, su corazón estaba destrozado con aquella revelación... No era el rostro de Bu Yong era el de Hana. Aquella mujer que horas antes había salvado, esa joven que lo había cautivado con su belleza antes ni de que él se diera cuenta. Esa muchacha esta frente a él... Muerta. Gritó, gritó negando aquello... No pudo salvarlas, ni a Bu Yong ni a esa extraña... Su llanto era desgarrador...

De pronto se encontró sentado, suspiró. Por suerte había sido un horrible sueño. Lo que no se esperó fue esos labios tan cerca de los de él... Hana estaba justo delante, miró como le agarraba fuertemente la muñeca, rápidamente aflojó la presión pero sin soltarla. Esos labios lo estaban llamando, pedían a gritos que los besara. Así fue, sin pronunciar palabra se apegó a ellos. Demasiado suaves, demasiado provocativos para solo rozarlos... Debía saborearlos por lo que comenzó a intensificar aquel juego. Ella en un principio, no le correspondía, así que por un momento su mente pensó en apartarse. Sentir que por fin ella accedía imitándolo, lo alejó de aquella idea. La muchacha era efusiva ahora, eso lo provocó aún más. Realmente estaba extasiado con sus labios y boca. Jamás pensó que besar a una mujer fuera así de excitante. Mientras ambos exploraban la cavidad del otro en total armonía, su mano traviesa se posó en la cintura de la joven, se sorprendió al notar el tacto de aquella piel tan delicadamente suave. No sabía que pasaría después pero no quería parar a preguntárselo. Simplemente quería sentir todo aquello tan refrescante y a la vez tan ardiente.

-¡Onew!- Escuchar aquel nombre cortó con todo lo que estaba esperando o más bien ambicionando. Ella lo apartó totalmente apenada pero no quiso mirarle a la cara, aquella inoportuna palabra lo hizo volver a sus sentidos. Él era un extraño que se parecía a su pareja, solo eso pudo haberla incitado a seguirle el juego. Quizás la estaría alentando a hacer algo que no quería. Su interior le decía que no debía pedirle nada, ni mucho menos razones de por qué correspondió el beso. Cerró sus ojos fingiendo estar dormido. Eso sería lo más fácil para ambos y ella no se sentiría culpable ni obligada a dar ninguna explicación...

Fin del Flashback

Ahora que recordaba aquello sabía por qué veía a ese tipo como una amenaza. Quería que esos labios fueran solo para él. La forma en que Jonghyun la miraba denotaba sus sentimientos hacia ella. Aquel abrazo que ese tipo le había dado a Hana se repetía una y otra vez en su cabeza. Espera ¿Qué estaba pasando? Era prácticamente una extraña, una extraña que lo trataba mal, le decía y hacia cosas raras. Una extraña que era distinta a las demás, al parecer en solo unas horas había visto todas las caras de aquella mujer. Sí, la necesitaba pero solo era una simple ilusión, el estar fuera de su tiempo quizás lo estaba haciendo enloquecer, sí debía ser eso...



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domingo, 17 de febrero de 2013

No puedo verte I

AVISO: Contiene ciertos temas que para alguna persona puede ser algo fuerte, pido por favor que te abtengas de leer si eres sensibles a ciertas situaciones como el lenguaje soez, la violencia de género y la violación.


Introducción






Capítulo 1: Inocencia perdida



Un fatídico día de octubre de 2002 / Corea del Sur

-¡No! ¡Suélteme por favor! ¡No!- La muchacha intentaba librarse de los golpes de aquel hombre que intentaba ultrajarla.

-¡Cállate! ¡Las mujeres solo sabéis hablar! Yo te voy a callar...- En uno de sus fuertes zarandeos atinó a darle contra la pared, la joven sintió un fuerte dolor en el hombro pero no podía ceder. Debía resistir para que ese hombre no pudiera hacerle nada. Imposible, era una cría de catorce años contra un tipo de cuarenta. La fuerza que ejercía sobre ella no le dejaba ninguna posibilidad de escapatoria.

-¡Por favor! ¡Ayuda!

