miércoles, 21 de marzo de 2012

Rojo Carmesí

A ver que tal os parece. Comentad y espero que os guste. Un abrazo!!


Rojo Carmesí

 
“He vivido por siglos, he recorrido cada rincón del mundo, he saboreado todo tipo de manjares pero jamás olvidaré esa noche, esa mujer y su cuerpo sin vida entre mis brazos... ¿Por qué lo estaba recordando ahora? El fresco olor de su sangre estaba inundando mis pensamientos ¿Por qué?”


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Recordaba a esa mujer, caminando por aquella calle desierta en una noche tan despejada. Su vestido era demasiado pomposo pero lo lucía con una agilidad y soltura palpable, era verde oliva por lo que combinaba perfectamente con su pelo rojizo y su piel blanquecina. 
Podía adivinar que pertenecía a la corte más selecta de Europa, quizás fuera la hija de un Marqués o incluso un Duque. No le importaba, solo podía pensar en el olor que desprendía su sangre, jamás había percibido tal olor, nublaba sus sentidos y no podía controlarse. Sus ojos tornaron rojos y sus colmillos se asomaban fieramente por su boca. Siempre pudo dominar sus instintos hasta que sentía la sangre entre sus dientes, en esta ocasión no.

¿Qué estaba pasando? Esa mujer lo tenía hipnotizado y no podía apartar su mirada, ya encendida, de ella. Saltó de un tejado a otro con gran maestría, su condición se lo permitía y su experiencia de años cazando le otorgaba hacerlo sin fallo alguno. Se podría decir que era un depredador joven ya que no excedía de los ciento veinte años como “no muerto”, sin embargo, era el mejor en lo suyo.

Ya estaba adelantando a la joven cuando saltó repentinamente justo enfrente de ella, la cara de esta reflejaba su sorpresa y su terror al ver las facciones del hombre que ahora se le acercaba muy lentamente.
La mujer, por unos segundos, se congeló pero comenzó a retroceder en sus pasos sin dejar de ver al individuo que la seguía al mismo ritmo, como en una danza hacía la muerte. Lo sabía, ese hombre iba a matarla. Este observó como repentinamente el cuerpo femenino se giraba para correr lejos de él y, lejos de impedírselo, simplemente dibujó una macabra sonrisa en su rostro.

La chica corría con todas sus fuerzas, estaba llegando fácilmente al final de la calle. Giró su cabeza en un segundo, ese desconocido no estaba allí donde lo vio por última vez y su corazón sufrió una terrible punzada cuando volvió su mirada hacia delante: estaba parado justo delante de ella. Esto hizo que al frenar su velocidad casi perdiera el equilibrio, su cuerpo ya no le respondía. El miedo que le produjo el hecho de que ese hombre hiciera algo imposible la dejó completamente helada.

No podía esperar más, el olor que desprendía la sangre de esa joven lo estaba volviendo loco, la atrajo hacia si con su brazo derecho y con la mano izquierda acarició el cabello de la joven. Al apartar un mechón del cuello pudo notar el temblor incesante del cuerpo ajeno. 

Todo acabará pronto dijo él fijándose en la mirada perdida de la mujer que tenía entre sus brazos. 

Esos preciosos ojos se detuvieron en los suyos, algo que hizo que, por un segundo, se quedara petrificado. Ignorando aquella sensación y sintiendo, de nuevo, el refrescante olor de su sangre, no dudó más. Con terrible rapidez hincó sus colmillos en el cuello de la joven haciéndola gemir de dolor. Nadie escuchó el grito ahogado ni el sollozo al sentir que su vida se iba con cada trago que ese individuo daba. Él podía sentir el sabor que inundaba su boca con sumo placer, jamás había probado un líquido tan exquisito, en todos sus años como cazador jamás había tenido esa sensación. Justo cuando la joven iba a dar su ultimo suspiro, cesó. 

Al mirar a los ojos de la joven pudo ver como esta lo observaba fijamente, este hecho lo dejó perplejo, sentía culpa por lo que había hecho. ¿Cómo era posible? Una simple joven haciéndolo sentir remordimiento con sólo observar el azul de esos ojos. No reflejaban rabia por haberla despojado de la vida, no lo miraba con desprecio. 
Él era quien le había quitado su más preciado regalo, sin embargo, en esos últimos segundos, ella lo observaba con ternura, como si sintiera lastima y algún tinte de compasión, casi con una sonrisa, esperaba su muerte en segundos. 

Se sorprendió al verse a si mismo quedarse con ella, casi abrazándola, en sus últimos momentos. Normalmente se habría ido ya, dejando que su cuerpo moribundo diera sus últimas bocanadas de aire. 
Algo aún más escalofriante lo hizo levantarse después de acompañar a la joven en su ultimo aliento... No podía definir él porqué pero de su ojo derecho se escapó una lágrima. Era algo imposible, no podía estar conmovido por la muerte de un simple humano. No, no podía aceptarlo. Jamás. 

Abandonó el lugar con suma prisa como si no quisiera ser descubierto, no por matar a la joven si no por expresar alguna emoción por el hecho de hacerlo.


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Habían pasado tantos siglos de esa noche... ¿Por qué recordarlo precisamente ahora? ¿Por qué estaba recordando ese olor?

No. No lo estaba recordando.

Ahora estaba percibiendo ese olor, justo por eso le vino a la mente esa noche. Pero ¿cómo era posible? Después de tantos siglos el mismo olor que lo volvía loco... 

Giró su cabeza hacia un lado, hacia otro. Sólo veía gente con máscaras, por un momento olvidó incluso que era carnaval, él mismo estaba disfrazado. Se observó, no era un disfraz, era el traje que usó en la recepción de un rey árabe en la corte francesa hacia ya cinco siglos. Sus artimañas lo llevaron a lo más selecto en esa época. 

Pero ahora era un simple empresario que luchaba por sobrevivir en un mundo lleno de cambios. Siempre sabía adaptarse pero odiaba completamente la actualidad, no se acostumbraba a tantas cosas que consideraba vulgares, anhelaba esos años donde un simple gesto valía más que las palabras ordinarias de hoy en día.

Salió de su ensoñación, el olor volvía y cada vez se hacia más fuerte. Temía que no pudiera controlarse y lo descubrieran, así que con gran rapidez robó la máscara a un tipo que la llevaba en el bolsillo trasero de su pantalón. Se la colocó en el rostro, no podía ser descubierto al no poder redimir sus instintos.

Comenzó a rastrear ese olor, se movía por la multitud lentamente mirando a todos y cada uno de los que tenia medianamente cerca. Entonces se volvió más intenso y cerró su boca rápidamente, sus colmillos asomaban ferozmente. Aunque se dio cuenta de que no importaba si los cubría o no, ya que muchos llevaban ese tipo de prótesis en esa noche. Había todo tipo de criaturas extrañas en ese tumulto...

Sorprendentemente vio algo que lo hizo parar en seco.

Su melena era rojiza, ondulada y muy larga, exactamente como ella, no creía lo que estaba viendo pero el hecho de ver que se perdía entre la multitud lo hizo perseguirla de lejos. Sí, el olor provenía de esa persona, pero no podía alcanzar a ver su rostro, necesitaba verlo, observarla.

No, era imposible, él la mató, no era ella. Entonces ¿por qué su olor era idéntico? ¿Sus sentidos le estaban jugando una mala pasada? 

El verla mirándolo fijamente lo alejó de todo pensamiento, sus mismos ojos, su mismo pelo. No supo qué sensación le recorrió el cuerpo, pero sí sabía que era exactamente la misma que tubo esa noche hace tantos siglos. Ella sonrió y giró su cabeza, dejándolo congelado, por unos segundos.

Otra oportunidad así no volvería a presentarse en el futuro... ¿Qué debía hacer? El recordar el sabor de la sangre que probó de aquella mujer de hacía siglos, lo hizo descontrolarse totalmente. Debía salir de entre tanta gente, debía despejar su mente.

Ya en un callejón pudo observar su oportunidad fallida, claramente. Esa muchacha sonriéndole había hecho el mismo efecto que los ojos de la joven que sostuvo en sus brazos. Debía irse, no quería sentir de nuevo la sensación de culpa por matar a una simple mortal, debía irse aun deseando ese sabor llenar sus sentidos.

Una punzada le traspasó el cuerpo cuando vio la escena...

Aquella muchacha que le dedicó una amplia sonrisa minutos antes estaba forcejeando con un grupo de chicos medio borrachos, no vio claramente ya que estaba demasiado confundido por el olor de la joven y sus pensamientos, no obstante y sin más dilación se dirigió hacia ellos, golpeándolos ágilmente. Ellos, al no estar muy bien de sus facultades, no se percataron de la fuerza desmedida que ese ser tenía. Uno por uno cayeron a sus pies, medio inconscientes y atontados. Dos de ellos, como pudieron, se alejaron del sitio y los otros dos quedaron en el suelo, inmóviles.

Justo entonces giró su mirada hacia la joven, con cierto temor. Estaba herida, parecía que uno de los chicos le había hundido una navaja en el abdomen. El olor era intenso, su sangre espesa se colaba por los dedos de su mano, que apretaba fuertemente la herida. Ella lo miró, pero este no se movió. Tenia clavada su mirada en aquella herida, en el color de la sangre, en su olor... 

Su máscara estaba en el suelo por el forcejeo y podía verse como poco a poco sus ojos se volvían de color rojo y como sus colmillos se asomaban lentamente por su boca. La mujer lo observó con una mueca de terror en su rostro, ese individuo no era normal pero no podía moverse, la herida era demasiado profunda. Sentía demasiado frío. No podría huir.

El hombre se acercó a ella. Sus gestos eran enérgicos por la excitación de la sangre que se desprendía del cuerpo de la que tenía enfrente. No pensaba, no cesaba en sus movimientos. Entonces cruzó la mirada con la joven, exactamente la misma expresión que aquella mujer que moría en sus brazos. 