-Niña tonta de esta nadie te salvará- Se acercó a ella y rápidamente la tumbó en el suelo. No tubo tiempo de reaccionar hasta que lo vio encima suya. -Te haré callar ahora

Lo que la muchacha estaba temiendo que ocurriera se estaba cumpliendo, tenía la intención de violarla. Le agarró ambas manos por encima de su cabeza para que no pudiera moverse y comenzó a desvestirla bruscamente, ayudándose de una navaja que sacó de uno de sus bolsillos. Las lagrimas recorrían ahora la cara de la niña al ver que encima de ser forzada podría morir en el intento. Giró su rostro para intentar trasladarse a otro lugar. En su mente quizás podría dibujar otro escenario, algo que la ayudara a no sentir nada que ese hombre le hiciera. Fracasó... Todo su cuerpo se estremeció al notar a ese hombre tocarla con manos lascivas pero eso no fue nada comparado con el dolor horrible de sentirlo dentro de ella, desgarrándola una y otra vez como si fuera un desecho sin vida. Logró omitir los gritos mordiéndose el labio inferior tan fuerte que sangró. Las lágrimas se amontonaban por su rostro, se sentía sucia, sucia y devastada, como una vieja muñeca de trapo. Mejor la hubiera matado antes que hacerle eso, su rostro no trasmitía nada, su mirada estaba vacía sin vida. Pero al ver que terminaba cerró los ojos ya que temía mirarlo a la cara.

-¿Ves? Ahora si estás calladita- Sentenció aquel tipo que se subía los pantalones triunfante, como si hubiera hecho el mayor de sus logros. Escuchar esa voz hizo sentir un escalofrío a la joven, le repugnaba el simple hecho de oír a ese desgraciado. No satisfecho con eso la agarró por los hombros para levantarla. A duras penas se mantenía en pie, volvió a golpearla. Su cuerpo tambaleante llegó hasta una mesa en aquella habitación.

La joven no podía creer lo que estaba viendo, un cuchillo se hallaba al lado de dos platos con comida. En un segundo se encontraba agarrándolo y abalanzándose sobre él. Se lo clavó en la espalda ya que, confiado, estaba aun terminándose de vestir tranquilamente.

-¡Perra!- Gritó el individuo dándose la vuelta. Al parecer la debilidad que sufría la muchacha no bastó para alcanzar algún órgano vital. Estaba dispuesta a matarlo por lo que no despegaba sus manos del cuchillo aun clavado en la espalda de ese hombre. Giró bruscamente intentando quitarse de encima a la muchacha pero esta estaba dando todo su esfuerzo para acabar con lo que estaba haciendo. La hoja se hundió un poco más. -¡Agg! ¡Maldita! ¡Maldita zorra!- Ahora sí pudo girar lo bastante rápido como para que la niña saliera despedida hacia un lado. Calló al suelo y observó como aquel tipo sin ni siquiera inmutarse por el arma en su espalda comenzaba a patearla. Un golpe cestero en la cabeza la dejó semiconsciente, por increíble que pareciera le resultó un alivio perder conexión con la realidad. El dolor cada vez era más lejano y los sentimientos estaban ya desapareciendo, sintió un calambre al recibir otra brutal patada en la coronilla y ahí fue donde se sumió como en un sueño profundo. Desde lo más recóndito de su corazón deseó no despertar más.


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La despertó una leve corriente, notaba como su cuerpo estaba en algo blando. Adivinó que podría estar en un sitio tranquilo y muy cálido, después de escuchar un ruido sintió la necesidad de abrir sus ojos. Sí, los abrió pero todo estaba oscuro ¿Era de noche? No, esa oscuridad no era normal. Su corazón comenzó a acelerarse temiendo su más oscuro pensamiento. Se incorporó bruscamente y fue ahí cuando sintió un dolor punzante en la entrepierna. Todo lo que había pasado volvió a su mente, a su memoria. La ínfima posibilidad de que eso hubiera sido una terrible pesadilla se esfumó. Había sido violada, ultrajada y golpeada como a un perro. Emitió un grito desgarrador antes de ponerse a llorar con todas sus fuerzas.