Paró en seco, observó que el cuello de la chica ya tenía marcas de sus colmillos ¿Cuándo lo hizo? Saboreó la sangre en su boca. Sí, en su deseo por probarla, su propia conciencia se alejó del lugar y ni siquiera recordaba haberla mordido. Sólo la observaba, esos ojos estudiando los suyos. Los cerró.

Ella aún estaba viva pero él no quería continuar absorbiendo su vida. No necesitaba mirarla para sentir remordimientos de nuevo ¿Cómo volvió a caer en la trampa? La observó sin saber muy bien qué hacer hasta que ella inesperadamente agarró su mano, tan fuerte, que incluso dolió. Recordó la soledad de los siglos pasados y, al ver que ya no tendría otra oportunidad, esa sensación tan odiosa volvió a su cuerpo.

Entonces observó su muñeca... ¿Demasiado tarde? Los ojos de la joven se apagaban por momentos, su cuerpo ya estaba frío... ¿Podría funcionar? 

No quiso pensarlo más.

Hundió los dientes en su muñeca derecha y se la ofreció a la chica. Sus labios estaban helados pero él simplemente se quedó inmóvil, esperando a que no fuera demasiado tarde y la joven succionara la sangre que le ofrecía.

Ese rojo carmesí que brotaba de su muñeca...



FIN



  
Rojo Carmesí by Laura Ramírez Patarro is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

Oscuridad VIII

Pues aqui termina esta historia, que espero que os haya gustado. Agradezco a todos los que la han seguido hasta el final, sobretodo esos comentarios que me han dado ánimos y me han ayudado a tener mas ilusión por escribir de la que tenia antes. Pronto empezare otra historia así que sed pacientes, os espero!!



Prev/ Oscuridad: Capítulo 7



Oscuridad: Capítulo 8

-Jessica...- No podía creer que lo hubiera dicho en voz alta. -Se cortó delante mía para ocultar la cicatriz anterior...- Un fuerte sonido la interrumpió, era la puerta de la habitación.

-¡Agente Evans, la hija de Linda, la pescadera, ha desaparecido!- Era el señor Daniels, su respiración agitada, denotaba que había corrido hasta allí. Miró a Evans y luego a Anna, esperando alguna reacción mientras recuperaba el aliento.

-Llame al comisario Carry, dígale que reúna a varios hombres para calmar a la gente. Si Anna y yo no volvemos en una hora que, por favor, se dirigían al bosque...- El tono del joven transmitía seguridad, el señor Daniels asintió.

-Si agente, ahora mismo se lo comunico a Carry- Salió de la habitación, como había entrado, en un suspiro. Un segundo después volvió. -¡¿Perdón?! ¿Ustedes dos van a arriesgarse a ir al bosque? ¡¿Están locos?!

-Así es, pero esta decidido, señor- El hombre quiso replicar, pero estaba claro, esos jóvenes lo tenían decidido, él no podría hacer nada. Se fue a hacer lo que le dijo ese insensato.

-Dan ¿Pero si van al bosque no descubrirán la existencia de los hombres-lobo?- La joven se acercó a Evans, estaba perpleja ¿Qué planeaba este?

-Si, pero nosotros resolveremos esto, antes de una hora, si sale mal... Quizás sea la hora de que los humanos sepan que no están solos- Anna tardó en asimilar lo que acababa de oír, pero Evans tenia razón.

-Lo entiendo. Usted habló antes de una cabaña- Evans la miró interesado en lo que tenía que decir. -Jessica, seguro esté usando la cabaña de mi familia, creo que es el lugar donde tiene a mi hermano- Lo vio asentir, y seguidamente, recoger algo de debajo de la cama.

-Esto te pertenece- Anna sonrió. Era la daga de su hermano, tan hermosa... La colocó en su cinturón, en la parte de la espalda.

Ya estaban corriendo por el bosque. Debían encontrar a esa muchacha antes de que Jessica diera con ella. Tenían esa esperanza, pero quizás ya estuviera muerta... Igualmente seguían corriendo, Anna sabía perfectamente donde se encontraba la cabaña y guiaba a Evans, con una seguridad pasmosa, por el oscuro bosque.

-¡Socorro! ¡Ayuda!

Al oír esa voz ambos cesaron en sus pasos, afinando su oído para ver de donde provenía, fue curioso, la voz cada vez se escuchaba más cerca. Miraron a su alrededor, impacientes. Segundos después la joven apareció de entre los arboles, efectivamente era la hija de la pescadera.
Era morena y su pelo negro, ahora suelto, ondeaba totalmente despeinado cuando se abalanzó sobre ellos. La cría se abrazó a Anna por instinto, el miedo la hacia temblar con todo su cuerpo.
Evans seguía mirando por donde había aparecido la pequeña, no tardó en ver a la bestia, que al ver a los presentes, disminuyó su marcha. Ahora caminaba lentamente hacia ellos, en concreto hacia Evans que lo miraba desafiante, apuntándolo con su revolver.

-Anna ya está aquí. Quiero que os larguéis ¡Ya!

Recordó la imagen de su hermano, Evans también quería sacrificarse.
No, no volvería a dejar que alguien se sacrificara por ella. Evans la había salvado la noche anterior y salió ileso, pero esta vez era una lucha a muerte, ella no podía dejar que dieran su vida por ella una vez más.

-Pequeña, mirame- Anna puso su mano en la barbilla de la muchacha para hacerla mirar hacia ella. -Ahora debes correr con todas tus fuerzas fuera del bosque, seguro que tu madre está muy preocupada buscándote, sabes el camino ¿Verdad? Toma esto, úsalo si es necesario- Ofrecía su pistola a esa niña, esta la cogió con temor.

La niña asintió con lagrimas en sus ojos. No tardó en hacer caso a la joven, desapareció bajo la atenta mirada de Anna, que ahora volvía hacia Evans.

-¡Eres una estúpida!

-Lo sie...

-Pero es tu elección...- Jamás pensó esa respuesta de ese hombre y que al decirlo estuviera sonriendo ¿Él estaba respetando su decisión? Ella sonrió para sí, no supo definir la sensación que tuvo en ese instante.

La criatura ya estaba a pocos metros de ellos. Ambos pudieron ver aun andaba a cuatro patas. Anna se puso justo al lado del joven, cuando la criatura comenzó a ponerse sobre sus dos extremidades traseras. Rugía en señal de poder, los había cazado. Anna sospechaba que en cualquier momento Dan se transformaría, así que se apartó varios centímetros de él para dejarle espacio. Nunca había visto esa clase de transformación así que no sabría si le estorbaba tan cerca.

Algo, demasiado extraño para ella, pasó. Evans se arrodilló gritando de dolor, haciéndole tirar su arma ¿Dolía tanto cada vez que se transformaban? ¿Como podían soportarlo, cada noche? No, eso no era normal, Dan no estaba cambiando en absoluto. Seguía gritando de dolor, su cuerpo estaba ahora en suma tensión. Sus manos tenían un tono morado de la fuerza que sus dedos hacían al rasgar el suelo. En su cara, totalmente enrojecida, comenzaron a aparecer venas que reflejaban el sufrimiento por el que estaba pasando. Y sus ojos estaba inyectados en sangre, a causa de tal sobre-esfuerzo. Definitivamente algo no iba bien.

-¡¿Dan?!- La joven no soportar más la escena que tenía delante de ella, se acercó rápidamente a él para socorrerlo. La mano de Evans se interpuso entre ellos, para que no siguiera avanzando.

-¡No! ¡No te acerques!- Los ojos de la joven se abrieron por la sorpresa ¿Por qué rechazó su ayuda?

-¿Qué ocur...

-¡Algo no me deja transformarme! ¡Mantente alejada, no me gustaría dañarte!- Dicho esto el joven volvió gritar de dolor. Anna sentía como las lagrimas recorrían su rostro por la impotencia.

Entonces volvió la mirada a la bestia, esta pisoteó sin ningún esfuerzo la pistola de Evans que quedó destrozada ante tal fuerza. Miraba fijamente al joven que se retorcía de dolor, pero al notar la mirada de Anna giró la suya hacia ella. No podía creer lo que estaba viendo, no podía creer que esa bestia que se le acercaba, pudiera ser él.
Esos ojos eran los que le pedían que se fuera, eran los de la persona que se sacrificó por ella hacia dos noches ya. Esa criatura que tenía enfrente era Ariel, su hermano estaba a punto de matarla...

-¡¿Ariel?!- Ante el gritó de Anna la criatura se paró en seco, congelada.

No pudo decir nada más, Evans se abalanzó sobre la bestia. Aun teniendo su cuerpo destrozado por el dolor, pudo alejarla de la joven. Pero un golpe certero del animal lo hizo caer a un par de metros.

-¡No! ¡Dan!- Estaba desconcertada, pero vio como el agente se recuperó del tremendo golpe, intentaba tenerse en pie pero el dolor se lo impedía. Al igual el saber que estaba vivo, la calmó. -¡Es mi hermano, esta criatura es mi hermano, Dan!- Los ojos de este se abrieron de par en par, pero segundos después se pasó las manos por la frente.

-Mierda ¿Cómo no me di cuenta? Quería emparejarse con tu hermano, desde el principio, por eso te envenenó la primera vez. Sabía que no te ibas a separar de él y debía quitarte del medio para poder raptarlo sin que tu recordaras nada. Solo quería despistarnos mientras él sufría la mutación para convertirse en uno de nosotros...

-Así es, agente Evans- Una figura humana apareció entre los arboles, era Jessica. Anna quiso abalanzarse sobre ella, pero su hermano Ariel se interpuso entre ellas, rugiendo a la joven. -Pero yo envenené a los dos hermanitos. Sabía que Ariel era bueno luchando con cualquier cosa. Así que con un poquito de esos polvos mágicos, caería rendido a mis pies, literalmente. Esa chica era el cebo, sabía que vendrían al bosque, lo que no me esperaba es que la manguita resistiera hasta el pueblo con vida, podría haber desbaratado mis planes, pero afortunadamente murió antes de decir algo...