-¡Sung Hye! ¡Hija! ¡Tranquila por favor! ¡Mi niña, tranquila!- Aquella voz era de su madre, la tranquilizó por unos segundos saber que estaba a su lado.

-¡¿Mamá?! ¡Mamá!- Al buscarla en esa oscuridad se dio cuenta que no podía verla, eso la volvió a sumir en un incesante llanto.

-¡Mi niña! ¡¿Qué le han hecho a mi niña?!- La estrechó entre sus brazos fuertemente pero eso hacia que llorara aún más. Su hija estaba sufriendo profundamente y eso le desgarraba el corazón haciendo que también comenzara a sollozar.

-¡Mis ojos, mamá! ¿Qué le pasa a mis ojos?- Preguntó algo que de por si sabía pero debía, tenia que cerciorarse. La mujer tragó saliva.

-Mi niña...

-¡Por favor! ¡Quiero la verdad!- Por un momento se apartó de ella para mostrarse autoritaria.

-Tú... Tú no puedes ver... Porque estás ciega mi amor- Sus palabras se clavaron en el corazón ya destrozado de la joven. Lo sospechaba pero tenía la esperanza de que no fuera cierto, de que solo fuera algo pasajero... Volvió a cobijarse entre los brazos de su madre para intentar aliviar un dolor incesante que duraría una vida entera aliviar. Su adolescencia feliz había acabado de una estocada, con aquella cruda realidad. Su burbuja no fue rota, si no destrozada por aquel suceso que quizás podría superar pero jamás olvidar.


Febrero de 2003 / Corea del Sur

-¡Tú no vales para nada! Te dije que lo educaras bien y mira en lo que se ha convertido. Es un vago que no hace absolutamente para nada ¡Igual que su madre! ¡Un pelele sin carácter ni convicción! Tanto trabajo para que mi familia se convierta en esto...- Los gritos se escuchaban desde la habitación de aquel niño, tarareaba una canción intentando inútilmente acallar esa voz en su mente. Su padre volvía a ofender a su madre y esta solo asentía. Sus lágrimas comenzaban a salir sin su permiso a lo que subió su tono al cantar para aislarse de todo.

-¡Maldito niño! ¡Ahora mismo te vas de esta casa! ¡Jamás volverás aquí hasta que dejes esa estúpida idea de cantar!- Su padre se había adentrado en su habitación completamente enfurecido. Se dirigió a su ropero para sacar toda la ropa que pillaba a su paso.

-¡¿Mamá?! ¿Qué hace papá? ¿Qué quiere hacer?- Preguntó entre sollozos el muchacho totalmente asustado por las acciones de su padre. Corrió a las faldas de su madre intentando que esta le diera una explicación.

-Jonghyun hijo, por un tiempo te irás. Tranquilo es un sitio muy bonito y podrás hacer amigos allí ¿Entiendes?- La mujer agarró su mentón para hacerlo mirar hacia ella pero solo lo hizo llorar más.

-¡No! ¡No quiero! ¡Yo quiero estar contigo mamá!

-¿Lo ves? Lo has vuelto un estúpido llorica. A donde vas aprenderás lo que es ser un hombre así que deja de llorar o te callo yo- Lo amenazó sin piedad haciendo que se estremeciera agarrando fuertemente la falda de su madre.


Marzo de 2005 / Japón

-Sí mamá, estoy bien- Jonghyun hizo una pausa. Temía la respuesta pero debía preguntar a su madre. -¿Qué se sabe de lo de papá?

-Hijo... Le caerán ocho años...- Se escuchó por el teléfono.

-Eh...- Deseaba decirle que se lo merecía. Su padre era un corrupto además de ser un cabrón porque no podía entrenarse para más. Lo odiaba, por pegarle a su madre y hacer de sus vidas un infierno. Enterarse de que lo habían condenado por malversación de fondos le produjo cierto alivio. Pero le importaba demasiado su madre, aquella que amaba con toda su alma así que no quería ponerla mal con comentarios desafortunados. -¿Y tú? ¿Cómo estás?