-Serás...- Volvió a intentar atacar a Jessica, pero Ariel volvió a rugir amenazante ¿qué podría hacer ahora por su hermano? ¿Estaba todo perdido?

-Me sirvió igual para despistar a todo el pueblo, y sobretodo a ti, mi querido Evans. Estabas tan centrado en procurar que nadie lo descubriera, que caíste enterito. Esta estúpida echándose la culpa y tu intentando protegerla, porque te agrada tanto... ¡Que poco profesional Dan!

-Eres tan...- Evans calló ante el dolor pero volvió a hablar. -¿Y la otra chica? ¿Por qué la mataste?

-Cálmate querido. Mientras más te alteres, más te dolerá- Miraba ahora hacia el joven, que ahora entendió, que ella era la causante del dolor que lo tenía postrado en el suelo. -Los polvitos mágicos que he echado sobre tu linda libreta no dejaran que te transformes por unas horitas, así que cálmate, morirás antes de eso. A lo que iba... No me gusta saltarme mi horario, para las comidas- ¿Intentaba ser graciosa? Anna tenía ganas de vomitar. -Pero como vi que funcionaba eso de manteneros distraídos... Pues, os di otro cuerpo para que jugarais a los detectives...

-Te conozco desde siempre. Podrías haber elegido otro camino ¿Qué te ha hecho cambiar así?- Su mirada volvió a Anna y fingió ternura al observarla.

-Preguntale al hombre que se retuerce ahora por el dolor. Dan, dile ¿Por qué estás aquí? Anda, dile que tú solo has venido a matarme. A evitar que la niña que intentaste devorar hace casi diez años, te delate ¡Anda, cuéntaselo!- Mostraba una sonrisa macabra ahora, al ver girar la cara de Anna hacia Evans y miró al hombre que bajaba la cabeza con vergüenza.

-¿Qué? ¿Qué está diciendo, Dan?

-¿Qué pensabas? ¿Que no reconocería ese olor aunque vinieras aquí como un turista? Pareces novato Dan. He jugado contigo desde que viniste, eres muy ingenuo. Solo querías averiguar quién era ¿Verdad? Solo querías matarme para eliminar cualquier prueba, esas chicas te daban igual...- Jessica acusaba al hombre que comenzaba a ponerse de pie, aun con la cabeza gacha.

-¡¿Dan?! ¿Es verdad? ¿Atacaste a Jessica?- Anna estaba confundida, lo miró con insistencia.

-Yo era un licántropo joven, yo no sabía controlarme.... Ese maldito acababa de morderme, el hambre me cegaba y la ataqué ¡Si, te ataqué!- Se argumentaba con las manos. No lo parecía pero estaba más calmado. Miraba a Jessica con ira en sus ojos.

-¿Ves Anna? Es un monstruo. Atacar a una niña...

-¡Te ataqué, pero no te maté! Solo te herí, jamás he sucumbido al hambre. Yo confié en mi humanidad, pero tu ya has renunciado a ella...

-¡Tú me convertiste en esto desgraciado!- Estaba histérica y comenzó a andar hacia Evans.

-¡Si, lo sé y me arrepentiré toda la vida! Pero pudiste elegir, como yo...

-Yo he aceptado lo que soy y no traiciono a mi propia condición, en cambio tú...

-Él ha elegido seguir a su humanidad, tu solo te excusas en lo que eres para saciar tus propios instintos...- Anna se interpuso entre ellos dos, pero al hacerlo no se percató que la daga de su hermano cayó al suelo. Sabía que Jessica podía matar al joven en cualquier momento. Jessica solo sonrió y se acercó más a ellos.

-Que impotencia eh, Evans. Ser un simple humano y morir a manos de una bestia. Pero eso no es lo peor ¿Verdad? Lo peor es que Anna muera por salvarte, sin que tú no puedas hacer nada por ella ¿No es así?- Evans tragó saliva, Jessica tenía razón. La mujer miró ahora a Anna. -Es hora de morir...

Se alejó un poco de ellos. Su cuerpo comenzó a transformarse. Poco a poco su cuerpo se agrandaba, llenándose también de bello negro azabache. Sus extremidades comenzaban a parecer las de un lobo, los pies y las manos eran ahora, cuatro enormes garras. La altura de Jessica aumentó considerablemente. Anna no apartaba la mirada de sus ojos, que en segundos tornaron amarillos. La boca se estaba convirtiendo en un hocico, como el de un lobo, dos colmillos comenzaron a salir de ella cada vez más pronunciados. La joven ya no era humana, estaban en frente de un licántropo dispuesto a despedazarles sin contemplaciones. Anna observó como todo el proceso era un tanto doloroso, pero ahora esa bestia dibujaba una mueca siniestra, sin dolor... Se les acercaba, pero sintió que Evans la abrazaba, en señal de protección, algo inútil en ese momento. Pero que le reconfortó en los que serian, los últimos momentos de su vida. Aulló fuertemente y se les abalanzó.

Anna no reaccionó hasta segundos después. Jessica estaba enfrente, inmóvil, un hilo de sangre salía por su boca... Ella misma se miró el pecho, salía de él la hoja de una daga de plata, la daga de Ariel. Había atravesado su corazón. Anna alcanzó a escuchar algo...

-Ariel ¿Por qué?- A medida que su vida se apagaba su cuerpo recobraba su forma humana...

Anna estaba en shock, pero vio como el cuerpo de Jessica caía delante de ella. Ariel estaba justo detrás, empuñando el arma que aun seguía clavada en el cuerpo de la joven. Tenía lagrimas en su rostro y se dejó caer de rodillas. La joven dedujo que si Jessica moría su hermano volvía a ser humano. Y Ahí estaba frente a ella...

-Toma esto Ariel- Evans se dirigió hacia a Ariel y lo tapó con su abrigo. Este estaba desnudo. Le agradeció el gesto, ya que estaba helado.

Anna seguía fija, pero de pronto se abalanzó hacia su hermano, dándole un fuerte abrazo.

-Iros, ya me inventaré algo que decirles al comisario y a los demás- La mirada de Anna reflejaba cierto disgusto. -Tranquila Anna, estoy acostumbrado a mentir sobre esto, ahora tenéis que iros- Evans miraba los alrededores.

-Gracias- Estaba girando para irse, cuando algo se le cruzó por su mente, algo que el cuerpo le pedía a voces. Corrió hacia el hombre, cuando quiso darse cuenta, sus labios presionaban los de Evans, con todo su ímpetu. Este, por un momento, se quedó perplejo. Segundos después se dejaba llevar por esa mujer, ambos se fundieron en un largo beso.

-Quizás vuelva a este pueblo. Me agrada, pero aun más la compañía- Evans miró a la joven que tenía en frente, era la primera vez que la veía con una sonrisa tan radiante. Entonces su mirada se dirigió a Ariel, también tenía una mueca de felicidad en su rostro.

-¿Qué? ¿También vas a besarme?- Dan rió ante el comentario del joven. Cuando se dieron cuenta, los tres reían. Sabían que, por fin, estaban a salvo.

Minutos después, los hermanos abandonaron el lugar, sonriendo. Juntos de nuevo...



FIN

  

Oscuridad VII

La séptima parte. Que la disfruteis...




Prev/ Oscuridad: Capítulo 6



Oscuridad: Capítulo 7

-¡¿Anna?!

-¡¿Evans?!

Ambos se miraron incrédulos, Anna seguía apuntándolo, así al ver que era Evans, bajó la pistola. Él se relajó ante ese gesto.

-¡Casi me da un infarto! Pensé qué era esa bestia- Anna suspiró en señal de alivio, pero tenía una sensación de decepción, en cierto modo, podría haber sido el momento de identificar a esa criatura.

-Lo mismo pensé de usted, casi la mato. Perdone pero ¿Qué hace aquí?- Antes de que ella contestara, dirigió su mirada al escritorio, la libreta estaba abierta...

-Perdón, solo hojeé un par de páginas... Apenas entendí nada. Escribir así debería estar penalizado por la ley...- Sonó como una niña pequeña al ser regañada, tapando su falta atacándolo a él.

-Lo mio es arte...- Fingió modestia, pero sabía que su letra era casi imposible de leer.

-Su letra insulta, incluso al arte abstracto, agente- observaba como Evans cerraba la libreta. Vio lo que pareció una mueca de fastidio en su rostro.

-¡Auch! Eso me ha dolido más que el mordico... ¿Qué hacía aquí, Anna?- Se volvió hacia ella, con la libreta ahora en las manos.

-Necesito su ayuda- Evans averiguó, sin necesidad de una explicación, a que se refería.

-No se involucre, solo entorpecerá la investigación, yo me encargaré de todo- No tapó sus oídos porque tenía ocupadas las manos con la libreta, pero cerró sus ojos ante la reacción de Anna.

-¡No! ¡Mi hermano está ahí fuera! Y ¡¿Usted quiere que me quede de brazos cruzados?! Bien, solo pedía su ayuda. Si no está dispuesto a cedérmela, actuaré por mi cuenta...- Soltó la pistola en la cama y con decisión comenzó a caminar hacia la puerta. Evans la agarró por el brazo con fuerza, impidiéndole avanzar. Ella mostraba una mueca de triunfo. Había conseguido lo que quería.

-No cargaré con su muerte en mi conciencia, ahora coja esa pistola. Espero que si la ocasión lo requiere, sepa usarla... ¡Dese prisa!- Su disgusto era evidente, aun así cedió a la petición de esa mujer tan terca ¿Por qué había cedido? La miraba mientras cogía el arma de su cama.

Evans salió de su ensoñación. Fue a hacia la entrada, su abrigo estaba colgado en el perchero, detrás de la puerta. Guardó su libreta en uno de los bolsillos del gabán y comenzó a ponérselo de espaldas a Anna.

Ya tenía el arma en la mano y giró para ver que estaba haciendo el agente, lo observó ponerse la gabardina, sonrió. No duró mucho esa sensación... Su corazón sintió una fuerte punzada, la mano derecha de Evans tenía una cicatriz. En ese instante recordó como su hermano hundía la daga de plata en la mano el animal en esa noche fatídica...