-Bien, hijo estoy bien... Solo quiero que vuelvas. Te extraño tanto- Jonghyun escuchó un leve sollozo por parte de ella pero intentó distraerla.

-Mamá, estaré allí pronto, intentaré llevar todo lo que ese... lo que papá dejó a medio hacer y, por supuesto, volveré a tu lado- La voz de su madre se escuchaba eufórica al decirle aquello. Terminó de hablar y colgó el teléfono levantándose de allí. Estaba en una de las salas telefónicas del internado donde residía pero solo se permitía utilizarlas una vez al mes para llamar a sus familiares. Comenzó a llorar al llegar a su habitación, debía quedarse un poco más... Soportar todo aquello por los compañeros que sufrían lo mismo que él. Saber que al salir se encontraría con todo el poder de su padre le animaba a seguir comportándose para poder salir de allí lo antes posible. Si no ¿Donde podían denunciar aquello? ¿Quien podría ayudarlos? Desde fuera quizás encontraría la forma de acabar con lo que sucedía en ese orfanato. Muchos no le creerían pero con todo el imperio de su padre algunas opiniones podrían ser fácilmente variables.

Ese lugar aparentaba ser seguro, distinguido y con lujosas comodidades pero dentro de sus puertas se encontraba el peor infierno para un niño o un adolescente. Sufrían todo tipo de maltrato, vejaciones, golpes y malas palabras. Lo peor era el castigo a un comportamiento fuera de lo normal, algo que estaba muy por encima de lo que uno pudiera imaginar. Solo pensar en aquello su piel se erizaba, en ese año había pasado varias veces por ello. No era un “alumno ejemplar” y debía ser castigado, siempre intentaba proteger a otros compañeros de aquel suplicio. Su padre tenía razón en algo, ser un pelele no servía de nada, aplicaba esa enseñanza para ayudar a sus amigos. Mejor él ya que no se merecía ni el amor de su padre a un pobre niño que suplicaba perdón.


Junio de 2010 / Corea del sur

Jonghyun lo estaba dando todo esa noche, la gente vitoreaba a la banda SHINee y aquel local estaba a rebosar. Sentía subir la adrenalina con la rapidez de un rayo. Estaba preparado para su última canción... Aquella canción que le dedicaba a su padre. Ese ser al que odiaba tanto.

Aquel mini concierto fue un éxito y al terminar la gente ya había abandonado el lugar cuando los cinco amigos se sentaron a tomar algo que los refrescara.

-Buaa... Ha sido alucinante ¿Qué no chicos?- Dijo Jonghyun apoyando su codo en el hombro de su amigo.

-¡Sí!- Gritaron todos al unisono.

-Y... ¿Qué hay sobre tu madre? Ha estado llamando todo el día Jonghyun- El mayor habló para decaer el ambiente, algo que disgustó al joven.

-Onew... Sabes que no me gusta hablar de eso, sabéis que odio todo lo relacionado con la empresa. Sí, sé lo que quiere. Pero sus asistentes pueden ayudarla mejor que yo, amo a mi madre pero cuando se pone así no la soporto- Confesó el joven bebiendo de un botellín de cerveza.

-Tienes razón, siento haber hablado de eso cuando estamos celebrando. ¡Brindemos!- Todos alzaron sus bebidas- ¡Por el éxito!

-¡Por el éxito!- Todos estaban eufóricos pero Jonghyun bajo su cabeza.

Cinco años de libertad que parecían ser otra prisión como el internado. Odiaba llevar los negocios de la familia, el amaba el mundo del espectáculo y en el que vivía no le permitiría hacerlo. Le dolía hacer sufrir a su madre pero esas escapadas bajo la identidad falsa de rockero era lo que en verdad lo llenaba. Todo lo cubría con una personalidad brillante ante cualquier situación, sobretodo con las chicas. Le encantaba coquetear ocultando su inseguridad, ese trauma jamás lo dejaba tranquilo y cada vez se estaba volviendo más grave...


Capítulo 2: Traumas del pasado 


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