Todo estaba claro ahora... Lo apuntó de nuevo con el revólver.

-Sabía que no iba a dar mi brazo a torcer, fingía oponerse, pero solo ha montado este paripé para ganarse mi confianza ¿Esperaba llevarme de la mano al bosque y allí matarme?

-Anna...- Giró sobre sí para mirar a la joven. Anna estaba apuntándole con su propia pistola. Subió sus manos por encima de la cabeza.

-Él le atravesó la mano con una daga de plata. Usted ocultaba esa cicatriz, pero se ha descuidado agente ¡Sólo contésteme! ¡¿Dónde esta mi hermano?!- Sujetó ahora el arma con las dos manos.

-Escúcheme, por favor...- Su tono era tranquilo.

-¡¿Donde está?!- Las lágrimas volvían a mojar su rostro.

-¡No lo sé! ...No sé donde está su hermano, es lo que intento averiguar... Anna, si pudiera recordarlo... Sabría que fue usted la que anoche me hizo esta cicatriz...- Mostró la herida de la palma de su mano, esta totalmente abierta. Este hombre... ¿Esperaba que ella lo creyera? No le dio tiempo a pensar nada más... Otra vez punzadas en su cabeza. Ya estaba con las manos a los dos lados de su cara...

Tenía que encontrar alguna pista que la llevara hacía su hermano. La luz de la luna le ayudaba a guiarse mejor, pero lo conocía a la perfección. Algo brillaba de entre las hojas de aquel claro, al acercarse se dio cuenta que era la daga que el abuelo le regaló a Ariel, y con la que este hirió a esa bestia. Aun tenía restos de sangre... la observó bien, era realmente preciosa, nunca se fijó en ello...
Sonrió, en lo que fue reconocer la valentía de su hermano, al usarla tan ágilmente. Era un buen soldado y su entrenamiento podría haber hecho que aun siguiera con vida. Esa era su única esperanza, que Ariel siguiera vivo.
Algo la obligó a mirar hacia atrás, podría jurar que escuchó crujir las hojas caídas. Eran pasos cada vez más cerca, pero al girar, no había nadie. No supo que le recorrió por el cuerpo cuando volvió la mirada hacia delante. Esos ojos... Tan cerca... Estaban a centímetros de ella.

La criatura estaba mirándola, no lo soñó. Esa bestia enseñaba lo que le pareció una macabra sonrisa. Anna comenzó a retroceder, pero la seguía sin separarse un ápice de la joven. Algo en el suelo la hizo tropezar y cayó de espadas. La daga fue a parar cerca pero no lo suficiente, no podría alcanzarla. Era su fin, ese monstruo la mataría allí mismo. Se inclinó hacia ella y comenzó a rugir, sabía que iba a atacarla en cualquier momento, por eso cerró sus ojos fuertemente.

Fue inesperado, se escuchó un fuerte golpe, pero ella no sintió ningún dolor. Abrió los ojos, no estaba... Un rugido, un aullido... Miró a su derecha, había dos criaturas luchando ¿Qué estaba pasando? Ambas tenían el mismo aspecto, pero una de ellas, la había salvado segundos antes ¿Porqué? ¿Porqué estaba luchado con su igual para protegerla? ¿O simple casualidad encontrarse en medio de una pelea entre bestias? Observaba como se propiciaban golpes que para un humano serían mortales. Una de ellas pudo agarrar a la otra entre sus brazos, le apretaba tanto que Anna escuchaba impotente los gemidos de dolor de la criatura apresada. Pero esta le asestó un mordisco en el cuello a la otra. Un aullido fuerte resonó en el bosque, la bestia herida calló de rodillas al suelo, la sangre brotaba de su garganta. Al verse herida retrocedió unos pasos antes de huir corriendo, desapareció en la oscuridad rápidamente.

Anna seguía inmóvil ante la escena, entonces miró a la otra criatura, aún estaba ahí ¿Que debía hacer? ¿Cual de las dos era? ¿La que estaba apunto de matarla hace unos instantes? O ¿La que la salvó de su muerte inminente? Su mente se quedó en blanco, la criatura se le acercaba lentamente. Anna se dio cuenta entonces, tenía la daga a sus pies. No dudó la recogió y con un impulso se abalanzó hacia el ser que la miraba. Le hizo un corte certero en la mano. No lo habría logrado si la bestia hubiera tenido la intención de hacerle daño, la criatura solo se cubrió con la mano. Aun herida la seguía mirando, no se quejó de dolor, solo la observaba. Esos ojos... No eran como los de la bestia que atacó a su hermano, ni la que hace segundos estaba apunto de acabar con su vida. Ese ser la había protegido y ella le había herido. Soltó el cuchillo, se sentía culpable ¿Qué pasaría ahora? Sin más, se puso a correr, quería volver a casa. Su mente estaba confundida y no le dejaba pensar con claridad, solo quería llegar a casa...”

-¡¿Anna?! ¿Otra vez?- Ahora Evans estaba frente a ella, la miraba preocupado. Fue ahí cuando se dio cuenta. Esos ojos, aun siendo humano, eran los mismos que el ser que la había salvado...

-Tú, tú me salvaste de esa criatura. Tu eres un...- Intentó transmitir tranquilidad, pero parecía aterrada.

-Si, desgraciadamente también soy un hombre-lobo, Anna- Se apartó de ella, quizás la asustara con su sola presencia, no quería incomodarla. Ella se sentó en la cama un tanto mareada.

-Gracias, Dan- El hombre se giró hacia ella, sorprendido, como si no creyera lo que acababa de oír. -No quería hacerte sentir que tenía miedo de ti. Tengo miedo, pero de la misma situación. Estoy dispuesta a ayudarte a resolver todo esto y a traer de vuelta a mi hermano ¿No sabes quién es la criatura en su forma humana?

El joven estaba demasiado impresionado, Anna acababa de descubrir su verdadera naturaleza y en vez de huir le ofrecía su ayuda. No respondió a la pregunta hasta segundos después, debía asimilar la reacción de la mujer que tenía frente a él.

-Llevo en este pueblo una semana, creí que el caso por el que estaba aquí no tenía nada que ver con la muerte de esas chicas...- Estaba ahora andando por la habitación haciendo gestos con las manos para que Anna entendiera la magnitud de la situación. -...Pero cuando estaba apunto de averiguar quien era el responsable de las desapariciones, ayer apareció esa chica muerta, cuando el cazador la dejó en la calle observé, entre la gente, el cuerpo. Esas heridas solo podrían ser de un licántropo. Todo estaba claro, pero ¿Cómo podría haber escapado esa muchacha de un ser tan mortal?

-Nos la encontramos en el bosque, esa bestia la había dejado sin un brazo, mi hermano... se sacrificó por nosotras...- Anna interrumpió al joven para aclarar su duda.

-Sí, lo entendí anoche. Sabía que volvería a cazar, así que me adentré en el bosque... Llegué a una especie de cabaña, lo que vi no se puede describir con palabras, simplemente fue espeluznante...

-Sé lo que viste. Te he mentido un pelín, antes alcancé a leer un poco de lo que tenías en tu libreta...- Se disculpó dulcemente. Sabía lo que Evans había visto, calaveras en las estanterías de esa casa y un altar dedicado a la Luna.

-Deduje que ese licántropo llevaba a raja-tabla las convicciones de serlo, matar solo en Luna llena y conservar sus “trofeos” como signo de fe hacia su raza y condición. Salí de allí dispuesto a matar a esa bestia, no podía arriesgarme a que nadie descubriera lo que era y siguiera matando a inocentes. El resto ya lo sabes...- Paró de pasearse por la estancia y miró a la joven.

-¿Tú...- Evans sabía perfectamente que iba a preguntar Anna.

-Nunca he llevado al extremo mi condición de hombre-lobo, en ese sentido soy... ¿Vegetariano?- Puso un especial énfasis en la palabra “vegetariano” ayudándose con sus manos, imitó unas comillas con ellas. Anna sintió cierto alivio al escuchar eso, sonrió.

-Lo que no entiendo es ¿Porqué tengo estas lagunas mentales? Además el resto del día me siento tan mal, en un principio pensé que era por todo lo que está pasando pero ya no lo veo normal- Se tocaba las sienes ahora.

-Sospecho que te han estado suministrando ínfimas cantidades de Escopolamina. Como fármaco, es recetado para mareos y náuseas. Como uso improcedente produce perdida de conciencia por unos minutos, perdida de memoria y lagunas mentales. Según la dosis puede llegar a provocar la muerte- El joven tenía sus brazos cruzados y estaba apoyado en la pared.
-¡¿Envenenada?! ¿Para qué?- Se encontraba levantada, se pasaba la mano a lo largo de su frente. Estaba muy confundida. De pronto recordó el bote que encontró en el almacén de su tienda. “Mareos” era la nota superpuesta en él y la verdadera etiqueta del bote que se transparentaba. “Escopolamina” Pero... ¿Qué hacía ese medicamento en su tienda? Los únicos que tenían acceso a ese almacén eran su hermano, Jessica y ella...

-A mí también me parecía bastante raro pero esta mañana lo entendí, todas las veces que nos hemos encontrado, te he visto tan perdida... Pero cada vez has recordado algo... Lo que me ha llevado a pensar que te estaban envenenando...- El joven volvía a andar por la habitación, parecía una costumbre adquirida. -El asesino no quería que recordases nada, siempre has estado tan cerca de la verdad... Quería desviar mi atención hacia ti... Quería hacerme pensar, hacerte pensar que eras culpable... Al principio lo creí, te vi allí espiando al cazador y al comisario... Tu olor.. desprendías el olor característico de un hombre-lobo, entonces comencé a seguir tus pasos- Anna recordó cuando vio la figura entre los arbustos del parque. -pero anoche me quedó claro que eras inocente... Tenía que ser alguien que estuviera tan cerca de ti que te transmitiera su olor...

Todo estaba claro ahora...



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